29 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD
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Setas que sí y setas que no

29 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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La micología está de moda. Y no me refiero a la ciencia encargada de estudiar los hongos. Más bien a la de a pie y piedra, la vertiente amateur. Esa disciplina en la cual sales al campo ataviado con una boina y un chaleco, con una cesta, un bastón y una navaja, en busca de preciadas setas que echar en el puchero para luego chuparte los dedos.

Pero ojo, no todas valen. Tienes que saber lo que metes al cesto y para ello, nada como instruirte en una de las múltiples jornadas micológicas que suelen organizar colectivos y asociaciones por estas fechas del año. Una cosa es coger boletus y níscalos y otra muy distinta tener en tu haber de reconocibles 10 variedades diferentes. Como yo siempre he sido de los primeros, el pasado fin de semana me acerqué a Ávila para participar en una de esas jornadas y aprender algún que otro truquillo nuevo. Lo más importante: si no la conoces, déjala en el suelo.

La jornada micológica estaba organizada por la asociación sociocultural Siempreviva de Pedro Bernardo y constaba de una salida al campo con expertos y una posterior degustación de algunas de las setas recogidas, cómo no. El evento comenzó temprano, a las nueve y media de la mañana. Tras unas instrucciones nos vimos inmersos en una caravana de unos 15 coches en busca del santuario micológico solo conocido por los locales. Un bosque entre dos pueblos al que se accedía desde la carretera. El bosque contaba con encinas, pinos y castaños.

Uno de los expertos micólogos dio una breve charla y fijó el punto y la hora de encuentro. Por si alguien se perdía. «Las setas pasadas se dejan porque son una fuente de esporas. Solo se coge la seta fresca». Esto no cala mucho en un grupo de más de veinte principiantes borrachos de fiebre micológica.

Tras una especie de pistoletazo de salida, todo el mundo se abalanzó sobre el monte mirando al suelo. ¡Un pie azul!, ¡níscalos! Todos recogíamos lo que veíamos y luego íbamos corriendo al experto para que nos diese el visto bueno o para que nos contase algo de esa variedad. Yo me esforzaba en desenterrar bultos de agujas en los pinares sin éxito. Ningún boletus. Incluso les cantaba una nana con la esperanza de que asomasen el sombrero, pero no eran duendecillos.

Muchas veces, cuando sales a por setas y ves que pasan las horas y que no has cogido ninguna, se te baila la cabeza y empiezas a pensar que es una cuestión de fe, de creer, y en este caso de cantar. Entre nana y nana caí en la cuenta de que lo mejor era seguir al experto que sabía con bastante precisión dónde había más. Y más que por experto, porque conocía el terreno y, en vez de jugar a la lotería, sabía dónde salieron el año pasado y en que zona soltaron sus esporas en mayor abundancia. Quizás este conocimiento entre en la categoría de conocimientos de un experto.

Tras una hora y pico todos volvimos con nuestros cestos llenos. Posteriormente la asociación se encargó de identificarlos y clasificarlos.

Setas que sí coger

Boletus

boletus

El boletus es probablemente la seta más buscada en nuestro país por sus excelentes cualidades culinarias. Con él se pueden hacer infinidad de platos, desde cremas y salteados hasta risotto. Dentro de la categoría de boletus existen distintas variedades como el boletus edulis, común en robledales y castañales; el boletus pinícola, más robusto; el boletus aereus, con su sombrero negro; el boletus lepidum; o el boletus erythropus.

boletus eritaes

aereus

lepidium

Níscalos

níscalos

También muy conocidos. Las láminas del himenio deben ser naranjas también y al cocinarlo deben soltar un jugo naranja, no blanco.

Parasol

partasol

Otra de las más exquisitas. El parasol grande se puede cocinar como masa de pizza. No confundir con otras macrolepiotas como la rhacodes cuya carne enrojece al corte y el pie es liso (sin escamas).

Amanita cesarea

cesarea

Una de las setas más buscadas y más apreciadas. La amanita cesarea se desarrolla de una curiosa cáscara de huevo. Para distinguirla de otras setas es importante notar la firmeza de su pie. No confundir en sus primeros estados con su prima, la amanita muscaria, tóxica y con propiedades psicoactivas.

Setas que no

Amanita muscaria

muscaria

No es recomendable ingerir esta seta a no ser que se busquen experiencias trascendentales, es decir, un buen colocón de enteógeno. Aparte de sus propiedades psicoactivas, produce vómitos y malestar gástrico. Qué curioso que este tipo de seta sea la más representativa en cuentos y fábulas de gnomos. Probablemente el que inventó los gnomos comió muscaria.

Amanita phanterina

phanterina

Igual que su hermana muscaria, provoca un buen colocón.

Amanita Phaloides

phaloides

Hasta aquí las bromas. Un solo ejemplar de esta seta puede ocasionar la muerte. Excepto si eres Carlos Arguiñano y juegas a la tortilla rusa. ¿Dónde se ha visto comer una tortilla sin pan ni vino?

