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2 de diciembre 2014    /   BUSINESS
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Libros: 'Lo bello y lo triste', de Kawabata

2 de diciembre 2014    /   BUSINESS     por          
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«Cruel drama de amor y destrucción»: en la contraportada de Lo bello y lo triste, de Yasunari Kawabata; también, «infinitamente erótico y perverso». Palabras insuficientes, publicidad para impacientes y desconocedores de Kawabata (uno mismo, hasta bien poco).
CARTAS BOCA ARRIBA
Conviene entrar en Lo bello y lo triste a pelo, como se entra a una sala de cine a una película desconocida para agradar a otra persona (quien desea verla). Sin embargo, la lectura de la contraportada no entorpece ni enturbia Lo bello y lo triste. De hecho, Kawabata no esconde sus cartas: «Quiero vengarte», dice Keiko, celopática chiquilla, a su maestra y amante. Y la joven revela sus pasos hasta el momento y cuáles serán los siguientes. Kawabata, como el jefe de pista que anuncia el número mortal del equilibrista, elige la expectación en lugar de la sorpresa.
UN COMIENZO SENCILLO
Mucho antes, las primeras páginas de Lo bello y lo triste no dan pie a imaginar que Kawabata nos conduce al territorio de un thriller. La novela comienza con Oki, escritor cincuentón, casado y con hijos, que viaja a Kioto para escuchar las campanadas de año nuevo con Otoko, vieja amante. El primer párrafo parece escrito con sencillez:

Eran seis las butacas giratorias que se alineaban sobre el lado opuesto del vagón panorámico de aquel expreso a Kioto. Oki Toshio observó que la del extremo giraba en silencio con el movimiento del tren. No podía quitar los ojos de ella. Las butacas de su lado no eran giratorias.

Y sin embargo, un párrafo perfecto: simboliza la vida de Oki: por muchas vueltas que dé en la vida, no soltará la culpa por haber dañado a su esposa y a Oki. Una herida que no cicatriza. La butaca giratoria es un imagen que revela el pasado de Kawabata como guionista (los teóricos sugieren abrir los guiones con un plano que exponga el tono y el tema). Un comienzo que no destacaría en los escaparates de las librerías virtuales. («Lee las primeras páginas» ha dado lugar a un vicio: las novelas que comienzan con un personaje sobre un charco de sangre o sugieren la posibilidad de la muerte a la vuelta de página).
LO BELLO EN LO TRISTE
Kawabata no tiene prisa: coloca las piezas y los antecedentes. La narración avanza con una mezcla entre las intenciones actuales de Oki y los recuerdos con una adolescente Otoko. En la página 17, una revelación:

A los dieciséis años, en el séptimo mes de embarazo, Otoko había dado a luz. Era una niña. Nada pudo hacerse para salvarla y Otoko no llegó a verla. […] Lloraba y sollozaba como si se hubiera abierto un dique.

—Murió, ¿verdad? El bebé ha muerto. ¡Ha muerto!

Se retorcía de angustia y Oki la abrazó y la apretó contra la cama. Al hacerlo sintió el contacto de uno de sus pequeños y juveniles pechos —pequeños pero turgentes de leche— contra su brazo.

Y aquí la literatura de Kawabata acabó por enamorarme. La referencia a los pechos de Oki (lo placentero) en medio del dolor es tan precisa como verdadera y hermosa. AHÍ ESTABA LO BELLO Y LO TRISTE. Observaciones como esta aparecen en las páginas siguientes en los momentos más dramáticos. Quien lee se reconoce en circunstancias dolorosas: aferrándose a lo fugaz: un abrazo, un roce… Placeres pequeños que no se confiesan o cuesta escribir por falta de palabras.
DE LA POESÍA AL THRILLER
El encuentro entre un envejecido Oki y una madura y hermosa Otoko tiene lugar en fin de año. Entre ambos, Keiko, pupila de Otoko, con modales de geisha y pensamientos siniestros. Con Keiko, la novela cambia de un reencuentro de viejos amantes al género negro. Keiko sabe que los hombres caen hipnotizados ante su belleza: «Es de una belleza casi atemorizante», dice Fumiko, la esposa del escritor. Belleza que permite a Kawabata desarrollar en tres frases un romance entre Keiko y Taichiro, el hijo del escritor.
1. La primera frase de un romance fatal
Keiko visita al escritor, entrega unas pinturas a la mujer de él y es llevada a la estación por Taichiro. Fumiko, la esposa del escritor, dice:

—Taichiro la atendió y después la llevó a la estación, aunque ha transcurrido bastante tiempo.

Siguen las conversaciones entre el escritor y su esposa con reproches sobre el pasado.
2. La segunda frase de un romance fatal
Tres páginas más tarde, el capítulo acaba así:

Taichiro seguía sin llegar.

