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13 de abril 2015    /   CIENCIA
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Historia de un «sí» en la sanidad pública

13 de abril 2015    /   CIENCIA     por          
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Aunque desde fuera la medicina pueda verse como un campo sujeto a normas y con poco margen para la creatividad, Belén Santacruz, jefa de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario de Torrejón de Ardoz, asegura que los médicos son personas muy creativas. «Muchas veces son los grandes motores de la humanidad». En distintos momentos de la historia ha habido personas que no se han fiado de un «no se puede» y se han hecho preguntas. «Alguien tiene que decir ese “¿y si…?”», reflexiona la doctora. A menudo, esa innovación proviene de las bases, aunque solo sale adelante cuando los que están arriba piensan igual: «los buenos directivos animan a sus equipos a pensar así».
«»No se puede» es una expresión que no está en mi vocabulario», asegura Santacruz. «¿Por qué no se puede? ¿Porque tú no puedes, porque nunca nadie ha podido? ¿Porque no interesa en este momento? Las personas que consiguen cambiar las cosas no tienen miedo al cambio».
En 2011 apareció un nuevo test que detectaba enfermedades cromosómicas como el síndrome de Down a través de un análisis de la sangre materna. Eran buenas noticias: las pruebas existentes hasta el momento, la amniocentesis y la biopsia corial, son invasivas y tienen un riesgo de aborto del 0,5%. Debido a su elevado riesgo, solo se realizan cuando la probabilidad de que el feto tenga alguna anomalía es alta.
Santacruz tiene dos hijos. Por eso conoce bien ese pensamiento que pasa por la cabeza de casi todas las madres cuando se ponen enfermos: que, si pudieran, lo pasarían mal ellas en su lugar. «Una prueba que solo implicara la sangre materna permitiría a las madres precisamente eso: recibir ellas el pinchazo».
Cuando las investigaciones fueron lo bastante estables, el nuevo test llegó a España, pero solo al ámbito privado, previo pago de unos 700 euros. «Un precio que puede no parecer muy alto cuando se está hablando de la vida de tu hijo», reflexiona Santacruz, pero suficiente para que cueste implantarlo en el Sistema Nacional de Salud.
Así que esta doctora comenzó su cruzada particular para que en su hospital esa prueba fuera costeada con dinero público. Ella se quita méritos: «No se me ocurrió solo a mí». 
Santacruz expuso a la gerencia la idea de sustituir el método invasivo por el nuevo, por el gran beneficio social que representaba. Calculó el coste de las pruebas existentes hasta el momento y determinó que el importe de la sustitución era inferior al esperado. Y documentó los riesgos de todas las opciones porque «evitar una sola muerte es ya muy importante». También añadió algunos argumentos no cuantificables: «las mujeres, al ver que estamos a la última en innovación, confiarán más en este hospital». Con toda esa información en la mano, la gerencia fue a hablar con el laboratorio para negociar las condiciones económicas.
Tras un proceso de más de un año, el equipo lo consiguió. Ahora, en el Hospital de Torrejón, el Sistema Nacional de Salud cubre íntegramente este test inocuo para el feto que detecta las enfermedades relacionadas con los cromosomas 21, 13 y 18. Lo costea cuando existe un riesgo alto de que el feto tenga alguna anomalía cromosómica.
«Es más fácil gestionar hospitales nuevos que hospitales que tienen unos protocolos de hace mucho tiempo. Aquí tenemos una gestión más directa y capacidad para adaptarnos». El test también ha llegado al hospital de Alcorcón. Otros, como La Paz, están pensando en ofrecerlo de forma gratuita o haciendo investigaciones sobre él. La doctora explica por qué algunos hospitales están siendo cabecillas de este avance imparable: «mover a toda la sanidad en conjunto es un proceso mucho más lento».
Santacruz basa sus opiniones en el respeto. «Nuestro servicio de ginecología se caracteriza por respetar las decisiones de las mujeres, aunque a veces no las compartamos. Nuestro trabajo es darles información. Luego cada una tiene sus ideas o creencias». No hay que olvidar que las innovaciones relacionadas con la genética a menudo acarrean polémicas éticas. «¿Tienen derecho los padres a saber, por ejemplo, que su hijo se va a morir a los cuarenta años?».
Cada avance requiere una pregunta y cada «no se puede», un «¿y si…?». Santacruz toma esta postura inconformista como una filosofía de vida: «Al ser humano, por naturaleza, le dan miedo los cambios, pero hay gente a la que la estimulan. Esta gente es muchísimo más positiva y se hunde menos ante los contratiempos. Si tienes un problema muy gordo, lo haces diez trocitos y vas resolviendo cachos pequeños. Y así quizá soluciones un 90%. Desarrollar el cerebro es vivir preguntándote continuamente qué, cómo, dónde y cuándo. Incluso hay personas a las que les han tocado buenas cartas de póquer y, aun así, han dicho “pues ahora voy a inventarme otro juego que no sea el póquer”».

