23 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD
por
 

Las 'bestias de la playa' visitan Madrid

23 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

En la tercera planta de un edificio de la Gran Vía de Madrid hay trece bestias. Vienen desde las playas de Holanda, huyendo del viento y la extinción, y permanecerán en esa sala hasta el 17 de enero. Estos animales, a los que los zoólogos miran con desconfianza, forman una especie que lucha por sobrevivir entre las mutaciones incontenibles de la evolución y la constante amenaza de la desaparición. Igual que ocurre con los conejos, los dinosaurios o los humanos.
La diferencia está en su código genético. Esa es la razón por la que un biólogo no los quiere en su mesa de trabajo. Las Strandbeests (bestias de la playa, en holandés) justifican su existencia en el PVC en lugar de las proteínas. Pero el artista que las ha creado, Theo Jansen, asegura que viven. Y, además, lo explica con argumentos.
El holandés tiene tres meses a partir de hoy para mostrar sus teorías de esta forma de existencia en la exposición Theo Jansen. Asombrosas criaturas, de Fundación Telefónica. En esa tercera planta de la Gran Vía de Madrid se exhibe y detalla el origen y evolución de estos seres que no necesitan alimentos u oxígeno para vivir. La única energía que requieren para moverse se la da el viento o cualquier ráfaga de aire que sople a sus espaldas. Así será como algunos caminarán durante estos tres meses por esta sala, igual que hicieron, al nacer, en las playas heladas del norte de Europa.
t6
[E]l origen. En un pueblo costero junto a La Haya vivía un niño asombrado por el porqué de las cosas. Eran los años 40. La curiosidad llevó a Theo Jansen a estudiar Física y, después, al ver que no todas las respuestas se contestan desde la ciencia, se interesó por el arte y la filosofía. Un día, cuando tenía 38 años, cayó en sus manos un libro titulado El relojero ciego. Era del zoólogo británico Richard Dawkins, y hablaba de la evolución y la selección natural de las especies.
Jansen quedó fascinado. La curiosidad que siempre le había despertado el mundo descendió hasta sus raíces más profundas. «Ese libro me hizo consciente del desconcierto de la existencia. Es sorprendente que todo exista. Incluso yo», explica el holandés, asombrado todavía, en los sillones del Espacio Fundación Telefónica de Madrid. «Me fasciné con los principios de la evolución y decidí construir programas informáticos para explorar este tema. Entonces todo pasaba dentro del ordenador. Vivimos demasiado en pantallas».
Eso fue así durante cuatro años. Hasta que un día, en la playa, encontró unos tubos amarillos de plástico que se usan en las instalaciones eléctricas de Holanda y empezó a jugar con ellos. La curiosidad física y existencial de Jansen jamás dormía, pero quizá esta vez fue más atronadora que nunca. «Les vi tantas posibilidades que me prometí a mí mismo que dedicaría un año entero a explorar los tubos», relata.
Y así el hombre que no cree en Dios se convirtió en deidad. Todos los días se levantaba pensando en crear criaturas que en vez de huesos, tendrían cables, y lucharían por vivir como cualquier otro bicho.
Jansen es la última contestación a la pregunta del origen de las bestias. Por eso, en cierto modo, este ateo confeso hace el papel de altísimo, aunque utilice la ciencia y la técnica. «La vida es un gran prodigio. No hay más milagro que estar en la playa y que empiece a llover. El mar, la arena, el viento, la lluvia… No necesito a nadie que ande sobre el mar para darme cuenta de que todo esto es un milagro».
p2
[L]as fieras mandan. El día que el artista empezó este proyecto surgió una conversación que nunca ha terminado. Jansen asegura que aquí él no manda. «Yo llego al estudio con una idea, comienzo a trabajar y ellas protestan. Muchas veces no quieren hacer lo que yo quiero que hagan. Se rebelan. Me voy y al día siguiente vuelvo con una nueva idea surgida del diálogo que tuvimos el día anterior. Los tubos me enseñan muchas cosas y me hacen grandes propuestas. Son imprevisibles», especifica.
El holandés, en su obsesión por la evolución de las especies, hace un paralelismo entre los animales y los proyectos. Muchos planes para crear una criatura mueren. Otros sobreviven. Los que se imponen se convierten en un Strandbeest y los descendientes que vienen después van mejorando la especie. Así ha ocurrido desde su primer ‘Animaris Vulgaris’, una bestia de 28 patas que murió pronto en la playa porque la cinta adhesiva no podía sostener sus articulaciones, hasta el ‘Cerebrum’, que con su antena y su podómetro puede huir de las olas gigantes.
Desde 1990, cada mes de octubre, Jansen comienza a construir un animal. Tiene hasta la siguiente primavera para acabarlo y aplicarle los ‘trece números sagrados’ que calculó hace 25 años en un ordenador Atari para crear su base cinética. En abril, cuando los días se hacen largos, lo lleva a la playa y lo echa a andar. Es su llegada al mundo y, a partir de ahí, su vida o su muerte está en manos del viento, la arena, el mar y sus genes de PVC.
–En ese momento lo declaro extinguido –sentencia.
–¿Tan pronto? Pero si acaba de nacer –y así es como el artista asombrado sorprende a la entrevistadora.
–En el mismo momento que empieza a vivir va camino de la extinción. Cuando llega a la playa, ya estoy pensando en la próxima criatura que voy a construir.
p1
[L]a belleza. A Theo Jansen le intriga la belleza. Le sorprende que la evolución de sus criaturas las dote de atractivo y elegancia. Esto nunca estuvo en sus planes. Ocurre sin que él pueda hacer nada a favor o en contra. «Me fascinan mis animales por lo bonitos que son. Yo no planeé nada. Fueron los tubos los que los hicieron bellos. Es como la evolución de las especies de la naturaleza. No hay un dios que quisiera hacerlos bonitos. Ha sucedido por el proceso evolutivo», comenta.
Tampoco tiene claro por qué dedica su vida a las fieras. «Estas criaturas, igual que los animales, no tienen ningún propósito. No sé por qué lo hago. Solo sé que no puedo parar de hacerlo. Estoy obsesionado con ellas», indica y mantiene un silencio en suspenso. «Estoy construyendo nuevas formas de vida. Espero que esto me ayude a comprender mejor el sentido mismo de la vida».
Y en esa obsesión palpita un firme propósito. El artista quiere que estos animales de tubos acaben siendo autosuficientes. «No pueden vivir sin mí más de cinco minutos. Mi intención es alargar su vida y que puedan vivir por sí mismos cuando yo ya no esté en este planeta».
Jansen reconoce que es «un sueño utópico», pero, a la vez, está convencido de que «si no miramos la vida con imaginación, la vida no es nada. Quiero que las personas que vengan a esta exposición tomen consciencia del milagro en el que vivimos y de la importancia de las ilusiones. Si tú tienes la ilusión de ser feliz, serás feliz».
Él sabe muy bien cuál es su ilusión: que esta nueva especie de tubos amarillos continúe en la Tierra y la evolución los lleve tan lejos como el mar, el viento, la arena y la mutación dicten. Igual que ocurrió cuando el mono se hizo hombre y el dinosaurio devino pollo.
t1
t3
t4
t5
t2

