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29 de febrero 2016    /   BUSINESS
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Bisexualidad en el siglo XXI

29 de febrero 2016    /   BUSINESS     por          
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Fantástico que este 2016 sea el año de la visibilidad bisexual. De que podamos pasear con nuestras parejas sin que nadie se extrañe de que ahora vamos colgadas de semejante maromo, aunque hace escasamente dos años lucíamos junto a la más linda de las féminas.

Ser bisexual significa que te sientes atraído sexualmente por ambos sexos, masculino y femenino, pudiéndote enamorar lo mismo de un hombre que de una mujer, queriéndolos con la misma intensidad y desproporción que corresponde a los enamoramientos; pero además que en la cama sientes, gozas, disfrutas y te partes en la misma desbordante proporción con unos que con otras.

Comenzamos el año con una de las mejores «salidas del armario». El actor Paco León no solo le abría las puertas de su casa a Bertín Osborne, sino que además relataba con absoluta normalidad que cuando conoció a su actual novia con la que tiene una hija, él tenía otra pareja, un hombre. Lo bueno del actor-director es el poco aspaviento que le puso a la cosa. Lo contó con la absoluta normalidad con la que procede. Otra cosa es que estemos preparados. Echando un vistazo alrededor, parece que el siglo XXI aún se resiste a que alguien pueda sentirse atraído por ambos sexos y se empeña en tildar a los bisexuales de «viciosos» o de homosexuales que no quieren reconocer su homosexualidad y se amparan en la bisexualidad.

En Indonesia ni siquiera están dispuestos a tolerar la homosexualidad. Aunque no existe una ley expresa a nivel nacional que prohíba las relaciones entre personas del mismo sexo, las autoridades religiosas hostigan sin descanso a la comunidad LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) hasta el punto de haber conseguido que las compañías de mensajería como LIlne y WhatsApp hayan retirado los emojis de homosexuales en su repertorio de los teléfonos del país. Resulta curioso que por ley debieran proteger los derechos de todos los ciudadanos sin que su orientación sexual determinara nada, cuando el propio vicepresidente del país ha pedido a Naciones Unidas que no financie ningún programa de apoyo a la comunidad LGTB y que se permita que en la provincia más conservadora del país, Aceh, se castigue con 100 golpes de vara a quien tenga relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.

Pero volvamos a la bisexualidad. Sentirte atraído por ambos sexos es sometido al escrutinio de cuantos consideran que se trata de una cuestión de vicio. Y para eso no tenemos que irnos a Indonesia. Para empezar, la RAE no ayuda a que comprendamos qué es la bisexualidad cuando en su definición conceptual es capaz de denominar en primera instancia hermafroditas a los que son bisexuales. Un hermafrodita es el que tiene los dos sexos, masculino y femenino, no el que desea tanto a hombres como a mujeres. En plantas, el hermafrotidismo es algo absolutamente habitual; el tulipán lo es. Animales hay también unos cuantos: el caracol, la estrella de mar y muchas lombrices de tierra lo son. Pero en humanos el hermafrodita es en realidad intersexual y son personas con órganos sexuales masculinos y femeninos, tienen tres cromosomas en vez de dos (XXY o XYY) y, a diferencia de los animales y las plantas, no pueden reproducirse. Por ejemplo, un hermafrodita puede tener ranura vaginal, un órgano eréctil  (a veces como clítoris desproporcionadamente grande, otras como pene más pequeño), ovarios y testículos internos.

Nada que ver con un bisexual, si bien cualquier persona intersexual puede tener la orientación sexual que sea: puede ser homosexual, heterosexual o bisexual. Estas personas deben someterse a tratamientos de reasignación de sexo parecidos a los de los transexuales a pesar de que no siempre su cuerpo los tolera ya que el proceso de hormonación, imprescindible por ley para someterse a una cambio de sexo por la Seguridad Social, obliga a estar dos años en tratamiento hormonal.  Ser hermafrodita (lo que la RAE llama «bisexual») no tiene nada que ver con la orientación sexual en sí.