Aunque desde fuera la medicina pueda verse como un campo sujeto a normas y con poco margen para la creatividad, Belén Santacruz, jefa de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario de Torrejón de Ardoz, asegura que los médicos son personas muy creativas. «Muchas veces son los grandes motores de la humanidad». En distintos momentos de la historia ha habido personas que no se han fiado de un «no se puede» y se han hecho preguntas. «Alguien tiene que decir ese “¿y si…?”», reflexiona la doctora. A menudo, esa innovación proviene de las bases, aunque solo sale adelante cuando los que están arriba piensan igual: «los buenos directivos animan a sus equipos a pensar así».
«»No se puede» es una expresión que no está en mi vocabulario», asegura Santacruz. «¿Por qué no se puede? ¿Porque tú no puedes, porque nunca nadie ha podido? ¿Porque no interesa en este momento? Las personas que consiguen cambiar las cosas no tienen miedo al cambio».
En 2011 apareció un nuevo test que detectaba enfermedades cromosómicas como el síndrome de Down a través de un análisis de la sangre materna. Eran buenas noticias: las pruebas existentes hasta el momento, la amniocentesis y la biopsia corial, son invasivas y tienen un riesgo de aborto del 0,5%. Debido a su elevado riesgo, solo se realizan cuando la probabilidad de que el feto tenga alguna anomalía es alta.
Santacruz tiene dos hijos. Por eso conoce bien ese pensamiento que pasa por la cabeza de casi todas las madres cuando se ponen enfermos: que, si pudieran, lo pasarían mal ellas en su lugar. «Una prueba que solo implicara la sangre materna permitiría a las madres precisamente eso: recibir ellas el pinchazo».
Cuando las investigaciones fueron lo bastante estables, el nuevo test llegó a España, pero solo al ámbito privado, previo pago de unos 700 euros. «Un precio que puede no parecer muy alto cuando se está hablando de la vida de tu hijo», reflexiona Santacruz, pero suficiente para que cueste implantarlo en el Sistema Nacional de Salud.
Así que esta doctora comenzó su cruzada particular para que en su hospital esa prueba fuera costeada con dinero público. Ella se quita méritos: «No se me ocurrió solo a mí». 
Santacruz expuso a la gerencia la idea de sustituir el método invasivo por el nuevo, por el gran beneficio social que representaba. Calculó el coste de las pruebas existentes hasta el momento y determinó que el importe de la sustitución era inferior al esperado. Y documentó los riesgos de todas las opciones porque «evitar una sola muerte es ya muy importante». También añadió algunos argumentos no cuantificables: «las mujeres, al ver que estamos a la última en innovación, confiarán más en este hospital». Con toda esa información en la mano, la gerencia fue a hablar con el laboratorio para negociar las condiciones económicas.
Tras un proceso de más de un año, el equipo lo consiguió. Ahora, en el Hospital de Torrejón, el Sistema Nacional de Salud cubre íntegramente este test inocuo para el feto que detecta las enfermedades relacionadas con los cromosomas 21, 13 y 18. Lo costea cuando existe un riesgo alto de que el feto tenga alguna anomalía cromosómica.
«Es más fácil gestionar hospitales nuevos que hospitales que tienen unos protocolos de hace mucho tiempo. Aquí tenemos una gestión más directa y capacidad para adaptarnos». El test también ha llegado al hospital de Alcorcón. Otros, como La Paz, están pensando en ofrecerlo de forma gratuita o haciendo investigaciones sobre él. La doctora explica por qué algunos hospitales están siendo cabecillas de este avance imparable: «mover a toda la sanidad en conjunto es un proceso mucho más lento».
Santacruz basa sus opiniones en el respeto. «Nuestro servicio de ginecología se caracteriza por respetar las decisiones de las mujeres, aunque a veces no las compartamos. Nuestro trabajo es darles información. Luego cada una tiene sus ideas o creencias». No hay que olvidar que las innovaciones relacionadas con la genética a menudo acarrean polémicas éticas. «¿Tienen derecho los padres a saber, por ejemplo, que su hijo se va a morir a los cuarenta años?».
Cada avance requiere una pregunta y cada «no se puede», un «¿y si…?». Santacruz toma esta postura inconformista como una filosofía de vida: «Al ser humano, por naturaleza, le dan miedo los cambios, pero hay gente a la que la estimulan. Esta gente es muchísimo más positiva y se hunde menos ante los contratiempos. Si tienes un problema muy gordo, lo haces diez trocitos y vas resolviendo cachos pequeños. Y así quizá soluciones un 90%. Desarrollar el cerebro es vivir preguntándote continuamente qué, cómo, dónde y cuándo. Incluso hay personas a las que les han tocado buenas cartas de póquer y, aun así, han dicho “pues ahora voy a inventarme otro juego que no sea el póquer”».

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