Publicado: 17 de octubre 2017 12:27  /   ENTRETENIMIENTO
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Los tonos mediterráneos de Beyoncé

Publicado: 17 de octubre 2017 12:27  /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Centremos la mirada en otra historia a modo de introducción. Luego tendrá sentido. ¿Alguien recuerda lo que contaba Searching for sugar man? Aquel documental seguía la errante trayectoria de Sixto Rodríguez, cantautor estadounidense cuyas letras se convirtieron en himnos de la revolución sudafricana. Sin tener él la más remota idea.

Incluso pasando por el mal trago de abandonar su carrera ante la falta de público. Cuando llegó a las carteleras, en 2012, la gente se echaba las manos a la cabeza: esto hoy sería imposible, decían. El acceso a la música, el cine o la literatura es casi universal gracias al cambio de reglas provocado por internet. Igual que el artista puede intuir qué eco tienen sus producciones.  

Campus by Histeria Producciones
Campus by Histeria Producciones

Vayamos ahora a otra cinta: Whiplash, de 2014. Quien haya visto esta lacerante aventura sobre la superación lo entenderá mejor. Aunque no tiene nada que ver; aunque en ciertas páginas web se las compare. Solo sirve de aproximación visual. La cinta de Damien Chazelle (creador de la multipremiada La La Land, siguiendo este hilo filmográfico) se interna en los pasillos de una escuela de música y narra la áspera relación de un profesor y un alumno en el camino hacia la excelencia. Justo a lo que aspira, con otros métodos, la Berklee College of Music, originaria de Boston (EEUU) y con sede desde hace unos años en Valencia.

«Es todo lo contrario: aquí se crea un contexto favorable para que el alumno pueda desarrollarse como persona y como creador», se distancia María Martínez Iturriaga, directora ejecutiva de este apéndice mediterráneo, cuando le mencionan la película. «Se intenta sacar lo mejor de cada uno en un entorno muy diferente. Algunos se pueden hacer una idea de cómo son las audiciones o de los equipos que tenemos, pero nada más», desliza. Esta pianista de 37 años fue una de las encargadas, junto a un equipo de hasta 80 personas, de traer una laureada institución a este rincón de larga tradición musical. «Es una ciudad amigable, la que da más músicos per cápita del país».

George Massenburg by Tato Baeza
George Massenburg by Tato Baeza

No estaba del todo claro. Los primeros movimientos se iniciaron en 2008, buscando abrirse a otros continentes. Antes, la Berklee College of Music pretendía alzarse como referencia de la música moderna. Desde su fundación, en 1945, su filosofía fue la de buscar una metodología basada no solo en la disciplina clásica, sino en otros estilos modernos como el jazz, el swing o el hip hop. Y en enfocar los esfuerzos para que los alumnos vieran salidas laborales a esa formación y no se quedaran en la teoría.

«Habitualmente, estos géneros se aprenden de forma autodidacta o en la calle. A las escuelas les falta además la vertiente práctica del oficio», defiende Martínez Iturriaga. Obtuvieron resultados. Sus cursos y talleres dieron la vuelta al mundo. Ganadores de premios Óscar o Grammy e intérpretes como Tony Bennett, Diana Krall, Quincy Jones o el dominicano Juan Luis Guerra extendieron su sello.

Campus exterior by Tato Baeza
Campus exterior by Tato
Baeza

Y de ese campus en la costa este norteamericana a la vereda de la playa de la Malvarrosa. En concreto, en un espacio de 3.600 metros cuadrados pegado al Palau de les Arts Reina Victoria, uno de los más populares edificios del arquitecto Santiago Calatrava. «En 2004 hubo un cambio de presidentes y el nuevo, Roger H. Brown, se propuso una organización más global», rememora Iturriaga, que por entonces aún estaba volcada en sacar la licenciatura de Administración y Dirección de Empresas y en pasar una temporada en Nueva York. «Un estudio por varias regiones concluyó que Valencia era un destino muy favorable: acogedora, segura, con buen clima y mucha presencia extranjera».