3. La tercera frase de un romance fatal
Más adelante, Keiko cuenta a su Otoko, su maestra, que el hijo del escritor «me llevó a conocer los templos de Kamakura y hasta la costa, a Enoshima».
Entre «Taichiro seguía sin llegar» y  «me llevó a los templos» pasan cosas que Kawabata deja fuera de la novela. Bendita elipsis. El autor sabe dónde cortar para ofrecer lo esencial (explica por qué Lo bello y lo triste es breve, tan breve como sumamente bella).
Tras la tercera frase, los amantes Keiko y Taichiro se encuentran en el aeropuerto, ambos nerviosos como colegiales enamorados. A partir de aquí la historia se precipita aunque no cambia el tono. Los amantes suben con dificultad una montaña con tumbas milenarias (la erección del drama) y aún así, Kawabata se para y resalta lo hermoso en lo feo: lo bello y lo triste.
PLACER Y DISPLACER
Acompañando a lo bello y lo triste, el placer y el displacer. Los personajes ejecutan (más ellos que ellas) o aceptan (más ellas que ellos) prácticas cercanas al sadomasoquismo. Sin embargo, no hay teatro entre los hombres y mujeres: las situaciones surgen con relativa naturalidad. (Cosas de los japoneses, piensa uno). Un ejemplo llamativo tiene como protagonista a Fumiko, la esposa del escritor: amargada por los celos, se muerde la lengua con todas las fuerzas. Kawabata describe así la reacción de Oki, el marido:

Cuando Oki vio la sangre que manaba por sus labios, la obligó a abrir la boca y le introdujo la mano hasta que Fumiko comenzó a asfixiarse y a hacer arcadas y, por fin, aflojó. Los dedos de Oki sangraban cuando los extrajo de la boca de su esposa. Ante ese espectáculo, Fumiko se calmó y se ocupó de vendarle la mano.

No hay en Oki intención de parar la hemorragia: ha provocado a su mujer una asfixia erótica (que recuerda a una de las escenas más crudas de El imperio de los sentidos). Fumiko, por sumisión al esposo o en agradecimiento —Kawabata no lo explica— se despreocupa de sí misma y venda la mano a Otoko (cosas de los japoneses, piensa uno).
ESCRIBIR O NO ESCRIBIR DE LO QUE DUELE
Entre el amor otoñal y no correspondido, el drama doméstico y el thriller, reflexiones sobre el papel del arte y los artistas, y sobre el proceso de creación. Otoko habla de pintura; Oki, de escritura.
Una muchacha de dieciséis es la novela que permite a Oki vivir de las rentas: la mejor novela según los críticos. Quizá no la mejor, pero sí la más auténtica: dentro está él, la esposa, la pintora y la sufrida madre de esta. Una novela que impide que las heridas cicatricen. La propia esposa, retratada como una bruja en la novela, es la gestora de los derechos de autor. Aquí lo interesante es cómo Oki expresa su necesidad de sacar adelante la obra (de alguna manera, no puede evitarlo: la obra quiere salir). Y cómo también Oki expresa sus dudas: la escritura de la obra daña a su mujer —que mecanografía los originales a mano— y dañará a Otoko.
Un autor dijo (¿Truman Capote?) que solo es posible escribir una gran obra —por lo menos, auténtica— cuando no se tiene miedo a dañar a los demás ni a dañarse a sí mismo. (Capote se ganó el ostracismo con Plegarias atendidas, donde retrató a sus amigos: se quedó solo o sin aduladores). Uno intuye que también en Lo bello y lo triste hay momentos de verdad.
UN PAR DE LECCIONES PARA ESCRITORES
El lector (sea hombre o mujer) encuentra placer al pasar las páginas de Lo bello y lo triste. El escritor, además, unas cuantas lecciones: decir mucho con poco, y cómo hilvanar sueños, porque cada capítulo está concebido como uno. Así estamos dentro y fuera de los personajes, lejos y cerca, adelante o atrás en su vida, y sin una fisura.

«Cruel drama de amor y destrucción»: en la contraportada de Lo bello y lo triste, de Yasunari Kawabata; también, «infinitamente erótico y perverso». Palabras insuficientes, publicidad para impacientes y desconocedores de Kawabata (uno mismo, hasta bien poco).
CARTAS BOCA ARRIBA
Conviene entrar en Lo bello y lo triste a pelo, como se entra a una sala de cine a una película desconocida para agradar a otra persona (quien desea verla). Sin embargo, la lectura de la contraportada no entorpece ni enturbia Lo bello y lo triste. De hecho, Kawabata no esconde sus cartas: «Quiero vengarte», dice Keiko, celopática chiquilla, a su maestra y amante. Y la joven revela sus pasos hasta el momento y cuáles serán los siguientes. Kawabata, como el jefe de pista que anuncia el número mortal del equilibrista, elige la expectación en lugar de la sorpresa.
UN COMIENZO SENCILLO
Mucho antes, las primeras páginas de Lo bello y lo triste no dan pie a imaginar que Kawabata nos conduce al territorio de un thriller. La novela comienza con Oki, escritor cincuentón, casado y con hijos, que viaja a Kioto para escuchar las campanadas de año nuevo con Otoko, vieja amante. El primer párrafo parece escrito con sencillez:

