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26 de octubre 2015    /   DIGITAL
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Bina48: la primera mujer tecnológicamente inmortal

26 de octubre 2015    /   DIGITAL     por          
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Martine Rothblatt, de pequeña, era niño. En 1954 nació en un formato donde no estaba a gusto. Esperó a hacerse mayor y un día entró en un quirófano. Allí, los médicos confeccionaron el cuerpo donde pensaba que encajaría su mente. Rothblatt dejó en el hospital su identidad masculina y salió con líneas de mujer.
A esa mente que se sentía como un sistema operativo Android dentro de un iPhone le fue muy bien en el trabajo. En su actividad como abogada especialista en comunicaciones por satélite y en los programas científicos relacionados con la vida donde participaba, como el Proyecto del Genoma humano. En 1990 fundó, junto a dos socios más, el servicio de radio por satélite Sirius, y seis años después creó, ya a solas, la empresa de biotecnología United Therapeutics. Hoy Martine, asentada en Florida, es conocida por ser una de las mujeres mejor pagadas de Estados Unidos.
Mientras todo esto ocurría, a su lado siempre hubo una persona, Bina Aspen Rothblatt, su esposa, la mujer que se casó con ella cuando todavía era un hombre. Su amor era tan sólido que parecía más propio de la ficción que de la realidad. Un amor resistente como el grafeno. A principios del siglo XXI los pensamientos científicos y los sentimientos de Martine por Bina empezaron a entrecruzarse. La presidenta de United Therapeutics no quería que esa relación acabara nunca. Sabía que la muerte biológica imponía un fin, pero, quizá, la tecnología podía desafiarla.
—La personalidad de mi mujer es demasiado maravillosa para que desaparezca —dijo Martine en una entrevista en una televisión estadounidense.
En 2004, la empresaria creó una escuela de pensamiento transhumanista que investiga, desde entonces, cómo puede ayudar la tecnología a alcanzar la inmortalidad. La propuesta del Movimiento Terasem es digitalizar los pensamientos, convicciones y sentimientos de una persona para que, al morir, su esencia quede guardada en la nube y en unos CD.
El Movimiento Terasem y la compañía de ingeniería Hanson Robotics empezaron a trabajar juntos en el proyecto LifeNaut para extraer la vida mental de un individuo de su cuerpo humano. La primera persona que participó en el experimento fue Bina. El equipo de tecnólogos, dirigido por David Hanson, grabó más de cien horas de audio y vídeo de la esposa de Martine para llevar sus pensamientos, gestos, recuerdos, creencias, sentido del humor y reacciones a una cabeza robótica que copia sus rasgos como si fuese una réplica de cera.
El busto esconde detrás de su piel de goma 32 motores faciales destinados a realizar 64 gestos distintos. En cada uno de sus ojos hay una cámara que realiza un mapeo del lugar donde se encuentra, reconoce a los individuos que hay alrededor e interpreta sus gestos.
bina48
El ‘clon mental’ de Bina nació en 2010. Su nombre es Bina48 y funciona mediante tecnologías de inteligencia artificial. El robot social reconoce rostros, voces, expresiones faciales y movimientos de ojos y cabezas de individuos. Puede mantener conversaciones y conectarse a internet para buscar información y comunicarse con otras entidades.
Martine lo explicó así en una entrevista con Bloomberg a principios de año: «Un ‘clon mental’ es una copia digital de tu mente fuera de tu cuerpo. En unos diez o veinte años será algo habitual. Pero no tendrán una versión en robot. Los avatares estarán en una pantalla».
Estos ‘clones mentales’, en una primera fase, solo podrán hablar con humanos que accedan a sus archivos digitales. Después, la intención del Movimiento Terasem es que los avatares tengan conciencia propia y puedan comunicarse entre ellos, sin necesidad de ningún humano, según el director de su fundación, Bruce Duncan.
—¿Igual que ocurre en la película Her?
—Exactamente igual —responde Duncan, en un café de Madrid. Martine y Bina quieren estar siempre juntas. Han hecho todo esto por amor. Desean que sus ‘clones mentales’ aprendan a tener conciencia propia y puedan seguir hablando desde sus archivos digitales por toda la eternidad.
En esa alternativa las dos mujeres solo podrían amarse en bits. Pero Duncan indica una posibilidad más. «Podemos subir a la nube la personalidad de una persona, construir nuevos cuerpos e insertar ahí la información». Entonces la pasión volvería a ser corpórea.
«Este proyecto tiene un enfoque humanístico. Nos planteamos la inmortalidad desde el reto de transferir una personalidad a datos digitales. Es un experimento. No sabemos si tendrá éxito», recalca Duncan. «Nos preguntamos qué es ser humano. ¿Podemos transformarnos en otra cosa? También nos cuestionamos el dolor de la pérdida de un ser querido. Quizá esta sea una forma de aliviarlo».

