fbpx
3 de marzo 2014    /   CREATIVIDAD
por
 

El boli que se cae a las 7

3 de marzo 2014    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

El 28 de julio de 1914 Europa se convirtió en un «matadero internacional enloquecido». Así llamó Louis-Ferdinand Céline a la Primera Guerra Mundial en Viaje al fin de la noche. Veinticinco años después se desató una nueva demencia planetaria asesina. Por aquel entonces en España gobernaba un dictador que dormía con redecilla en la cabeza para mantener el orden de las cosas… o de los pelos. A Franco le gustaba Hitler y sus tropas. Tanto que contradijo la rectitud de las líneas y ordenó que los relojes españoles se alinearan con los alemanes en vez de regirse por el meridiano de Greenwich.

España, desde entonces, se convirtió en un país tardío. El dictador ordenó a las cadenas de radio emitir sus noticias propagandísticas a la hora de comer, 2.30 de la tarde, y la hora de cenar, 10.00 de la noche. En el resto de Europa, en cambio, en esos momentos iban ya por el fin de la digestión.

La dictadura se disolvió, pero el guiño a Hitler se instaló en el reloj biológico de los españoles. Las paellas a las 3.00 de la tarde, las siestas y las cenas al fin del día se han convertido en una de las señas de identidad y tópicos habituales de este país.

España, en sus horarios, efectivamente, es diferente. Y eso ha levantado una amplia literatura a favor y en contra, incluso en grandes medios internacionales. El pasado 17 de febrero The New York Times publicaba un reportaje titulado Spain, Land of 10 P.M. Dinners, Asks if It’s Time to Reset Clock (España, tierra de cenas a las 10 de la noche, se pregunta si es hora de reajustar el reloj). Al día siguiente Slate publicó otro artículo, a modo de respuesta, titulado Spain Shouldn’t Change Its Mealtimes. We Should Change Ours (España no debería cambiar el horario de sus comidas. Nosotros deberíamos cambiar las nuestras).

En España el debate surgió hace años. La Asociación para la Racionalización de Horarios (ARHOE) reivindica volver al huso horario que corresponde al país. La entidad afirma que este desfase horario se traduce en jornadas laborales que, en vez de terminar a las 5.00 o 6.00 de la tarde, como en la mayor parte de Europa, acaban a las 7.00, 8.00 o 9.00 de la noche. Y esto no solo supone reducir el tiempo de vida personal. La productividad también cae en picado. Decenas de estudios sostienen que los españoles trabajan más horas que la media europea y, sin embargo, son menos productivos.

La ARHOE declara en su manifiesto «que las jornadas laborales prolongadas perjudican la calidad de vida de los empleados y no son rentables para las empresas». Además, «la relación entre la dirección y el personal colaborador ha de estar sustentada en conseguir resultados y basarse en la confianza y el compromiso, y no solo en el cumplimiento estricto del horario».

Muchos piensan que pasar más tiempo fuera de la oficina aumenta la productividad de un empleado. Esto ocurre, sobre todo, en oficios relacionados con la creatividad, según Miguel Olivares, cofundador de La Despensa. En 2003 esta agencia de comunicación creó un invento llamado ‘El boli que se cae a las 7’. En las instrucciones decía: «Cuando se acerquen las 7 de la tarde, afloje la muñeca como si fuese a hacer el saludo de la Familia Real (…). En cuanto se caiga el bolígrafo póngase inmediatamente de pie, coja el abrigo y repita, en voz alta y de forma reiterada ‘Hasta mañana, hasta mañana’. Agache la cabeza y vaya directamente hacia la puerta. Si su superior inmediato intenta hablarle, despístele (sin dejar de andar hacia la salida) con mentiras del tipo: ‘Odio tener que llevarme trabajo a casa, pero en fin… Hasta mañana, hasta mañana’».

boli1

boli2

La agencia enviaba este boli a otras empresas cuando empezaban a trabajar juntos. Era una forma decir que «si nuestros clientes viven mejor, nosotros viviremos mejor», especifica Olivares. «Queríamos hacer ver que todo lo que se vive fuera de la agencia ayuda a hacer mejor tu trabajo. La creatividad y las ideas crecen yendo al cine, visitando exposiciones y viendo otras cosas que no están dentro de la oficina».

Once años después, los bolis, en la mayoría del planeta, siguen sin caer a las 7 de cada país. «La situación ha ido a peor», indica el director creativo. «Hemos oído casos de personas que incluso han muerto en sus puestos de trabajo». Por eso hay que recuperar el boli. Aunque esta vez viene en versión avanzada. Dentro de una caja similar a la de los productos Mac hay dos bolígrafos. Uno con capucha roja y otro con capucha negra. Los dos se meten en un troquel metálico y el nuevo artefacto se introduce en un enchufe de la oficina.

¡¡ త ☣ ☠ !!