Eran seis las butacas giratorias que se alineaban sobre el lado opuesto del vagón panorámico de aquel expreso a Kioto. Oki Toshio observó que la del extremo giraba en silencio con el movimiento del tren. No podía quitar los ojos de ella. Las butacas de su lado no eran giratorias.

Y sin embargo, un párrafo perfecto: simboliza la vida de Oki: por muchas vueltas que dé en la vida, no soltará la culpa por haber dañado a su esposa y a Oki. Una herida que no cicatriza. La butaca giratoria es un imagen que revela el pasado de Kawabata como guionista (los teóricos sugieren abrir los guiones con un plano que exponga el tono y el tema). Un comienzo que no destacaría en los escaparates de las librerías virtuales. («Lee las primeras páginas» ha dado lugar a un vicio: las novelas que comienzan con un personaje sobre un charco de sangre o sugieren la posibilidad de la muerte a la vuelta de página).
LO BELLO EN LO TRISTE
Kawabata no tiene prisa: coloca las piezas y los antecedentes. La narración avanza con una mezcla entre las intenciones actuales de Oki y los recuerdos con una adolescente Otoko. En la página 17, una revelación:

A los dieciséis años, en el séptimo mes de embarazo, Otoko había dado a luz. Era una niña. Nada pudo hacerse para salvarla y Otoko no llegó a verla. […] Lloraba y sollozaba como si se hubiera abierto un dique.

—Murió, ¿verdad? El bebé ha muerto. ¡Ha muerto!

Se retorcía de angustia y Oki la abrazó y la apretó contra la cama. Al hacerlo sintió el contacto de uno de sus pequeños y juveniles pechos —pequeños pero turgentes de leche— contra su brazo.

Y aquí la literatura de Kawabata acabó por enamorarme. La referencia a los pechos de Oki (lo placentero) en medio del dolor es tan precisa como verdadera y hermosa. AHÍ ESTABA LO BELLO Y LO TRISTE. Observaciones como esta aparecen en las páginas siguientes en los momentos más dramáticos. Quien lee se reconoce en circunstancias dolorosas: aferrándose a lo fugaz: un abrazo, un roce… Placeres pequeños que no se confiesan o cuesta escribir por falta de palabras.
DE LA POESÍA AL THRILLER
El encuentro entre un envejecido Oki y una madura y hermosa Otoko tiene lugar en fin de año. Entre ambos, Keiko, pupila de Otoko, con modales de geisha y pensamientos siniestros. Con Keiko, la novela cambia de un reencuentro de viejos amantes al género negro. Keiko sabe que los hombres caen hipnotizados ante su belleza: «Es de una belleza casi atemorizante», dice Fumiko, la esposa del escritor. Belleza que permite a Kawabata desarrollar en tres frases un romance entre Keiko y Taichiro, el hijo del escritor.
1. La primera frase de un romance fatal
Keiko visita al escritor, entrega unas pinturas a la mujer de él y es llevada a la estación por Taichiro. Fumiko, la esposa del escritor, dice:

—Taichiro la atendió y después la llevó a la estación, aunque ha transcurrido bastante tiempo.

Siguen las conversaciones entre el escritor y su esposa con reproches sobre el pasado.
2. La segunda frase de un romance fatal
Tres páginas más tarde, el capítulo acaba así:

Taichiro seguía sin llegar.

3. La tercera frase de un romance fatal
Más adelante, Keiko cuenta a su Otoko, su maestra, que el hijo del escritor «me llevó a conocer los templos de Kamakura y hasta la costa, a Enoshima».
Entre «Taichiro seguía sin llegar» y  «me llevó a los templos» pasan cosas que Kawabata deja fuera de la novela. Bendita elipsis. El autor sabe dónde cortar para ofrecer lo esencial (explica por qué Lo bello y lo triste es breve, tan breve como sumamente bella).
Tras la tercera frase, los amantes Keiko y Taichiro se encuentran en el aeropuerto, ambos nerviosos como colegiales enamorados. A partir de aquí la historia se precipita aunque no cambia el tono. Los amantes suben con dificultad una montaña con tumbas milenarias (la erección del drama) y aún así, Kawabata se para y resalta lo hermoso en lo feo: lo bello y lo triste.
PLACER Y DISPLACER
Acompañando a lo bello y lo triste, el placer y el displacer. Los personajes ejecutan (más ellos que ellas) o aceptan (más ellas que ellos) prácticas cercanas al sadomasoquismo. Sin embargo, no hay teatro entre los hombres y mujeres: las situaciones surgen con relativa naturalidad. (Cosas de los japoneses, piensa uno). Un ejemplo llamativo tiene como protagonista a Fumiko, la esposa del escritor: amargada por los celos, se muerde la lengua con todas las fuerzas. Kawabata describe así la reacción de Oki, el marido:

Cuando Oki vio la sangre que manaba por sus labios, la obligó a abrir la boca y le introdujo la mano hasta que Fumiko comenzó a asfixiarse y a hacer arcadas y, por fin, aflojó. Los dedos de Oki sangraban cuando los extrajo de la boca de su esposa. Ante ese espectáculo, Fumiko se calmó y se ocupó de vendarle la mano.

No hay en Oki intención de parar la hemorragia: ha provocado a su mujer una asfixia erótica (que recuerda a una de las escenas más crudas de El imperio de los sentidos). Fumiko, por sumisión al esposo o en agradecimiento —Kawabata no lo explica— se despreocupa de sí misma y venda la mano a Otoko (cosas de los japoneses, piensa uno).
ESCRIBIR O NO ESCRIBIR DE LO QUE DUELE
Entre el amor otoñal y no correspondido, el drama doméstico y el thriller, reflexiones sobre el papel del arte y los artistas, y sobre el proceso de creación. Otoko habla de pintura; Oki, de escritura.
Una muchacha de dieciséis es la novela que permite a Oki vivir de las rentas: la mejor novela según los críticos. Quizá no la mejor, pero sí la más auténtica: dentro está él, la esposa, la pintora y la sufrida madre de esta. Una novela que impide que las heridas cicatricen. La propia esposa, retratada como una bruja en la novela, es la gestora de los derechos de autor. Aquí lo interesante es cómo Oki expresa su necesidad de sacar adelante la obra (de alguna manera, no puede evitarlo: la obra quiere salir). Y cómo también Oki expresa sus dudas: la escritura de la obra daña a su mujer —que mecanografía los originales a mano— y dañará a Otoko.
Un autor dijo (¿Truman Capote?) que solo es posible escribir una gran obra —por lo menos, auténtica— cuando no se tiene miedo a dañar a los demás ni a dañarse a sí mismo. (Capote se ganó el ostracismo con Plegarias atendidas, donde retrató a sus amigos: se quedó solo o sin aduladores). Uno intuye que también en Lo bello y lo triste hay momentos de verdad.
UN PAR DE LECCIONES PARA ESCRITORES
El lector (sea hombre o mujer) encuentra placer al pasar las páginas de Lo bello y lo triste. El escritor, además, unas cuantas lecciones: decir mucho con poco, y cómo hilvanar sueños, porque cada capítulo está concebido como uno. Así estamos dentro y fuera de los personajes, lejos y cerca, adelante o atrás en su vida, y sin una fisura.

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Opiniones 4
  • Hoy la, quería comentar algunas cosas del libro . Para saber tu opinión al respecto , es cierto que el libro está muy bien escrito, pero el libro repetía mucho la palabra misteriosa, y eso le quitaba un poco de gracia .
    Para mí Keiko podría ser una metáfora de lo que representa la juventud o el ser joven . Cómo explicarlo, «el poder con todo, la diversión, hacer las cosas sin pensar».
    El libro incluso retrata el sufrimiento de Fumiko, que no se detallan en el libro de Oki, sino solo explica sus celos.
    Keiko sentí que actuaba , sus emociones eran exagerados, lloraba y decía que quería por ejemplo a Oki y al hijo; incluso el hij de Oki cuando le dice que quiere vengar a su maestra no la deja. Lo sigue engañando y él acepta , sin pensar en seguir con ella.
    Me dio la impresión que el amor que sentían era simplemente físico , carnal. Otoko y Keiko, eran muy guapas. Cuando Oki se refiere a ellas solo describe lo guapas que son.
    Otoko creo que es la que quería a Oki, pero , incluso ella, la culpo por haber salido con un hombre que estaba casado. Cómo pudo permitir que eso ocurriese, sin pensar en las consecuencias que eso conllevaría. Es verdad, que la mayor culpa es de Oki, pero ella tiene cerebro y conciencia para pensar. Es verdad que era pequeña , pero según nuestro contexto. Antes las chicas maduraban antes, en el sentido de la responsabilidad.
    Gracias . Ha estado bastante en tu comentario del libro.

    • Hola, Oumaima. Estoy de acuerdo con tus apreciaciones.
      Oki es un escritor de mediana edad. No es raro que fije su atención en la belleza.
      Por lo demás, qué contradictorias son los corazones humanos como bien observas.
      Gracias a ti, por tu comentario rescatando esos detalles.

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