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27 de marzo 2017    /   BRANDED CONTENT
 

El londinense que se llevó una bici municipal a dar vueltas por el mundo

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¿Hasta dónde se puede llegar con una bici del ayuntamiento? Muchos hemos especulado alguna vez con la idea de agarrar una de ellas y viajar de una ciudad a otra. No lo hacemos por dos razones: porque las ruedas y los frenos suenan como una fábrica de cortar metal del siglo XIX y amenazan con desmontarse, y porque sospechamos que nos caería un multón que nos dejaría temblando. El joven nutricionista británico Chris Astill-Smith se atrevió y se le fue de las manos.

Tomó un de las famosas Boris Bike londinenses y desapareció 20 días. Cuando regresó traía material fotográfico y de vídeo en el que se le veía pedaleando por los paisajes más emblemáticos del mundo: París, Roma, Las Vegas, Nueva York, Dubai, India… Al llegar hizo dos cosas, devolver la bici y pagar una multa de 348 euros. No es que viera Forrest Gump con mucha motivación y decidiera emularlo y salir a recorrer kilómetros sin ton ni son. En la película, cuando a Tom Hanks le preguntan por qué corre, los periodistas le ofrecen una decena de opciones nobles (ecologismo, feminismo, desigualdad…): pero él simplemente corría por correr.

Sin embargo, eso era una película y cuando se pregunta a Chris Astill-Smith por qué paseó una Boris Bike por el mundo, la respuesta es directa: «La razón es llamar la atención de la gente para que sepa que, en agosto de este año, nadaré los 35 kilómetros del Canal de la Mancha para recaudar 28.960 euros para Dreams Come True», una ONG que trabaja para cumplir los sueños de niños con enfermedades que los limitan.

Las Boris Bike se conocen por ese nombre en alusión a Boris Johnson, el alcalde que las instaló (actualmente es ministro de exteriores y uno de los mayores defensores del Brexit). «Elegí estas bicicletas porque son una elemento icónico de Londres. Todos los que viven allí o la han visitado las han visto, así que sabía que sería divertido y saldría un vídeo compartible», cuenta a Yorokobu Astill-Smith.

bici municipal
Foto: Alex Tyrwhitt
bicis municipales
Foto: Alex Tyrwhitt

Emprendió el periplo acompañado por Alex Tyrwhitt, un cámara de 22 años. La aventura los cambió: «Definitivamente es lo más loco que hemos hecho nunca. Supongo que puso a prueba nuestros límites para hacer cosas dementes como esta», cuenta Astill-Smith. En algún momento pensaron en hablar con las instituciones o con el banco que fija su publicidad en las bicicletas londinenses, pero renunciaron: «Pediríamos perdón, no permiso».

Los dos jóvenes surcaron los monumentos emblemáticos de las grandes ciudades europeas, las calles masificadas de Nueva York o las aceras flasheadas de Las Vegas. Se metieron hasta en un hipódromo de camellos en Dubái. El ciclista se entusiasmó al ver a los jinetes y a los animales, pero llegó a una conclusión: «La bicicleta, definitivamente, no está diseñada para la arena».

La India fue el mayor reto, una carrera de obstáculos, «desde llegar del aeropuerto al alojamiento hasta el viaje de tres horas hacia el Taj Mahal con la pesada y torpe Boris Bike», recuerda. Allí, entre miles de curtidos y salvajes motocarros, coches, carretas y camionetas, las dos ruedas londinenses no daban pie con bola.

Al llegar al Taj Mahal, los tipos de seguridad se negaron a permitirles acceder con la bicicleta: «Así que terminamos sobornando a algunos guardias en algunas tierras privadas de la parte trasera del templo. Logramos hacer esto con el equivalente a 11,6 euros. ¡No íbamos a volver sin las imágenes!», se excusa.

bici municipal
Foto: Alex Tyrwhitt
bici municipal
Foto: Alex Tyrwhitt

Sin embargo, en ningún momento perdió el norte del objetivo que perseguía. A pesar de cómo se pudiera sentir, aquello no era una aventura loca sin más. Tanto él como Thyrwitt se esforzaron en captar los mejores planos para su objetivo: conseguir fondos para los niños de su ONG.

«Había visto a mucha gente haciendo cosas asombrosas con fines benéficos, pero nunca reunieron el dinero que merecían por la falta de exposición». Astill-Smith ha analizado casos pasados: «Hay personas que han recorrido a nado el Canal de la Mancha y recaudado mil o dos mil libras, pero entonces observé a David Walliams, que logró un millón de libras: habían completado la misma hazaña, sin embargo, la única diferencia es el nivel de atención que recibieron».

Bici municipal
Foto: Alex Tyrwhitt

Dreams Come True busca ayudar a niños que sufren condiciones médicas limitantes a cumplir pequeños sueños. Casos como Ryan, un niño de ocho años con una enfermedad rara que afecta a su sistema nervioso central y que siempre había necesitado asistencia para desplazarse hasta que esta organización le procuró un triciclo adaptado.

El ciclista trotamundos se reunió con la asociación. Decidieron emprender la aventura que culminará en agosto tras unas 12 o 14 horas de nado continuo. Cuando este verano se zambulla en el agua no podrá vestir traje de neopreno ni apoyarse en ningún momento en la embarcación que lo vigilará. Debe recorrer el tramo de un tirón.

Tendrá algo en lo que pensar para aplacar la extenuación: cuando acordó la campaña con la ONG, le dijeron que le contarían exactamente a qué familias se destinaría la ayuda. Brazada tras brazada podrá entretenerse en imaginar cuáles serán los sueños que ayudará a cumplir. «He sido suficientemente afortunado en mi vida para viajar y estudiar: tengo mucho que agradecer», concluye.

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¿Hasta dónde se puede llegar con una bici del ayuntamiento? Muchos hemos especulado alguna vez con la idea de agarrar una de ellas y viajar de una ciudad a otra. No lo hacemos por dos razones: porque las ruedas y los frenos suenan como una fábrica de cortar metal del siglo XIX y amenazan con desmontarse, y porque sospechamos que nos caería un multón que nos dejaría temblando. El joven nutricionista británico Chris Astill-Smith se atrevió y se le fue de las manos.

Tomó un de las famosas Boris Bike londinenses y desapareció 20 días. Cuando regresó traía material fotográfico y de vídeo en el que se le veía pedaleando por los paisajes más emblemáticos del mundo: París, Roma, Las Vegas, Nueva York, Dubai, India… Al llegar hizo dos cosas, devolver la bici y pagar una multa de 348 euros. No es que viera Forrest Gump con mucha motivación y decidiera emularlo y salir a recorrer kilómetros sin ton ni son. En la película, cuando a Tom Hanks le preguntan por qué corre, los periodistas le ofrecen una decena de opciones nobles (ecologismo, feminismo, desigualdad…): pero él simplemente corría por correr.

Sin embargo, eso era una película y cuando se pregunta a Chris Astill-Smith por qué paseó una Boris Bike por el mundo, la respuesta es directa: «La razón es llamar la atención de la gente para que sepa que, en agosto de este año, nadaré los 35 kilómetros del Canal de la Mancha para recaudar 28.960 euros para Dreams Come True», una ONG que trabaja para cumplir los sueños de niños con enfermedades que los limitan.

Las Boris Bike se conocen por ese nombre en alusión a Boris Johnson, el alcalde que las instaló (actualmente es ministro de exteriores y uno de los mayores defensores del Brexit). «Elegí estas bicicletas porque son una elemento icónico de Londres. Todos los que viven allí o la han visitado las han visto, así que sabía que sería divertido y saldría un vídeo compartible», cuenta a Yorokobu Astill-Smith.

bici municipal
Foto: Alex Tyrwhitt
bicis municipales
Foto: Alex Tyrwhitt

Emprendió el periplo acompañado por Alex Tyrwhitt, un cámara de 22 años. La aventura los cambió: «Definitivamente es lo más loco que hemos hecho nunca. Supongo que puso a prueba nuestros límites para hacer cosas dementes como esta», cuenta Astill-Smith. En algún momento pensaron en hablar con las instituciones o con el banco que fija su publicidad en las bicicletas londinenses, pero renunciaron: «Pediríamos perdón, no permiso».

Los dos jóvenes surcaron los monumentos emblemáticos de las grandes ciudades europeas, las calles masificadas de Nueva York o las aceras flasheadas de Las Vegas. Se metieron hasta en un hipódromo de camellos en Dubái. El ciclista se entusiasmó al ver a los jinetes y a los animales, pero llegó a una conclusión: «La bicicleta, definitivamente, no está diseñada para la arena».

La India fue el mayor reto, una carrera de obstáculos, «desde llegar del aeropuerto al alojamiento hasta el viaje de tres horas hacia el Taj Mahal con la pesada y torpe Boris Bike», recuerda. Allí, entre miles de curtidos y salvajes motocarros, coches, carretas y camionetas, las dos ruedas londinenses no daban pie con bola.

Al llegar al Taj Mahal, los tipos de seguridad se negaron a permitirles acceder con la bicicleta: «Así que terminamos sobornando a algunos guardias en algunas tierras privadas de la parte trasera del templo. Logramos hacer esto con el equivalente a 11,6 euros. ¡No íbamos a volver sin las imágenes!», se excusa.

bici municipal
Foto: Alex Tyrwhitt
bici municipal
Foto: Alex Tyrwhitt

Sin embargo, en ningún momento perdió el norte del objetivo que perseguía. A pesar de cómo se pudiera sentir, aquello no era una aventura loca sin más. Tanto él como Thyrwitt se esforzaron en captar los mejores planos para su objetivo: conseguir fondos para los niños de su ONG.

«Había visto a mucha gente haciendo cosas asombrosas con fines benéficos, pero nunca reunieron el dinero que merecían por la falta de exposición». Astill-Smith ha analizado casos pasados: «Hay personas que han recorrido a nado el Canal de la Mancha y recaudado mil o dos mil libras, pero entonces observé a David Walliams, que logró un millón de libras: habían completado la misma hazaña, sin embargo, la única diferencia es el nivel de atención que recibieron».

Bici municipal
Foto: Alex Tyrwhitt

Dreams Come True busca ayudar a niños que sufren condiciones médicas limitantes a cumplir pequeños sueños. Casos como Ryan, un niño de ocho años con una enfermedad rara que afecta a su sistema nervioso central y que siempre había necesitado asistencia para desplazarse hasta que esta organización le procuró un triciclo adaptado.

El ciclista trotamundos se reunió con la asociación. Decidieron emprender la aventura que culminará en agosto tras unas 12 o 14 horas de nado continuo. Cuando este verano se zambulla en el agua no podrá vestir traje de neopreno ni apoyarse en ningún momento en la embarcación que lo vigilará. Debe recorrer el tramo de un tirón.

Tendrá algo en lo que pensar para aplacar la extenuación: cuando acordó la campaña con la ONG, le dijeron que le contarían exactamente a qué familias se destinaría la ayuda. Brazada tras brazada podrá entretenerse en imaginar cuáles serán los sueños que ayudará a cumplir. «He sido suficientemente afortunado en mi vida para viajar y estudiar: tengo mucho que agradecer», concluye.

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