14 de diciembre 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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Se buscan lectores vírgenes para fotolibros de culto

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Desde el verano pasado, cuando el PhotobookMuseum fue inaugurado en Colonia (Alemania), Markus Schaden ha dedicado todos sus viernes, sus sábados y sus domingos a guiar a grupos de hasta 100 personas por las diferentes exposiciones de libros de fotografía que ha habido en sus instalaciones. Un privilegio para los visitantes de este novedoso museo, único en el mundo y nacido con la vocación de ser itinerante.
No es lo más común que un hombre con su reputación, que ya fue editor, librero, comisario, profesor y miembro de prestigiosos jurados de fotografía, se encargue personalmente de mostrar a un público de neófitos las joyas ocultas en las páginas de los fotolibros. Pero él es alguien con una misión: conseguir más lectores para este formato.
«Necesitamos que haya más personas capaces de disfrutar de un fotolibro igual que lo hacen con la literatura. No tienen por qué ser fotógrafos o coleccionistas. Estoy convencido de que existe un público potencial muy amplio para el fotolibro», asegura.
Para avalar su teoría, cita su ejemplo preferido: Paloma al aire, de Ricardo Cases. «Cuando todavía existía la tienda Schaden, era uno de los libros que más llamaba la atención. La gente flipaba», asegura Markus.

En su obsesión por atraer a un público más amplio hacia el fotolibro, Markus no ha escatimando en creatividad. Ni corto ni perezoso, ha recreado en su museo el Café Lehmitz de Anders Petersen, para que los visitantes puedan sentirse parte de este mítico fotolibro.

Sus esfuerzos están siendo recompensados. Más de 15.000 personas han pasado por el museo en tan solo cuatro meses. Un logro notable, si tenemos en cuenta que este proyecto se ha realizado con una modesta inversión de 20.000 euros y un año de preparación.
«No eran solo profesionales del sector. Dos tercios de los visitantes son personas con un nivel cultural medio, a quienes les gusta la fotografía, pero no están especialmente familiarizados con los libros de este género», cuenta desde Colonia. Su objetivo es desarrollar una cultura del fotolibro en un espacio franco, en el que cualquiera puede ojear una de estas obras.
El caso del PhotobookMuseum es una muestra más de la madurez que este soporte ha alcanzado en el último lustro. Una nueva generación de fotógrafos y editores parece estar empeñada en sacar de una vez las fotografías de las paredes para colocarlas en secuencias impresas. Se trata de una nueva narrativa visual, cuyos cánones todavía están por establecer. 

«Una nueva generación de fotógrafos y editores parece estar empeñada en sacar de una vez las fotografías de las paredes para colocarlas en secuencias impresas»


