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24 de enero 2011    /   BUSINESS
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Bienvenido Mr. Falo

24 de enero 2011    /   BUSINESS     por          
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Desde Boulder (Colorado) llega Sir Richard’s, una nueva marca de condones que tiene otra visión sobre lo que significa ser una marca de condones. “Por cada preservativo que compres, se donará uno a Haití. El producto se vende en canales no convencionales como tiendas de ropa y estaremos fuertemente comprometidos con la educación sexual”, explica Matthew Gerson, fundador de la marca.
Entrar en una tienda y comprar un paquete de condones es una experiencia aburrida, rodeada incluso de un elemento clínico. El packaging y la comunicación tampoco suelen acompañar. Factores sociales pueden llevar a adolescentes a sentir una sensación de vergüenza y estigma. Esto en opinión de Matthew Gerson, fundador de la compañía, tiene que cambiar. “Debería ser todo lo contrario. Debería ser objeto de orgullo y satisfacción. Cuidarse y practicar sexo seguro debería ser celebrado, no estigmatizado”.
Gerson es fundador de Sir Richards Condoms, una nueva marca de condones que combina elementos de empresa social (por cada profiláctico que compras se dona una a Haití) con una apuesta por el diseño y la comunicación más irreverente (la marca toma su nombre de un termino coloquial que significa pene). Gerson explica la polifacética estrategia de esta nueva startup con un futuro prometedor.

¿Qué os llevó a crear Sir Richards?

Los condones representan una de las formas más baratas y efectivas para evitar embarazos y enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo todavía escasean en muchos países subdesarrollados. Hace unos años me puse a pensar en soluciones para Haití y se me ocurrió crear una marca de condones local, con diseñadores de la zona para convertirlo en un objeto deseable con una comunicación acorde.
Cuando me puse a investigar sobre el tema, me di cuenta de que el problema no se limita a los países pobres. Los datos más recientes sobre embarazos entre adolescentes en EEUU muestran subidas preocupantes y los sectores conservadores siguen empeñados en no aumentar recursos para la educación sexual. Todo esto a pesar de que está ampliamente demostrado que una buena educación reduce considerablemente los embarazos no deseados. Así que pensamos por qué no unir las dos cosas. Por un lado creamos Sir Richards, una marca que habla de forma espontanea y abierta sobre el sexo y que deja atrás el tufillo clínico que rodea la compra de condones. Y por el otro, por cada condón de Sir Richards que vendemos, donamos uno a Haití bajo una marca local de nuestra creación.

¿La marca de Haití ya está creada?

Estamos en ello. Esperamos que en un futuro, la marca en Haití, que llevará su propio nombre e identi- dad, se convierta en un negocio que puedan llevar emprendedores locales.
¿Qué está pasando con la educación sexual en EEUU?
Nos estamos quedando atrás en el tema de educación sexual, arrastrando un estigma completamente irrelevante para las nuevas generaciones. Fingir que los adolescentes no tienen sexo o que la gente no lo practica hasta el matrimonio es completamente deliran- te. Una de las películas que más nos han inspirado es el documental Let’s talk about sex del fotógrafo James Houston. La pieza analiza cómo, en una sociedad donde las marcas utilizan la sexualidad para vender de todo, los adolescentes están pagando un precio muy alto por no tener acceso a infor- mación sobre el tema. Aparecen ma- dres adolescentes que siguen teniendo que esconder los preservativos de sus padres. No debería haber una estigma sobre la compra de condones. Uno se debería sentir bien por cuidarse.
¿Cómo puede influir en el proceso Sir Richards?

Necesitamos hablar y ser transparentes. Esto se reflejará en nuestra comunicación. Si no hablas de las cosas las opiniones sobre lo desconocido se radicalizan. Está en nuestras manos presentar a los jovenes los hechos para que puedan tomar decisiones meditadas. En está linea, acudiremos a muchas universidades. Me gustaría llegar incluso a los adolescentes pero es complicado por temas legales.
Recientemente se han puesto de moda entre sectores conservadores bailes de abstinencia. En ellos los padres acompañan a sus hijas para recibir un voto que dice que se mantendrán virgenes hasta el matrimonio. Nosotros vamos a patrocinar un baile de sexo seguro, donde los participan- tes recibirán un voto para compro- meterse a tener sexo seguro hasta que encuentren una pareja estable. Patrocinaremos sus vidas sexuales.

¿Cuál es vuestro público objetivo?
El público potencial de Sir Richards es heterogéneo pero to- dos tienen algo en común. Están completamente ignorados por los fabricantes de condones actuales. Hablamos de la comunidad lesbiana y gay, universitarios heterosexuales y las mujeres, que compran el 30% de los condones. El nombre utiliza la palabra Richard, una forma coloquial de decir pene. Junto con Sir se convierte en Señor Pene. Un guiño y una afiliación que no nos incomoda para nada (risas).
¿Dónde se venden?

