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29 de octubre 2016    /   CINE/TV
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‘Black Mirror’ 3×05: la ciencia de matar y una apuesta arriesgada

29 de octubre 2016    /   CINE/TV     por          
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André Bazin inicia la crítica apreciativa del cine: el crítico solo debe comentar las películas que le gustan. Así surgen críticas constructivas para fomentar el amor al cine. Como seguidor de la crítica apreciativa, pasaría por encima del quinto episodio de la tercera temporada de Black Mirror: ‘La ciencia de matar’ (Men Against Fire). No me ha enamorado, pero me comprometí a escribir un artículo de cada episodio. Quizá por este afán de crítica constructiva, aunque no enamorada, he meditado qué pretendía Brooker. Considero que Brooker no ha fallado por torpeza sino por ambición.

Brooker nos quiere colocar en la piel y la cabeza de Stripe, un supersoldado, desde el minuto uno. La piel y la cabeza de una persona incompleta, en parte deshumanizado con implantes tecnológicos bajo la piel. La intención de Brooker es que descubramos la verdad a medida que Stripe la descubre. Pero con esto el guionista corre un elevado riesgo: el público no llega a identificarse con el soldado.

Stripe es un personaje que no encontramos en la vida cotidiana. Es presentado como un soldado más. No tiene un sueño infantil que desea cumplir ni lucha por alcanzar un objetivo personal como lo tiene el protagonista de 15 millones de méritos (por mencionar otra distopía futurista). Stripe no quiere salvar a una chica ni subvertir el sistema. Descubre la verdad de manera tardía, pero cuando el público podría simpatizar con él, vuelve a reintegrarse en el sistema.

La mujer que aparece en los sueños de Stripe no humaniza al soldado. No es una mujer perdida. Está retratada como en un trailer de película erótica.

Por el desafecto hacia Stripe, no compartimos su dolor cuando descubre sus atrocidades. También falta la sorpresa. Escenas atrás, Stripe descubre que los monstruos no son monstruos. De manera que al ver los asesinatos no pensamos: «Oh, no eran monstruos: eran personas». Tampoco lamentamos la muerte de los inocentes porque no hemos tenido tiempo de conocerlos.

Stripe parece un alter ego de Winston Smith, el protagonista de 1984 de Orwell, de donde parece beber el guionista de Black Mirror. Ambos descubren la realidad ocultada por las autoridades. Sin embargo, hay una diferencia importante entre los personajes. Smith siente y piensa, aunque no lo muestra en público porque es peligroso salirse del rebaño. No es la única referencia.

Hay una clase dirigente que manipula los sentimientos de soldados-funcionarios a través de técnicas invasivas y eslóganes. Los refugiados en los campamentos (la clase obrera en 1984) no están sometidos a un férreo control gubernamental. Para el gobierno, mantener a las masas en un estado de pobreza e ignorancia es la forma de control más simple. Otro elemento orwelliano es el enemigo imaginario: las cucarachas. Finalmente, Stripe, el protagonista, descubre la verdad, tal y como hace Winston Smith de 1984.

Ciertamente, una sociedad con una tecnología militar sofisticada tiene recursos suficientes para erradicar la pobreza. Sin embargo, como sucede en nuestros tiempos, para comprar y mantener la tecnología de guerra se debe recortar la inversión en otras áreas. Y el pueblo llano es la primera víctima de los recortes. El tema no es nuevo ni en la literatura ni en el cine y por desgracia, ni en el mundo real.

La ciencia de matar carece de dobles lecturas. Lo que no quiere decir que dé pie a la reflexión. Simplemente, lo que muestra es lo que es. Acompañando a las reminiscencias de 1984, la vieja idea del supersoldado: la guerra necesita a soldados que ni piensen ni sientan. Soldados que obedezcan las órdenes sin rechistar. La ciencia al servicio de la guerra tiene la solución. Lo hemos visto en el cine (Capitán América o Soldado Universal, por ejemplo) y en series como Expediente X. En La ciencia de matar, son implantes que les hacen ver a las víctimas como monstruos y les evita el remordimiento y las pesadillas.

Quizá aquí lo más interesante del episodio es el discurso del villano (Michael Kelly, mano derecha de Frank Underwood). El villano relata cómo el factor humano —los escrúpulos— ha supuesto en muchos casos un problema para los estrategas de la guerra. Un discurso y un interrogatorio que por momentos recuerda al que Winston Smith (1984) es sometido para que su voluntad se rompa.

Se crea una duda: ¿por qué una sociedad tan violenta como tecnológicamente avanzada no elimina al disidente? Posiblemente porque el sistema ofrece a sus súbditos una imagen de benevolencia mientras que mantiene a raya y sin remordimientos a los enemigos.

Lo cierto es que el tema es interesante. Que haya sido ya tratado no significa que no pueda volverse a él. De hecho, Brooker recurre a temas conocidos y referentes populares a lo largo de Black Mirror, pero con La ciencia de matar no ha conseguido deslumbrarnos ni angustiarnos ni hacernos llorar como con San Junípero.

No era fácil acercarse a Stripe. Es más sencillo acercarse a un robotito como Wall-E con sus ojos grandes, su colección de reliquias de la tierra, y su único amigo. Brooker se arriesgó. Todo narrador es un seductor. Brooker no me ha seducido. El amor es un riesgo. Black Mirror también.

André Bazin inicia la crítica apreciativa del cine: el crítico solo debe comentar las películas que le gustan. Así surgen críticas constructivas para fomentar el amor al cine. Como seguidor de la crítica apreciativa, pasaría por encima del quinto episodio de la tercera temporada de Black Mirror: ‘La ciencia de matar’ (Men Against Fire). No me ha enamorado, pero me comprometí a escribir un artículo de cada episodio. Quizá por este afán de crítica constructiva, aunque no enamorada, he meditado qué pretendía Brooker. Considero que Brooker no ha fallado por torpeza sino por ambición.

Brooker nos quiere colocar en la piel y la cabeza de Stripe, un supersoldado, desde el minuto uno. La piel y la cabeza de una persona incompleta, en parte deshumanizado con implantes tecnológicos bajo la piel. La intención de Brooker es que descubramos la verdad a medida que Stripe la descubre. Pero con esto el guionista corre un elevado riesgo: el público no llega a identificarse con el soldado.

Stripe es un personaje que no encontramos en la vida cotidiana. Es presentado como un soldado más. No tiene un sueño infantil que desea cumplir ni lucha por alcanzar un objetivo personal como lo tiene el protagonista de 15 millones de méritos (por mencionar otra distopía futurista). Stripe no quiere salvar a una chica ni subvertir el sistema. Descubre la verdad de manera tardía, pero cuando el público podría simpatizar con él, vuelve a reintegrarse en el sistema.

La mujer que aparece en los sueños de Stripe no humaniza al soldado. No es una mujer perdida. Está retratada como en un trailer de película erótica.

Por el desafecto hacia Stripe, no compartimos su dolor cuando descubre sus atrocidades. También falta la sorpresa. Escenas atrás, Stripe descubre que los monstruos no son monstruos. De manera que al ver los asesinatos no pensamos: «Oh, no eran monstruos: eran personas». Tampoco lamentamos la muerte de los inocentes porque no hemos tenido tiempo de conocerlos.

Stripe parece un alter ego de Winston Smith, el protagonista de 1984 de Orwell, de donde parece beber el guionista de Black Mirror. Ambos descubren la realidad ocultada por las autoridades. Sin embargo, hay una diferencia importante entre los personajes. Smith siente y piensa, aunque no lo muestra en público porque es peligroso salirse del rebaño. No es la única referencia.

Hay una clase dirigente que manipula los sentimientos de soldados-funcionarios a través de técnicas invasivas y eslóganes. Los refugiados en los campamentos (la clase obrera en 1984) no están sometidos a un férreo control gubernamental. Para el gobierno, mantener a las masas en un estado de pobreza e ignorancia es la forma de control más simple. Otro elemento orwelliano es el enemigo imaginario: las cucarachas. Finalmente, Stripe, el protagonista, descubre la verdad, tal y como hace Winston Smith de 1984.

Ciertamente, una sociedad con una tecnología militar sofisticada tiene recursos suficientes para erradicar la pobreza. Sin embargo, como sucede en nuestros tiempos, para comprar y mantener la tecnología de guerra se debe recortar la inversión en otras áreas. Y el pueblo llano es la primera víctima de los recortes. El tema no es nuevo ni en la literatura ni en el cine y por desgracia, ni en el mundo real.

La ciencia de matar carece de dobles lecturas. Lo que no quiere decir que dé pie a la reflexión. Simplemente, lo que muestra es lo que es. Acompañando a las reminiscencias de 1984, la vieja idea del supersoldado: la guerra necesita a soldados que ni piensen ni sientan. Soldados que obedezcan las órdenes sin rechistar. La ciencia al servicio de la guerra tiene la solución. Lo hemos visto en el cine (Capitán América o Soldado Universal, por ejemplo) y en series como Expediente X. En La ciencia de matar, son implantes que les hacen ver a las víctimas como monstruos y les evita el remordimiento y las pesadillas.

Quizá aquí lo más interesante del episodio es el discurso del villano (Michael Kelly, mano derecha de Frank Underwood). El villano relata cómo el factor humano —los escrúpulos— ha supuesto en muchos casos un problema para los estrategas de la guerra. Un discurso y un interrogatorio que por momentos recuerda al que Winston Smith (1984) es sometido para que su voluntad se rompa.

Se crea una duda: ¿por qué una sociedad tan violenta como tecnológicamente avanzada no elimina al disidente? Posiblemente porque el sistema ofrece a sus súbditos una imagen de benevolencia mientras que mantiene a raya y sin remordimientos a los enemigos.

Lo cierto es que el tema es interesante. Que haya sido ya tratado no significa que no pueda volverse a él. De hecho, Brooker recurre a temas conocidos y referentes populares a lo largo de Black Mirror, pero con La ciencia de matar no ha conseguido deslumbrarnos ni angustiarnos ni hacernos llorar como con San Junípero.

No era fácil acercarse a Stripe. Es más sencillo acercarse a un robotito como Wall-E con sus ojos grandes, su colección de reliquias de la tierra, y su único amigo. Brooker se arriesgó. Todo narrador es un seductor. Brooker no me ha seducido. El amor es un riesgo. Black Mirror también.

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Opiniones 6
  • Felicidades por tu crítica. Esta temporada de Black Mirror es deliciosa, aunque este capítulo es, en efecto, el que menos me ha hecho sentir cosas. Te felicito sobre todo porque he sentido la necesidad de leer reflexiones sobre cada capítulo y al buscar parece que todo el mundo (desde blogueros hasta medios especializados) destruye lo que sea cuando interpreta que hay un mínimo error o falta de calidad. No se. Tal vez toda esa gente debería ponerse a hacer cortometrajes, a ver qué pasa. O tenemos un país de genios cinematográficos o de critocones histéricos.
    Pero volviendo a lo que dices, es curioso que lo que haga no funcionar este capítulo sea algo meramente técnico (la dramaturgia, el guión). La idea es interesante. Hay que tratarla mil veces. Aunque no sea un intento genial sus ambigüedades dejan un vacío para pensar cual podría ser ese genocidio y por qué la gente que sale hoy de Siria se ahoga en el Mediterráneo como cucarachas. Pero claro, todo eso que aportan nuestras visiones ya no es cine. ¿O sí? Sea como sea, leeré tus demás críticas. Saludos.

  • Creo que hay una cosa más que falla en el capítulo, y precisamente en el discurso del Villano. Como comentas, en 1984 hay un enemigo imaginario para mantener a la masa tranquilita. Pero en este caso, el enemigo no es imaginario. El villano cree que hay que eliminar a las cucarachas porque su ADN está lleno de «mierda». Pero son humanos, y como son humanos, tienen que deformarlos virtualmente para que los soldados vean la «mierda» que no pueden ver de otra forma. Sin embargo, la historia de la humanidad ha demostrado que no son necesarias máscaras para eso.

    El villano pone el ejemplo de los soldados que no se atrevían a disparar a otros soldados, pero es un ejemplo equivocado. El que debería haber puesto es el de los campos de concentración nazis. Porque su discurso es el discurso del nazismo. Y el nazismo consiguió eliminar a judios, gitanos, «enfermos»… sin máscara alguna.

    Por otro lado, es un discurso desgraciadamente vigente, que creo que podría haber aportado más al capítulo. Me explico: el villano dice que hay que matar a los que tienen el ADN podrido y eso está mal… porque lo dice el villano. No es una idea que tenga la sociedad, sino que un grupo de gerifaltes, a espaldas de esa sociedad, lo cree y actúa. Claro, si lo creyese la sociedad, entonces igual no hacen falta máscaras y se les jode el invento.

    Que, por cierto, ese discurso está no poco extendido en la actualidad. Voy a poner sólo 3 frases de importantes pensadores de nuestra época:

    -M. Rietdijk (médico y filósofo holandés) : «Debería matarse a un bebé, tanto antes como después del nacimiento, siempre que se descubra que presenta defectos físicos o mentales.»
    -Peter Singer (profesor de bioetica y gran defensor de los derechos de los animales, por cierto): «No parece muy sensato aumentar el consumo futuro de recursos limitados permitiendo que aumente el número de niños con deficiencias.»
    -Bob Edwards (embriólogo bastante conocido en su campo): «Pronto será un pecado que los padres tengan hijos que lleven la pesada carga de la enfermedad genética.»

    Pero este discurso, en el capítulo, sólo está defendido por un malvado, así que no da el juego que podría dar (aunque quizás eso sea para otro capítulo).

  • Como si Hitler hubiera ganado la guerra y su programa la solución final se aplicase globalmente, y Eduardo Inda diera las noticias por la 1. 2016 podría haber sido más aterrador que 1984. Holy fuck!

  • Lo primero decir muy buena crítica. Pero hay algo con lo que no coincido del todo, mi opinión sobre la intencional ida del creador no es la de meternos en la piel de supersoldado, sino la de permitirnos observar la personalidad de este desde un punto de vista interno y externo, no necesita que empaticemos con él ya que esto nos distraeria de la visión crítica del episodio (que se ve siempre con cada capítulo de la serie). Solo desea introducir en nuestras cabezas esa voz de la conciencia que nos muestre como estamos tan cerca de la auto destrucción (lo cual retrata en el espacio del capítulo (futuro no lejano) y aclara también con su conversación sobre los desarrollos de las guerras mundiales y el cambio de porcentaje de muertes con la guerra de vietnam), en lo que si coincido y también me vaso es la visión deshumanizada de los sueños de la mujer mediante el ambiente exótico de los sueños del protagonista basándome en esta para argumentar que no se intenta dar una visión buena y perfecta del soldado.

  • Hay otra influencia interesante.
    En la antigua serie «Más allá del límite» hay un episodio sobre una nación en guerra contra unos seres alienígenas peligrosos. En un momento concreto dejan de tener acceso a un poderoso agente químico que les protege de la contaminación biológica, y afrontan si final.
    Sin embargo, lo que les ataca es un escuadrón de humanos, a los veían suplicando ayuda, pero son masacrados.
    La última escenas es desde la perspectiva de los recién llegados, felices por como han matado a un grupo de seres alienígenas…

  • En mi opinión, todos los capítulos de Black Mirror tienen una moraleja final. Nos horroriza y nos impacta, y nos hace reflexionar sobre hacia donde estamos caminando, porque en muchos de sus episodios son cosas que no vemos tan lejanas… El uso de la tecnología llevado al extremo. En este caso hay una reflexión muy grande: se utiliza la tecnología para un nuevo holocausto. La ciencia justifica que esto ocurra (dicen que el ADN de las cucarachas lleva predisposición a ciertas enfermedades, trastornos y conductas disociales) y además pone los medios necesarios para que nadie se revele ante la matanza, discriminada, de seres humanos. Para mi este capítulo no se basa tanto en empatizar con el protagonista (que también, y aunque no me ha generado la misma angustia que otros episodios, yo si que he sufrido» el horror que él mismo siente al darse cuenta de la verdad y de sus actos) sino que trata de esa reflexión, de ese mirar el pasado y ver que no podemos dar por sentado que no vamos a volver a repetirlo. Solamente es una opinión más, pero es el mensaje que yo he sacado de este capítulo. Un saludo.

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