Llevó tiempo, no obstante, arrancar. Con una inversión de ocho millones de dólares y la premisa de ser 100% privada, sin subvenciones y constituida como fundación sin ánimo de lucro. Hasta enero de 2012 no se inauguró, y ese septiembre empezaron los programas de Máster. Bajo la batuta de la matriz, se desarrollaron los cursos en cuatro líneas: gestión, producción, cine o televisión y composición.

Un abanico integral y completo que incidía en la mezcolanza, en estar a la última en tecnología y en fusionar ritmos, iniciativas e inteligencias. «La intención no es enseñar música americana, sino de todos los sitios. Aquí, por ejemplo, estamos muy conectados a Latinoamérica», aduce, y lo consagra con datos: este año se han apuntado 278 alumnos de 40 países distintos; y con los cinco anteriores ya se acumulan 1.500 estudiantes de 70 nacionalidades (el 40% son extranjeros).

La Nit de Berklee by Vicente Jiménez
La Nit de Berklee by Vicente Jiménez

¿Requisitos? Cada candidato debe tener un grado superior terminado (y poder acreditarlo, remarcan), una carta de recomendación, un buen nivel de inglés y mostrar su portafolio o pasar por una audición. «Se entrevista de forma individual y se selecciona en función de lo que puede aportar», explica la responsable, que enfocó sus dotes en la gestión de negocios. «Tratamos de ser comprensivos y hacer las cosas de manera sencilla», afirma.

Recuerden: nada que ver con Whiplash y esas criaturas atormentadas. «El 90% de los alumnos están activos y trabajando», dice contenta. El cálculo incluye a los moradores de un año y a los que pasan por los talleres de verano, que pagan unos 31.000 euros en el primer caso o entre 1.700 y 3.400 euros en el segundo. «Hay becas totales y parciales por méritos académicos y situación económica, y damos todas las facilidades posibles».

Library by Tato Baeza
Library by Tato Baeza

Uno de ellos es Mariano Steimberg. Bonaerense de 42 años, aterrizó por casualidad en el Berklee levantino: «Era un sueño. Había estudiado 19 años en Argentina, luego en Los Ángeles, y por último en Barcelona. Hice las pruebas y entré como músico del mundo. Ahora soy profesor». No se ha arrepentido. «Desde que doy clases, lo fundamental es la preparación y la visión de los maestros, muy abierta, variada», arguye, alabando también los beneficios de mudarse a esta urbe de unos 800.000 habitantes: «Es tranquila y muy cómoda».

Con treinta y cinco discos grabados a sus espaldas (generalmente de jazz, pero también en proyectos del cantante Luis Salinas o Marina Abad, exlíder de Ojos de Brujo) y metido en la docencia, solo tiene palabras de gratitud: «Hay mucha fusión de géneros. No se dirige a un objetivo fijo, sino que se prepara para todo. Se les saca mucho fuera y es muy cercano».

Un lago de conciertos by Tato Baeza
Un lago de conciertos by Tato Baeza

Sostiene lo mismo Alberto Palau. Pasó por el campus ibérico de 2005 a 2008. Ahora da clases en Inglaterra. «Fue una oportunidad de tener unos conocimientos que no había en Valencia. No hablaría de haberme cambiado, pero me encontré con alumnos alucinantes y con fórmulas muy innovadoras, enfocadas tanto a performances como ingeniería musical», cuenta por teléfono. «Es un puente entre la formación y el mundo laboral», repite Martínez Iturriaga.

Una pasarela que sirve para enlazar con el ejemplo de Searching for sugar man: si hace unas décadas era posible que la música no saliera de un país (o, si salía, ni te enterabas), ahora la globalización impone un cóctel cosmopolita. Pocos imaginarán al escuchar bandas sonoras de Hollywood, arreglos de Alejandro Sanz o el Lemonade de Beyoncé que parte de sus tonos salen de esta tierra del Mediterráneo, cuna de la excelencia musical.

