29 de diciembre 2017    /   DIGITAL
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La Biblioteca del Congreso está harta de guardar tus tuits

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Si quieres que tus tuits queden para la posteridad, descárgatelos en tu disco duro o imprímetelos. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, que los preservaba hasta ahora, ha decidido trasladarlos a la papelera de reciclaje. De hecho, no descarta «vaciar papelera».

En 2010, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos firmó uno de los peores acuerdos de su historia. La compañía Twitter le proporcionaría diariamente todos y cada uno de los tuits que se escribieran en el mundo.

Por si no fuera suficiente, la compañía tecnológica hizo un pack con los que se habían escrito desde que comenzó a funcionar esa red social en 2006 y también se los envió.

Aunque solo se adjuntaban los mensajes publicados en abierto, para no vulnerar la privacidad de los usuarios que tenían las cuentas con candadito, a ojo, los responsables de la institución estadounidense calculan que han recibido alrededor de quinientos millones de tuits diarios. Para calcular el total hay que multiplicar esa cantidad por 365 y luego por diez.

El volumen de datos era tal, que la Biblioteca no podía hacer otras cosa que depositarlos en un súper servidor con el objetivo de ordenarlos y clasificarlos cuando tuvieran un rato. Después de años acumulando mensajes y viendo que ese momento de tranquilidad nunca llegaba, los responsables han decidido poner fin a ese acuerdo y renegociar las condiciones.

La medida es comprensible. En estos más de diez años la Biblioteca del Congreso se ha dado cuenta de que muchos de los mensajes carecen de interés. Por ejemplo, los miles de tuits de Rafael Hernando, de Gabriel Rufián, de Sigfrid Soria y el propio Donald Trump.



Además de eso, los cambios experimentados por esa red social en los últimos años hacían cada vez más difícil esa labor de almacenaje sin criterio. Los usuarios se han multiplicado de manera asombrosa y en consecuencia, también los mensajes. A eso se suma la dificultad de interpretar y contextualizar muchos de los tuits. Twitter solo envía a la biblioteca el texto, pero no adjunta las fotografías, los GIF o los vídeos que lo acompañan. Por último, la ampliación de 140 caracteres a 280 ha colmado la paciencia de los bibliotecarios.

Por ello, a partir del día 31 de diciembre, solo se conservarán aquellos mensajes que tengan interés histórico. Una solución que, por otra parte, no es nueva. Como es comprensible, la Biblioteca no atesora todo lo que se publica, sino que adquiere para sus fondos aquellos materiales que cumplen con una serie de criterios. La novedad de las redes sociales y la imposibilidad de prever lo que finalmente ha sucedido hizo que esas reglas no se aplicasen. Con el tiempo han comprobado que no fue una buena decisión.




A pesar de todo, la labor realizada en este tiempo por la biblioteca no ha sido en vano. Para algunos investigadores, conservar todos los tuits publicados desde que se puso en marcha Twitter es equivalente a tener todos los telegramas enviados en los primeros diez años de invención del telégrafo. En definitiva, un material muy interesante para sociólogos, politólogos, historiadores, antropólogos y psicólogos.

El único problema es que, al menos por ahora, esos mensajes no pueden ser consultados. Primero es necesario hacer una labor de selección y archivo imposible de asumir en este momento por parte de la Biblioteca del Congreso. Una situación que ha llevado a algunos investigadores a sugerir la intervención de empresas privadas que financien esa labor. En definitiva, una solución semejante a la que realizó Google con las Universidades a la hora de digitalizar sus fondos bibliográficos.

Tal vez, la empresa que podría asumir esa tarea fuera la propia Twitter, pero por ahora nadie se ha pronunciado al respecto. Hasta que eso suceda, desde el 31 de diciembre tus tuits se perderán como lágrimas en la lluvia…

Si quieres que tus tuits queden para la posteridad, descárgatelos en tu disco duro o imprímetelos. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, que los preservaba hasta ahora, ha decidido trasladarlos a la papelera de reciclaje. De hecho, no descarta «vaciar papelera».

En 2010, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos firmó uno de los peores acuerdos de su historia. La compañía Twitter le proporcionaría diariamente todos y cada uno de los tuits que se escribieran en el mundo.

Por si no fuera suficiente, la compañía tecnológica hizo un pack con los que se habían escrito desde que comenzó a funcionar esa red social en 2006 y también se los envió.

Aunque solo se adjuntaban los mensajes publicados en abierto, para no vulnerar la privacidad de los usuarios que tenían las cuentas con candadito, a ojo, los responsables de la institución estadounidense calculan que han recibido alrededor de quinientos millones de tuits diarios. Para calcular el total hay que multiplicar esa cantidad por 365 y luego por diez.

El volumen de datos era tal, que la Biblioteca no podía hacer otras cosa que depositarlos en un súper servidor con el objetivo de ordenarlos y clasificarlos cuando tuvieran un rato. Después de años acumulando mensajes y viendo que ese momento de tranquilidad nunca llegaba, los responsables han decidido poner fin a ese acuerdo y renegociar las condiciones.

La medida es comprensible. En estos más de diez años la Biblioteca del Congreso se ha dado cuenta de que muchos de los mensajes carecen de interés. Por ejemplo, los miles de tuits de Rafael Hernando, de Gabriel Rufián, de Sigfrid Soria y el propio Donald Trump.



Además de eso, los cambios experimentados por esa red social en los últimos años hacían cada vez más difícil esa labor de almacenaje sin criterio. Los usuarios se han multiplicado de manera asombrosa y en consecuencia, también los mensajes. A eso se suma la dificultad de interpretar y contextualizar muchos de los tuits. Twitter solo envía a la biblioteca el texto, pero no adjunta las fotografías, los GIF o los vídeos que lo acompañan. Por último, la ampliación de 140 caracteres a 280 ha colmado la paciencia de los bibliotecarios.

Por ello, a partir del día 31 de diciembre, solo se conservarán aquellos mensajes que tengan interés histórico. Una solución que, por otra parte, no es nueva. Como es comprensible, la Biblioteca no atesora todo lo que se publica, sino que adquiere para sus fondos aquellos materiales que cumplen con una serie de criterios. La novedad de las redes sociales y la imposibilidad de prever lo que finalmente ha sucedido hizo que esas reglas no se aplicasen. Con el tiempo han comprobado que no fue una buena decisión.




A pesar de todo, la labor realizada en este tiempo por la biblioteca no ha sido en vano. Para algunos investigadores, conservar todos los tuits publicados desde que se puso en marcha Twitter es equivalente a tener todos los telegramas enviados en los primeros diez años de invención del telégrafo. En definitiva, un material muy interesante para sociólogos, politólogos, historiadores, antropólogos y psicólogos.

El único problema es que, al menos por ahora, esos mensajes no pueden ser consultados. Primero es necesario hacer una labor de selección y archivo imposible de asumir en este momento por parte de la Biblioteca del Congreso. Una situación que ha llevado a algunos investigadores a sugerir la intervención de empresas privadas que financien esa labor. En definitiva, una solución semejante a la que realizó Google con las Universidades a la hora de digitalizar sus fondos bibliográficos.

Tal vez, la empresa que podría asumir esa tarea fuera la propia Twitter, pero por ahora nadie se ha pronunciado al respecto. Hasta que eso suceda, desde el 31 de diciembre tus tuits se perderán como lágrimas en la lluvia…

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