En la tercera planta de un edificio de la Gran Vía de Madrid hay trece bestias. Vienen desde las playas de Holanda, huyendo del viento y la extinción, y permanecerán en esa sala hasta el 17 de enero. Estos animales, a los que los zoólogos miran con desconfianza, forman una especie que lucha por sobrevivir entre las mutaciones incontenibles de la evolución y la constante amenaza de la desaparición. Igual que ocurre con los conejos, los dinosaurios o los humanos.
La diferencia está en su código genético. Esa es la razón por la que un biólogo no los quiere en su mesa de trabajo. Las Strandbeests (bestias de la playa, en holandés) justifican su existencia en el PVC en lugar de las proteínas. Pero el artista que las ha creado, Theo Jansen, asegura que viven. Y, además, lo explica con argumentos.
El holandés tiene tres meses a partir de hoy para mostrar sus teorías de esta forma de existencia en la exposición Theo Jansen. Asombrosas criaturas, de Fundación Telefónica. En esa tercera planta de la Gran Vía de Madrid se exhibe y detalla el origen y evolución de estos seres que no necesitan alimentos u oxígeno para vivir. La única energía que requieren para moverse se la da el viento o cualquier ráfaga de aire que sople a sus espaldas. Así será como algunos caminarán durante estos tres meses por esta sala, igual que hicieron, al nacer, en las playas heladas del norte de Europa.
t6
[E]l origen. En un pueblo costero junto a La Haya vivía un niño asombrado por el porqué de las cosas. Eran los años 40. La curiosidad llevó a Theo Jansen a estudiar Física y, después, al ver que no todas las respuestas se contestan desde la ciencia, se interesó por el arte y la filosofía. Un día, cuando tenía 38 años, cayó en sus manos un libro titulado El relojero ciego. Era del zoólogo británico Richard Dawkins, y hablaba de la evolución y la selección natural de las especies.
Jansen quedó fascinado. La curiosidad que siempre le había despertado el mundo descendió hasta sus raíces más profundas. «Ese libro me hizo consciente del desconcierto de la existencia. Es sorprendente que todo exista. Incluso yo», explica el holandés, asombrado todavía, en los sillones del Espacio Fundación Telefónica de Madrid. «Me fasciné con los principios de la evolución y decidí construir programas informáticos para explorar este tema. Entonces todo pasaba dentro del ordenador. Vivimos demasiado en pantallas».
Eso fue así durante cuatro años. Hasta que un día, en la playa, encontró unos tubos amarillos de plástico que se usan en las instalaciones eléctricas de Holanda y empezó a jugar con ellos. La curiosidad física y existencial de Jansen jamás dormía, pero quizá esta vez fue más atronadora que nunca. «Les vi tantas posibilidades que me prometí a mí mismo que dedicaría un año entero a explorar los tubos», relata.
Y así el hombre que no cree en Dios se convirtió en deidad. Todos los días se levantaba pensando en crear criaturas que en vez de huesos, tendrían cables, y lucharían por vivir como cualquier otro bicho.
Jansen es la última contestación a la pregunta del origen de las bestias. Por eso, en cierto modo, este ateo confeso hace el papel de altísimo, aunque utilice la ciencia y la técnica. «La vida es un gran prodigio. No hay más milagro que estar en la playa y que empiece a llover. El mar, la arena, el viento, la lluvia… No necesito a nadie que ande sobre el mar para darme cuenta de que todo esto es un milagro».
p2