Un bisexual es un hombre o una mujer tan absolutamente vulgar como cualquiera, que puede reproducirse sin más problemas que cualquiera que pueda tener otra persona y  que mantiene relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres, o al menos los desea sexualmente.

El colectivo madrileño Arcópoli se ha puesto en contacto con la RAE para intentar modificar la definición de bisexual y por ahora no ha obtenido más respuesta que un «se estudiará» que ha movilizado a pedir la recogida de firmas en Change.org para que el cambio definición no se demore en exceso.

La normalización de la bisexualidad pasa por la visibilidad de la misma. Y la «salida del armario» de los famosos ayuda bastante. El encorsetado mundo de Hollywood convulsiona cada vez que uno de sus integrantes se declara bisexual, y eso que tienen en sus filas a bisexuales desde mucho antes de que imaginaran siquiera que podía existir una alternativa a la heterosexualidad y la homosexualidad.

Greta Garbo y Marlene Dietrich tuvieron amantes de ambos sexos, incluidas ellas mismas. La Garbo se permitió el lujo de no dar explicaciones a nadie de quién entraba en su cama y se retiró para siempre jamás a la edad de 36 años para no volver a ser noticia hasta que murió en Nueva York a los 84 años. Marlene Dietrich actuó hasta mediados de los setenta sin exhibir tampoco su sexualidad.

Marlon Brando, Montgomery Clift y Anthony Perkins dejaron bien claro que se acostarían con quien quisieran, fuera hombre o mujer, y una buena tanda de actores de este siglo XXI ha sido la primera en hablar con absoluta normalidad de su bisexualidad: Angelina Jolie, Megan Fox, Lindsay Lohan, Drew Barrymore, Kritanna Loken y Alan Cumming. Incluso han apoyado campañas y han sido la cara visible de diferentes comunidades LGTB a favor de la visibilidad bisexual.

Ahora queda que la visibilidad de la bisexualidad sea un hecho también en nuestras vidas. Para que, al menos, los que tengan esta orientación sexual no teman manifestarlo ni, por supuesto, vivir su sexualidad en plena libertad.

Fantástico que este 2016 sea el año de la visibilidad bisexual. De que podamos pasear con nuestras parejas sin que nadie se extrañe de que ahora vamos colgadas de semejante maromo, aunque hace escasamente dos años lucíamos junto a la más linda de las féminas.

Ser bisexual significa que te sientes atraído sexualmente por ambos sexos, masculino y femenino, pudiéndote enamorar lo mismo de un hombre que de una mujer, queriéndolos con la misma intensidad y desproporción que corresponde a los enamoramientos; pero además que en la cama sientes, gozas, disfrutas y te partes en la misma desbordante proporción con unos que con otras.

Comenzamos el año con una de las mejores «salidas del armario». El actor Paco León no solo le abría las puertas de su casa a Bertín Osborne, sino que además relataba con absoluta normalidad que cuando conoció a su actual novia con la que tiene una hija, él tenía otra pareja, un hombre. Lo bueno del actor-director es el poco aspaviento que le puso a la cosa. Lo contó con la absoluta normalidad con la que procede. Otra cosa es que estemos preparados. Echando un vistazo alrededor, parece que el siglo XXI aún se resiste a que alguien pueda sentirse atraído por ambos sexos y se empeña en tildar a los bisexuales de «viciosos» o de homosexuales que no quieren reconocer su homosexualidad y se amparan en la bisexualidad.

En Indonesia ni siquiera están dispuestos a tolerar la homosexualidad. Aunque no existe una ley expresa a nivel nacional que prohíba las relaciones entre personas del mismo sexo, las autoridades religiosas hostigan sin descanso a la comunidad LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) hasta el punto de haber conseguido que las compañías de mensajería como LIlne y WhatsApp hayan retirado los emojis de homosexuales en su repertorio de los teléfonos del país. Resulta curioso que por ley debieran proteger los derechos de todos los ciudadanos sin que su orientación sexual determinara nada, cuando el propio vicepresidente del país ha pedido a Naciones Unidas que no financie ningún programa de apoyo a la comunidad LGTB y que se permita que en la provincia más conservadora del país, Aceh, se castigue con 100 golpes de vara a quien tenga relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.

