23 de octubre 2017    /   IDEAS
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‘Benching’, ‘ghosting’: olvidar que las personas que solo conocemos online también tienen sentimientos

23 de octubre 2017    /   IDEAS     por          
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No es raro sufrir un desengaño amoroso. Quizás ese amor no correspondido que supuso una obsesión en el instituto, esa cita a ciegas en la que la otra persona se echó atrás. A lo mejor ese compañero de trabajo que parecía interesado y solo quedó en un revolcón en la cena de Navidad.

Porque antes los desengaños ocurrían de tú a tú. Sin embargo, ahora las personas pueden herirse sin tan quisiera haberse visto nunca en persona.

Las redes sociales y las apps de citas han motivado un nuevo tipo de relaciones. Esas que ocurren y toman forma en el mundo digital antes de pasar al análogico. Pero que, pese a ello, sí que implican sentimientos muy reales.

Las nuevas relaciones llevan también a nuevos usos. Aunque quizás solo se trate de nombres nuevos para prácticas de toda la vida.

Primero fue el ghosting. O lo que es lo mismo, desaparecer sin dejar rastro, como un fantasma. Algo que es mucho más fácil cuando no hay ningún entorno en común y la comunicación puede cortarse eliminando a la otra persona como amigo en Facebook o bloqueándola en Whatsapp.

Lucía Martín, periodista y autora de un libro Hola, ¿sexo? (Almuzara) que analiza el mundo de las citas online, explica que «lo de hombres que desaparecían (mujeres también, pero lo hacen más ellos) siempre ha existido, no es nuevo». Sin embargo, desde la perspectiva del mundo online, esta práctica se potencia ya que «hay más anonimato y sobre todo, no hay tamiz, nadie te fiscaliza tu actitud, por lo que el fenómeno ha crecido».

A esta idea añade que «si la mala educación ha existido siempre, ahora con la proliferación de estas herramientas, ha aumentado».

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La idea es que realmente se toma como cierto que puedes meter a alguien en el carrito de la compra, y si no te gusta, devolverlo a la tienda. Así se olvida que detrás de los perfiles y avatares hay personas que quizás no sientan amor, pero sí pueden sentir dañada su autoestima.

Precisamente sobre la autoestima va otra de estas modas. El llamado benching sería algo así como dejarse querer. Básicamente consiste en alimentar las esperanzas de la otra persona, solo vía online, para tener a alguien detrás que alimente el ego, sin que haya ninguna intención de tener una relación real.

La clave, según la periodista, es que aunque las apps de citas tengan muchas ventajas, también hay que tener en cuenta que «han mercantilizado las relaciones». Así, lejos de tener interés en alguien en concreto, se tiende a pensar que cuantas más personas se tenga en la lista de espera, más aumenta el valor de esa persona en el mercado de las citas.

Como recuerda Martín, estas modas «han venido para quedarse, no creo que sea algo pasajero. Algunas cerrarán, pero otras seguirán creciendo».

La perspectiva psicológica

Sobre esta última cuestión, el psicólogo y sexólogo Fernando Villadangos aporta que «muchas personas tratan a otras como un producto de consumo más. Igual que te gusta tener en la nevera una botella de leche de repuesto, hay personas que coleccionan relaciones sin comprometerse emocionalmente. Se muestra interés y se utilizan técnicas de seducción falsas para enganchar al otro».

En este sentido resalta que lo que ocurre es que «falta empatía, falta compromiso afectivo y se trata, por tanto, de relaciones tóxicas. Conviene identificarlas cuanto antes para alejarse de ellas y no dañar la propia autoestima».

Todo ello tiene un consecuencia en la persona que sufre estas tendencias. «Los efectos son nefastos y los veo continuamente en mi consulta. Autoestima dañada y sufrimiento por no saber qué está sucediendo. Es como vivir en la niebla donde alguien te dice que le gustas y que te quiere y después no es coherente con su comportamiento».

En los casos más extremos puede ocurrir que «la persona engañada desarrolle miedo a crear nuevas relaciones emocionales por el temor a volver a sufrir». Por eso lo mejor es darse cuenta cuando antes y «hacer un aprendizaje en positivo para el futuro».

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Sin embargo, no hay que pensar que solo afecta al que lo recibe. También el que da se lleva su parte. Según Villadangos, «las personas que engañan tienen un problema bastante grande que podemos definir como inmadurez emocional. No han aprendido a confiar y se plantean la vida como una jungla donde hay que aprovecharse de los demás».

El experto los define como personas que «tienen un código basado en la mentira, el engaño y el camuflaje. Son excelentes seductores. Y lo digo en masculino porque suelen ser mayoritariamente hombres y esto no es casual en una cultura tan sexista como la nuestra».

Pese a ello el sexólogo insiste en que la culpa es de ciertas actitudes y no solo de las herramientas, que también tiene su lado positivo. «Estamos en la era de internet y se multiplican las oportunidades de conocer personas en distintos foros y webs. Pienso que es algo fantástico en este sentido, porque puede ayudar a romper el aislamiento y contactar con otras personas».

Para ello su consejo es «no tomarse todo lo que te dicen como auténtico antes de contrastarlo con la experiencia real. Incluso si has conocido personalmente a alguien y te ha gustado, es recomendable darte un tiempo para conocerla mejor y comprobar si es coherente con lo que dice antes de llegar a un compromiso afectivo».