Centremos la mirada en otra historia a modo de introducción. Luego tendrá sentido. ¿Alguien recuerda lo que contaba Searching for sugar man? Aquel documental seguía la errante trayectoria de Sixto Rodríguez, cantautor estadounidense cuyas letras se convirtieron en himnos de la revolución sudafricana. Sin tener él la más remota idea.

Incluso pasando por el mal trago de abandonar su carrera ante la falta de público. Cuando llegó a las carteleras, en 2012, la gente se echaba las manos a la cabeza: esto hoy sería imposible, decían. El acceso a la música, el cine o la literatura es casi universal gracias al cambio de reglas provocado por internet. Igual que el artista puede intuir qué eco tienen sus producciones.  

Campus by Histeria Producciones
Campus by Histeria Producciones

Vayamos ahora a otra cinta: Whiplash, de 2014. Quien haya visto esta lacerante aventura sobre la superación lo entenderá mejor. Aunque no tiene nada que ver; aunque en ciertas páginas web se las compare. Solo sirve de aproximación visual. La cinta de Damien Chazelle (creador de la multipremiada La La Land, siguiendo este hilo filmográfico) se interna en los pasillos de una escuela de música y narra la áspera relación de un profesor y un alumno en el camino hacia la excelencia. Justo a lo que aspira, con otros métodos, la Berklee College of Music, originaria de Boston (EEUU) y con sede desde hace unos años en Valencia.

«Es todo lo contrario: aquí se crea un contexto favorable para que el alumno pueda desarrollarse como persona y como creador», se distancia María Martínez Iturriaga, directora ejecutiva de este apéndice mediterráneo, cuando le mencionan la película. «Se intenta sacar lo mejor de cada uno en un entorno muy diferente. Algunos se pueden hacer una idea de cómo son las audiciones o de los equipos que tenemos, pero nada más», desliza. Esta pianista de 37 años fue una de las encargadas, junto a un equipo de hasta 80 personas, de traer una laureada institución a este rincón de larga tradición musical. «Es una ciudad amigable, la que da más músicos per cápita del país».

George Massenburg by Tato Baeza
George Massenburg by Tato Baeza

No estaba del todo claro. Los primeros movimientos se iniciaron en 2008, buscando abrirse a otros continentes. Antes, la Berklee College of Music pretendía alzarse como referencia de la música moderna. Desde su fundación, en 1945, su filosofía fue la de buscar una metodología basada no solo en la disciplina clásica, sino en otros estilos modernos como el jazz, el swing o el hip hop. Y en enfocar los esfuerzos para que los alumnos vieran salidas laborales a esa formación y no se quedaran en la teoría.

«Habitualmente, estos géneros se aprenden de forma autodidacta o en la calle. A las escuelas les falta además la vertiente práctica del oficio», defiende Martínez Iturriaga. Obtuvieron resultados. Sus cursos y talleres dieron la vuelta al mundo. Ganadores de premios Óscar o Grammy e intérpretes como Tony Bennett, Diana Krall, Quincy Jones o el dominicano Juan Luis Guerra extendieron su sello.

Campus exterior by Tato Baeza
Campus exterior by Tato
Baeza

Y de ese campus en la costa este norteamericana a la vereda de la playa de la Malvarrosa. En concreto, en un espacio de 3.600 metros cuadrados pegado al Palau de les Arts Reina Victoria, uno de los más populares edificios del arquitecto Santiago Calatrava. «En 2004 hubo un cambio de presidentes y el nuevo, Roger H. Brown, se propuso una organización más global», rememora Iturriaga, que por entonces aún estaba volcada en sacar la licenciatura de Administración y Dirección de Empresas y en pasar una temporada en Nueva York. «Un estudio por varias regiones concluyó que Valencia era un destino muy favorable: acogedora, segura, con buen clima y mucha presencia extranjera».