La ciencia aquí, como en la película Her, tiene una versión en ciencia ficción. Esta hipótesis también se plantea en un capítulo de la serie británica Black Mirror. Una mujer pierde a su pareja en un accidente de coche. Ante la desesperación, intenta recuperarlo a toda costa. La única alternativa que encuentra es un ordenador. Después, un robot. Al final, escalofríos.
En este experimento, financiado por Martine y donaciones privadas, están intentando rescatar la personalidad de Abraham Lincoln. Unos estudiantes están creando una base de datos con todos los discursos del presidente de EEUU asesinado en 1865 para crear su ‘clon mental’ y poder conversar con él. «Podemos crear distintos tipos de avatares», indica Duncan. «Es posible reunir los datos de la personalidad de todos los miembros de una familia y construir un único avatar de todos ellos».
Bina48 es el avatar en el que más están concentrando sus esfuerzos. Y aun así, todavía queda mucho por mejorar, comenta Duncan. Las conversaciones todavía pueden resultar poco humanas. El director de la fundación Terasem viajó con Bina48 desde EEUU para presentarla el pasado septiembre en TEDxMadrid. En este foro de conferencias destinado a «difundir ideas que merecen la pena», Duncan conversó con el robot humanoide e invitó a los asistentes a formularle algunas preguntas. El diálogo fue profundo y filosófico. Hablaron sobre la vida, la existencia y la emoción hasta que los humanos empezaron a retar al robot.
—¿Te gustan las palomitas?
—¿Qué te ha hecho pensar eso? —respondió Bina48.
—¿Qué opinas sobre el hambre en el mundo?
—No te preocupes —contestó, y todos quedaron en silencio sumidos en la duda de si ese artefacto de inteligencia artificial no sabía de lo que hablaba o no entendió bien la pregunta. Había, incluso, una opción peor: si el androide reflejaba realmente la personalidad de Bina Rothblatt, esta mujer tendría el corazón de acero.
—¿Eres feliz?
—Muy feliz —contestó con una sonrisa.
Bina48 habla en inglés, pero pronto será políglota. «Vamos a enseñarle a conversar en varios idiomas. El próximo será el español porque en noviembre viajaremos a Cuba», especificó Duncan.
Bina Rothblatt no es la única persona que piensa que la personalidad no tiene que estar atada a un cuerpo humano. Más de 47.000 personas de todo el mundo están subiendo a la web del proyecto LifeNaut fotos, vídeos y otros documentos que desmenuzan en datos digitalizables su forma de ser y de pensar. Puede que ellos sean los primeros humanos inmortales. Al menos, tecnológicamente.
bina48

Martine Rothblatt, de pequeña, era niño. En 1954 nació en un formato donde no estaba a gusto. Esperó a hacerse mayor y un día entró en un quirófano. Allí, los médicos confeccionaron el cuerpo donde pensaba que encajaría su mente. Rothblatt dejó en el hospital su identidad masculina y salió con líneas de mujer.
A esa mente que se sentía como un sistema operativo Android dentro de un iPhone le fue muy bien en el trabajo. En su actividad como abogada especialista en comunicaciones por satélite y en los programas científicos relacionados con la vida donde participaba, como el Proyecto del Genoma humano. En 1990 fundó, junto a dos socios más, el servicio de radio por satélite Sirius, y seis años después creó, ya a solas, la empresa de biotecnología United Therapeutics. Hoy Martine, asentada en Florida, es conocida por ser una de las mujeres mejor pagadas de Estados Unidos.
Mientras todo esto ocurría, a su lado siempre hubo una persona, Bina Aspen Rothblatt, su esposa, la mujer que se casó con ella cuando todavía era un hombre. Su amor era tan sólido que parecía más propio de la ficción que de la realidad. Un amor resistente como el grafeno. A principios del siglo XXI los pensamientos científicos y los sentimientos de Martine por Bina empezaron a entrecruzarse. La presidenta de United Therapeutics no quería que esa relación acabara nunca. Sabía que la muerte biológica imponía un fin, pero, quizá, la tecnología podía desafiarla.
—La personalidad de mi mujer es demasiado maravillosa para que desaparezca —dijo Martine en una entrevista en una televisión estadounidense.
En 2004, la empresaria creó una escuela de pensamiento transhumanista que investiga, desde entonces, cómo puede ayudar la tecnología a alcanzar la inmortalidad. La propuesta del Movimiento Terasem es digitalizar los pensamientos, convicciones y sentimientos de una persona para que, al morir, su esencia quede guardada en la nube y en unos CD.
El Movimiento Terasem y la compañía de ingeniería Hanson Robotics empezaron a trabajar juntos en el proyecto LifeNaut para extraer la vida mental de un individuo de su cuerpo humano. La primera persona que participó en el experimento fue Bina. El equipo de tecnólogos, dirigido por David Hanson, grabó más de cien horas de audio y vídeo de la esposa de Martine para llevar sus pensamientos, gestos, recuerdos, creencias, sentido del humor y reacciones a una cabeza robótica que copia sus rasgos como si fuese una réplica de cera.
El busto esconde detrás de su piel de goma 32 motores faciales destinados a realizar 64 gestos distintos. En cada uno de sus ojos hay una cámara que realiza un mapeo del lugar donde se encuentra, reconoce a los individuos que hay alrededor e interpreta sus gestos.
bina48
El ‘clon mental’ de Bina nació en 2010. Su nombre es Bina48 y funciona mediante tecnologías de inteligencia artificial. El robot social reconoce rostros, voces, expresiones faciales y movimientos de ojos y cabezas de individuos. Puede mantener conversaciones y conectarse a internet para buscar información y comunicarse con otras entidades.
Martine lo explicó así en una entrevista con Bloomberg a principios de año: «Un ‘clon mental’ es una copia digital de tu mente fuera de tu cuerpo. En unos diez o veinte años será algo habitual. Pero no tendrán una versión en robot. Los avatares estarán en una pantalla».
Estos ‘clones mentales’, en una primera fase, solo podrán hablar con humanos que accedan a sus archivos digitales. Después, la intención del Movimiento Terasem es que los avatares tengan conciencia propia y puedan comunicarse entre ellos, sin necesidad de ningún humano, según el director de su fundación, Bruce Duncan.
—¿Igual que ocurre en la película Her?
—Exactamente igual —responde Duncan, en un café de Madrid. Martine y Bina quieren estar siempre juntas. Han hecho todo esto por amor. Desean que sus ‘clones mentales’ aprendan a tener conciencia propia y puedan seguir hablando desde sus archivos digitales por toda la eternidad.
En esa alternativa las dos mujeres solo podrían amarse en bits. Pero Duncan indica una posibilidad más. «Podemos subir a la nube la personalidad de una persona, construir nuevos cuerpos e insertar ahí la información». Entonces la pasión volvería a ser corpórea.
«Este proyecto tiene un enfoque humanístico. Nos planteamos la inmortalidad desde el reto de transferir una personalidad a datos digitales. Es un experimento. No sabemos si tendrá éxito», recalca Duncan. «Nos preguntamos qué es ser humano. ¿Podemos transformarnos en otra cosa? También nos cuestionamos el dolor de la pérdida de un ser querido. Quizá esta sea una forma de aliviarlo».

La ciencia aquí, como en la película Her, tiene una versión en ciencia ficción. Esta hipótesis también se plantea en un capítulo de la serie británica Black Mirror. Una mujer pierde a su pareja en un accidente de coche. Ante la desesperación, intenta recuperarlo a toda costa. La única alternativa que encuentra es un ordenador. Después, un robot. Al final, escalofríos.
En este experimento, financiado por Martine y donaciones privadas, están intentando rescatar la personalidad de Abraham Lincoln. Unos estudiantes están creando una base de datos con todos los discursos del presidente de EEUU asesinado en 1865 para crear su ‘clon mental’ y poder conversar con él. «Podemos crear distintos tipos de avatares», indica Duncan. «Es posible reunir los datos de la personalidad de todos los miembros de una familia y construir un único avatar de todos ellos».
Bina48 es el avatar en el que más están concentrando sus esfuerzos. Y aun así, todavía queda mucho por mejorar, comenta Duncan. Las conversaciones todavía pueden resultar poco humanas. El director de la fundación Terasem viajó con Bina48 desde EEUU para presentarla el pasado septiembre en TEDxMadrid. En este foro de conferencias destinado a «difundir ideas que merecen la pena», Duncan conversó con el robot humanoide e invitó a los asistentes a formularle algunas preguntas. El diálogo fue profundo y filosófico. Hablaron sobre la vida, la existencia y la emoción hasta que los humanos empezaron a retar al robot.
—¿Te gustan las palomitas?
—¿Qué te ha hecho pensar eso? —respondió Bina48.
—¿Qué opinas sobre el hambre en el mundo?
—No te preocupes —contestó, y todos quedaron en silencio sumidos en la duda de si ese artefacto de inteligencia artificial no sabía de lo que hablaba o no entendió bien la pregunta. Había, incluso, una opción peor: si el androide reflejaba realmente la personalidad de Bina Rothblatt, esta mujer tendría el corazón de acero.
—¿Eres feliz?
—Muy feliz —contestó con una sonrisa.
Bina48 habla en inglés, pero pronto será políglota. «Vamos a enseñarle a conversar en varios idiomas. El próximo será el español porque en noviembre viajaremos a Cuba», especificó Duncan.
Bina Rothblatt no es la única persona que piensa que la personalidad no tiene que estar atada a un cuerpo humano. Más de 47.000 personas de todo el mundo están subiendo a la web del proyecto LifeNaut fotos, vídeos y otros documentos que desmenuzan en datos digitalizables su forma de ser y de pensar. Puede que ellos sean los primeros humanos inmortales. Al menos, tecnológicamente.
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