27 de abril 2011    /   BUSINESS
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Bolivia otorgará a la naturaleza los mismos derechos que al hombre en su legislación

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El universo siempre ha tenido un jefe. Hace muchos siglos fue la naturaleza. El dios del sol, el de la lluvia, el del viento… dominaban el mundo. Lo hacían en Egipto, lo hacían entre los aztecas… El medievo en Occidente impuso que dios solo hay uno y el que manda es él. El Renacimiento se llevó esta filosofía teocrática y dijo que no era dios, sino el hombre, el mismísimo centro del universo. Y en estas nos hemos quedado desde entonces. El hombre, con sus máquinas, se han impuesto en el planeta y su supremacía ha quedado reflejada incluso en los textos legales…. Hasta ahora. Porque en Bolivia la ‘Madre Tierra’ tiene el mismo derecho a la vida que las personas y está a punto de entrar en la legislación.
El antropocentrismo occidental tiene sus días contados en la legislación de Bolivia. El sistema legal de este país está en reestructuración, después del cambio de su constitución en 2009, y ha incluido un anteproyecto de ley ‘de la Madre Tierra’, según un artículo de The Guardian.
La propuesta surge de grupos indígenas de los Andes y cuenta con el apoyo del presidente del país, Evo Morales, y su gobierno. La Ley de la Madre Tierra califica los depósitos minerales del país como “bendiciones” y tiene como finalidad controlar la expansión industrial, reducir la contaminación y detener en la medida de lo posible el cambio climático.
El anteproyecto de ley de derechos de la Madre Tierra establece como principios de “obligado cumplimiento”, entre otros, el bien colectivo, la regeneración de la Madre Tierra y la no mercantilización de los sistemas de vida (“comunidades de plantas, animales, microorganismos y otros seres y su entorno”).
Entre los derechos de la Madre Tierra se incluyen el “derecho a la vida”, a la “diversidad de la vida”, “al agua”, “al aire limpio”, “al equilibrio”, “a la restauración” y “a vivir libre de contaminación”.
La ley establece la creación de un organismo (Defensoría de la Madre Tierra) destinado a velar y promocionar estos derechos, y dará a las comunidades poder para controlar a las industrias contaminantes. El líder de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesions de Bolivia, Undarico Pinto, dijo a The Guardian que “las leyes actuales no son lo suficientemente duras”. La nueva ley, a su parecer, “hará a la industria más transparente. Permitirá a las personas regular la industria a escala nacional, regional y local”.
Para los pueblos indígenas la Pachamama (Madre Tierra) es un ser vivo con los mismos derechos que las personas. El borrador de esta ley dice, según el periódico británico, que la Tierra es “sagrada, fértil y la fuente de vida que alimenta y cuida a todos los seres vivos que acoge en su seno. Está en permanente equilibrio, armonía y comunicación con el cosmos. Está compuesta por todos sus ecosistemas y seres vivos, y la organización de estos”.

Un reconocimiento así rompe con la tradición legislativa occidental antropocéntrica y puede suponer un paso definitivo en el cuidado del medio ambiente. El único gesto similar lo dio Ecuador, al reconocer a la naturaleza, en su constitución, “el derecho de existir, persistir, mantener y regenerar sus ciclos vitales, estructuras, funciones y sus procesos en evolución”.
La intención de Ecuador es muy loable, aunque, según el artículo de The Guardian, “los derechos abstractos no han originado nuevas leyes ni han evitado que las compañías petroleras destruyan algunas de las zonas más ricas biológicamente del Amazonas”.





Foto de portada: Wikimedia Commons
Imágenes en el post de Martha de Jong_Lantink reproducidas bajo licencia CC.

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El antropocentrismo occidental tiene sus días contados en la legislación de Bolivia. El sistema legal de este país está en reestructuración, después del cambio de su constitución en 2009, y ha incluido un anteproyecto de ley ‘de la Madre Tierra’, según un artículo de The Guardian.
La propuesta surge de grupos indígenas de los Andes y cuenta con el apoyo del presidente del país, Evo Morales, y su gobierno. La Ley de la Madre Tierra califica los depósitos minerales del país como “bendiciones” y tiene como finalidad controlar la expansión industrial, reducir la contaminación y detener en la medida de lo posible el cambio climático.
El anteproyecto de ley de derechos de la Madre Tierra establece como principios de “obligado cumplimiento”, entre otros, el bien colectivo, la regeneración de la Madre Tierra y la no mercantilización de los sistemas de vida (“comunidades de plantas, animales, microorganismos y otros seres y su entorno”).
Entre los derechos de la Madre Tierra se incluyen el “derecho a la vida”, a la “diversidad de la vida”, “al agua”, “al aire limpio”, “al equilibrio”, “a la restauración” y “a vivir libre de contaminación”.
La ley establece la creación de un organismo (Defensoría de la Madre Tierra) destinado a velar y promocionar estos derechos, y dará a las comunidades poder para controlar a las industrias contaminantes. El líder de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesions de Bolivia, Undarico Pinto, dijo a The Guardian que “las leyes actuales no son lo suficientemente duras”. La nueva ley, a su parecer, “hará a la industria más transparente. Permitirá a las personas regular la industria a escala nacional, regional y local”.
Para los pueblos indígenas la Pachamama (Madre Tierra) es un ser vivo con los mismos derechos que las personas. El borrador de esta ley dice, según el periódico británico, que la Tierra es “sagrada, fértil y la fuente de vida que alimenta y cuida a todos los seres vivos que acoge en su seno. Está en permanente equilibrio, armonía y comunicación con el cosmos. Está compuesta por todos sus ecosistemas y seres vivos, y la organización de estos”.

Un reconocimiento así rompe con la tradición legislativa occidental antropocéntrica y puede suponer un paso definitivo en el cuidado del medio ambiente. El único gesto similar lo dio Ecuador, al reconocer a la naturaleza, en su constitución, “el derecho de existir, persistir, mantener y regenerar sus ciclos vitales, estructuras, funciones y sus procesos en evolución”.
La intención de Ecuador es muy loable, aunque, según el artículo de The Guardian, “los derechos abstractos no han originado nuevas leyes ni han evitado que las compañías petroleras destruyan algunas de las zonas más ricas biológicamente del Amazonas”.





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