Llevó tiempo, no obstante, arrancar. Con una inversión de ocho millones de dólares y la premisa de ser 100% privada, sin subvenciones y constituida como fundación sin ánimo de lucro. Hasta enero de 2012 no se inauguró, y ese septiembre empezaron los programas de Máster. Bajo la batuta de la matriz, se desarrollaron los cursos en cuatro líneas: gestión, producción, cine o televisión y composición.

Un abanico integral y completo que incidía en la mezcolanza, en estar a la última en tecnología y en fusionar ritmos, iniciativas e inteligencias. «La intención no es enseñar música americana, sino de todos los sitios. Aquí, por ejemplo, estamos muy conectados a Latinoamérica», aduce, y lo consagra con datos: este año se han apuntado 278 alumnos de 40 países distintos; y con los cinco anteriores ya se acumulan 1.500 estudiantes de 70 nacionalidades (el 40% son extranjeros).

La Nit de Berklee by Vicente Jiménez
La Nit de Berklee by Vicente Jiménez

¿Requisitos? Cada candidato debe tener un grado superior terminado (y poder acreditarlo, remarcan), una carta de recomendación, un buen nivel de inglés y mostrar su portafolio o pasar por una audición. «Se entrevista de forma individual y se selecciona en función de lo que puede aportar», explica la responsable, que enfocó sus dotes en la gestión de negocios. «Tratamos de ser comprensivos y hacer las cosas de manera sencilla», afirma.

Recuerden: nada que ver con Whiplash y esas criaturas atormentadas. «El 90% de los alumnos están activos y trabajando», dice contenta. El cálculo incluye a los moradores de un año y a los que pasan por los talleres de verano, que pagan unos 31.000 euros en el primer caso o entre 1.700 y 3.400 euros en el segundo. «Hay becas totales y parciales por méritos académicos y situación económica, y damos todas las facilidades posibles».

Library by Tato Baeza
Library by Tato Baeza

Uno de ellos es Mariano Steimberg. Bonaerense de 42 años, aterrizó por casualidad en el Berklee levantino: «Era un sueño. Había estudiado 19 años en Argentina, luego en Los Ángeles, y por último en Barcelona. Hice las pruebas y entré como músico del mundo. Ahora soy profesor». No se ha arrepentido. «Desde que doy clases, lo fundamental es la preparación y la visión de los maestros, muy abierta, variada», arguye, alabando también los beneficios de mudarse a esta urbe de unos 800.000 habitantes: «Es tranquila y muy cómoda».

Con treinta y cinco discos grabados a sus espaldas (generalmente de jazz, pero también en proyectos del cantante Luis Salinas o Marina Abad, exlíder de Ojos de Brujo) y metido en la docencia, solo tiene palabras de gratitud: «Hay mucha fusión de géneros. No se dirige a un objetivo fijo, sino que se prepara para todo. Se les saca mucho fuera y es muy cercano».

Un lago de conciertos by Tato Baeza
Un lago de conciertos by Tato Baeza

Sostiene lo mismo Alberto Palau. Pasó por el campus ibérico de 2005 a 2008. Ahora da clases en Inglaterra. «Fue una oportunidad de tener unos conocimientos que no había en Valencia. No hablaría de haberme cambiado, pero me encontré con alumnos alucinantes y con fórmulas muy innovadoras, enfocadas tanto a performances como ingeniería musical», cuenta por teléfono. «Es un puente entre la formación y el mundo laboral», repite Martínez Iturriaga.

Una pasarela que sirve para enlazar con el ejemplo de Searching for sugar man: si hace unas décadas era posible que la música no saliera de un país (o, si salía, ni te enterabas), ahora la globalización impone un cóctel cosmopolita. Pocos imaginarán al escuchar bandas sonoras de Hollywood, arreglos de Alejandro Sanz o el Lemonade de Beyoncé que parte de sus tonos salen de esta tierra del Mediterráneo, cuna de la excelencia musical.

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