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6 de marzo 2014    /   CREATIVIDAD
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Un manifiesto a favor de los cheques-bici

6 de marzo 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Algunos llevan ya tiempo pagando en el restaurante o en la guardería de sus hijos a través de este sistema. Dentro un tiempo, quizá esos mismos trabajadores puedan recurrir también a la retribución flexible para adquirir una bici. Todo depende de si la iniciativa de Grass Roots obtiene el visto bueno de la Administración y de las empresas.

Se presentó la semana pasada ante el Ministerio de Hacienda. La propuesta pretende que el departamento que dirige Montoro realice los ajustes necesarios para que, al igual que ya ocurre con la de otros productos y servicios (los descritos antes, así como seguros médicos, formación, productos informáticos, transportes, entre otros), la compra de una bicicleta pueda adquirirse mediante este sistema.

Los que defienden la medida apelan a sus ventajas. Para el trabajador, la principal se traduce en un aumento del neto disponible ya que vería restado el coste de la bicicleta a su salario, pero se ahorraría el correspondiente IRPF.

A la empresa, a su vez, le permite ‘personalizar’ la retribución de los empleados según sus necesidades, sin ver aumentados los costes sociales. Para Mar García, directora general de Grass Roots, iniciativas de este tipo mejoran la posición competitiva del empleador, algo que, en los tiempos que corren, quizá no tenga demasiada relevancia pero sí en otras coyunturas. «Las empresas, además, podrían ahorrarse otros complementos en transporte o las rutas. También, las compañías que cuentan con aparcamiento para empleados ganarían espacio porque en el que ocupa un coche se puede aparcar hasta 5 bicicletas», añade. Mar no cree que la entrada en vigor de la disposición aprobada a finales del pasado año por el Gobierno para que los pagos en especie entren a formar parte de la cotización de la Seguridad Social (con lo que cercena la posibilidad de que las empresas puedan seguir beneficiándose de las ventajas fiscales de este sistema de retribución) suponga un paso atrás para su propuesta. «Aún podrán seguir beneficiándose sus empleados, que seguirán ahorrándose el IRPF», aclara García.

Aunque son otros beneficios mucho más generales los que han propiciado que la iniciativa cuente con el apoyo de la Mesa Nacional de la Bicicleta o del mismísimo Perico Delgado. «Si el 15% de los madrileños utilizase la bicicleta, se reducirían las emisiones a los niveles de una ciudad de 100.000 habitantes».

Basan este dato en ejemplos como el de Alemania, Holanda o el Reino Unido que ya cuentan con este sistema (en Francia están en ello). En el caso británico, desde que la medida se implantase hace ocho años, la reducción de emisiones de CO2 se estima que alcanza las 73.000 toneladas anuales. Hasta la fecha, a la iniciativa se han sumado algo más de 34.000 empresas que han facilitado la compra de 430.000 bicicletas en las aproximadamente 1.900 tiendas colaboradoras. «El 70% de los trabajadores de Reino Unido que han adquirido una bici por este sistema ha reducido el uso del coche. El 68%, más de 80 km a la semana», dice el estudio de Cyclescheme de donde Grass Root extrae todas estas cifras.

Ahí también se dice que, durante este periodo, las ausencias no justificadas en el ámbito laboral se han reducido un 25%, lo que supone un ahorro de unos 128 millones de libras (155 millones de euros) al año para el estado británico. A su vez, la mejora del estado físico de los ciclista ha tenido consecuencias para el sistema nacional de salud, que al año se ha ahorrado unos 6,18 millones de euros.

Grass Roots considera que esas cifras podrían extrapolarse perfectamente al caso español. También las económicas. «En Reino Unido, los ingresos por IVA en estos años han alcanzado los 27,4 millones de euros». La experiencia británica y cifras como las de British Cycling Economy, que estimó en unos 3.500 millones de euros el PIB de la bicicleta (unos 280 euros por ciclista), da pie a la compañía a establecer en unos 500 millones de euros la inyección económica que supondría a las arcas del estado español un aumento del 20% del uso de la bicicleta.

«Es cierto que Hacienda dejaría de ingresar impuestos en cada compra de bicicleta (un 18%) pero, a cambio, se garantizaría el cobro del IVA correspondiente (21%) (…) De hecho, en Reino Unido, el 76% de los ciclistas que adquirieron una bici por este sistema afirmaron que no lo hubieran hecho de no haberse podido acoger a esta medida».

Pero, pese al positivo impacto que la inclusión de la bici en la retribución flexible supondría para el fortalecimiento del «ecosistema del ciclismo», Mar García es consciente de que no serviría de nada sin otras iniciativas como la construcción y mejora de carriles bici, la formación y potenciación del uso de la bici desde la escuela, la sensibilización de los conductores, zonas sin coches o la reducción de los límites de velocidad, entre otras muchas.«No se trata de imponer la bicicleta por encima de otros medios, como el coche, si no de la convivencia ‘pacífica’ de todos ellos en la ciudad»

Algunos llevan ya tiempo pagando en el restaurante o en la guardería de sus hijos a través de este sistema. Dentro un tiempo, quizá esos mismos trabajadores puedan recurrir también a la retribución flexible para adquirir una bici. Todo depende de si la iniciativa de Grass Roots obtiene el visto bueno de la Administración y de las empresas.

Se presentó la semana pasada ante el Ministerio de Hacienda. La propuesta pretende que el departamento que dirige Montoro realice los ajustes necesarios para que, al igual que ya ocurre con la de otros productos y servicios (los descritos antes, así como seguros médicos, formación, productos informáticos, transportes, entre otros), la compra de una bicicleta pueda adquirirse mediante este sistema.

Los que defienden la medida apelan a sus ventajas. Para el trabajador, la principal se traduce en un aumento del neto disponible ya que vería restado el coste de la bicicleta a su salario, pero se ahorraría el correspondiente IRPF.

A la empresa, a su vez, le permite ‘personalizar’ la retribución de los empleados según sus necesidades, sin ver aumentados los costes sociales. Para Mar García, directora general de Grass Roots, iniciativas de este tipo mejoran la posición competitiva del empleador, algo que, en los tiempos que corren, quizá no tenga demasiada relevancia pero sí en otras coyunturas. «Las empresas, además, podrían ahorrarse otros complementos en transporte o las rutas. También, las compañías que cuentan con aparcamiento para empleados ganarían espacio porque en el que ocupa un coche se puede aparcar hasta 5 bicicletas», añade. Mar no cree que la entrada en vigor de la disposición aprobada a finales del pasado año por el Gobierno para que los pagos en especie entren a formar parte de la cotización de la Seguridad Social (con lo que cercena la posibilidad de que las empresas puedan seguir beneficiándose de las ventajas fiscales de este sistema de retribución) suponga un paso atrás para su propuesta. «Aún podrán seguir beneficiándose sus empleados, que seguirán ahorrándose el IRPF», aclara García.

Aunque son otros beneficios mucho más generales los que han propiciado que la iniciativa cuente con el apoyo de la Mesa Nacional de la Bicicleta o del mismísimo Perico Delgado. «Si el 15% de los madrileños utilizase la bicicleta, se reducirían las emisiones a los niveles de una ciudad de 100.000 habitantes».

Basan este dato en ejemplos como el de Alemania, Holanda o el Reino Unido que ya cuentan con este sistema (en Francia están en ello). En el caso británico, desde que la medida se implantase hace ocho años, la reducción de emisiones de CO2 se estima que alcanza las 73.000 toneladas anuales. Hasta la fecha, a la iniciativa se han sumado algo más de 34.000 empresas que han facilitado la compra de 430.000 bicicletas en las aproximadamente 1.900 tiendas colaboradoras. «El 70% de los trabajadores de Reino Unido que han adquirido una bici por este sistema ha reducido el uso del coche. El 68%, más de 80 km a la semana», dice el estudio de Cyclescheme de donde Grass Root extrae todas estas cifras.

Ahí también se dice que, durante este periodo, las ausencias no justificadas en el ámbito laboral se han reducido un 25%, lo que supone un ahorro de unos 128 millones de libras (155 millones de euros) al año para el estado británico. A su vez, la mejora del estado físico de los ciclista ha tenido consecuencias para el sistema nacional de salud, que al año se ha ahorrado unos 6,18 millones de euros.

Grass Roots considera que esas cifras podrían extrapolarse perfectamente al caso español. También las económicas. «En Reino Unido, los ingresos por IVA en estos años han alcanzado los 27,4 millones de euros». La experiencia británica y cifras como las de British Cycling Economy, que estimó en unos 3.500 millones de euros el PIB de la bicicleta (unos 280 euros por ciclista), da pie a la compañía a establecer en unos 500 millones de euros la inyección económica que supondría a las arcas del estado español un aumento del 20% del uso de la bicicleta.

«Es cierto que Hacienda dejaría de ingresar impuestos en cada compra de bicicleta (un 18%) pero, a cambio, se garantizaría el cobro del IVA correspondiente (21%) (…) De hecho, en Reino Unido, el 76% de los ciclistas que adquirieron una bici por este sistema afirmaron que no lo hubieran hecho de no haberse podido acoger a esta medida».

Pero, pese al positivo impacto que la inclusión de la bici en la retribución flexible supondría para el fortalecimiento del «ecosistema del ciclismo», Mar García es consciente de que no serviría de nada sin otras iniciativas como la construcción y mejora de carriles bici, la formación y potenciación del uso de la bici desde la escuela, la sensibilización de los conductores, zonas sin coches o la reducción de los límites de velocidad, entre otras muchas.«No se trata de imponer la bicicleta por encima de otros medios, como el coche, si no de la convivencia ‘pacífica’ de todos ellos en la ciudad»

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