La micología está de moda. Y no me refiero a la ciencia encargada de estudiar los hongos. Más bien a la de a pie y piedra, la vertiente amateur. Esa disciplina en la cual sales al campo ataviado con una boina y un chaleco, con una cesta, un bastón y una navaja, en busca de preciadas setas que echar en el puchero para luego chuparte los dedos.

Pero ojo, no todas valen. Tienes que saber lo que metes al cesto y para ello, nada como instruirte en una de las múltiples jornadas micológicas que suelen organizar colectivos y asociaciones por estas fechas del año. Una cosa es coger boletus y níscalos y otra muy distinta tener en tu haber de reconocibles 10 variedades diferentes. Como yo siempre he sido de los primeros, el pasado fin de semana me acerqué a Ávila para participar en una de esas jornadas y aprender algún que otro truquillo nuevo. Lo más importante: si no la conoces, déjala en el suelo.

La jornada micológica estaba organizada por la asociación sociocultural Siempreviva de Pedro Bernardo y constaba de una salida al campo con expertos y una posterior degustación de algunas de las setas recogidas, cómo no. El evento comenzó temprano, a las nueve y media de la mañana. Tras unas instrucciones nos vimos inmersos en una caravana de unos 15 coches en busca del santuario micológico solo conocido por los locales. Un bosque entre dos pueblos al que se accedía desde la carretera. El bosque contaba con encinas, pinos y castaños.

Uno de los expertos micólogos dio una breve charla y fijó el punto y la hora de encuentro. Por si alguien se perdía. «Las setas pasadas se dejan porque son una fuente de esporas. Solo se coge la seta fresca». Esto no cala mucho en un grupo de más de veinte principiantes borrachos de fiebre micológica.

Tras una especie de pistoletazo de salida, todo el mundo se abalanzó sobre el monte mirando al suelo. ¡Un pie azul!, ¡níscalos! Todos recogíamos lo que veíamos y luego íbamos corriendo al experto para que nos diese el visto bueno o para que nos contase algo de esa variedad. Yo me esforzaba en desenterrar bultos de agujas en los pinares sin éxito. Ningún boletus. Incluso les cantaba una nana con la esperanza de que asomasen el sombrero, pero no eran duendecillos.

Muchas veces, cuando sales a por setas y ves que pasan las horas y que no has cogido ninguna, se te baila la cabeza y empiezas a pensar que es una cuestión de fe, de creer, y en este caso de cantar. Entre nana y nana caí en la cuenta de que lo mejor era seguir al experto que sabía con bastante precisión dónde había más. Y más que por experto, porque conocía el terreno y, en vez de jugar a la lotería, sabía dónde salieron el año pasado y en que zona soltaron sus esporas en mayor abundancia. Quizás este conocimiento entre en la categoría de conocimientos de un experto.

Tras una hora y pico todos volvimos con nuestros cestos llenos. Posteriormente la asociación se encargó de identificarlos y clasificarlos.

Setas que sí coger

Boletus

boletus

El boletus es probablemente la seta más buscada en nuestro país por sus excelentes cualidades culinarias. Con él se pueden hacer infinidad de platos, desde cremas y salteados hasta risotto. Dentro de la categoría de boletus existen distintas variedades como el boletus edulis, común en robledales y castañales; el boletus pinícola, más robusto; el boletus aereus, con su sombrero negro; el boletus lepidum; o el boletus erythropus.

boletus eritaes

aereus

lepidium

Níscalos

níscalos

También muy conocidos. Las láminas del himenio deben ser naranjas también y al cocinarlo deben soltar un jugo naranja, no blanco.

Parasol

partasol

Otra de las más exquisitas. El parasol grande se puede cocinar como masa de pizza. No confundir con otras macrolepiotas como la rhacodes cuya carne enrojece al corte y el pie es liso (sin escamas).

Amanita cesarea

cesarea

Una de las setas más buscadas y más apreciadas. La amanita cesarea se desarrolla de una curiosa cáscara de huevo. Para distinguirla de otras setas es importante notar la firmeza de su pie. No confundir en sus primeros estados con su prima, la amanita muscaria, tóxica y con propiedades psicoactivas.

Setas que no

Amanita muscaria

muscaria

No es recomendable ingerir esta seta a no ser que se busquen experiencias trascendentales, es decir, un buen colocón de enteógeno. Aparte de sus propiedades psicoactivas, produce vómitos y malestar gástrico. Qué curioso que este tipo de seta sea la más representativa en cuentos y fábulas de gnomos. Probablemente el que inventó los gnomos comió muscaria.

Amanita phanterina

phanterina

Igual que su hermana muscaria, provoca un buen colocón.

Amanita Phaloides

phaloides

Hasta aquí las bromas. Un solo ejemplar de esta seta puede ocasionar la muerte. Excepto si eres Carlos Arguiñano y juegas a la tortilla rusa. ¿Dónde se ha visto comer una tortilla sin pan ni vino?

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