«El fotolibro es un medio universal que está cerca de la literatura y del cine, con la gran diferencia de que no necesita traducción. Por eso es todavía más universal», señala André Príncipe, cofundador de la editorial portuguesa Pierre von Kleist. «Es literatura en imágenes», resume Markus Schaden.
«Me gusta mucho comparar el fotolibro con el desarrollo de las revistas ilustradas tipo Life. Hubo un momento en el que el mundo fue descubierto por mucha gente a través de estas revistas. Y eso fue tan fuerte, que generó un desencanto y una caída de interés por cómo nos contaban las imágenes. El siguiente paso es entender el mundo de una forma personal y cómo los autores cuentan la aproximación con las cosas que fotografían», afirma Claudi Carreras, comisario catalán experto en fotografía latinoamericana.
Este auge se está viendo correspondido por la consolidación de eventos como Fiebre, que este fin de semana ha cumplido su segunda edición en la escuela Blank Paper de Madrid. Es la única feria especializada en fotolibros de España. Un evento todavía incipiente, si lo comparamos con los de Francia, pero en alza. De un año para otro, el número de editoriales ha crecido un 50 % y cada vez hay más de autores que acuden a Madrid para presentar sus últimos trabajos.
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Este año, fotógrafos veteranos como Cristóbal Hara, que presenta Los ensayos banales, comparten cartel con autores que se estrenan con su primer libro, como Toni Amengual (PAIN) y Ana Galán (Vivr(e) la vie).
«La idea es publicar entre siete y 10 ensayos», explica Cristóbal Hara, que para su último trabajo ha escogido Ediciones Anómalas, una editorial independiente y mucho más pequeña que la mítica Steidl. «El tamaño no es lo importante, lo que interesa es que sepan de libros y que ayuden al autor a realizar la mejor obra posible. Nunca he publicado un libro personal con una editorial con la que no pueda controlar todo el proceso. Y Steidl tampoco es la típica editorial grande. Su foco no es ganar dinero con los libros, sino publicar libros excepcionalmente bien producidos, sin morir en el intento», añade Hara.
«PAIN es un conjunto de 120 retratos de calle de gente en la que a mi forma de ver está presente el dolor existencial. Es un documento de un momento y una época», explica Amengual, que ha optado por la auto-edición para su primer libro. Su diseño provocador y su concepto novedoso, con la idea de la bandera y un plegado japonés que obliga a romper el libro para poder ver lo que contiene, ha suscitado mucho debate nada más salir de la imprenta.
«Tenía claro que quería que el libro fuese un documento del malestar y el dolor de la calle en los tiempos que corren. Quería hacer un formato novela. Tenía como referencia las novelas pulp. Y el título tenía que aprovechar el hecho de que la palabra PAIN (dolor en inglés) esté contenida en SPAIN», explica Toni Amengual.
En 2013, presentó su libro al concurso de fotolibro Iberoamericano de la editorial catalano-mexicana RM y se quedó a un palmo de conseguir el premio. «Tuve la suerte de quedar finalista, y todavía más suerte de no ganar el concurso, porque eso me ha obligado a coordinar y supervisar todo el proceso. Durante un año he aprendido muchísimo sobre materiales, modos de plegado, formas de impresión…  Ese aprendizaje es la parte que más me gusta», asegura Amengual.

RM es sin duda una actor importante para la creación y difusión del fotolibro, no solo en España, sino en toda Iberoamérica. El caso de Toni Amengual demuestra que su impulso va mucho más allá de ofrecer premios y ayudas para la publicación de los autores premiados. El aval que supone ser nominados por grandes nombres de la fotografía como Martin Parr, Alec Soth o Daido Moriyama termina teniendo un efecto boomerang, que contribuye a que a se publiquen más libros. «Si una banda de rock independiente produce 5.000 álbumes, ¿por qué un fotolibro no puede tener una tirada de 4.000-5.000 ejemplares?
Pese al optimismo empiezan a surgir algunas preocupaciones también para estos profesionales: el sector del fotolibro, advierten, está cada vez más saturado. Dentro de esta fiebre por revivir este soporte tradicional la oferta está sobrepasando la demanda.
«El fotolibro ahora mismo tiene un boom enorme. Los fotógrafos se están dando cuenta de que la mejor inversión que pueden hacer es tener uno, porque la difusión de su trabajo es mucho mayor que con una exposición», explica Ramón Reverté, de RM.
«Lo que pasa es que se están publicando muchas cosas que quizás no se deberían publicar. No hay tanto talento para hacer tantos libros. En este momento hay demasiadas publicaciones y mucha gente sin el criterio suficiente para saber cuáles son las buenas y las malas», agrega.

«Si una banda de rock independiente produce 5.000 álbumes, ¿por qué un fotolibro no puede tener una tirada de 4.000-5.000 ejemplares?»


Michael Mack, considerado uno de los editores de fotolibros más reconocidos del mundo, cree que solo hay que publicar un libro si la obra lo requiere. En otras palabras, no toda fotografía es susceptible de acabar enmarcada en una pared o impresa en forma de fotolibro.
«No es necesario hacer un libro y el criterio a seguir debe ser si la obra es apropiada para este formato. Un trabajo tiene que llevar algo más congruente para convertirse en un objeto», afirma Mack en una conversación por Skype desde Londres. Por otra parte, reconoce que hoy existen muy buenas editoriales, cada vez más, que están trabajando my bien y con altos estándares de calidad.
«Se hacen libros demasiado rápido y muchas veces solo para las listas de fotolibros del año. Nosotros somos más clásicos, preferimos hacer libros con más tiempo», señala André Príncipe, de Pierre von Kleist. Este joven portugués representa una nueva generación de editores que están mucho más interesados en el autor y en su visión del mundo, que en publicar para copar listas.
Como dice André entre risas, «nuestra aspiración es hacer grandes libros , libros do caralho». Y añade, más serio: «Yo quiero hacer aquellos libros que no se hicieron en los años 70 y 80, cuando había muchos fotógrafos increíbles. En aquella época no había editores que supiesen entender el trabajo de estos fotógrafos. En Japón, en cambio, los editores siempre estuvieron a la altura: Moriyama ha hecho 200 libros, Araki 300».

Nacida en 2009, la editorial tiene en su catálogo 19 títulos publicados en cinco años. «Hace cinco años casi nadie en el sur de Europa hacía fotolibros. Ni siquiera había ferias de fotolibros», recuerda José Pedro Cortes, co-fundador de Pierre von Kleist.
«Fuimos los primeros editores de la Europa del Sur en ir a Offprint», resalta André Príncipe, en referencia a la feria de fotolibros paralela a Paris Photo, cuya primera edición se remonta a 2010. Este año son los únicos ‘extranjeros’ en Fiebre, aunque ellos reivindican el papel de vecinos e ibéricos.
«Hay tanta competencia en este momento, que si haces un libro mediocre o simplemente bueno no es suficiente. Tiene que ser muy bueno, si no, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir en el mercado. El público cada vez sabe más y es más exigente», añade Reverté.
Para él, a largo plazo se va a publicar menos, pero con más calidad. En este sentido, la auto-publicación entraña el riesgo de convertirse, a veces, en un bálsamo para el ego más que en una herramienta para tener el control de la producción de un fotolibro.
«No creo que podamos decir que un libro haya sido publicado si el autor se limita a ponerlo en Blurb y a pedir a sus amigos que lo compren. El año pasado Blurb publicó 1,2 millones de libros. Pero esto es hacer copias gracias a una plataforma online, no es publicar. Publicar para mí tiene que ver con encontrar un público y que el trabajo sea visto de forma exhaustiva», señala Mack.
Un caso aparte representa Ca L’Isidret, un modelo a medio camino entre una editorial y la auto-publicación asociada. «Somos tres amigos que compartíamos la preocupación de que nuestros libros no iban a ser publicados de la forma que nos gustaría. Entonces fundamos una editorial y decidimos que solo íbamos a publicar nuestros libros», cuenta Aleix Plademunt. En dos años, han sacado siete títulos.
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Diente de chucho (Juan Diego Valera) Ca L’isidret Edicions

«Ya tenemos una nueva generación de fotógrafos y de editores. No estaría mal si apareciese una nueva generación de comisarios y de distribuidores. El fotógrafo ya tiene bastante trabajo con pensar el proyecto, llevarlo a cabo, hace el libro, hasta ir a las ferias para venderlo… No puede hacer todo solo. Al final, no nos va a quedar más tiempo para hacer fotos, que es la primera intención del autor», afirma Aleix Plademunt.
Michael Mack se muestra preocupado con otro fenómeno ligado al mundo del fotolibro: los movimientos especulativos.
«Hay mucha gente que está haciendo dinero con el boom del fotolibro, y sin embargo, muchos artistas no están ganando nada», comenta. «Muchos editores supuestamente creíbles piden al autor que pague para hacer su publicación. Al final es una auto-edición que en realidad no lo es. Nosotros intentamos ofrecer un contrato al autor que incluye el pago de royalties, una vez que se han cubierto los costes», agrega.

«Michael Mack se muestra indignado con los editores que exigen dinero a los autores para publicar sus libros»


Michael Mack, considerado uno de los editores de fotolibros más reconocidos del mundo, cree que solo hay que publicar un libro si la obra lo requiere. En otras palabras, no toda fotografía es susceptible de acabar enmarcada en una pared o impresa en forma de fotolibro.
«No es necesario hacer un libro y el criterio a seguir debe ser si la obra es apropiada para este formato. Un trabajo tiene que llevar algo más congruente para convertirse en un objeto», afirma Mack en una conversación por Skype desde Londres. Por otra parte, reconoce que hoy existen muy buenas editoriales, cada vez más, que están trabajando my bien y con altos estándares de calidad.
«Se hacen libros demasiado rápido y muchas veces solo para las listas de fotolibros del año. Nosotros somos más clásicos, preferimos hacer libros con más tiempo», señala André Príncipe, de Pierre von Kleist. Este joven portugués representa una nueva generación de editores que están mucho más interesados en el autor y en su visión del mundo, que en publicar para copar listas.
Como dice André entre risas, «nuestra aspiración es hacer grandes libros , libros do caralho». Y añade, más serio: «Yo quiero hacer aquellos libros que no se hicieron en los años 70 y 80, cuando había muchos fotógrafos increíbles. En aquella época no había editores que supiesen entender el trabajo de estos fotógrafos. En Japón, en cambio, los editores siempre estuvieron a la altura: Moriyama ha hecho 200 libros, Araki 300».

Nacida en 2009, la editorial tiene en su catálogo 19 títulos publicados en cinco años. «Hace cinco años casi nadie en el sur de Europa hacía fotolibros. Ni siquiera había ferias de fotolibros», recuerda José Pedro Cortes, co-fundador de Pierre von Kleist.
«Fuimos los primeros editores de la Europa del Sur en ir a Offprint», resalta André Príncipe, en referencia a la feria de fotolibros paralela a Paris Photo, cuya primera edición se remonta a 2010. Este año son los únicos ‘extranjeros’ en Fiebre, aunque ellos reivindican el papel de vecinos e ibéricos.
«Hay tanta competencia en este momento, que si haces un libro mediocre o simplemente bueno no es suficiente. Tiene que ser muy bueno, si no, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir en el mercado. El público cada vez sabe más y es más exigente», añade Reverté.
Para él, a largo plazo se va a publicar menos, pero con más calidad. En este sentido, la auto-publicación entraña el riesgo de convertirse, a veces, en un bálsamo para el ego más que en una herramienta para tener el control de la producción de un fotolibro.
«No creo que podamos decir que un libro haya sido publicado si el autor se limita a ponerlo en Blurb y a pedir a sus amigos que lo compren. El año pasado Blurb publicó 1,2 millones de libros. Pero esto es hacer copias gracias a una plataforma online, no es publicar. Publicar para mí tiene que ver con encontrar un público y que el trabajo sea visto de forma exhaustiva», señala Mack.
Un caso aparte representa Ca L’Isidret, un modelo a medio camino entre una editorial y la auto-publicación asociada. «Somos tres amigos que compartíamos la preocupación de que nuestros libros no iban a ser publicados de la forma que nos gustaría. Entonces fundamos una editorial y decidimos que solo íbamos a publicar nuestros libros», cuenta Aleix Plademunt. En dos años, han sacado siete títulos.
1diente
Diente de chucho (Juan Diego Valera) Ca L’isidret Edicions

«Ya tenemos una nueva generación de fotógrafos y de editores. No estaría mal si apareciese una nueva generación de comisarios y de distribuidores. El fotógrafo ya tiene bastante trabajo con pensar el proyecto, llevarlo a cabo, hace el libro, hasta ir a las ferias para venderlo… No puede hacer todo solo. Al final, no nos va a quedar más tiempo para hacer fotos, que es la primera intención del autor», afirma Aleix Plademunt.
Michael Mack se muestra preocupado con otro fenómeno ligado al mundo del fotolibro: los movimientos especulativos.
«Hay mucha gente que está haciendo dinero con el boom del fotolibro, y sin embargo, muchos artistas no están ganando nada», comenta. «Muchos editores supuestamente creíbles piden al autor que pague para hacer su publicación. Al final es una auto-edición que en realidad no lo es. Nosotros intentamos ofrecer un contrato al autor que incluye el pago de royalties, una vez que se han cubierto los costes», agrega.

