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13 de enero 2017    /   IDEAS
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Bill Murray salvará el mundo

13 de enero 2017    /   IDEAS     por          
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Estás leyendo El Piensódromo del Yorokobu de papel de este mes de enero y, a estas horas, Bob Dylan estará gastándose la pasta del Nobel en sombreros como los de Juanito Valderrama.

La conducta sociópata del genio de Duluth es el único reflejo de cordura que queda en el mundo. El tipo salió de gira interminable hace más de 20 años sólo por no parar en casa a sacar la basura y que se le cruzase algún pesado a besarle los pies. Lo entiendo perfectamente.

El resto de la agenda informativa –es decir, aquello que no habla de Bob Dylan, de la crisis del Barça y todo lo que lees lejos de estas páginas– son señales que nos envía tu dios favorito avisando del apocalipsis que se avecina.

La muerte de Fidel Castro, un ser humano decididamente inmortal hasta que acabó por morirse, no es sólo la más evidente sino la más emocionante, ya que deja a Jordi Hurtado solo en el mundo como la única persona con más de tres siglos de vida.

En España todo apunta al desastre desde el momento en el que nos hemos dado cuenta de que ningún bravo emprendedor nacional ha inventado un Españolímetro que sea capaz de medir cuán español se siente una persona. Así es como se va todo al carajo.

A falta de tecnología, lo que queda son los guardianes de la españolidad. Ellos, ellas, deben asumir la comprometida misión de dilucidar si Fernando Trueba o cualquier otra persona lloran lo suficiente al ver a la bandera rojigualda ondear con gloria.

En caso afirmativo, son merecedores de alabanzas, subvenciones y parabienes. En caso de que tengan una idea propia acerca del patriotismo o cualquier otro concepto trascendente y, sobre todo, el descaro suficiente de expresarla con libertad, la decisión quedará sujeta al criterio colegiado.

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Por fortuna, quedan clavos a los que asirse en tiempos convulsos como los presentes. Nada es casualidad en el universo que habitamos y el hecho de que se acaben de publicar dos libros acerca de la figura de Bill Murray es la única esperanza que le queda a la civilización.

Cómo ser Bill Murray, de Gavin Edwards (Blackie Books), es la biblia del hombre libre, un método para alcanzar la felicidad mientras que se rechazan todas las convenciones sociales represoras. Yo, Bill Murray, de Marta Jiménez (Bandaàparte Editores), es, como indica el propio subtítulo del libro, lo que iba a ser la biografía autorizada del actor. El problema es que la autora no le encontró. Nosotros sí encontramos a la autora y la semana que viene os contaremos más acerca de este volumen para entender a Bill ‘Motherfucker’ Murray.

No sueltes nunca esos dos manuales para convertirse en mejor persona y todo irá bien.

Estás leyendo El Piensódromo del Yorokobu de papel de este mes de enero y, a estas horas, Bob Dylan estará gastándose la pasta del Nobel en sombreros como los de Juanito Valderrama.

La conducta sociópata del genio de Duluth es el único reflejo de cordura que queda en el mundo. El tipo salió de gira interminable hace más de 20 años sólo por no parar en casa a sacar la basura y que se le cruzase algún pesado a besarle los pies. Lo entiendo perfectamente.

El resto de la agenda informativa –es decir, aquello que no habla de Bob Dylan, de la crisis del Barça y todo lo que lees lejos de estas páginas– son señales que nos envía tu dios favorito avisando del apocalipsis que se avecina.

La muerte de Fidel Castro, un ser humano decididamente inmortal hasta que acabó por morirse, no es sólo la más evidente sino la más emocionante, ya que deja a Jordi Hurtado solo en el mundo como la única persona con más de tres siglos de vida.

En España todo apunta al desastre desde el momento en el que nos hemos dado cuenta de que ningún bravo emprendedor nacional ha inventado un Españolímetro que sea capaz de medir cuán español se siente una persona. Así es como se va todo al carajo.

A falta de tecnología, lo que queda son los guardianes de la españolidad. Ellos, ellas, deben asumir la comprometida misión de dilucidar si Fernando Trueba o cualquier otra persona lloran lo suficiente al ver a la bandera rojigualda ondear con gloria.

En caso afirmativo, son merecedores de alabanzas, subvenciones y parabienes. En caso de que tengan una idea propia acerca del patriotismo o cualquier otro concepto trascendente y, sobre todo, el descaro suficiente de expresarla con libertad, la decisión quedará sujeta al criterio colegiado.

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Por fortuna, quedan clavos a los que asirse en tiempos convulsos como los presentes. Nada es casualidad en el universo que habitamos y el hecho de que se acaben de publicar dos libros acerca de la figura de Bill Murray es la única esperanza que le queda a la civilización.

Cómo ser Bill Murray, de Gavin Edwards (Blackie Books), es la biblia del hombre libre, un método para alcanzar la felicidad mientras que se rechazan todas las convenciones sociales represoras. Yo, Bill Murray, de Marta Jiménez (Bandaàparte Editores), es, como indica el propio subtítulo del libro, lo que iba a ser la biografía autorizada del actor. El problema es que la autora no le encontró. Nosotros sí encontramos a la autora y la semana que viene os contaremos más acerca de este volumen para entender a Bill ‘Motherfucker’ Murray.

No sueltes nunca esos dos manuales para convertirse en mejor persona y todo irá bien.

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