3 de julio 2018    /   IDEAS
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Mozah bint Nasser, la jequesa que cumplió el sueño de Hipatia

3 de julio 2018    /   IDEAS     por        fotografia  Shutterstock
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Fueron los cristianos seguidores de San Cirilo los precursores del fundamentalismo religioso. Y para demostrarlo, consiguieron pasar a la historia gracias al inmenso honor de asesinar, descuartizar e incinerar a Hipatia por negarse a renunciar a sus creencias paganas. Hipatia está considerada la primera mujer científica de la historia. Pero lo que la hizo inmortal fue el hecho de haber sido la directora de la Biblioteca de Alejandría.

Todos sabemos lo que le sucedió a aquel centro de cultura universal. La destrucción de sus aproximadamente novecientos mil volúmenes detuvo la historia del conocimiento humano. Para hacernos una idea de las consecuencias de tal atrocidad, baste decir que debieron de pasar mil años para que en toda Europa pudiera volver a sumarse esa cifra de manuscritos.

Ahora han pasado diecisiete siglos. El tiempo que ha sido necesario para que el sueño de Hipatia resucite a 2.800 kilómetros de distancia. El lugar, la ciudad de Doha, capital de Catar. Allí, bajo el control de la jequesa (sí, sí, he dicho jequesa) Mozah bint Nasser se ha reconstruido la biblioteca de Alejandría, solo que pensando más en el futuro que en el pasado.

Prueba de ello es que, visto desde fuera, el edificio, diseñado por OMA, se parece más a una nave de Star Wars que a un recinto de sabiduría. Pero una vez que comienzas a comprender el proyecto en toda su dimensión, empiezas también a disfrutar del sueño frustrado de aquella egipcia neoplatónica del siglo IV.

Su interior se ha diseñado con la intención de fomentar el encuentro y la interacción propias de una plaza pública, y no solo como un lugar de veneración hacia el casi millón de libros en veintidós idiomas diferentes que se guardan en sus estanterías y almacenes.

En el hipogeo del edificio es donde se encuentran los ejemplares más valiosos de esta Biblioteca Nacional de Qatar, considerada ahora mismo la mayor del mundo. Desde manuscritos del Hadiz islámico hasta primeras ediciones del Vitruvio de Barbaro o del Divina Proportione de Luca Pacioli. Todos protegidos en vitrinas de alta seguridad climatizadas para evitar que una nueva horda de fundamentalistas acabe con ellos como sucedió en el pasado.

Las precauciones son necesarias. Basta recordar que en la biblioteca de Alejandría desaparecieron más de cien obras de Sófocles, una cartografía de Eratostenes en la que se mostraba la Tierra redonda, un libro acerca de métodos de integración en matemática de Eudoxo de Cnido, un libro de Aristarco que mostraba el modelo heliocéntrico, ejemplares con especificaciones técnicas para la construcción de autómatas de Herón… Y, por supuesto, las obras de astrología de la propia Hipatia.

Y la última parte del sueño de aquella intelectual egipcia formada en Grecia es la Ciudad de la Educación de Qatar, que alberga, entorno a la biblioteca, sucursales de algunas de las mejores universidades del mundo. Otro proyecto resucitado tantos siglos después. Hay que tener en cuenta que la Biblioteca de Alejandría fue la primera universidad de la historia, con más de cinco mil alumnos provenientes de todos los países entonces conocidos.

La impresionante Ciudad de la Educación abarca catorce kilómetros cuadrados a las afueras de Noha. Con su creación, se cerró un capítulo negro de la cultura. El que hermana a Hipatia con Mozah. Dos mujeres con creencias muy distintas, pero con una fe compartida: la de que solo el conocimiento puede remendar las heridas que el mundo se autoinflige a lo largo de su historia.

Fueron los cristianos seguidores de San Cirilo los precursores del fundamentalismo religioso. Y para demostrarlo, consiguieron pasar a la historia gracias al inmenso honor de asesinar, descuartizar e incinerar a Hipatia por negarse a renunciar a sus creencias paganas. Hipatia está considerada la primera mujer científica de la historia. Pero lo que la hizo inmortal fue el hecho de haber sido la directora de la Biblioteca de Alejandría.

Todos sabemos lo que le sucedió a aquel centro de cultura universal. La destrucción de sus aproximadamente novecientos mil volúmenes detuvo la historia del conocimiento humano. Para hacernos una idea de las consecuencias de tal atrocidad, baste decir que debieron de pasar mil años para que en toda Europa pudiera volver a sumarse esa cifra de manuscritos.

Ahora han pasado diecisiete siglos. El tiempo que ha sido necesario para que el sueño de Hipatia resucite a 2.800 kilómetros de distancia. El lugar, la ciudad de Doha, capital de Catar. Allí, bajo el control de la jequesa (sí, sí, he dicho jequesa) Mozah bint Nasser se ha reconstruido la biblioteca de Alejandría, solo que pensando más en el futuro que en el pasado.

Prueba de ello es que, visto desde fuera, el edificio, diseñado por OMA, se parece más a una nave de Star Wars que a un recinto de sabiduría. Pero una vez que comienzas a comprender el proyecto en toda su dimensión, empiezas también a disfrutar del sueño frustrado de aquella egipcia neoplatónica del siglo IV.

Su interior se ha diseñado con la intención de fomentar el encuentro y la interacción propias de una plaza pública, y no solo como un lugar de veneración hacia el casi millón de libros en veintidós idiomas diferentes que se guardan en sus estanterías y almacenes.

En el hipogeo del edificio es donde se encuentran los ejemplares más valiosos de esta Biblioteca Nacional de Qatar, considerada ahora mismo la mayor del mundo. Desde manuscritos del Hadiz islámico hasta primeras ediciones del Vitruvio de Barbaro o del Divina Proportione de Luca Pacioli. Todos protegidos en vitrinas de alta seguridad climatizadas para evitar que una nueva horda de fundamentalistas acabe con ellos como sucedió en el pasado.

Las precauciones son necesarias. Basta recordar que en la biblioteca de Alejandría desaparecieron más de cien obras de Sófocles, una cartografía de Eratostenes en la que se mostraba la Tierra redonda, un libro acerca de métodos de integración en matemática de Eudoxo de Cnido, un libro de Aristarco que mostraba el modelo heliocéntrico, ejemplares con especificaciones técnicas para la construcción de autómatas de Herón… Y, por supuesto, las obras de astrología de la propia Hipatia.

Y la última parte del sueño de aquella intelectual egipcia formada en Grecia es la Ciudad de la Educación de Qatar, que alberga, entorno a la biblioteca, sucursales de algunas de las mejores universidades del mundo. Otro proyecto resucitado tantos siglos después. Hay que tener en cuenta que la Biblioteca de Alejandría fue la primera universidad de la historia, con más de cinco mil alumnos provenientes de todos los países entonces conocidos.

La impresionante Ciudad de la Educación abarca catorce kilómetros cuadrados a las afueras de Noha. Con su creación, se cerró un capítulo negro de la cultura. El que hermana a Hipatia con Mozah. Dos mujeres con creencias muy distintas, pero con una fe compartida: la de que solo el conocimiento puede remendar las heridas que el mundo se autoinflige a lo largo de su historia.

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Opiniones 5
  • Todo muy idílico pero si allí dentro dos personas del mismo sexo se dan un beso probablemente acaben en la carcel. (Y la exclavitud existe)

  • El artículo tiene dos fallos como catedrales. Lo primero afirmar que todos sepan lo que ocurrió cuando no los mismos historiadores no se ponen de acuerdo, y lo segundo»jequesa», es que daña los ojos leerlo. El jeque o la jeque, punto. Manía de algunos burros o burras la de inventarse palabras. ¿O dices la policía, el policío y lo policie? Como diría la lista de Carmena.

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