Pero volvamos a la bisexualidad. Sentirte atraído por ambos sexos es sometido al escrutinio de cuantos consideran que se trata de una cuestión de vicio. Y para eso no tenemos que irnos a Indonesia. Para empezar, la RAE no ayuda a que comprendamos qué es la bisexualidad cuando en su definición conceptual es capaz de denominar en primera instancia hermafroditas a los que son bisexuales. Un hermafrodita es el que tiene los dos sexos, masculino y femenino, no el que desea tanto a hombres como a mujeres. En plantas, el hermafrotidismo es algo absolutamente habitual; el tulipán lo es. Animales hay también unos cuantos: el caracol, la estrella de mar y muchas lombrices de tierra lo son. Pero en humanos el hermafrodita es en realidad intersexual y son personas con órganos sexuales masculinos y femeninos, tienen tres cromosomas en vez de dos (XXY o XYY) y, a diferencia de los animales y las plantas, no pueden reproducirse. Por ejemplo, un hermafrodita puede tener ranura vaginal, un órgano eréctil  (a veces como clítoris desproporcionadamente grande, otras como pene más pequeño), ovarios y testículos internos.

Nada que ver con un bisexual, si bien cualquier persona intersexual puede tener la orientación sexual que sea: puede ser homosexual, heterosexual o bisexual. Estas personas deben someterse a tratamientos de reasignación de sexo parecidos a los de los transexuales a pesar de que no siempre su cuerpo los tolera ya que el proceso de hormonación, imprescindible por ley para someterse a una cambio de sexo por la Seguridad Social, obliga a estar dos años en tratamiento hormonal.  Ser hermafrodita (lo que la RAE llama «bisexual») no tiene nada que ver con la orientación sexual en sí.

Un bisexual es un hombre o una mujer tan absolutamente vulgar como cualquiera, que puede reproducirse sin más problemas que cualquiera que pueda tener otra persona y  que mantiene relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres, o al menos los desea sexualmente.

El colectivo madrileño Arcópoli se ha puesto en contacto con la RAE para intentar modificar la definición de bisexual y por ahora no ha obtenido más respuesta que un «se estudiará» que ha movilizado a pedir la recogida de firmas en Change.org para que el cambio definición no se demore en exceso.

La normalización de la bisexualidad pasa por la visibilidad de la misma. Y la «salida del armario» de los famosos ayuda bastante. El encorsetado mundo de Hollywood convulsiona cada vez que uno de sus integrantes se declara bisexual, y eso que tienen en sus filas a bisexuales desde mucho antes de que imaginaran siquiera que podía existir una alternativa a la heterosexualidad y la homosexualidad.

Greta Garbo y Marlene Dietrich tuvieron amantes de ambos sexos, incluidas ellas mismas. La Garbo se permitió el lujo de no dar explicaciones a nadie de quién entraba en su cama y se retiró para siempre jamás a la edad de 36 años para no volver a ser noticia hasta que murió en Nueva York a los 84 años. Marlene Dietrich actuó hasta mediados de los setenta sin exhibir tampoco su sexualidad.

Marlon Brando, Montgomery Clift y Anthony Perkins dejaron bien claro que se acostarían con quien quisieran, fuera hombre o mujer, y una buena tanda de actores de este siglo XXI ha sido la primera en hablar con absoluta normalidad de su bisexualidad: Angelina Jolie, Megan Fox, Lindsay Lohan, Drew Barrymore, Kritanna Loken y Alan Cumming. Incluso han apoyado campañas y han sido la cara visible de diferentes comunidades LGTB a favor de la visibilidad bisexual.

Ahora queda que la visibilidad de la bisexualidad sea un hecho también en nuestras vidas. Para que, al menos, los que tengan esta orientación sexual no teman manifestarlo ni, por supuesto, vivir su sexualidad en plena libertad.

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Opiniones 2
  • XXY y XYY NO corresponden a hermafroditismo en los seres humanos, sino a Sindrome de Klinefelter y a sindrome de doble Y, que nada tienen a que ver con el desarrollo de genitales ambiguos o de diferenciación sexual. Algo de información científica más atenta no vendría mal.

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