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10 de octubre 2017    /   DIGITAL
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Utilizan el big data para saber quién delató a la familia de Ana Frank

10 de octubre 2017    /   DIGITAL     por          
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¿Quién delató a Ana Frank? ¿Quién pudo advertir a las autoridades nazis del escondite en el que se ocultaba la niña y su familia? Usando el big data, un grupo de investigadores tiene la esperanza de poder dar con la respuesta.

Vincent Pakoke, un oficial retirado del FBI especializado en la lucha contra el narcotráfico, ha decidido emprender una investigación para descubrirlo financiada por crowdfunding en la que participan historiadores, psicólogos, detectives de la policía y expertos en big data.

La decisión de incorporar esta nueva disciplina se basó en la costumbre de la burocracia nazi de documentar de manera exhaustiva cualquier detalle sobre detenidos, informadores o la población de los lugares que ocupaban.


Aunque muchos de los documentos relativos al expediente de Ana Frank y su familia se perdieron en un bombardeo en 1940, el grupo de investigadores confía en averiguar el nombre de los delatores analizando otros muchos informes. Un material aparentemente inconexo que, gracias al big data, podría cobrar un nuevo significado.

No es la primera vez que se intentan analizar esos documentos. El padre de Frank, Otto, que sobrevivió a los campos de concentración, dedicó su vida a intentar averiguar quién pudo haber delatado a la familia pero no lo consiguió.

Sus investigaciones se centraron principalmente en un empleado del almacén en el que estaban refugiados, pero ese no era más que uno de los más de 30 sospechosos. Analizar en detalle la información que acusaba a cada uno de ellos era imposible y Otto Frank murió sin conocer lo que realmente había sucedido.

El uso del big data para resolver crímenes no es nuevo. En los últimos tiempos las autoridades de diferentes países están utilizando los algoritmos para analizar la abundante información que genera un hecho delictivo. Desde huellas dactilares a trayectos realizados por la víctima o los delincuentes, las posibles relaciones entre ellos y sus móviles (un término que vale tanto para sus teléfonos como para las razones que les llevaron a cometer el delito).

Aunque puede ser utilizado en todo tipo de crímenes, los de tipo financiero, los de narcotráfico y los de venta de armas son los que más recurren al big data. La razón radica en la necesidad de analizar la gran cantidad de movimientos que realizan los delincuentes para que las autoridades no puedan seguir el rastro del dinero, la droga o las armas.

Pero aún hay más. Gracias al big data, ha sido posible crear grandes bases de datos en las que se recogen, por ejemplo, los informes de balística de los crímenes cometidos en un determinado país. Cuando es necesario, esa información se puede cruzar con la de las bases de datos de otros países y averiguar si varios crímenes se han cometido con una misma arma de fuego o determinar de dónde procede la munición.

En el futuro, las autoridades esperan que el uso del big data permita no solo resolver crímenes sino también prevenirlos. En un escenario que recuerda mucho a lo imaginado por Philip K. Dick en El informe de la minoría, el objetivo es analizar datos de marginalidad, de búsquedas de internet o de adquisición de bienes para determinar si en un lugar se está preparando un delito. El reto, como en el relato de Dick, está en no vulnerar ciertos derechos para proteger otros.

A día de hoy, el uso de big data para prever comportamientos delictivos es cosa de ciencia ficción. Sin embargo, su utilidad para resolver casos ya cometidos como el de Ana Frank es una realidad. Aunque no es seguro que se pueda averiguar el nombre del delator, en caso de que lo hubiera, la investigación liderada por Vincent Pakoke marca un hito en el uso de esa tecnología. Tanto es así, que será documentada paso a paso y posiblemente acabe convirtiéndose en una película titulada igual que el proyecto que le da origen Anne Frank. A cold case diary.

¿Quién delató a Ana Frank? ¿Quién pudo advertir a las autoridades nazis del escondite en el que se ocultaba la niña y su familia? Usando el big data, un grupo de investigadores tiene la esperanza de poder dar con la respuesta.

Vincent Pakoke, un oficial retirado del FBI especializado en la lucha contra el narcotráfico, ha decidido emprender una investigación para descubrirlo financiada por crowdfunding en la que participan historiadores, psicólogos, detectives de la policía y expertos en big data.

La decisión de incorporar esta nueva disciplina se basó en la costumbre de la burocracia nazi de documentar de manera exhaustiva cualquier detalle sobre detenidos, informadores o la población de los lugares que ocupaban.


Aunque muchos de los documentos relativos al expediente de Ana Frank y su familia se perdieron en un bombardeo en 1940, el grupo de investigadores confía en averiguar el nombre de los delatores analizando otros muchos informes. Un material aparentemente inconexo que, gracias al big data, podría cobrar un nuevo significado.

No es la primera vez que se intentan analizar esos documentos. El padre de Frank, Otto, que sobrevivió a los campos de concentración, dedicó su vida a intentar averiguar quién pudo haber delatado a la familia pero no lo consiguió.

Sus investigaciones se centraron principalmente en un empleado del almacén en el que estaban refugiados, pero ese no era más que uno de los más de 30 sospechosos. Analizar en detalle la información que acusaba a cada uno de ellos era imposible y Otto Frank murió sin conocer lo que realmente había sucedido.

El uso del big data para resolver crímenes no es nuevo. En los últimos tiempos las autoridades de diferentes países están utilizando los algoritmos para analizar la abundante información que genera un hecho delictivo. Desde huellas dactilares a trayectos realizados por la víctima o los delincuentes, las posibles relaciones entre ellos y sus móviles (un término que vale tanto para sus teléfonos como para las razones que les llevaron a cometer el delito).

Aunque puede ser utilizado en todo tipo de crímenes, los de tipo financiero, los de narcotráfico y los de venta de armas son los que más recurren al big data. La razón radica en la necesidad de analizar la gran cantidad de movimientos que realizan los delincuentes para que las autoridades no puedan seguir el rastro del dinero, la droga o las armas.

Pero aún hay más. Gracias al big data, ha sido posible crear grandes bases de datos en las que se recogen, por ejemplo, los informes de balística de los crímenes cometidos en un determinado país. Cuando es necesario, esa información se puede cruzar con la de las bases de datos de otros países y averiguar si varios crímenes se han cometido con una misma arma de fuego o determinar de dónde procede la munición.

En el futuro, las autoridades esperan que el uso del big data permita no solo resolver crímenes sino también prevenirlos. En un escenario que recuerda mucho a lo imaginado por Philip K. Dick en El informe de la minoría, el objetivo es analizar datos de marginalidad, de búsquedas de internet o de adquisición de bienes para determinar si en un lugar se está preparando un delito. El reto, como en el relato de Dick, está en no vulnerar ciertos derechos para proteger otros.

A día de hoy, el uso de big data para prever comportamientos delictivos es cosa de ciencia ficción. Sin embargo, su utilidad para resolver casos ya cometidos como el de Ana Frank es una realidad. Aunque no es seguro que se pueda averiguar el nombre del delator, en caso de que lo hubiera, la investigación liderada por Vincent Pakoke marca un hito en el uso de esa tecnología. Tanto es así, que será documentada paso a paso y posiblemente acabe convirtiéndose en una película titulada igual que el proyecto que le da origen Anne Frank. A cold case diary.

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Opiniones 3
  • Una pequeña corrección a Anna Frank la detuvieron en 1944, es imposible que ningún bombardeo de 1940 destruyera la información de como consiguieron dar con ella en el caso de que quedara registrada.

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