Apostar por un diseño cuidado nos ha permitido vender nuestros productos en tiendas de ropa. La marca Paul Smith los vende en sus tiendas en Nueva York. A la gente le ha gustado poder comprar condones fuera de los canales normales. Esto tampoco significa que no vayamos a venderlos en sitios más multitudina- rios. Este mes entraremos en la cadena de supermercados Whole Foods.
El proyecto viene de Boulder. Parece que se están concentrando muchos proyectos de empresa social en la zona…
Aunque se abuse mucho del término slow, Boulder se está convirtiendo en un thinktank del slow money. Se está
creando un ecosistema interesante, donde hay muchos inversores dis- puestos a financiar proyectos como el nuestro, que buscan ganar dinero de forma distinta. Son empresas que van a otra velocidad y con una mentali- dad donde prima la conciencia social.
Parece que los emprendedores sociales empiezan a tener mayor relevancia…
Este tipo de proyectos coinciden con un creciente grupo de personas concienciadas que están cansadas de ser consideradas una cartera que se abre y se cierra. Vivimos en un país donde recientemente la Corte Suprema equiparó el estatus de las personas y las empresas. Si estamos llenando de espítiritu a las empresas, es hora que actuén acorde a ello. No pueden ser per- sonas cuando les interesa y luego escudarse en que son empresas para evadir responsabilidades.


UN CONDÓN VALE 35.000 DÓLARES MENOS QUE UN COCHE FAMILIAR
Si no te importa el sexo seguro, a lo mejor sí te importa el precio de tener un hijo no deseado. Sir Richard’s aterrizó en Nueva York en diciembre con una campaña que comparaba valores como el precio de una matrícula en los colegios más prestigiosos de la ciudad o el precio de pañales durante un año con comprar un paquete de la marca.“no todo el mundo lo entendió pero llegó a quién tenía que llegar. no estabamos mercantilizando el acto de tener un niño. Simplemente queríamos decir que cuando uno tiene un hijo, siempre piensas en buscar lo mejor para él. tener un niño por accidente puede ser un error muy caro y más si eres un adolescente”, explica Gerson.
La comunicación y el diseño han sido realizado por TDA, una agencia de publicidad de Boulder que es accionista en Sir Richard’s.








Este artículo fue publicado en el número de Enero de Yorokobu


Desde Boulder (Colorado) llega Sir Richard’s, una nueva marca de condones que tiene otra visión sobre lo que significa ser una marca de condones. “Por cada preservativo que compres, se donará uno a Haití. El producto se vende en canales no convencionales como tiendas de ropa y estaremos fuertemente comprometidos con la educación sexual”, explica Matthew Gerson, fundador de la marca.
Entrar en una tienda y comprar un paquete de condones es una experiencia aburrida, rodeada incluso de un elemento clínico. El packaging y la comunicación tampoco suelen acompañar. Factores sociales pueden llevar a adolescentes a sentir una sensación de vergüenza y estigma. Esto en opinión de Matthew Gerson, fundador de la compañía, tiene que cambiar. “Debería ser todo lo contrario. Debería ser objeto de orgullo y satisfacción. Cuidarse y practicar sexo seguro debería ser celebrado, no estigmatizado”.
Gerson es fundador de Sir Richards Condoms, una nueva marca de condones que combina elementos de empresa social (por cada profiláctico que compras se dona una a Haití) con una apuesta por el diseño y la comunicación más irreverente (la marca toma su nombre de un termino coloquial que significa pene). Gerson explica la polifacética estrategia de esta nueva startup con un futuro prometedor.

¿Qué os llevó a crear Sir Richards?

Los condones representan una de las formas más baratas y efectivas para evitar embarazos y enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo todavía escasean en muchos países subdesarrollados. Hace unos años me puse a pensar en soluciones para Haití y se me ocurrió crear una marca de condones local, con diseñadores de la zona para convertirlo en un objeto deseable con una comunicación acorde.
Cuando me puse a investigar sobre el tema, me di cuenta de que el problema no se limita a los países pobres. Los datos más recientes sobre embarazos entre adolescentes en EEUU muestran subidas preocupantes y los sectores conservadores siguen empeñados en no aumentar recursos para la educación sexual. Todo esto a pesar de que está ampliamente demostrado que una buena educación reduce considerablemente los embarazos no deseados. Así que pensamos por qué no unir las dos cosas. Por un lado creamos Sir Richards, una marca que habla de forma espontanea y abierta sobre el sexo y que deja atrás el tufillo clínico que rodea la compra de condones. Y por el otro, por cada condón de Sir Richards que vendemos, donamos uno a Haití bajo una marca local de nuestra creación.

