24 de octubre 2016    /   CINE/TV
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Black Mirror y nuestro cerebro de reptil

24 de octubre 2016    /   CINE/TV     por          
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Nuestro cerebro de reptil es el primero en pulsar ME GUSTA/ME ENFURECE/ME DIVIERTE en Facebook. El que, en muchos casos, toma las riendas en la redacción de un tuit lo mismo que en un atasco pretende despejar el camino con insultos y el claxon. El que desea la muerte de otro en un pronto, sin pensarlo. El que golpea o dispara, y después pregunta.

Nuestro cerebro de reptil con 500 millones de años se las ve con tecnologías sofisticadas. Como Internet y sus servicios, que apenas tienen 50 años. Si lo pensamos, la desventaja es mayor: el cerebro de reptil viene de nacimiento, pero el entendimiento de Internet debe ser adquirido, y el protocolo de uso aprendido.

Del cerebro reptiliano trata Caída en Picado (Nosedive), el primer capítulo de la tercera temporada de Black Mirror. En IMDB leemos que es una sátira social sobre la identidad en los tiempos de las redes sociales, pero esta es una interpretación superficial. Una parte de culpa de esta consideración es que detrás están los guionistas Michael Schur y Rashida Jones, de Parks and Recreation, supervisados por Charlie Brooker, por supuesto. Por esto, la aventura de Lacie, la protagonista, está plagada de momentos de humor negro. En el nombre hay una pista de su futuro recorrido.

Lacie en el país de las pesadillas

Lacie no parece un nombre elegido por casualidad. Lacie es un anagrama de Alice, la Alicia de El país de las maravillas según el matemático y escritor Martin Gardner en Alicia anotada. (Ver el fragmento que comienza así: «—Había una vez tres hermanitas —empezó apresuradamente el Lirón—, y se llamaban Elsie, Lacie y Tilie, y vivían en el fondo de un pozo…»)

Las dos Alicias luchan contra el tiempo. Las dos, se mueven en un mundo con reglas absurdas, pero con bases matemáticas. (Los acertijos para Alicia se han convertido en algoritmos que hacen subir y bajar la popularidad). La hermana de Alicia que lee un libro es el hermano de Lacie enfrascado en la realidad virtual.

El deseo de ambas Alicias es más o menos idéntico: la de Carroll es regresar a casa; la de Brooker es conseguir una casa nueva, más grande, limpia, en un barrio como pintado al pastel. Por cierto, Lacie es una mujer grande según los cánones estéticos de la industria de la moda y gran parte de la sociedad. Es grande, pero quisiera ser pequeña, como Alicia quiere serlo en algún momento. La Reina de Corazones es Naomie, la reina de Instagram y otros sucedáneos, la amiga rubia del campamento de Lacie, y como reina, condescendiente y despiadada.

Y tal y como le sucede a Alicia, Lacie es juzgada y condenada por unos y por otros que no le conceden la oportunidad de defenderse. Juicios que en la mayoría de los casos son resultado del cerebro reptiliano. El cerebro más primitivo que albergamos carece de empatía, no está preparado para pensar por qué una persona hace lo que hace en un momento dado. Si otra persona choca contra nosotros, lo primero que pensamos es «gilipollas», aunque de nuestra boca salga «tranquilo, no pasa nada». No pensamos si esta persona va con prisas porque va con retraso a alguna parte o le ha surgido una emergencia o pierde el autobús que pasa cada hora. Si a esta primitiva forma de pensar le diéramos la tecnología del capítulo Caída en Picado, sin duda la utilizaríamos de forma igualmente irresponsable.

Quitar o poner estrellitas a una persona a través de una aplicación es más simple y lleva menos tiempo que pararse a pensar por qué ha hecho lo que ha hecho. En Caída en Picado la idea de que «todos tenemos un día tonto» no existe. Todos deben necesariamente ser felices. Tener pensamientos positivos. Admirar a los que son admirados; repudiar a los que son repudiados. Lacie práctica las sonrisas y mantiene conversaciones superficiales con personas a las que apenas conoce. Y todo esto es real. Ahora. Sin aplicaciones.

Entramos en el ascensor con un vecino con un niño y decimos: «¡Qué grande se ha puesto! ¿Cuánto tiempo tiene? ¿Va a la guardería?». Pero no nos interesa ni el vecino ni el niño ni la guardería. Simplemente, no queremos parecer el asesino de las noticias, el de «era un vecino calladito».

Aquí quiero recordar el capítulo 5×08 de Community, App Development and Condiments (se encuentra en castellano) en el que en el campus se extiende una aplicación para valorarse unos a otros, y acaba finalmente creándose un sistema de castas. Recomiendo ver este episodio como complemento del episodio de Black Mirror.

Los planteamientos son diferentes: en Community se dan y quitan estrellas por filias y fobias personales, y los participantes en el juego son libres de abandonarlo. En Black Mirror, no hay posibilidad de abandono: el mundo funciona a base de las estrellitas, y las puntuaciones suben o bajan, más por los desconocidos que por los conocidos. Parece que una corporación como Facebook o Google ha pactado con los bancos mundiales para convertir la aplicación en un sistema de popularidad y pagos a la vez. Para evitar malas calificaciones, la gente prefiere moverse en su entorno cercano. Cuánto más se aleja uno del trabajo, del barrio y la ciudad, mayor es el peligro de ser mal calificado. Por esto, Lacie vive de cara a la galería, a los demás, a los desconocidos. Caída en picado describe una sociedad cobarde. 

Vivir para los ojos de los demás, aunque sean desconocidos, no es nuevo. Antes de Internet estaban las ferias, las bodas, bautizos y comuniones, y las Navidades, y las salidas en los fines de semana. Aparentar. Internet solo amplía el abanico: no solo debe importarnos lo que dice el vecino, también lo que dice Zutano, a quien no conozco, porque sigue a Fulano, al que apenas conozco un poco más.

Lo vemos con frecuencia en las redes sociales: Fulano hace un chiste. Zutano ríe. Megano, que es amigo de Zutano, pero no de Fulano, interviene: «Tu comentario es machista», «tu comentario es feminazi», «tu comentario es…» Y Fulano acaba pidiendo perdón, defendiéndose: «Si me conocieras, sabrías que yo no soy…» Dando explicaciones a los demás. Un día y otro día. El cerebro de reptil de uno ataca y el de otro recula (o contrataca, según los ánimos).

¿Y para qué todo? Lacie no lo tiene claro. La casa grande y nueva parece más un deseo para colgarlo en las redes sociales, que un deseo personal. En medio de su aventura, el personaje de la camionera es necesario. Es la oruga tranquila y adicta a sustancias prohibidas de Alicia. (¿No es hermoso que un camión sea una metáfora de las patas de la oruguita?). Las setas de la oruga son en Black Mirror un termo de café que no contiene café. Esta camionera/oruga es quién tiene la clave de la felicidad: salirse del círculo, salirse matando (metafóricamente): diciendo las verdades. Una forma de quemar los barcos y no volver a formar parte de la esclavitud social.

Un final pierde/gana

Finalmente, Lacie es encerrada cuando pierde todos los puntos, pero… Es lo que en Hollywood llaman un final pierde/gana. Pierde su trabajo, su reputación, sus relaciones (tan falsas, pero relaciones), pero gana la libertad de decir lo que quiera. Y la ejerce.

Y aquí estamos, deslumbrados, o fingimos estarlo, con Black Mirror porque cuenta en tono pastel y negro lo que pensamos. No queremos, al levantarnos por la mañana, mirar cuántos seguidores y me gusta tenemos en las redes sociales, pero lo hacemos. Muchos, agobiados porque son amonestados por sus comentarios. Otros, arrastrándose virtualmente para recibir la bendición de otro con unas cuantos cientos de seguidores más.

Nuestro cerebro de reptil es el primero en pulsar ME GUSTA/ME ENFURECE/ME DIVIERTE en Facebook. El que, en muchos casos, toma las riendas en la redacción de un tuit lo mismo que en un atasco pretende despejar el camino con insultos y el claxon. El que desea la muerte de otro en un pronto, sin pensarlo. El que golpea o dispara, y después pregunta.

Nuestro cerebro de reptil con 500 millones de años se las ve con tecnologías sofisticadas. Como Internet y sus servicios, que apenas tienen 50 años. Si lo pensamos, la desventaja es mayor: el cerebro de reptil viene de nacimiento, pero el entendimiento de Internet debe ser adquirido, y el protocolo de uso aprendido.

Del cerebro reptiliano trata Caída en Picado (Nosedive), el primer capítulo de la tercera temporada de Black Mirror. En IMDB leemos que es una sátira social sobre la identidad en los tiempos de las redes sociales, pero esta es una interpretación superficial. Una parte de culpa de esta consideración es que detrás están los guionistas Michael Schur y Rashida Jones, de Parks and Recreation, supervisados por Charlie Brooker, por supuesto. Por esto, la aventura de Lacie, la protagonista, está plagada de momentos de humor negro. En el nombre hay una pista de su futuro recorrido.

Lacie en el país de las pesadillas

Lacie no parece un nombre elegido por casualidad. Lacie es un anagrama de Alice, la Alicia de El país de las maravillas según el matemático y escritor Martin Gardner en Alicia anotada. (Ver el fragmento que comienza así: «—Había una vez tres hermanitas —empezó apresuradamente el Lirón—, y se llamaban Elsie, Lacie y Tilie, y vivían en el fondo de un pozo…»)

Las dos Alicias luchan contra el tiempo. Las dos, se mueven en un mundo con reglas absurdas, pero con bases matemáticas. (Los acertijos para Alicia se han convertido en algoritmos que hacen subir y bajar la popularidad). La hermana de Alicia que lee un libro es el hermano de Lacie enfrascado en la realidad virtual.

El deseo de ambas Alicias es más o menos idéntico: la de Carroll es regresar a casa; la de Brooker es conseguir una casa nueva, más grande, limpia, en un barrio como pintado al pastel. Por cierto, Lacie es una mujer grande según los cánones estéticos de la industria de la moda y gran parte de la sociedad. Es grande, pero quisiera ser pequeña, como Alicia quiere serlo en algún momento. La Reina de Corazones es Naomie, la reina de Instagram y otros sucedáneos, la amiga rubia del campamento de Lacie, y como reina, condescendiente y despiadada.

Y tal y como le sucede a Alicia, Lacie es juzgada y condenada por unos y por otros que no le conceden la oportunidad de defenderse. Juicios que en la mayoría de los casos son resultado del cerebro reptiliano. El cerebro más primitivo que albergamos carece de empatía, no está preparado para pensar por qué una persona hace lo que hace en un momento dado. Si otra persona choca contra nosotros, lo primero que pensamos es «gilipollas», aunque de nuestra boca salga «tranquilo, no pasa nada». No pensamos si esta persona va con prisas porque va con retraso a alguna parte o le ha surgido una emergencia o pierde el autobús que pasa cada hora. Si a esta primitiva forma de pensar le diéramos la tecnología del capítulo Caída en Picado, sin duda la utilizaríamos de forma igualmente irresponsable.

Quitar o poner estrellitas a una persona a través de una aplicación es más simple y lleva menos tiempo que pararse a pensar por qué ha hecho lo que ha hecho. En Caída en Picado la idea de que «todos tenemos un día tonto» no existe. Todos deben necesariamente ser felices. Tener pensamientos positivos. Admirar a los que son admirados; repudiar a los que son repudiados. Lacie práctica las sonrisas y mantiene conversaciones superficiales con personas a las que apenas conoce. Y todo esto es real. Ahora. Sin aplicaciones.

Entramos en el ascensor con un vecino con un niño y decimos: «¡Qué grande se ha puesto! ¿Cuánto tiempo tiene? ¿Va a la guardería?». Pero no nos interesa ni el vecino ni el niño ni la guardería. Simplemente, no queremos parecer el asesino de las noticias, el de «era un vecino calladito».

Aquí quiero recordar el capítulo 5×08 de Community, App Development and Condiments (se encuentra en castellano) en el que en el campus se extiende una aplicación para valorarse unos a otros, y acaba finalmente creándose un sistema de castas. Recomiendo ver este episodio como complemento del episodio de Black Mirror.

Los planteamientos son diferentes: en Community se dan y quitan estrellas por filias y fobias personales, y los participantes en el juego son libres de abandonarlo. En Black Mirror, no hay posibilidad de abandono: el mundo funciona a base de las estrellitas, y las puntuaciones suben o bajan, más por los desconocidos que por los conocidos. Parece que una corporación como Facebook o Google ha pactado con los bancos mundiales para convertir la aplicación en un sistema de popularidad y pagos a la vez. Para evitar malas calificaciones, la gente prefiere moverse en su entorno cercano. Cuánto más se aleja uno del trabajo, del barrio y la ciudad, mayor es el peligro de ser mal calificado. Por esto, Lacie vive de cara a la galería, a los demás, a los desconocidos. Caída en picado describe una sociedad cobarde. 

Vivir para los ojos de los demás, aunque sean desconocidos, no es nuevo. Antes de Internet estaban las ferias, las bodas, bautizos y comuniones, y las Navidades, y las salidas en los fines de semana. Aparentar. Internet solo amplía el abanico: no solo debe importarnos lo que dice el vecino, también lo que dice Zutano, a quien no conozco, porque sigue a Fulano, al que apenas conozco un poco más.

Lo vemos con frecuencia en las redes sociales: Fulano hace un chiste. Zutano ríe. Megano, que es amigo de Zutano, pero no de Fulano, interviene: «Tu comentario es machista», «tu comentario es feminazi», «tu comentario es…» Y Fulano acaba pidiendo perdón, defendiéndose: «Si me conocieras, sabrías que yo no soy…» Dando explicaciones a los demás. Un día y otro día. El cerebro de reptil de uno ataca y el de otro recula (o contrataca, según los ánimos).

¿Y para qué todo? Lacie no lo tiene claro. La casa grande y nueva parece más un deseo para colgarlo en las redes sociales, que un deseo personal. En medio de su aventura, el personaje de la camionera es necesario. Es la oruga tranquila y adicta a sustancias prohibidas de Alicia. (¿No es hermoso que un camión sea una metáfora de las patas de la oruguita?). Las setas de la oruga son en Black Mirror un termo de café que no contiene café. Esta camionera/oruga es quién tiene la clave de la felicidad: salirse del círculo, salirse matando (metafóricamente): diciendo las verdades. Una forma de quemar los barcos y no volver a formar parte de la esclavitud social.

Un final pierde/gana

Finalmente, Lacie es encerrada cuando pierde todos los puntos, pero… Es lo que en Hollywood llaman un final pierde/gana. Pierde su trabajo, su reputación, sus relaciones (tan falsas, pero relaciones), pero gana la libertad de decir lo que quiera. Y la ejerce.

Y aquí estamos, deslumbrados, o fingimos estarlo, con Black Mirror porque cuenta en tono pastel y negro lo que pensamos. No queremos, al levantarnos por la mañana, mirar cuántos seguidores y me gusta tenemos en las redes sociales, pero lo hacemos. Muchos, agobiados porque son amonestados por sus comentarios. Otros, arrastrándose virtualmente para recibir la bendición de otro con unas cuantos cientos de seguidores más.

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Opiniones 5
  • La critica que haces al capitulo me parece muy buena, este capitulo en especial es el mas real que se me ha hecho hasta ahora (no e visto el resto de la temporada), el de como ahora los likes, comentarios, etc. nos aplastan hasta el punto de convertirse en lo más importante en el día a día.

    Gracias por leerme y te has ganado una fan !

  • Comentarios cerrados.

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