No es raro sufrir un desengaño amoroso. Quizás ese amor no correspondido que supuso una obsesión en el instituto, esa cita a ciegas en la que la otra persona se echó atrás. A lo mejor ese compañero de trabajo que parecía interesado y solo quedó en un revolcón en la cena de Navidad.

Porque antes los desengaños ocurrían de tú a tú. Sin embargo, ahora las personas pueden herirse sin tan quisiera haberse visto nunca en persona.

Las redes sociales y las apps de citas han motivado un nuevo tipo de relaciones. Esas que ocurren y toman forma en el mundo digital antes de pasar al análogico. Pero que, pese a ello, sí que implican sentimientos muy reales.

Las nuevas relaciones llevan también a nuevos usos. Aunque quizás solo se trate de nombres nuevos para prácticas de toda la vida.

Primero fue el ghosting. O lo que es lo mismo, desaparecer sin dejar rastro, como un fantasma. Algo que es mucho más fácil cuando no hay ningún entorno en común y la comunicación puede cortarse eliminando a la otra persona como amigo en Facebook o bloqueándola en Whatsapp.

Lucía Martín, periodista y autora de un libro Hola, ¿sexo? (Almuzara) que analiza el mundo de las citas online, explica que «lo de hombres que desaparecían (mujeres también, pero lo hacen más ellos) siempre ha existido, no es nuevo». Sin embargo, desde la perspectiva del mundo online, esta práctica se potencia ya que «hay más anonimato y sobre todo, no hay tamiz, nadie te fiscaliza tu actitud, por lo que el fenómeno ha crecido».

A esta idea añade que «si la mala educación ha existido siempre, ahora con la proliferación de estas herramientas, ha aumentado».

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La idea es que realmente se toma como cierto que puedes meter a alguien en el carrito de la compra, y si no te gusta, devolverlo a la tienda. Así se olvida que detrás de los perfiles y avatares hay personas que quizás no sientan amor, pero sí pueden sentir dañada su autoestima.

Precisamente sobre la autoestima va otra de estas modas. El llamado benching sería algo así como dejarse querer. Básicamente consiste en alimentar las esperanzas de la otra persona, solo vía online, para tener a alguien detrás que alimente el ego, sin que haya ninguna intención de tener una relación real.

La clave, según la periodista, es que aunque las apps de citas tengan muchas ventajas, también hay que tener en cuenta que «han mercantilizado las relaciones». Así, lejos de tener interés en alguien en concreto, se tiende a pensar que cuantas más personas se tenga en la lista de espera, más aumenta el valor de esa persona en el mercado de las citas.

Como recuerda Martín, estas modas «han venido para quedarse, no creo que sea algo pasajero. Algunas cerrarán, pero otras seguirán creciendo».

La perspectiva psicológica

Sobre esta última cuestión, el psicólogo y sexólogo Fernando Villadangos aporta que «muchas personas tratan a otras como un producto de consumo más. Igual que te gusta tener en la nevera una botella de leche de repuesto, hay personas que coleccionan relaciones sin comprometerse emocionalmente. Se muestra interés y se utilizan técnicas de seducción falsas para enganchar al otro».

En este sentido resalta que lo que ocurre es que «falta empatía, falta compromiso afectivo y se trata, por tanto, de relaciones tóxicas. Conviene identificarlas cuanto antes para alejarse de ellas y no dañar la propia autoestima».

Todo ello tiene un consecuencia en la persona que sufre estas tendencias. «Los efectos son nefastos y los veo continuamente en mi consulta. Autoestima dañada y sufrimiento por no saber qué está sucediendo. Es como vivir en la niebla donde alguien te dice que le gustas y que te quiere y después no es coherente con su comportamiento».

En los casos más extremos puede ocurrir que «la persona engañada desarrolle miedo a crear nuevas relaciones emocionales por el temor a volver a sufrir». Por eso lo mejor es darse cuenta cuando antes y «hacer un aprendizaje en positivo para el futuro».

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Sin embargo, no hay que pensar que solo afecta al que lo recibe. También el que da se lleva su parte. Según Villadangos, «las personas que engañan tienen un problema bastante grande que podemos definir como inmadurez emocional. No han aprendido a confiar y se plantean la vida como una jungla donde hay que aprovecharse de los demás».

El experto los define como personas que «tienen un código basado en la mentira, el engaño y el camuflaje. Son excelentes seductores. Y lo digo en masculino porque suelen ser mayoritariamente hombres y esto no es casual en una cultura tan sexista como la nuestra».

Pese a ello el sexólogo insiste en que la culpa es de ciertas actitudes y no solo de las herramientas, que también tiene su lado positivo. «Estamos en la era de internet y se multiplican las oportunidades de conocer personas en distintos foros y webs. Pienso que es algo fantástico en este sentido, porque puede ayudar a romper el aislamiento y contactar con otras personas».

Para ello su consejo es «no tomarse todo lo que te dicen como auténtico antes de contrastarlo con la experiencia real. Incluso si has conocido personalmente a alguien y te ha gustado, es recomendable darte un tiempo para conocerla mejor y comprobar si es coherente con lo que dice antes de llegar a un compromiso afectivo».

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Opiniones 1
  • Estupendo reportaje Silvia, ponerle nombre a estas prácticas va a ayudar a que muchas personas sepan que existe y reducir los daños causados en lo emocional.

    Cada vez atiendo a más personas en consulta que han sufrido de ghosting y es importante advertir y protegernls de ello.

    Un saludo

  • Comentarios cerrados.

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