¿La marca de Haití ya está creada?

Estamos en ello. Esperamos que en un futuro, la marca en Haití, que llevará su propio nombre e identi- dad, se convierta en un negocio que puedan llevar emprendedores locales.
¿Qué está pasando con la educación sexual en EEUU?
Nos estamos quedando atrás en el tema de educación sexual, arrastrando un estigma completamente irrelevante para las nuevas generaciones. Fingir que los adolescentes no tienen sexo o que la gente no lo practica hasta el matrimonio es completamente deliran- te. Una de las películas que más nos han inspirado es el documental Let’s talk about sex del fotógrafo James Houston. La pieza analiza cómo, en una sociedad donde las marcas utilizan la sexualidad para vender de todo, los adolescentes están pagando un precio muy alto por no tener acceso a infor- mación sobre el tema. Aparecen ma- dres adolescentes que siguen teniendo que esconder los preservativos de sus padres. No debería haber una estigma sobre la compra de condones. Uno se debería sentir bien por cuidarse.
¿Cómo puede influir en el proceso Sir Richards?

Necesitamos hablar y ser transparentes. Esto se reflejará en nuestra comunicación. Si no hablas de las cosas las opiniones sobre lo desconocido se radicalizan. Está en nuestras manos presentar a los jovenes los hechos para que puedan tomar decisiones meditadas. En está linea, acudiremos a muchas universidades. Me gustaría llegar incluso a los adolescentes pero es complicado por temas legales.
Recientemente se han puesto de moda entre sectores conservadores bailes de abstinencia. En ellos los padres acompañan a sus hijas para recibir un voto que dice que se mantendrán virgenes hasta el matrimonio. Nosotros vamos a patrocinar un baile de sexo seguro, donde los participan- tes recibirán un voto para compro- meterse a tener sexo seguro hasta que encuentren una pareja estable. Patrocinaremos sus vidas sexuales.

¿Cuál es vuestro público objetivo?
El público potencial de Sir Richards es heterogéneo pero to- dos tienen algo en común. Están completamente ignorados por los fabricantes de condones actuales. Hablamos de la comunidad lesbiana y gay, universitarios heterosexuales y las mujeres, que compran el 30% de los condones. El nombre utiliza la palabra Richard, una forma coloquial de decir pene. Junto con Sir se convierte en Señor Pene. Un guiño y una afiliación que no nos incomoda para nada (risas).
¿Dónde se venden?

Apostar por un diseño cuidado nos ha permitido vender nuestros productos en tiendas de ropa. La marca Paul Smith los vende en sus tiendas en Nueva York. A la gente le ha gustado poder comprar condones fuera de los canales normales. Esto tampoco significa que no vayamos a venderlos en sitios más multitudina- rios. Este mes entraremos en la cadena de supermercados Whole Foods.
El proyecto viene de Boulder. Parece que se están concentrando muchos proyectos de empresa social en la zona…
Aunque se abuse mucho del término slow, Boulder se está convirtiendo en un thinktank del slow money. Se está
creando un ecosistema interesante, donde hay muchos inversores dis- puestos a financiar proyectos como el nuestro, que buscan ganar dinero de forma distinta. Son empresas que van a otra velocidad y con una mentali- dad donde prima la conciencia social.
Parece que los emprendedores sociales empiezan a tener mayor relevancia…
Este tipo de proyectos coinciden con un creciente grupo de personas concienciadas que están cansadas de ser consideradas una cartera que se abre y se cierra. Vivimos en un país donde recientemente la Corte Suprema equiparó el estatus de las personas y las empresas. Si estamos llenando de espítiritu a las empresas, es hora que actuén acorde a ello. No pueden ser per- sonas cuando les interesa y luego escudarse en que son empresas para evadir responsabilidades.


UN CONDÓN VALE 35.000 DÓLARES MENOS QUE UN COCHE FAMILIAR
Si no te importa el sexo seguro, a lo mejor sí te importa el precio de tener un hijo no deseado. Sir Richard’s aterrizó en Nueva York en diciembre con una campaña que comparaba valores como el precio de una matrícula en los colegios más prestigiosos de la ciudad o el precio de pañales durante un año con comprar un paquete de la marca.“no todo el mundo lo entendió pero llegó a quién tenía que llegar. no estabamos mercantilizando el acto de tener un niño. Simplemente queríamos decir que cuando uno tiene un hijo, siempre piensas en buscar lo mejor para él. tener un niño por accidente puede ser un error muy caro y más si eres un adolescente”, explica Gerson.
La comunicación y el diseño han sido realizado por TDA, una agencia de publicidad de Boulder que es accionista en Sir Richard’s.








Este artículo fue publicado en el número de Enero de Yorokobu

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