Los plomos saltan. No hay luz. Hay que irse a casa. Es una recomendación indicada en las instrucciones del boli: «Mejor que ser positivo es meter el bolígrafo que se cae a las siete en el positivo y el negativo».

«Sabemos que utilizando este invento puedes morir», advierte Olivares, «pero estar todo el día trabajando tampoco es vida».

b2

b3

b4

El 28 de julio de 1914 Europa se convirtió en un «matadero internacional enloquecido». Así llamó Louis-Ferdinand Céline a la Primera Guerra Mundial en Viaje al fin de la noche. Veinticinco años después se desató una nueva demencia planetaria asesina. Por aquel entonces en España gobernaba un dictador que dormía con redecilla en la cabeza para mantener el orden de las cosas… o de los pelos. A Franco le gustaba Hitler y sus tropas. Tanto que contradijo la rectitud de las líneas y ordenó que los relojes españoles se alinearan con los alemanes en vez de regirse por el meridiano de Greenwich.

España, desde entonces, se convirtió en un país tardío. El dictador ordenó a las cadenas de radio emitir sus noticias propagandísticas a la hora de comer, 2.30 de la tarde, y la hora de cenar, 10.00 de la noche. En el resto de Europa, en cambio, en esos momentos iban ya por el fin de la digestión.

La dictadura se disolvió, pero el guiño a Hitler se instaló en el reloj biológico de los españoles. Las paellas a las 3.00 de la tarde, las siestas y las cenas al fin del día se han convertido en una de las señas de identidad y tópicos habituales de este país.

España, en sus horarios, efectivamente, es diferente. Y eso ha levantado una amplia literatura a favor y en contra, incluso en grandes medios internacionales. El pasado 17 de febrero The New York Times publicaba un reportaje titulado Spain, Land of 10 P.M. Dinners, Asks if It’s Time to Reset Clock (España, tierra de cenas a las 10 de la noche, se pregunta si es hora de reajustar el reloj). Al día siguiente Slate publicó otro artículo, a modo de respuesta, titulado Spain Shouldn’t Change Its Mealtimes. We Should Change Ours (España no debería cambiar el horario de sus comidas. Nosotros deberíamos cambiar las nuestras).

En España el debate surgió hace años. La Asociación para la Racionalización de Horarios (ARHOE) reivindica volver al huso horario que corresponde al país. La entidad afirma que este desfase horario se traduce en jornadas laborales que, en vez de terminar a las 5.00 o 6.00 de la tarde, como en la mayor parte de Europa, acaban a las 7.00, 8.00 o 9.00 de la noche. Y esto no solo supone reducir el tiempo de vida personal. La productividad también cae en picado. Decenas de estudios sostienen que los españoles trabajan más horas que la media europea y, sin embargo, son menos productivos.

La ARHOE declara en su manifiesto «que las jornadas laborales prolongadas perjudican la calidad de vida de los empleados y no son rentables para las empresas». Además, «la relación entre la dirección y el personal colaborador ha de estar sustentada en conseguir resultados y basarse en la confianza y el compromiso, y no solo en el cumplimiento estricto del horario».

Muchos piensan que pasar más tiempo fuera de la oficina aumenta la productividad de un empleado. Esto ocurre, sobre todo, en oficios relacionados con la creatividad, según Miguel Olivares, cofundador de La Despensa. En 2003 esta agencia de comunicación creó un invento llamado ‘El boli que se cae a las 7’. En las instrucciones decía: «Cuando se acerquen las 7 de la tarde, afloje la muñeca como si fuese a hacer el saludo de la Familia Real (…). En cuanto se caiga el bolígrafo póngase inmediatamente de pie, coja el abrigo y repita, en voz alta y de forma reiterada ‘Hasta mañana, hasta mañana’. Agache la cabeza y vaya directamente hacia la puerta. Si su superior inmediato intenta hablarle, despístele (sin dejar de andar hacia la salida) con mentiras del tipo: ‘Odio tener que llevarme trabajo a casa, pero en fin… Hasta mañana, hasta mañana’».

boli1

boli2

La agencia enviaba este boli a otras empresas cuando empezaban a trabajar juntos. Era una forma decir que «si nuestros clientes viven mejor, nosotros viviremos mejor», especifica Olivares. «Queríamos hacer ver que todo lo que se vive fuera de la agencia ayuda a hacer mejor tu trabajo. La creatividad y las ideas crecen yendo al cine, visitando exposiciones y viendo otras cosas que no están dentro de la oficina».

Once años después, los bolis, en la mayoría del planeta, siguen sin caer a las 7 de cada país. «La situación ha ido a peor», indica el director creativo. «Hemos oído casos de personas que incluso han muerto en sus puestos de trabajo». Por eso hay que recuperar el boli. Aunque esta vez viene en versión avanzada. Dentro de una caja similar a la de los productos Mac hay dos bolígrafos. Uno con capucha roja y otro con capucha negra. Los dos se meten en un troquel metálico y el nuevo artefacto se introduce en un enchufe de la oficina.

¡¡ త ☣ ☠ !!

Los plomos saltan. No hay luz. Hay que irse a casa. Es una recomendación indicada en las instrucciones del boli: «Mejor que ser positivo es meter el bolígrafo que se cae a las siete en el positivo y el negativo».

«Sabemos que utilizando este invento puedes morir», advierte Olivares, «pero estar todo el día trabajando tampoco es vida».

b2

b3

b4

Compártelo twitter facebook whatsapp
Historias contadas sobre arena
El Botero que no pinta gente gorda
La figuración abstracta de Alexey Luka
La nueva gestión de marca
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 49
    • Documéntate un poco y comprobarás que nuestro huso horario se debe a semejante paranoia. Veo que nunca te has preguntado porque nuestro horario es una hora más que el de Reino Unido o Portugal.

    • Vivo en Holanda y te garantizo que el que aquí se caiga el boli a las 5, es igual que si en España se cae a las 7. Las tiendas cierran, es hora de cenar y todo el mundo se va a casa. Los niños se acuestan a las 7, los mayores a las 9 o 10 y hasta el día siguiente. Que padres y madres tengan más flexibilidad, es verdad, pero por lo demás, acabemos con el mito de los horarios de oficina europeos.

      • sí, pero aún así, se les sigue cayendo a las 17… que cierra todo como dices? cierto, pero y qué mismo da? el horario holandés que comentsd, es mucho mejor. Y aplicado a España ni te cuento… para qué coño quieres dos horas para comer?..

  • Algo de masoquismo hay en este país, algo de sadismo también. Racionalizar los horarios de trabajo parece fuera de nuestro alcance. Hay que cambiar las tendencias. Entrar al trabajo a las 8.30 como muy tarde y salir a las 17 horas, si uno entra a las 8. Media hora o una hora para comer…y fuera…tiempo para practicar deporte, tiempo para vagabundear por las calles, tiempo para ir a recoger a los niños, jugar con ellos, tiempo para leer, tiempo para pelearte con la pareja o reírte con ella, o f….con ella…tiempo libre para lo que te apetezca…Claro que la gente se queja a veces de vicio. Seguro que si una empresa decide cambiar los horarios y en lugar de entrar las nueve para salir a las seis se fija entrar a las ocho para salir a las cinco me temo que algunos pondrían el grito en el cielo…Y si las televisiones pretenden tener en vela a la mayoría con sus programas nocturnos a horarios indecentes – yo hace mucho tiempo que decidí pasar de la televisión que yo no pueda controlar con mi mando -, dejemos de ver la televisión…seamos más europeos, porque en eso sí que vamos a salir ganando.

  • Aunque es cierto el motivo del cambio de hora, el tema de las comidas y cenas tardías tienen su origen más bien en el hecho de que en la posguerra la gente se pluriempleaba doblaba la jornada laboral. Comían y cenaban al final de cada una. Por otro lado, el hecho de que la gente trabaje hasta tarde tiene que ver también con las relaciones laborales. Aún así, yo soy procambio de hora.
    Como siempre, la idea de La Despensa, genial. 🙂

  • Adelantar los horarios es un paso necesario, pero no puede hacerse si los colegios o guarderías no van a la par.

  • Sería ideal que pudiera ser así, pero no nos dejan los clientes, todos quieren ser atendidos, cuando ellos terminan sus jornadas laborales….. es un círculo vicioso.

  • Si seguimos diciendo que salir a nuestra hora es conciliar es que no hemos aprendido nada. Salir a las 7 es salir a tu hora. Conciliar es otra cosa. Conciliar es dar facilidades para trabajar en casa, es dar ayudas para comer y para educar a tus hijos o dependientes, flexibilizar horarios y coordinar el trabajo en equipo. Eso es conciliar!

    • ¿¿1 hora para comer?? Eso es lo que no resulta razonable 🙂

      Como dicen por ahí, trabajo “en Europa”, así que entro a las 8 y salgo a las 16:30, incluyendo media hora de comida de la que siempre me sobran 10 minutos. Y nadie me mide con cronómetro el resto de las pausas que hago 🙂

  • 19h es tarde!!! Y los clientes también lo necesitan porque eso de que se van antes no funciona así en todos…no se necesitan bolis, sólo empezar a hacerlo y cambiar costumbres. Tenemos que vivir!!!

  • Una idea muy buena, de verdad. Muy buena la iniciativa de la Despensa.

    Aunque el hecho de que el boli se caiga a las 7 y no a las 5 o a las 6 delata lo mal que nos va en las agencias. Salir a las 7 es, con todo, un fracaso para la vida personal.

  • En Italia en invierno la noche llega a las 16, y es muy feo de verdad.
    En cambio, el horario de trabajo se acaba igualmente a las 19, a veces también a las 19 y 30.
    Así que el horario de España me parece una pasada.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *