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16 de noviembre 2017    /   CINE/TV
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Aprender anatomía con una especie de «‘Érase una vez…la vida’ meets ‘Bob Esponja’»

16 de noviembre 2017    /   CINE/TV     por          
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Si no cursaste EGB en los 80, pregunta esto a alguien que sepas que sí lo hizo: ¿qué imagen se te viene a la mente si piensas en el funcionamiento del sistema circulatorio? A no ser que seas (o sea) médico o experto en la materia, es posible que esa imagen sea la del fornido y rojizo Hemo transportando en su espalda un montón de burbujas de oxígeno mientras charlaba con su amiga Globina y caminaban junto a un montón de glóbulos rojos más.

Ahora muchos de aquellos niños que aprendieron o reforzaron sus conocimientos sobre el cuerpo humano con los personajes de Érase una vez… la vida vuelven a buscar los vídeos de la serie en YouTube. Y no les mueve tanto la nostalgia como la necesidad de encontrar una herramienta que ayude a sus hijos a entender o estudiar ciertos conceptos ante un examen inminente de Ciencias (o Science en los colegios bilingües).

«Ahora mismo no hay nada parecido. No existen contenidos entretenidos que expliquen a los niños cosas que les puede resultar interesantes sobre el funcionamiento de su cuerpo, como por qué nos tiramos pedos o qué son esas costras que se forman cuando te haces una herida». Es la opinión de Jacobo Bergareche, quien confiesa una infancia «marcada» por la serie de animación francesa, al igual que la mayoría de miembros de su generación. «Un reciente estudio decía de ella que era la serie favorita de los niños de aquella época. De hecho, se ha reeditado varias veces como coleccionable».

Con una trayectoria profesional ligada al mundo de la TV, Bergareche, junto a su socio Rodrigo Pineda (procedente de Telefónica), trataron de rellenar ese nicho con una serie de animación llamada Aventuras en Bodytown. «Queríamos una especie de “Erase una vez… la vida meets Bob Esponja. Esto es, contenidos educativos que puedan servir para iniciar a los niños en el mundo de la biología y que activen su curiosidad sobre el cuerpo humano, pero con un lenguaje divertido y más actual».

Sabían que una serie de animación de corte educativo no es algo fácil de vender: «Todavía en la etapa preescolar es posible encontrarse con contenidos de este tipo, pero a partir de 5 años se rechaza cualquier cosa que huela a educativa por miedo a que resulte aburrida». Y se propusieron luchar contra esa creencia.

Comenzaron a documentarse y solicitaron la colaboración de Puño como ilustrador. «Recopilamos un montón de imágenes y comenzamos a trabajar con él». Fue una vez arrancado el proyecto cuando sus responsables decidieron que la serie se completaría con una colección de libros. «En lugar de storyboards que luego tiras a la basura, pensamos que podríamos crear los libros. Le trasladamos la idea a Penguin Random House y les pareció genial».

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Al comenzar a trabajar también cayeron en la cuenta de otro aspecto importante: «Nos dimos cuenta de que a los niños les llamaban más la atención las fotos que las ilustraciones. Tal vez porque están saturados de dibujos. Cuando les mostrábamos, por ejemplo, a mis hijos el dibujo de Mac el Macrófago y luego la foto de un macrófogo de verdad, les gustaba más esta». De ahí que decidieran trabajar sobre las fotos para crear los personajes a partir de ellas.

Para ello fue esencial la colaboración de Steve Gschmeissner, «el mayor astronauta del cuerpo humano», según Bergareche. Él y Pineda se plantaron en Londres para conocer en persona al investigador, quien dispone de un archivo de más de 20.000 fotografías captadas a través de un microscopio electrónico de barrido, capaz de ampliar una imagen un millón de veces.

«Le rogamos que nos diera acceso a su archivo y así lo hicimos. Son esas imágenes sobre las que está trabajando Puño».

Bergareche y Pineda, que ya habían conseguido sumar al proyecto a un ilustrador y un miscrocopista, pusieron entonces su punto de mira en un biólogo: Javier García Castro. «Necesitábamos alguien que avalase los contenidos, que les aportase rigor. Investigamos y supimos que el profesor García Castro era uno de los principales expertos en mundo de la biología».

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Dice que llamaron «a su puerta como un vendedor enciclopedias para venderle el proyecto». Y lograron convencerle: «Me cuesta decir que no cuando algo me resulta interesante», reconoce García Castro, quien se define como «el Pepito Grillo que se encarga de asesorar para que los contenidos sean científicamente válidos sin dejar de ser divertidos».

Tras la reciente publicación de los números 3 y 4 de la colección, Bodytown prepara el lanzamiento de su serie animada. «Contamos con la colaboración de Rogelio Folgueras, key animator de Gumball, a quien también conocimos a través de internet».

El siguiente paso en la evolución del proyecto, según García Castro, es llegar a las aulas convertida en una herramienta de apoyo para los profesores. «Si consigues llamar la atención y generar interés en un niño, aprenderá, por muy áspero que pueda ser a priori el tema».

Si no cursaste EGB en los 80, pregunta esto a alguien que sepas que sí lo hizo: ¿qué imagen se te viene a la mente si piensas en el funcionamiento del sistema circulatorio? A no ser que seas (o sea) médico o experto en la materia, es posible que esa imagen sea la del fornido y rojizo Hemo transportando en su espalda un montón de burbujas de oxígeno mientras charlaba con su amiga Globina y caminaban junto a un montón de glóbulos rojos más.

Ahora muchos de aquellos niños que aprendieron o reforzaron sus conocimientos sobre el cuerpo humano con los personajes de Érase una vez… la vida vuelven a buscar los vídeos de la serie en YouTube. Y no les mueve tanto la nostalgia como la necesidad de encontrar una herramienta que ayude a sus hijos a entender o estudiar ciertos conceptos ante un examen inminente de Ciencias (o Science en los colegios bilingües).

«Ahora mismo no hay nada parecido. No existen contenidos entretenidos que expliquen a los niños cosas que les puede resultar interesantes sobre el funcionamiento de su cuerpo, como por qué nos tiramos pedos o qué son esas costras que se forman cuando te haces una herida». Es la opinión de Jacobo Bergareche, quien confiesa una infancia «marcada» por la serie de animación francesa, al igual que la mayoría de miembros de su generación. «Un reciente estudio decía de ella que era la serie favorita de los niños de aquella época. De hecho, se ha reeditado varias veces como coleccionable».

Con una trayectoria profesional ligada al mundo de la TV, Bergareche, junto a su socio Rodrigo Pineda (procedente de Telefónica), trataron de rellenar ese nicho con una serie de animación llamada Aventuras en Bodytown. «Queríamos una especie de “Erase una vez… la vida meets Bob Esponja. Esto es, contenidos educativos que puedan servir para iniciar a los niños en el mundo de la biología y que activen su curiosidad sobre el cuerpo humano, pero con un lenguaje divertido y más actual».

Sabían que una serie de animación de corte educativo no es algo fácil de vender: «Todavía en la etapa preescolar es posible encontrarse con contenidos de este tipo, pero a partir de 5 años se rechaza cualquier cosa que huela a educativa por miedo a que resulte aburrida». Y se propusieron luchar contra esa creencia.

Comenzaron a documentarse y solicitaron la colaboración de Puño como ilustrador. «Recopilamos un montón de imágenes y comenzamos a trabajar con él». Fue una vez arrancado el proyecto cuando sus responsables decidieron que la serie se completaría con una colección de libros. «En lugar de storyboards que luego tiras a la basura, pensamos que podríamos crear los libros. Le trasladamos la idea a Penguin Random House y les pareció genial».

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Al comenzar a trabajar también cayeron en la cuenta de otro aspecto importante: «Nos dimos cuenta de que a los niños les llamaban más la atención las fotos que las ilustraciones. Tal vez porque están saturados de dibujos. Cuando les mostrábamos, por ejemplo, a mis hijos el dibujo de Mac el Macrófago y luego la foto de un macrófogo de verdad, les gustaba más esta». De ahí que decidieran trabajar sobre las fotos para crear los personajes a partir de ellas.

Para ello fue esencial la colaboración de Steve Gschmeissner, «el mayor astronauta del cuerpo humano», según Bergareche. Él y Pineda se plantaron en Londres para conocer en persona al investigador, quien dispone de un archivo de más de 20.000 fotografías captadas a través de un microscopio electrónico de barrido, capaz de ampliar una imagen un millón de veces.

«Le rogamos que nos diera acceso a su archivo y así lo hicimos. Son esas imágenes sobre las que está trabajando Puño».

Bergareche y Pineda, que ya habían conseguido sumar al proyecto a un ilustrador y un miscrocopista, pusieron entonces su punto de mira en un biólogo: Javier García Castro. «Necesitábamos alguien que avalase los contenidos, que les aportase rigor. Investigamos y supimos que el profesor García Castro era uno de los principales expertos en mundo de la biología».

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Dice que llamaron «a su puerta como un vendedor enciclopedias para venderle el proyecto». Y lograron convencerle: «Me cuesta decir que no cuando algo me resulta interesante», reconoce García Castro, quien se define como «el Pepito Grillo que se encarga de asesorar para que los contenidos sean científicamente válidos sin dejar de ser divertidos».

Tras la reciente publicación de los números 3 y 4 de la colección, Bodytown prepara el lanzamiento de su serie animada. «Contamos con la colaboración de Rogelio Folgueras, key animator de Gumball, a quien también conocimos a través de internet».

El siguiente paso en la evolución del proyecto, según García Castro, es llegar a las aulas convertida en una herramienta de apoyo para los profesores. «Si consigues llamar la atención y generar interés en un niño, aprenderá, por muy áspero que pueda ser a priori el tema».

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