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4 de enero 2018    /   CINE/TV
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Black Mirror (4×03): ‘Crocodile’ sigue el estilo de Patricia Highsmith

4 de enero 2018    /   CINE/TV     por          
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La dramática recomienda que el final de una historia sea a la vez imprevisible e inevitable. No siempre es así. Esto no es malo. En la mayoría de las historias prevemos el final. Incluso hay algunas en las que la primera escena lo revela de manera explícita. El público que ve estas historias realmente no espera sorpresas en la última escena. El público quiere una narración inteligente y fluida. En el caso del género policial, la única sorpresa que se reserva el guionista es cómo la policía atrapa al criminal.

Crocodile (Black Mirror 4×03) tiene un final previsible e inevitable. Cuando una joven arquitecta y su pareja atropellan a un ciclista, prevemos que acabarán castigados. Esto se convierte en certeza cuando conocemos la máquina que reproduce recuerdos que utiliza la investigadora de seguros.

Lo que no prevemos es el camino que va entre el atropello y la detención de la arquitecta en el último minuto. Entre un punto y otro la joven se ha convertido en una afamada profesional… y asesina en serie que no encuentra placer en el homicidio.

La arquitecta parece un personaje de Patricia Highsmith (Ripley, concretamente) cruzado con el nordic noir (Forbrydelsen, Bron/Broen, Atrapados). John Hillcoat (La carretera) saca partido al paisaje islandés y retrata las escenas de violencia con crudeza.

En las obras de Highsmith el asesino es, por lo general, una persona corriente instalada en la comodidad. Cuando una persona del pasado amenaza la vida tranquila, el asesino escoge el diálogo como primera opción para resolver el conflicto. Suele derivar en una inesperada confrontación física. Acaba en un accidente mortal de quien pretende alterar el presente. Hay otros crímenes… para tapar el primero.

La arquitecta que protagoniza Crocodile sigue el camino trazado por la novelista americana. Se convierte en una eficaz máquina de matar. Por el camino va mitigando los escrúpulos, pero queda la vergüenza y la culpa.

En este episodio no hay una crítica al uso inadecuado de la tecnología. La máquina de reproducir recuerdos no crea controversia. Que la agente de seguros acabe siendo víctima de la máquina que usa no debe ser interpretado como irónico, aunque lo parezca. La agente de seguros es un personaje simpático a pesar de trabajar para una corporación poco o nada apreciada.

Sí la hay en Toda tu historia, en la que el protagonista no sabe reinterpretar las grabaciones de audio y vídeo del móvil implantado en la cabeza.

Realmente la tecnología es una anécdota en el episodio de Black Mirror que conduce a un final feliz. Charlie Brooker se cubre las espaldas y siembra al principio quién será el testigo inesperado cuyos recuerdos darán con la criminal.

Lo interesante en este episodio es el retrato de la condición humana. Como en un film hitchcockiano, las nociones de culpa y vergüenza están presentes en la mayoría de las escenas. Por supuesto, en las escenas de la arquitecta y su compañero, el conductor asesino. También están las pinceladas del dentista mirón. El botones que hace burla sobre los gustos sexuales de la arquitecta. La joven testigo del accidente recibe la mirada inquisitorial de los hombres cuando la ven con la agente de seguros y una cerveza. De alguna manera revela una sociedad machista, aunque moderna en otros aspectos.

Este episodio ha sido denostado por la crítica porque no critica el mal uso de la tecnología, sin embargo está conforme con la tesis original de Black Mirror: no importa qué avanzado esté el mundo; el corazón humano es antiguo y en ocasiones puede ser un monstruo. Quizá ahí está el por qué del título: Cocodrilo: una criatura de memoria prodigiosa y a la vez voraz.

La dramática recomienda que el final de una historia sea a la vez imprevisible e inevitable. No siempre es así. Esto no es malo. En la mayoría de las historias prevemos el final. Incluso hay algunas en las que la primera escena lo revela de manera explícita. El público que ve estas historias realmente no espera sorpresas en la última escena. El público quiere una narración inteligente y fluida. En el caso del género policial, la única sorpresa que se reserva el guionista es cómo la policía atrapa al criminal.

Crocodile (Black Mirror 4×03) tiene un final previsible e inevitable. Cuando una joven arquitecta y su pareja atropellan a un ciclista, prevemos que acabarán castigados. Esto se convierte en certeza cuando conocemos la máquina que reproduce recuerdos que utiliza la investigadora de seguros.

Lo que no prevemos es el camino que va entre el atropello y la detención de la arquitecta en el último minuto. Entre un punto y otro la joven se ha convertido en una afamada profesional… y asesina en serie que no encuentra placer en el homicidio.

La arquitecta parece un personaje de Patricia Highsmith (Ripley, concretamente) cruzado con el nordic noir (Forbrydelsen, Bron/Broen, Atrapados). John Hillcoat (La carretera) saca partido al paisaje islandés y retrata las escenas de violencia con crudeza.

En las obras de Highsmith el asesino es, por lo general, una persona corriente instalada en la comodidad. Cuando una persona del pasado amenaza la vida tranquila, el asesino escoge el diálogo como primera opción para resolver el conflicto. Suele derivar en una inesperada confrontación física. Acaba en un accidente mortal de quien pretende alterar el presente. Hay otros crímenes… para tapar el primero.

La arquitecta que protagoniza Crocodile sigue el camino trazado por la novelista americana. Se convierte en una eficaz máquina de matar. Por el camino va mitigando los escrúpulos, pero queda la vergüenza y la culpa.

En este episodio no hay una crítica al uso inadecuado de la tecnología. La máquina de reproducir recuerdos no crea controversia. Que la agente de seguros acabe siendo víctima de la máquina que usa no debe ser interpretado como irónico, aunque lo parezca. La agente de seguros es un personaje simpático a pesar de trabajar para una corporación poco o nada apreciada.

Sí la hay en Toda tu historia, en la que el protagonista no sabe reinterpretar las grabaciones de audio y vídeo del móvil implantado en la cabeza.

Realmente la tecnología es una anécdota en el episodio de Black Mirror que conduce a un final feliz. Charlie Brooker se cubre las espaldas y siembra al principio quién será el testigo inesperado cuyos recuerdos darán con la criminal.

Lo interesante en este episodio es el retrato de la condición humana. Como en un film hitchcockiano, las nociones de culpa y vergüenza están presentes en la mayoría de las escenas. Por supuesto, en las escenas de la arquitecta y su compañero, el conductor asesino. También están las pinceladas del dentista mirón. El botones que hace burla sobre los gustos sexuales de la arquitecta. La joven testigo del accidente recibe la mirada inquisitorial de los hombres cuando la ven con la agente de seguros y una cerveza. De alguna manera revela una sociedad machista, aunque moderna en otros aspectos.

Este episodio ha sido denostado por la crítica porque no critica el mal uso de la tecnología, sin embargo está conforme con la tesis original de Black Mirror: no importa qué avanzado esté el mundo; el corazón humano es antiguo y en ocasiones puede ser un monstruo. Quizá ahí está el por qué del título: Cocodrilo: una criatura de memoria prodigiosa y a la vez voraz.

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