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27 de octubre 2016    /   CINE/TV
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‘San Junípero’: El cielo es un lugar en la Tierra

27 de octubre 2016    /   CINE/TV     por          
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Con el DVD y los torrents llegaron los atracones de series. Netflix lo entendió y por eso publica sus series completas o de seis en seis capítulos. Y Charlie Brooker supo lo que tenía que hacer: crear San Junípero. El episodio 3×04 de Black Mirror es la pieza más rara y hermosa en Black Mirror. Rara por atípica.

Brooker sabe que hay un momento en el que público no puede reír más o sufrir más o soportar cualquier otra sensación continuada. Por esto, entre el equilibrista que hace piruetas sin red y el domador de tigres sale el payaso. Por esto, en las películas de terror está el personaje gracioso o en medio de una carnicería los protagonistas hacen planes para cuando salgan vivos.

El episodio San Junípero está en cuarto lugar, donde tiene que estar. El nombre de un personaje santo por unos y villano para otros da título a un regalo para los adictos a los atracones. Brooker no quiere que el público llegue exhausto al sexto episodio. Y lo hace con una comedia romántica modélica por contenida, en la que una chica encuentra a una chica en los 80, la busca adelante y atrás, atrás y adelante en el tiempo, de discoteca en discoteca, comenzando con C’est La Vie de Robbie Nevil que presenta a Yorkie, la chica de rosa (Molly Ringwald) reencarnada. Una canción que nos muestra el ansia de Yorkie por conocer la vida.

¿Qué vas a hacer?
¿Qué vas a sentir?
¿Qué vas a hacer?

Sólo hay una cosa que decir:
Lo que quiero hacer.
Lo que quiero decir.

C’est la vie
C’est la vie

Por un momento pensamos que Yorkie es una extraterrestre o, como dice poco después a Kelly, que ha pasado la vida en una comunidad Amish.

Y entre ellas y con ellas, Bananarama, The Bangles, Alexander O’Neal, The Smiths, Simple Minds, T’Pau, Robert Palmer, Terence Trent D’Arby, Living in a Box, INXS, Club Nouveau, Pixies, Alanis Morissette… Cada canción remarca la escena a la que acompaña: expectación, tonteo, búsqueda, desencuentro, reencuentro…

Pero Brooker no pretende un ejercicio de nostalgia. No saquea el cine de los 80 como los excavadores de nostalgia. Para el guionista, los ambientes, la música, las ropas y las maquinitas de una monedita-y-a-jugar son elementos que describen una época, un marco para explorar las relaciones humanas. El tema favorito de Brooker, aunque otros vean al creador como un crítico de la tecnología. En San Junípero, la tecnología es un vehículo para que dos personas se encuentren. Dos personas que quizá no hubieran tenido una oportunidad en el llamado mundo real. No la hubieran tenido porque los 80 no fueron una época tan libre como venden algunos. (Los telepredicadores de los Estados Unidos reclamaban la pena de muerte para los homosexales y consideraban el SIDA como un castigo de Dios).

La relación comienza como todas: con dudas. Cuando Kelly da el primer paso, Yorkie, la chica de rosa, huye. Yorkie avanza y Kelly huye. Y entre avanzadillas y pasitos para atrás y nuevas avanzadillas surge el amor en un mundo pixelado. (La versión más avanzada de Second Life incluyendo sitios raros con gente rara como el local de las almas perdidas).

La eutanasia de Yorkie tras la boda es una bofetada al síndrome de la lesbiana muerta: en la mayoría de las series, la lesbiana muere tras conseguir su objetivo. Yorkie muere, pero su muerte no es el fin: es el comienzo. Para quien ha estado 40 años tetrapléjica, el mundo virtual de San Junípero es una tierra por explorar. Para Kelly, la cerveza y los cigarrillos no tienen sabor. Para Yorkie es una cuestión de actitud. Yorkie acepta el mundo tal y como está representado.

Creemos lo que queremos creer. Sentimos lo que esperamos sentir. Somos adultos y tenemos claro que amor es una construcción entre lo que es la otra persona y lo que creo de la otra persona; lo que muestro y lo que la otra persona cree de mí. Por esto, quien nos ama nos sorprende al concedernos cualidades que nosotros no vemos en nuestra naturaleza.

Y quien ama y el amado, con el mutuo descubrimiento y reconstrucción, reconstruyen la realidad: el cielo es más azul, la mar más verde, los sabores de la vida son más intensos… Esto ocurre en el mundo físico y el llamado mundo virtual, que en el fondo son iguales. El teclado, el monitor, la Red, los wasaps… son vehículos para construir intimidades. La intensidad que los amantes sienten a través de cacharros electrónicos es auténtica. Incluso se siente más verdadero y cercano al amante lejano pixelado que al hermano o al compañero de trabajo o un amor lejano.

Yorkie lo sabe. Kelly aunque lo sepa, no lo acepta. Kelly se aferra al dolor del pasado. El dolor de lo ya vivido, tan intangible como el amor, pero con una gran diferencia: el dolor limita, el amor expande: invita a seguir hacia adelante, a explorar lo nuevo y ver con nuevos ojos lo viejo. Cuando Kelly lo comprende acepta la muerte física y la reinserción virtual en San Junípero. Los años que Kelly ha estado amargada son años en los que no ha disfrutado de la vida. Pasaba por ella, como una visitante.

El cielo es un lugar en la tierra como canta Belinda Carlisle mientras Kelly y Yorkie se alejan en el descapotable rojo a no se sabe dónde. (Aquí es difícil no llorar). ¿Y qué importa? ¿Y qué importa si la Tierra tiene compuestos químicos o es un conglomerado de unos y ceros? El amor es un lugar construido por dos personas.

Con el DVD y los torrents llegaron los atracones de series. Netflix lo entendió y por eso publica sus series completas o de seis en seis capítulos. Y Charlie Brooker supo lo que tenía que hacer: crear San Junípero. El episodio 3×04 de Black Mirror es la pieza más rara y hermosa en Black Mirror. Rara por atípica.

Brooker sabe que hay un momento en el que público no puede reír más o sufrir más o soportar cualquier otra sensación continuada. Por esto, entre el equilibrista que hace piruetas sin red y el domador de tigres sale el payaso. Por esto, en las películas de terror está el personaje gracioso o en medio de una carnicería los protagonistas hacen planes para cuando salgan vivos.

El episodio San Junípero está en cuarto lugar, donde tiene que estar. El nombre de un personaje santo por unos y villano para otros da título a un regalo para los adictos a los atracones. Brooker no quiere que el público llegue exhausto al sexto episodio. Y lo hace con una comedia romántica modélica por contenida, en la que una chica encuentra a una chica en los 80, la busca adelante y atrás, atrás y adelante en el tiempo, de discoteca en discoteca, comenzando con C’est La Vie de Robbie Nevil que presenta a Yorkie, la chica de rosa (Molly Ringwald) reencarnada. Una canción que nos muestra el ansia de Yorkie por conocer la vida.

¿Qué vas a hacer?
¿Qué vas a sentir?
¿Qué vas a hacer?

Sólo hay una cosa que decir:
Lo que quiero hacer.
Lo que quiero decir.

C’est la vie
C’est la vie

Por un momento pensamos que Yorkie es una extraterrestre o, como dice poco después a Kelly, que ha pasado la vida en una comunidad Amish.

Y entre ellas y con ellas, Bananarama, The Bangles, Alexander O’Neal, The Smiths, Simple Minds, T’Pau, Robert Palmer, Terence Trent D’Arby, Living in a Box, INXS, Club Nouveau, Pixies, Alanis Morissette… Cada canción remarca la escena a la que acompaña: expectación, tonteo, búsqueda, desencuentro, reencuentro…

Pero Brooker no pretende un ejercicio de nostalgia. No saquea el cine de los 80 como los excavadores de nostalgia. Para el guionista, los ambientes, la música, las ropas y las maquinitas de una monedita-y-a-jugar son elementos que describen una época, un marco para explorar las relaciones humanas. El tema favorito de Brooker, aunque otros vean al creador como un crítico de la tecnología. En San Junípero, la tecnología es un vehículo para que dos personas se encuentren. Dos personas que quizá no hubieran tenido una oportunidad en el llamado mundo real. No la hubieran tenido porque los 80 no fueron una época tan libre como venden algunos. (Los telepredicadores de los Estados Unidos reclamaban la pena de muerte para los homosexales y consideraban el SIDA como un castigo de Dios).

La relación comienza como todas: con dudas. Cuando Kelly da el primer paso, Yorkie, la chica de rosa, huye. Yorkie avanza y Kelly huye. Y entre avanzadillas y pasitos para atrás y nuevas avanzadillas surge el amor en un mundo pixelado. (La versión más avanzada de Second Life incluyendo sitios raros con gente rara como el local de las almas perdidas).

La eutanasia de Yorkie tras la boda es una bofetada al síndrome de la lesbiana muerta: en la mayoría de las series, la lesbiana muere tras conseguir su objetivo. Yorkie muere, pero su muerte no es el fin: es el comienzo. Para quien ha estado 40 años tetrapléjica, el mundo virtual de San Junípero es una tierra por explorar. Para Kelly, la cerveza y los cigarrillos no tienen sabor. Para Yorkie es una cuestión de actitud. Yorkie acepta el mundo tal y como está representado.

Creemos lo que queremos creer. Sentimos lo que esperamos sentir. Somos adultos y tenemos claro que amor es una construcción entre lo que es la otra persona y lo que creo de la otra persona; lo que muestro y lo que la otra persona cree de mí. Por esto, quien nos ama nos sorprende al concedernos cualidades que nosotros no vemos en nuestra naturaleza.

Y quien ama y el amado, con el mutuo descubrimiento y reconstrucción, reconstruyen la realidad: el cielo es más azul, la mar más verde, los sabores de la vida son más intensos… Esto ocurre en el mundo físico y el llamado mundo virtual, que en el fondo son iguales. El teclado, el monitor, la Red, los wasaps… son vehículos para construir intimidades. La intensidad que los amantes sienten a través de cacharros electrónicos es auténtica. Incluso se siente más verdadero y cercano al amante lejano pixelado que al hermano o al compañero de trabajo o un amor lejano.

Yorkie lo sabe. Kelly aunque lo sepa, no lo acepta. Kelly se aferra al dolor del pasado. El dolor de lo ya vivido, tan intangible como el amor, pero con una gran diferencia: el dolor limita, el amor expande: invita a seguir hacia adelante, a explorar lo nuevo y ver con nuevos ojos lo viejo. Cuando Kelly lo comprende acepta la muerte física y la reinserción virtual en San Junípero. Los años que Kelly ha estado amargada son años en los que no ha disfrutado de la vida. Pasaba por ella, como una visitante.

El cielo es un lugar en la tierra como canta Belinda Carlisle mientras Kelly y Yorkie se alejan en el descapotable rojo a no se sabe dónde. (Aquí es difícil no llorar). ¿Y qué importa? ¿Y qué importa si la Tierra tiene compuestos químicos o es un conglomerado de unos y ceros? El amor es un lugar construido por dos personas.

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Opiniones 9
  • Sí, coincido que este es uno de los pocos capítulos en donde la tecnología habilita un encuentro, algo nuevo y positivo para el hombre. Pero los demás capítulos son claramente distópicos con respecto a la tecnología…

  • Cada capítulo que veo, vengo en peregrinación a leer tu artículo respectivo. Éste es de tus artículos que más me han gustado (y no me refiero sólo a la tanda de Black Mirror. Y te he leído muchos artículos desde hace unos años ya, ¿eh? ^^). Conecta muy bien con lo que he sentido con el capítulo. Genial, genial.

  • Sólo la tecnología es capaz de hacer realidad el mito del Cielo (o Paraíso). El Cielo de Dios no existe, pero sí el del Hombre (mensaje antirreligioso donde los haya).

    Pero eso sólo es un marco. El Cielo lo alcanzamos con nuestras emociones, con nuestros sentimientos. Solo será el Paraíso si hay amor… eterno, claro.

    La tecnología solo crea escenarios: que sean acogedores o insufribles depende de nosotros.

    Cuando Yorki peregrina de época en época buscando a Kelly vemos que cambian la ropa, los peinados, los modelos de televisor o coche, los videojuegos. Lo que no cambian son los sentimientos humanos.

    Y esta idea creo que subyace en todos los episodios de la serie: queremos el reconocimiento de los demás, tenemos que enfrentarnos a nuestros miedos, tememos las consecuencias de nuestros actos, juzgamos, odiamos, elegimos ver lo que queremos ver, queremos vivir para siempre…
    La tecnología solo son las herramientas que usamos, bien o mal, para seguir manifestándonos como humanos.

  • Sigo reflexionando y llego a la siguiente idea: la tecnología es el modo en el que el ser humano se está convirtiendo en el Dios que ideó.

    Lleva jugando a serlo desde el inicio de los tiempos, igual que los cachorros de un león juegan a cazarse antes de convertirse en cazadores, igual que los niños juegan a ser adultos preparándose para serlo.

    Los avances tecnológicos han permitido llevar a la pantalla a todos los superhéroes y supervillanos de la Marvel. Pronto permitirán llevar a la realidad al primero y el mayor de los superhéroes. El Alfa, pero también el Omega, el primero y el mayor de los supervillanos: Dios.

    Es decir, el Hombre.

  • Saludos, Ecelente narracion de la serie.
    Una pregunta, las afueras del club TUCKER’S, es un lugar especifico en Ciudad de Cabo (SurAfrica) y si lo es nombres de esas calles o es un escenario ficticio?
    Gracias.

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