[L]as fieras mandan. El día que el artista empezó este proyecto surgió una conversación que nunca ha terminado. Jansen asegura que aquí él no manda. «Yo llego al estudio con una idea, comienzo a trabajar y ellas protestan. Muchas veces no quieren hacer lo que yo quiero que hagan. Se rebelan. Me voy y al día siguiente vuelvo con una nueva idea surgida del diálogo que tuvimos el día anterior. Los tubos me enseñan muchas cosas y me hacen grandes propuestas. Son imprevisibles», especifica.
El holandés, en su obsesión por la evolución de las especies, hace un paralelismo entre los animales y los proyectos. Muchos planes para crear una criatura mueren. Otros sobreviven. Los que se imponen se convierten en un Strandbeest y los descendientes que vienen después van mejorando la especie. Así ha ocurrido desde su primer ‘Animaris Vulgaris’, una bestia de 28 patas que murió pronto en la playa porque la cinta adhesiva no podía sostener sus articulaciones, hasta el ‘Cerebrum’, que con su antena y su podómetro puede huir de las olas gigantes.
Desde 1990, cada mes de octubre, Jansen comienza a construir un animal. Tiene hasta la siguiente primavera para acabarlo y aplicarle los ‘trece números sagrados’ que calculó hace 25 años en un ordenador Atari para crear su base cinética. En abril, cuando los días se hacen largos, lo lleva a la playa y lo echa a andar. Es su llegada al mundo y, a partir de ahí, su vida o su muerte está en manos del viento, la arena, el mar y sus genes de PVC.
–En ese momento lo declaro extinguido –sentencia.
–¿Tan pronto? Pero si acaba de nacer –y así es como el artista asombrado sorprende a la entrevistadora.
–En el mismo momento que empieza a vivir va camino de la extinción. Cuando llega a la playa, ya estoy pensando en la próxima criatura que voy a construir.
p1
[L]a belleza. A Theo Jansen le intriga la belleza. Le sorprende que la evolución de sus criaturas las dote de atractivo y elegancia. Esto nunca estuvo en sus planes. Ocurre sin que él pueda hacer nada a favor o en contra. «Me fascinan mis animales por lo bonitos que son. Yo no planeé nada. Fueron los tubos los que los hicieron bellos. Es como la evolución de las especies de la naturaleza. No hay un dios que quisiera hacerlos bonitos. Ha sucedido por el proceso evolutivo», comenta.
Tampoco tiene claro por qué dedica su vida a las fieras. «Estas criaturas, igual que los animales, no tienen ningún propósito. No sé por qué lo hago. Solo sé que no puedo parar de hacerlo. Estoy obsesionado con ellas», indica y mantiene un silencio en suspenso. «Estoy construyendo nuevas formas de vida. Espero que esto me ayude a comprender mejor el sentido mismo de la vida».
Y en esa obsesión palpita un firme propósito. El artista quiere que estos animales de tubos acaben siendo autosuficientes. «No pueden vivir sin mí más de cinco minutos. Mi intención es alargar su vida y que puedan vivir por sí mismos cuando yo ya no esté en este planeta».
Jansen reconoce que es «un sueño utópico», pero, a la vez, está convencido de que «si no miramos la vida con imaginación, la vida no es nada. Quiero que las personas que vengan a esta exposición tomen consciencia del milagro en el que vivimos y de la importancia de las ilusiones. Si tú tienes la ilusión de ser feliz, serás feliz».
Él sabe muy bien cuál es su ilusión: que esta nueva especie de tubos amarillos continúe en la Tierra y la evolución los lleve tan lejos como el mar, el viento, la arena y la mutación dicten. Igual que ocurrió cuando el mono se hizo hombre y el dinosaurio devino pollo.
t1
t3
t4
t5
t2

Compártelo twitter facebook whatsapp
Figurines de la literatura rusa
Los 5 posts más vistos de la semana
Lobulo Design: De dibujar ríos en los exámenes a hacer ‘mierda épica’ con cartulina
¿Desvestirse o pelarse?
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *