25 de julio 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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En la tumba de Bob Marley: el paladín rastafari del reggae

25 de julio 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Los restos que evidencian que una vez existió alguien llamado Bob Marley se encuentran en una antigua casa de Nine Miles, una aldea en mitad de la sierra jamaicana. Allí resposan sus discos de oro, su cama oxidada y la piedra que, se dice, usaba de almohada para que las letras acudiesen a su mente.

Sin embargo, el gran tesoro de Nine Miles se encuentra encerrado en un sarcófago de mármol.

El polvo de lo que fue Bob Marley yace junto a su guitarra Les Paul dorada, una biblia y un balón de fútbol. Ese mismo polvo es el que ha convertido a aquel pequeño pueblo jamaicano en un lugar de culto para miles de amantes de la música y seguidores del movimiento rastafari.

La profecía del Ras Tafari

Todo empezó con una frase que se hizo profecía.

Nacido en Jamaica en 1887, el reverendo y político Marcus Garvey, uno de los inspiradores del movimiento de liberación afroamericana, pasó a la historia gracias a una frase pronunciada en la década de 1920:

«Mirad a África: un rey negro será coronado, el día de la liberación está cerca».

Poco tiempo después, en 1930, el ras (príncipe) Tafari Makonen ascendió al trono imperial de Etiopía como Haile Selassie I, convirtiéndose en Neguse Negest ze-‘Ityopp’ya, Rey de Reyes de Etiopía. Desde ese momento, en Jamaica, a Selassie se le atribuyó un carácter mesiánico, considerándolo una encarnación de Jah (abreviación de Yahveh).

Al movimiento espiritual que comenzó a raíz del advenimiento de Haile Selassie se le conoce como movimiento rastafari, religión monoteísta que ve en Jah a su único dios. Los rastafaris consideraban que el emperador etíope era la figura que liberaría a la población negra de ascendencia africana, devolviéndola a su tierra prometida, su continente originario.

selassie_on_time_magazine_cover_1930

15 años más tarde, en la pequeña aldea de Nine Miles, nació el hombre que extendió el mensaje rastafari a todos los rincones del mundo a ritmo one drop.

Bob Marley, el paladín rastafari del reggae

Para llegar a Nine Miles hay que hacer un recorrido de tres horas por carretera desde Kingston. Lo que allí espera es un lugar bastante distinto a la aldea que, en 1945, vio nacer a Robert Nesta Marley. Ahora Nine Miles goza de muchos más servicios debido a que la gestión del pueblo corre a cargo de la familia Marley, como la escuela pública promovida por la madre del cantante. Esa es la suerte que tienen los lugares donde nace una leyenda.

El edificio (o mejor dicho, la finca) donde se encuentra el museo de Marley llama la atención respecto al resto de construcciones del pueblo. Un enorme retrato de metal del cantante da la bienvenida a los visitantes antes de penetrar en el pequeño show que hay montado en torno a su figura. Para los fans del reggae, del movimiento rastafari y de la música en general, el espacio les fascinará. Al resto, quizá, les resulte algo frívolo.

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En cualquier caso, hoy día se ha convertido en todo un templo de la música.

Nada más entrar, aparece un patio con varios edificios (entre ellos la tienda de souvenirs). En medio del patio, esperando a los recién llegados, se encuentra el otro gran personaje del museo: el Capitán Crazy.

Corría el año 2006 cuando un vídeo aficionado subió un clip a Youtube que se hizo viral. En él se mostraba a un guía de la casa-museo de Bob Marley mientras explicaba el significado de la famosa roca de Marley. Mientras hablaba al público, el hombre se encendía un porro (necesario para la explicación) y, cada tanto, acompañaba su discurso con una profunda calada y una risa.

Pero no cualquier risa, sino esa risa. La que le hizo ganarse la fama a nivel mundial y convertirse en otro de los reclamos turísticos del museo.

(Pasados los años, el Capitán Crazy fue cambiando, y con él su risa que, para muchos, ha ganado con el tiempo).

El Capitán Crazy es de esos personajes que sabes que, de todo lo que dice, la mitad es una invención que está anticipando la siguiente broma. Eso hace más complicado el rigor de la visita a un museo.

Aun así, tras ascender al primer piso del edificio principal, donde esperan la mayoría de objetos relacionados con la vida del cantante, las imágenes hablan por sí solas: retratos de Marley con otros mitos de la canción, como George Harrison o Mick Jagger, fotografías de Haile Selassie, los discos de oro ganados a lo largo de su carrera… En pocos metros cuadrados se hace un paseo por la historia del hombre que lanzó la música reggae al estrellato mundial.

Robert Nesta Marley comenzó a ser Bob Marley después de que su familia se trasladase a Kingston. Allí formó, en 1963, junto a Bunny Wailer y Peter Tosh, una de las bandas más importantes de la historia de la música: The Wailers. No obstante, a los Wailers aún les quedarían unos años para despuntar, debido a la marcha momentánea de la familia de Marley a Estados Unidos.

Bob Marley, tras haberse casado con la cantante cubana Rita Anderson (conocida como Rita Marley) regresó a Kingston en el año 1966, seis meses después de la visita del emperador Haile Selassie. Ese fue el momento en el que el cantante comenzó a acercarse de forma directa, a través de su música, al movimiento rastafari, muy perseguido desde el momento de su creación por la minoría blanca de la isla y por el gobierno de la metrópoli, Inglaterra, de la que Jamaica se independizó en 1962.

Tras reunir a Wailer y Tosh para reanudar el proyecto de The Wailers, el trío fundó el sello discográfico Wail´N´Soul, que no prosperaría. Finalmente, en 1970, apareció la persona que ayudaría a construir su leyenda –aunque también se aprovecharía de la confianza de Marley–, el músico y productor jamaiquino Lee Perry, una de las figuras claves para la aparición de un estilo de música derivado del ska y el rocksteady, el reggae.

Ese mismo año se unirían a la banda los hermanos Aston y Carlton Barret, miembros de la banda The Skatalites.

Éxito con olor a marihuana

El aroma a marihuana es constante. Mientras el Capitán Crazy nos guía por el recinto, un sinfín de estímulos visuales, sonoros y olfativos acompañan la visita. La presencia de Haile Selassie se hace evidente con los constantes retratos y murales que se reparten por el lugar.

Marihuana y Selassie. Esos eran dos de los disparadores creativos principales de Bob Marley. La ganja o kaya, como se conoce a la marihuana en Jamaica, está directamente relacionada con el movimiento rastafari, que la considera una hierba sanadora y una forma de facilitar la meditación y revelar la presencia divina de Jah.

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La visita prosigue y el grupo entra al espacio más importante de todo el recinto, donde se encuentran la antigua habitación de Marley y el mausoleo donde yacen sus restos. Por el camino, aparece la famosa roca del vídeo de Youtube. Esta vez Capitán Crazy no se tumba sobre ella, pero explica que el cantante la utilizaba de almohada mientras fumaba, como lugar de meditación, encuentro con Jah e inspiración para sus canciones. Esa roca es a la que Marley hace referencia en su canción Talkin´blues:

Yeah! Oh, yeah! Now! Cold ground was my bed last night (bed last night)

 And rock was my pillow, too; (doo-oo-oo-oo-oo!)

Cold ground was my bed last night (bed last night)

And rock was my pillow, too.

Yeah! I’m saying: talkin’ blues (talkin’ blues), talkin’ blues (talkin’ blues);

Talkin´ Blues apareció por primera vez dentro del disco Natty Dread de 1974. En ese momento y tras cuatros años desde la publicación de su exitoso Soul Rebels, muchas cosas habían sucedido en la vida de Bob Marley.

Natty Dread fue el primer álbum de estudio lanzado bajo el nombre de Bob Marley and the Wailers. En él ya no se encontraban Peter Tosh ni Bunny Wailer, que habían decidido continuar sus carreras en solitario. Dos años antes del lanzamiento de Natty Dread, The Wailers dieron el salto a Europa, aunque no tuvieron un gran impacto.

Entonces apareció Chris Blackwell y su famosa Island Records, compañía fundada en Jamaica en 1959 y establecida en Londres desde 1962. De allí surgieron los álbumes Catch a fire y Burnin´, donde se incluía la canción I shot the sheriff, cuya versión, realizada por Eric Clapton en 1974, alcanzó el número 1 de la Billboard Hot 100.

Pero Marley no solo había engendrado canciones durante ese tiempo. En 1974, con 29 años y aún casado con Rita, había sido ya padre de siete hijos, cuatro de ellos con su esposa y los otros tres con tres mujeres distintas, Lucille Pat Williams, Janet Hunt y Janet Bowen. Entre el 20 de abril y el 19 de mayo de 1972 nacieron Stephen, Robert y Rohan Marley, cada uno de una madre diferente.

Cuando murió, en 1981, Bob Marley había reconocido legalmente a once hijos y a nueve madres distintas.

Con la muerte a sus pies

Un cartel en la puerta anuncia, antes de entrar, que «Bob está vivo». Dentro, en el pequeño cubículo en el que habitó parte de sus 36 años de vida, una colcha con su retrato cubre la que fue su antigua cama. El cabecero de metal muestra rastros evidentes de óxido, tapados parcialmente por varios cojines que parecen haber sobrevivido varias décadas. Sobre ellos, un cartel pide, amablemente, «por favor, no sentarse sobre la cama de la Leyenda».

En la mesilla, un marco muestra otro retrato donde se le ve con su característica sonrisa de dientes blancos. La mirada, hacia el suelo, como si estuviese intimidado ante la presencia de tantos ojos escrutadores.

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Ya fuera, la visita continúa hasta otro edificio, con un aire como de capilla o de iglesia. En su interior, dos mausoleos de mármol ocupan todo el espacio. En uno reposa su madre, Woleta Maskel (antes conocida como Cedella Booker). En el otro está Bob Marley. O lo que queda de él.

La muerte pasó rozando a Marley el 3 de diciembre de 1976. Desde comienzos de la década, Jamaica vivía sumida en un caos de violencia política y social que había degenerado en una guerra callejera entre los militantes de los dos grandes partidos políticos del país. En 1976, Marley, pacifista y propulsor de la fe rastafari, decidió participar en un concierto gratuito convocado para el 5 de diciembre bajo el nombre de Smile Jamaica para fomentar la reconciliación nacional. Sin embargo, existían sospechas de que el concierto era promovido como acto electoral por parte del primer ministro Michael Manley.

En ese clima, la mañana del 3 de diciembre, un grupo de pistoleros entró en la casa de los Marley y disparó contra Bob, Rita y otras dos personas que se encontraban con ellos. Todos sufrieron heridas, pero ninguno murió en el atentado. Dos días después, aún convaleciente, Marley subió al escenario del Smile Jamaica y dio un concierto de 90 minutos. El trato inicial era que el grupo tocaría una única canción.

Entre los temas que sonaron estaba War, del recién estrenado álbum Rastaman Vibration, basada en un discurso de Haile Selassie en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Until the philosophy

Which hold one race superior

and another Inferior Is finally

And permanently Discredited

And abandoned

Everywhere is war

Me say war

That until there no longer

First class and second class citizens of any nation

Until the color of a man’s skin

Is of no more significance than the color of his eyes

Me say war

Marley esquivó a la muerte aquel mes de diciembre, sin embargo, lo que ignoraba la estrella jamaicana es que esta viajaba con él, adherida a su pie derecho. En 1978, tras una lesión sufrida jugando un partido de fútbol, un médico le descubrió un tipo de melanoma muy agresivo que necesitaba un tratamiento inmediato. Pero Marley no hizo nada.

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Tres años después, en la cima del panorama musical mundial, el 11 de mayo de 1981, el cuerpo de Bob Marley dejó de funcionar a causa de una metástasis masiva. El ídolo de masas recibió un entierro que se convirtió en todo un funeral de estado. Allí estuvieron sus hijos, sus seguidores, sus compañeros, los políticos del gobierno y de la oposición.

Y también estuvo su mujer, Rita, que, años después, en 2004, publicaría una biografía incendiaria donde revelaría los aspectos más oscuros del cantante, como su carácter violento y machista, y algunos detalles más privados como el hecho de que crió a varios de los hijos que Marley tuvo con otras mujeres.

Muerto el ídolo, a continuación siguió una onda expansiva de todo lo sembrado por el cantante en apenas 15 años de carrera: en 1984, Island Records publicó el álbum recopilatorio Legend, el disco de reggae más vendido de la historia; muchos de los hijos siguieron la estela de su padre en el mundo de la música, aprovechando el suculento currículum que suponía el apellido Marley; el patrimonio dejado por el cantante comenzó a servir como fuente de ingresos para una inmensa prole (a la cual se le iban sumando más supuestos miembros, fruto de relaciones no reconocidas).

La imponente figura de Bob Marley, con sus rastas al viento en medio de los trances sonoros del reggae –y potenciados por el efecto extático de la kaya, fue derrotada, como un Aquiles contemporáneo, por una herida envenenada en el pie derecho. Detrás de él, los hijos olvidados, los éxitos y los rencores creados por su difícil personalidad; delante de él, la gloria, el mito y la leyenda, hoy beatificada por miles de seguidores que buscan algo –sin saber muy bien el qué–, en su tumba de mármol oculta en un rincón diminuto de la sierra jamaicana.

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Los restos que evidencian que una vez existió alguien llamado Bob Marley se encuentran en una antigua casa de Nine Miles, una aldea en mitad de la sierra jamaicana. Allí resposan sus discos de oro, su cama oxidada y la piedra que, se dice, usaba de almohada para que las letras acudiesen a su mente.

Sin embargo, el gran tesoro de Nine Miles se encuentra encerrado en un sarcófago de mármol.

El polvo de lo que fue Bob Marley yace junto a su guitarra Les Paul dorada, una biblia y un balón de fútbol. Ese mismo polvo es el que ha convertido a aquel pequeño pueblo jamaicano en un lugar de culto para miles de amantes de la música y seguidores del movimiento rastafari.

La profecía del Ras Tafari

Todo empezó con una frase que se hizo profecía.

Nacido en Jamaica en 1887, el reverendo y político Marcus Garvey, uno de los inspiradores del movimiento de liberación afroamericana, pasó a la historia gracias a una frase pronunciada en la década de 1920:

«Mirad a África: un rey negro será coronado, el día de la liberación está cerca».

Poco tiempo después, en 1930, el ras (príncipe) Tafari Makonen ascendió al trono imperial de Etiopía como Haile Selassie I, convirtiéndose en Neguse Negest ze-‘Ityopp’ya, Rey de Reyes de Etiopía. Desde ese momento, en Jamaica, a Selassie se le atribuyó un carácter mesiánico, considerándolo una encarnación de Jah (abreviación de Yahveh).

Al movimiento espiritual que comenzó a raíz del advenimiento de Haile Selassie se le conoce como movimiento rastafari, religión monoteísta que ve en Jah a su único dios. Los rastafaris consideraban que el emperador etíope era la figura que liberaría a la población negra de ascendencia africana, devolviéndola a su tierra prometida, su continente originario.

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15 años más tarde, en la pequeña aldea de Nine Miles, nació el hombre que extendió el mensaje rastafari a todos los rincones del mundo a ritmo one drop.

Bob Marley, el paladín rastafari del reggae

Para llegar a Nine Miles hay que hacer un recorrido de tres horas por carretera desde Kingston. Lo que allí espera es un lugar bastante distinto a la aldea que, en 1945, vio nacer a Robert Nesta Marley. Ahora Nine Miles goza de muchos más servicios debido a que la gestión del pueblo corre a cargo de la familia Marley, como la escuela pública promovida por la madre del cantante. Esa es la suerte que tienen los lugares donde nace una leyenda.

El edificio (o mejor dicho, la finca) donde se encuentra el museo de Marley llama la atención respecto al resto de construcciones del pueblo. Un enorme retrato de metal del cantante da la bienvenida a los visitantes antes de penetrar en el pequeño show que hay montado en torno a su figura. Para los fans del reggae, del movimiento rastafari y de la música en general, el espacio les fascinará. Al resto, quizá, les resulte algo frívolo.

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En cualquier caso, hoy día se ha convertido en todo un templo de la música.

Nada más entrar, aparece un patio con varios edificios (entre ellos la tienda de souvenirs). En medio del patio, esperando a los recién llegados, se encuentra el otro gran personaje del museo: el Capitán Crazy.

Corría el año 2006 cuando un vídeo aficionado subió un clip a Youtube que se hizo viral. En él se mostraba a un guía de la casa-museo de Bob Marley mientras explicaba el significado de la famosa roca de Marley. Mientras hablaba al público, el hombre se encendía un porro (necesario para la explicación) y, cada tanto, acompañaba su discurso con una profunda calada y una risa.

Pero no cualquier risa, sino esa risa. La que le hizo ganarse la fama a nivel mundial y convertirse en otro de los reclamos turísticos del museo.

(Pasados los años, el Capitán Crazy fue cambiando, y con él su risa que, para muchos, ha ganado con el tiempo).

El Capitán Crazy es de esos personajes que sabes que, de todo lo que dice, la mitad es una invención que está anticipando la siguiente broma. Eso hace más complicado el rigor de la visita a un museo.

Aun así, tras ascender al primer piso del edificio principal, donde esperan la mayoría de objetos relacionados con la vida del cantante, las imágenes hablan por sí solas: retratos de Marley con otros mitos de la canción, como George Harrison o Mick Jagger, fotografías de Haile Selassie, los discos de oro ganados a lo largo de su carrera… En pocos metros cuadrados se hace un paseo por la historia del hombre que lanzó la música reggae al estrellato mundial.

Robert Nesta Marley comenzó a ser Bob Marley después de que su familia se trasladase a Kingston. Allí formó, en 1963, junto a Bunny Wailer y Peter Tosh, una de las bandas más importantes de la historia de la música: The Wailers. No obstante, a los Wailers aún les quedarían unos años para despuntar, debido a la marcha momentánea de la familia de Marley a Estados Unidos.

Bob Marley, tras haberse casado con la cantante cubana Rita Anderson (conocida como Rita Marley) regresó a Kingston en el año 1966, seis meses después de la visita del emperador Haile Selassie. Ese fue el momento en el que el cantante comenzó a acercarse de forma directa, a través de su música, al movimiento rastafari, muy perseguido desde el momento de su creación por la minoría blanca de la isla y por el gobierno de la metrópoli, Inglaterra, de la que Jamaica se independizó en 1962.

Tras reunir a Wailer y Tosh para reanudar el proyecto de The Wailers, el trío fundó el sello discográfico Wail´N´Soul, que no prosperaría. Finalmente, en 1970, apareció la persona que ayudaría a construir su leyenda –aunque también se aprovecharía de la confianza de Marley–, el músico y productor jamaiquino Lee Perry, una de las figuras claves para la aparición de un estilo de música derivado del ska y el rocksteady, el reggae.

Ese mismo año se unirían a la banda los hermanos Aston y Carlton Barret, miembros de la banda The Skatalites.

Éxito con olor a marihuana

El aroma a marihuana es constante. Mientras el Capitán Crazy nos guía por el recinto, un sinfín de estímulos visuales, sonoros y olfativos acompañan la visita. La presencia de Haile Selassie se hace evidente con los constantes retratos y murales que se reparten por el lugar.

Marihuana y Selassie. Esos eran dos de los disparadores creativos principales de Bob Marley. La ganja o kaya, como se conoce a la marihuana en Jamaica, está directamente relacionada con el movimiento rastafari, que la considera una hierba sanadora y una forma de facilitar la meditación y revelar la presencia divina de Jah.

bob-marley-6

La visita prosigue y el grupo entra al espacio más importante de todo el recinto, donde se encuentran la antigua habitación de Marley y el mausoleo donde yacen sus restos. Por el camino, aparece la famosa roca del vídeo de Youtube. Esta vez Capitán Crazy no se tumba sobre ella, pero explica que el cantante la utilizaba de almohada mientras fumaba, como lugar de meditación, encuentro con Jah e inspiración para sus canciones. Esa roca es a la que Marley hace referencia en su canción Talkin´blues:

Yeah! Oh, yeah! Now! Cold ground was my bed last night (bed last night)

 And rock was my pillow, too; (doo-oo-oo-oo-oo!)

Cold ground was my bed last night (bed last night)

And rock was my pillow, too.

Yeah! I’m saying: talkin’ blues (talkin’ blues), talkin’ blues (talkin’ blues);

Talkin´ Blues apareció por primera vez dentro del disco Natty Dread de 1974. En ese momento y tras cuatros años desde la publicación de su exitoso Soul Rebels, muchas cosas habían sucedido en la vida de Bob Marley.

Natty Dread fue el primer álbum de estudio lanzado bajo el nombre de Bob Marley and the Wailers. En él ya no se encontraban Peter Tosh ni Bunny Wailer, que habían decidido continuar sus carreras en solitario. Dos años antes del lanzamiento de Natty Dread, The Wailers dieron el salto a Europa, aunque no tuvieron un gran impacto.

Entonces apareció Chris Blackwell y su famosa Island Records, compañía fundada en Jamaica en 1959 y establecida en Londres desde 1962. De allí surgieron los álbumes Catch a fire y Burnin´, donde se incluía la canción I shot the sheriff, cuya versión, realizada por Eric Clapton en 1974, alcanzó el número 1 de la Billboard Hot 100.

Pero Marley no solo había engendrado canciones durante ese tiempo. En 1974, con 29 años y aún casado con Rita, había sido ya padre de siete hijos, cuatro de ellos con su esposa y los otros tres con tres mujeres distintas, Lucille Pat Williams, Janet Hunt y Janet Bowen. Entre el 20 de abril y el 19 de mayo de 1972 nacieron Stephen, Robert y Rohan Marley, cada uno de una madre diferente.

Cuando murió, en 1981, Bob Marley había reconocido legalmente a once hijos y a nueve madres distintas.

Con la muerte a sus pies

Un cartel en la puerta anuncia, antes de entrar, que «Bob está vivo». Dentro, en el pequeño cubículo en el que habitó parte de sus 36 años de vida, una colcha con su retrato cubre la que fue su antigua cama. El cabecero de metal muestra rastros evidentes de óxido, tapados parcialmente por varios cojines que parecen haber sobrevivido varias décadas. Sobre ellos, un cartel pide, amablemente, «por favor, no sentarse sobre la cama de la Leyenda».

En la mesilla, un marco muestra otro retrato donde se le ve con su característica sonrisa de dientes blancos. La mirada, hacia el suelo, como si estuviese intimidado ante la presencia de tantos ojos escrutadores.

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Ya fuera, la visita continúa hasta otro edificio, con un aire como de capilla o de iglesia. En su interior, dos mausoleos de mármol ocupan todo el espacio. En uno reposa su madre, Woleta Maskel (antes conocida como Cedella Booker). En el otro está Bob Marley. O lo que queda de él.

La muerte pasó rozando a Marley el 3 de diciembre de 1976. Desde comienzos de la década, Jamaica vivía sumida en un caos de violencia política y social que había degenerado en una guerra callejera entre los militantes de los dos grandes partidos políticos del país. En 1976, Marley, pacifista y propulsor de la fe rastafari, decidió participar en un concierto gratuito convocado para el 5 de diciembre bajo el nombre de Smile Jamaica para fomentar la reconciliación nacional. Sin embargo, existían sospechas de que el concierto era promovido como acto electoral por parte del primer ministro Michael Manley.

En ese clima, la mañana del 3 de diciembre, un grupo de pistoleros entró en la casa de los Marley y disparó contra Bob, Rita y otras dos personas que se encontraban con ellos. Todos sufrieron heridas, pero ninguno murió en el atentado. Dos días después, aún convaleciente, Marley subió al escenario del Smile Jamaica y dio un concierto de 90 minutos. El trato inicial era que el grupo tocaría una única canción.

Entre los temas que sonaron estaba War, del recién estrenado álbum Rastaman Vibration, basada en un discurso de Haile Selassie en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Until the philosophy

Which hold one race superior

and another Inferior Is finally

And permanently Discredited

And abandoned

Everywhere is war

Me say war

That until there no longer

First class and second class citizens of any nation

Until the color of a man’s skin

Is of no more significance than the color of his eyes

Me say war

Marley esquivó a la muerte aquel mes de diciembre, sin embargo, lo que ignoraba la estrella jamaicana es que esta viajaba con él, adherida a su pie derecho. En 1978, tras una lesión sufrida jugando un partido de fútbol, un médico le descubrió un tipo de melanoma muy agresivo que necesitaba un tratamiento inmediato. Pero Marley no hizo nada.

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Tres años después, en la cima del panorama musical mundial, el 11 de mayo de 1981, el cuerpo de Bob Marley dejó de funcionar a causa de una metástasis masiva. El ídolo de masas recibió un entierro que se convirtió en todo un funeral de estado. Allí estuvieron sus hijos, sus seguidores, sus compañeros, los políticos del gobierno y de la oposición.

Y también estuvo su mujer, Rita, que, años después, en 2004, publicaría una biografía incendiaria donde revelaría los aspectos más oscuros del cantante, como su carácter violento y machista, y algunos detalles más privados como el hecho de que crió a varios de los hijos que Marley tuvo con otras mujeres.

Muerto el ídolo, a continuación siguió una onda expansiva de todo lo sembrado por el cantante en apenas 15 años de carrera: en 1984, Island Records publicó el álbum recopilatorio Legend, el disco de reggae más vendido de la historia; muchos de los hijos siguieron la estela de su padre en el mundo de la música, aprovechando el suculento currículum que suponía el apellido Marley; el patrimonio dejado por el cantante comenzó a servir como fuente de ingresos para una inmensa prole (a la cual se le iban sumando más supuestos miembros, fruto de relaciones no reconocidas).

La imponente figura de Bob Marley, con sus rastas al viento en medio de los trances sonoros del reggae –y potenciados por el efecto extático de la kaya, fue derrotada, como un Aquiles contemporáneo, por una herida envenenada en el pie derecho. Detrás de él, los hijos olvidados, los éxitos y los rencores creados por su difícil personalidad; delante de él, la gloria, el mito y la leyenda, hoy beatificada por miles de seguidores que buscan algo –sin saber muy bien el qué–, en su tumba de mármol oculta en un rincón diminuto de la sierra jamaicana.

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Opiniones 4
  • Gran artículo donde se describe muy bien todos los puntos de inflexión en la vida de la leyenda del reggae así como la buena definición de la cultura rastafari.

  • Gran artículo donde se describe muy bien los puntos de inflexión de la vida de la leyenda del reggae, así como la explicación sobre la cultura rastafari.

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