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13 de diciembre 2018    /   CREATIVIDAD
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Las ilustraciones mutantes de Bene Rohlmann

13 de diciembre 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Bene Rohlmann dibujaba los cuentos que su abuelo le contaba. Rellenaba cuadernos con caperucitas y lobos feroces. Traducía las palabras en trazos, las frases en bocetos. Cuando aprendió a leer por su cuenta, empezó a devorar cómics. Y siguió dibujando. Reproducía entonces las figuras que veía, extirpándolas de las viñetas, clonándolas en sus cuadernos, que iban acumulándose por decenas. En ellos, los estilos y personajes de Tintín, Los Simpsons, Star Wars o Las tortugas ninja convivían, dando lugar a algo nuevo. «Tenía la necesidad de plasmar cómo me imaginaba aquellos mundos», explica. Unos años más tarde estaría creando los suyos propios.

Cuando lo consiguió, estos mundos llamaron la atención de The New York Times, Google o Variety. Bene Rohlmann es hoy un artista reputado que compagina el collage con la ilustración y las galerías con las revistas. Ya no se inspira en el mundo del cómic ni la televisión, pero un poso de esas influencias se encuentran en sus dibujos, donde se cuelan referencias evidentes al Pato Donald, Astro Boy o He-man.

Podríamos citar al low bro, la ilustración enciclopédica o el old school tattoo como algunos de sus referentes actuales, pero quizá cambien en los próximos meses. Si algo queda claro viendo su recorrido, es que el estilo de Rohlmann es tan mutante como sus amadas tortugas ninja. «El cambio está bien, evita que caigas en la monotonía», añade.

La mutación más evidente en los últimos años es la irrupción del color en sus ilustraciones, que acostumbraban a ser en blanco y negro. «Quizá tiene que ver con el hecho de que me siento más seguro con mi trabajo», reflexiona el autor antes de confesar que sigue luchando con ciertos miedos. Opina que la falta de saturación y la sobriedad de colores son un reflejo de esa inseguridad pasada. «Tenía sentido entonces, pero ya no me representa más. Ahora disfruto de los colores, ¡es mucho más divertido!».

Los colores, más que aparecer, han florecido. La metáfora no es gratuita, pues las plantas son una constante en los dibujos de Rohlmann. «Estoy fascinado con ellas desde pequeño, cuando pasaba horas en el jardín de mis abuelos», recuerda. Irónicamente, el autor tiene alergia al polen, «pero no es culpa de las flores, no voy a dejar de dibujarlas por ello», bromea. Esta influencia floral no solo se constata cuando refleja explícitamente una planta, sino que se intuye en el estilo general de su obra, que bebe de las ilustraciones que suelen adornar los viejos manuales de botánica.

Respecto a las ilustraciones en blanco y negro… tenían sentido entonces, pero ya no me representa más. Ahora disfruto de los colores, ¡es mucho más divertido!

La televisión, los cómics y las enciclopedias han creado un cóctel visual explosivo. Este corta y pega ilustrado es también literal desde 2009, año en el que Rohlmann decidió probar suerte en el collage. Teniendo en cuenta que lo han acabado publicando en el Financial Times, se diría que tuvo bastante. «Lo empecé porque no me apetecía dibujar, pero aún así quería crear algo, así que me puse con los collages», explica.

Reconoce que la experiencia fue enriquecedora, y que le ha reportado mucho en lo laboral, pero matiza que tiene claro que su camino es el de la ilustración. Aunque quién sabe cuántos atajos, desvíos y meandros dará a su estilo durante ese camino.

Bene Rohlmann dibujaba los cuentos que su abuelo le contaba. Rellenaba cuadernos con caperucitas y lobos feroces. Traducía las palabras en trazos, las frases en bocetos. Cuando aprendió a leer por su cuenta, empezó a devorar cómics. Y siguió dibujando. Reproducía entonces las figuras que veía, extirpándolas de las viñetas, clonándolas en sus cuadernos, que iban acumulándose por decenas. En ellos, los estilos y personajes de Tintín, Los Simpsons, Star Wars o Las tortugas ninja convivían, dando lugar a algo nuevo. «Tenía la necesidad de plasmar cómo me imaginaba aquellos mundos», explica. Unos años más tarde estaría creando los suyos propios.

Cuando lo consiguió, estos mundos llamaron la atención de The New York Times, Google o Variety. Bene Rohlmann es hoy un artista reputado que compagina el collage con la ilustración y las galerías con las revistas. Ya no se inspira en el mundo del cómic ni la televisión, pero un poso de esas influencias se encuentran en sus dibujos, donde se cuelan referencias evidentes al Pato Donald, Astro Boy o He-man.

Podríamos citar al low bro, la ilustración enciclopédica o el old school tattoo como algunos de sus referentes actuales, pero quizá cambien en los próximos meses. Si algo queda claro viendo su recorrido, es que el estilo de Rohlmann es tan mutante como sus amadas tortugas ninja. «El cambio está bien, evita que caigas en la monotonía», añade.

La mutación más evidente en los últimos años es la irrupción del color en sus ilustraciones, que acostumbraban a ser en blanco y negro. «Quizá tiene que ver con el hecho de que me siento más seguro con mi trabajo», reflexiona el autor antes de confesar que sigue luchando con ciertos miedos. Opina que la falta de saturación y la sobriedad de colores son un reflejo de esa inseguridad pasada. «Tenía sentido entonces, pero ya no me representa más. Ahora disfruto de los colores, ¡es mucho más divertido!».

Los colores, más que aparecer, han florecido. La metáfora no es gratuita, pues las plantas son una constante en los dibujos de Rohlmann. «Estoy fascinado con ellas desde pequeño, cuando pasaba horas en el jardín de mis abuelos», recuerda. Irónicamente, el autor tiene alergia al polen, «pero no es culpa de las flores, no voy a dejar de dibujarlas por ello», bromea. Esta influencia floral no solo se constata cuando refleja explícitamente una planta, sino que se intuye en el estilo general de su obra, que bebe de las ilustraciones que suelen adornar los viejos manuales de botánica.

Respecto a las ilustraciones en blanco y negro… tenían sentido entonces, pero ya no me representa más. Ahora disfruto de los colores, ¡es mucho más divertido!

La televisión, los cómics y las enciclopedias han creado un cóctel visual explosivo. Este corta y pega ilustrado es también literal desde 2009, año en el que Rohlmann decidió probar suerte en el collage. Teniendo en cuenta que lo han acabado publicando en el Financial Times, se diría que tuvo bastante. «Lo empecé porque no me apetecía dibujar, pero aún así quería crear algo, así que me puse con los collages», explica.

Reconoce que la experiencia fue enriquecedora, y que le ha reportado mucho en lo laboral, pero matiza que tiene claro que su camino es el de la ilustración. Aunque quién sabe cuántos atajos, desvíos y meandros dará a su estilo durante ese camino.

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