«Michael Mack se muestra indignado con los editores que exigen dinero a los autores para publicar sus libros»


Para Mack, se ha cruzado una delgada línea roja en el mundo editorial y se muestra indignado con aquellos empresarios que exigen dinero a los autores a cambio de visibilidad. «Ésta es la versión más extrema de no recibir dinero con tu obra. Y esa es la razón de que hay tantos libros en el mercado en este momento. Hay muchos autores y editores dispuestos a jugar este juego. Yo creo que como editores, es nuestra obligación trabajar con los autores y ser una plataforma para crear una audiencia para sus nuevas ideas y su obra. Y es lo que ofrece una editorial como la nuestra», señala Mack.
Cabe destacar que el fotolibro todavía es, al menos por el momento, un fenómeno prevalentemente europeo, norteamericano y japonés. Con la excepción del trabajo de RM en México y de un par de editoriales pequeñas en países como Perú, no hay un gran movimiento en torno al fotolibro aunque se podría considerar a São Paulo como el baluarte de este medio en la región. Aquí Estúdio Madalena ha creado una librería especializada y una editorial con el fin de impulsar el fotolibro en Brasil. Distribuyen libros de Mack, Aperture, auto-ediciones y muchos libros europeos.
Fundada en 2012, la Editora Madalena es fruto de la asociación del catalán Claudi Carreras y del comisario brasileño Iatã Cannabrava. «Es una editorial que surge de la necesidad. Siempre hemos creído en el mundo editorial como una forma para visibilizar los trabajos y generar discursos propios. Por el camino apareció Claudia Jaguaribe, una artista de Rio de Janeiro que vive en São Paulo. Estaba preparando el libro Sobre São Paulo, que de hecho es el primer libro que publicamos. Nos encantó el proyecto, entramos con la editora y funcionamos tan bien juntos que nos hicimos socios», cuenta Claudi Carreras. En dos años han publicado siete libros.
«El problema en América Latina es que hay talento para la fotografía, pero todavía no existe una educación visual para el fotolibro. Los diseñadores gráficos latinoamericanos no han entendido ese concepto. Por eso las propuestas que se hacen como libro son muy flojas», explica Ramón Reverté.
«Esto también se explica porque son mercados muy cerrados. En Venezuela no entra nada de fuera, en Argentina pasa lo mismo. Los libros que vienen de fuera son carísimos y tampoco se ha desarrollado el mundo de los PhotoBook Clubs. Conclusión: la gente no ha tenido acceso a los nuevos fotolibros que se están haciendo. Están 20 años atrás», añade.
Claudi Carreras está convencido de que los autores latinoamericanos poco a poco se irán entregando a este formato. De hecho, algunos ya han empezado. «Es un proceso todavía embrionario, que va a ser muy interesante en los próximos años», aventura.
Para afianzarse a nivel internacional, la Editora Madalena se ha presentado por primera vez en la última edición de Paris Photo. La acogida ha sido muy buena. «Hay una lista de espera muy grande, pero nos aceptaron porque no hay librerías de América Latina. Decidimos llevar no sólo nuestros libros, sino una selección de libros latinoamericanos. Y la verdad que nos ha ido muy bien. En París se ha valorado nuestra mirada fresca y diferente. Hay mucho interés para ver qué se está haciendo en Brasil», cuenta Claudi. Eso sí, les retuvieron los libros en la aduana y casi se quedaron sin feria. «Casi nos dio un infarto. A nivel logístico es complicadísimo traer libros de América del Sur», añade.
Volviendo a la ‘fiebre española’, a esta altura del campeonato ya nadie duda de que la fotografía española esté viviendo su momento de gloria, y no solo porque lo dice The British Journal of Photography. Un año después de publicar ‘Casa de Campo’, de Antonio, Xoubanova, Michael Mack acaba de lanzar el último libro de Ricardo Cases, ‘El porqué de las naranjas’, y revela que para el año que viene está trabajando con otro autor español, Txema Salvans. Y para más orgullo patrio, Mack asegura que en España, junto con Japón, se hacen las mejores y más cuidadas maquetas de fotolibros.
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Casa de Campo (Antonio Xoubanova)

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Casa de Campo (Antonio Xoubanova)

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El porqué de las naranjas (Ricardo Cases)

«Los autores españoles se interesan por el diseño, el tipo de papel y de costura…. Esto es fruto del trabajo en común de varios colectivos que trabajan juntos, editan juntos y se apoyan mutuamente», cuenta el británico. Para él, la situación económica actual ha contribuido a que los fotógrafos españoles se sumerjan en una introspección, que ha resultado ser muy provechosa.
Marckus Schaden, que también atribuye parte de ese éxito a la crisis económica, tampoco se ha salvado del hechizo español. «Nosotros hemos tenido a tres españoles en el museo este año: Carlos Spottorno, Cristina de Middel y Ricardo Cases. Eso lo dice todo sobre la buena salud de la fotografía española», asegura.
Y hay más: el año que viene se está planteando trasladar su PhotobookMuseum al Festival de Gexto. Todo esto a pesar de que le llueven las invitaciones desde países como China, donde dice que están locos por hacer fotolibros, Indonesia o la India.
En cuanto al fotolibro, ya quedan lejos las dudas que hace tan sólo un par de años se centraban en un dilema muy manido entorno a si es una moda pasajera o no. Hoy los términos del debate han cambiado diametralmente. La pregunta del millón es: ¿cuánto tardará el público de cinéfilos, de amantes de la literatura y de la cultura en general en darse cuenta de que el fotolibro existe?
«Diez años», afirma convencido Schaden. “El boom del fotolibro tiene 10 años y está impactando a los nuevos fotógrafos. Pero poco a poco va calando más en los que están interesados en el lenguaje visual, en el arte y la fotografía. Lo que falta ahora es que el libro de fotografía entre en los museos, algo que ya está comenzando a pasar. Para que llegásemos hasta aquí, el fotolibro ha tenido que convertirse en un objeto de arte», reflexiona Ramón Reverté.
«Si una banda de rock independiente produce 5.000 álbumes o si un filme independiente consigue 10.000 espectadores, ¿por qué un fotolibro no puede tener una tirada de 4.000-5.000 ejemplares?», se pregunta André Príncipe.
«Tenemos que luchar para que el público se sienta interesado por las historias contadas a través de fotografía», añade Claudi Carreras.
«Si algo es realmente bueno, al final encontrará su camino», asegura Mack. «Si un libro es inteligente, está bien hecho, es convincente, tiene excelentes fotografías y un diseño excelente… Si todos estos elementos confluyen, no es una coincidencia que el libro se convierta en un éxito», concluye Mack.
Un éxito que en breve podría pasar a ser sinónimo de mucho público, y no solo de premios y menciones de honor.
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Pain (Toni Amengual)

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Pain (Toni Amengual)

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Pain (Toni Amengual)

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El porqué de las naranjas (Ricardo Cases) Mack

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Ser Sangre (Iñaki Domingo) RM

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Ser Sangre (Iñaki Domingo) RM

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Desde el verano pasado, cuando el PhotobookMuseum fue inaugurado en Colonia (Alemania), Markus Schaden ha dedicado todos sus viernes, sus sábados y sus domingos a guiar a grupos de hasta 100 personas por las diferentes exposiciones de libros de fotografía que ha habido en sus instalaciones. Un privilegio para los visitantes de este novedoso museo, único en el mundo y nacido con la vocación de ser itinerante.
No es lo más común que un hombre con su reputación, que ya fue editor, librero, comisario, profesor y miembro de prestigiosos jurados de fotografía, se encargue personalmente de mostrar a un público de neófitos las joyas ocultas en las páginas de los fotolibros. Pero él es alguien con una misión: conseguir más lectores para este formato.
«Necesitamos que haya más personas capaces de disfrutar de un fotolibro igual que lo hacen con la literatura. No tienen por qué ser fotógrafos o coleccionistas. Estoy convencido de que existe un público potencial muy amplio para el fotolibro», asegura.
Para avalar su teoría, cita su ejemplo preferido: Paloma al aire, de Ricardo Cases. «Cuando todavía existía la tienda Schaden, era uno de los libros que más llamaba la atención. La gente flipaba», asegura Markus.

En su obsesión por atraer a un público más amplio hacia el fotolibro, Markus no ha escatimando en creatividad. Ni corto ni perezoso, ha recreado en su museo el Café Lehmitz de Anders Petersen, para que los visitantes puedan sentirse parte de este mítico fotolibro.

Sus esfuerzos están siendo recompensados. Más de 15.000 personas han pasado por el museo en tan solo cuatro meses. Un logro notable, si tenemos en cuenta que este proyecto se ha realizado con una modesta inversión de 20.000 euros y un año de preparación.
«No eran solo profesionales del sector. Dos tercios de los visitantes son personas con un nivel cultural medio, a quienes les gusta la fotografía, pero no están especialmente familiarizados con los libros de este género», cuenta desde Colonia. Su objetivo es desarrollar una cultura del fotolibro en un espacio franco, en el que cualquiera puede ojear una de estas obras.
El caso del PhotobookMuseum es una muestra más de la madurez que este soporte ha alcanzado en el último lustro. Una nueva generación de fotógrafos y editores parece estar empeñada en sacar de una vez las fotografías de las paredes para colocarlas en secuencias impresas. Se trata de una nueva narrativa visual, cuyos cánones todavía están por establecer. 

«Una nueva generación de fotógrafos y editores parece estar empeñada en sacar de una vez las fotografías de las paredes para colocarlas en secuencias impresas»


«El fotolibro es un medio universal que está cerca de la literatura y del cine, con la gran diferencia de que no necesita traducción. Por eso es todavía más universal», señala André Príncipe, cofundador de la editorial portuguesa Pierre von Kleist. «Es literatura en imágenes», resume Markus Schaden.
«Me gusta mucho comparar el fotolibro con el desarrollo de las revistas ilustradas tipo Life. Hubo un momento en el que el mundo fue descubierto por mucha gente a través de estas revistas. Y eso fue tan fuerte, que generó un desencanto y una caída de interés por cómo nos contaban las imágenes. El siguiente paso es entender el mundo de una forma personal y cómo los autores cuentan la aproximación con las cosas que fotografían», afirma Claudi Carreras, comisario catalán experto en fotografía latinoamericana.
Este auge se está viendo correspondido por la consolidación de eventos como Fiebre, que este fin de semana ha cumplido su segunda edición en la escuela Blank Paper de Madrid. Es la única feria especializada en fotolibros de España. Un evento todavía incipiente, si lo comparamos con los de Francia, pero en alza. De un año para otro, el número de editoriales ha crecido un 50 % y cada vez hay más de autores que acuden a Madrid para presentar sus últimos trabajos.
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Este año, fotógrafos veteranos como Cristóbal Hara, que presenta Los ensayos banales, comparten cartel con autores que se estrenan con su primer libro, como Toni Amengual (PAIN) y Ana Galán (Vivr(e) la vie).
«La idea es publicar entre siete y 10 ensayos», explica Cristóbal Hara, que para su último trabajo ha escogido Ediciones Anómalas, una editorial independiente y mucho más pequeña que la mítica Steidl. «El tamaño no es lo importante, lo que interesa es que sepan de libros y que ayuden al autor a realizar la mejor obra posible. Nunca he publicado un libro personal con una editorial con la que no pueda controlar todo el proceso. Y Steidl tampoco es la típica editorial grande. Su foco no es ganar dinero con los libros, sino publicar libros excepcionalmente bien producidos, sin morir en el intento», añade Hara.
«PAIN es un conjunto de 120 retratos de calle de gente en la que a mi forma de ver está presente el dolor existencial. Es un documento de un momento y una época», explica Amengual, que ha optado por la auto-edición para su primer libro. Su diseño provocador y su concepto novedoso, con la idea de la bandera y un plegado japonés que obliga a romper el libro para poder ver lo que contiene, ha suscitado mucho debate nada más salir de la imprenta.
«Tenía claro que quería que el libro fuese un documento del malestar y el dolor de la calle en los tiempos que corren. Quería hacer un formato novela. Tenía como referencia las novelas pulp. Y el título tenía que aprovechar el hecho de que la palabra PAIN (dolor en inglés) esté contenida en SPAIN», explica Toni Amengual.
En 2013, presentó su libro al concurso de fotolibro Iberoamericano de la editorial catalano-mexicana RM y se quedó a un palmo de conseguir el premio. «Tuve la suerte de quedar finalista, y todavía más suerte de no ganar el concurso, porque eso me ha obligado a coordinar y supervisar todo el proceso. Durante un año he aprendido muchísimo sobre materiales, modos de plegado, formas de impresión…  Ese aprendizaje es la parte que más me gusta», asegura Amengual.

RM es sin duda una actor importante para la creación y difusión del fotolibro, no solo en España, sino en toda Iberoamérica. El caso de Toni Amengual demuestra que su impulso va mucho más allá de ofrecer premios y ayudas para la publicación de los autores premiados. El aval que supone ser nominados por grandes nombres de la fotografía como Martin Parr, Alec Soth o Daido Moriyama termina teniendo un efecto boomerang, que contribuye a que a se publiquen más libros. «Si una banda de rock independiente produce 5.000 álbumes, ¿por qué un fotolibro no puede tener una tirada de 4.000-5.000 ejemplares?
Pese al optimismo empiezan a surgir algunas preocupaciones también para estos profesionales: el sector del fotolibro, advierten, está cada vez más saturado. Dentro de esta fiebre por revivir este soporte tradicional la oferta está sobrepasando la demanda.
«El fotolibro ahora mismo tiene un boom enorme. Los fotógrafos se están dando cuenta de que la mejor inversión que pueden hacer es tener uno, porque la difusión de su trabajo es mucho mayor que con una exposición», explica Ramón Reverté, de RM.
«Lo que pasa es que se están publicando muchas cosas que quizás no se deberían publicar. No hay tanto talento para hacer tantos libros. En este momento hay demasiadas publicaciones y mucha gente sin el criterio suficiente para saber cuáles son las buenas y las malas», agrega.

«Si una banda de rock independiente produce 5.000 álbumes, ¿por qué un fotolibro no puede tener una tirada de 4.000-5.000 ejemplares?»


Michael Mack, considerado uno de los editores de fotolibros más reconocidos del mundo, cree que solo hay que publicar un libro si la obra lo requiere. En otras palabras, no toda fotografía es susceptible de acabar enmarcada en una pared o impresa en forma de fotolibro.
«No es necesario hacer un libro y el criterio a seguir debe ser si la obra es apropiada para este formato. Un trabajo tiene que llevar algo más congruente para convertirse en un objeto», afirma Mack en una conversación por Skype desde Londres. Por otra parte, reconoce que hoy existen muy buenas editoriales, cada vez más, que están trabajando my bien y con altos estándares de calidad.
«Se hacen libros demasiado rápido y muchas veces solo para las listas de fotolibros del año. Nosotros somos más clásicos, preferimos hacer libros con más tiempo», señala André Príncipe, de Pierre von Kleist. Este joven portugués representa una nueva generación de editores que están mucho más interesados en el autor y en su visión del mundo, que en publicar para copar listas.
Como dice André entre risas, «nuestra aspiración es hacer grandes libros , libros do caralho». Y añade, más serio: «Yo quiero hacer aquellos libros que no se hicieron en los años 70 y 80, cuando había muchos fotógrafos increíbles. En aquella época no había editores que supiesen entender el trabajo de estos fotógrafos. En Japón, en cambio, los editores siempre estuvieron a la altura: Moriyama ha hecho 200 libros, Araki 300».

Nacida en 2009, la editorial tiene en su catálogo 19 títulos publicados en cinco años. «Hace cinco años casi nadie en el sur de Europa hacía fotolibros. Ni siquiera había ferias de fotolibros», recuerda José Pedro Cortes, co-fundador de Pierre von Kleist.
«Fuimos los primeros editores de la Europa del Sur en ir a Offprint», resalta André Príncipe, en referencia a la feria de fotolibros paralela a Paris Photo, cuya primera edición se remonta a 2010. Este año son los únicos ‘extranjeros’ en Fiebre, aunque ellos reivindican el papel de vecinos e ibéricos.
«Hay tanta competencia en este momento, que si haces un libro mediocre o simplemente bueno no es suficiente. Tiene que ser muy bueno, si no, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir en el mercado. El público cada vez sabe más y es más exigente», añade Reverté.
Para él, a largo plazo se va a publicar menos, pero con más calidad. En este sentido, la auto-publicación entraña el riesgo de convertirse, a veces, en un bálsamo para el ego más que en una herramienta para tener el control de la producción de un fotolibro.
«No creo que podamos decir que un libro haya sido publicado si el autor se limita a ponerlo en Blurb y a pedir a sus amigos que lo compren. El año pasado Blurb publicó 1,2 millones de libros. Pero esto es hacer copias gracias a una plataforma online, no es publicar. Publicar para mí tiene que ver con encontrar un público y que el trabajo sea visto de forma exhaustiva», señala Mack.
Un caso aparte representa Ca L’Isidret, un modelo a medio camino entre una editorial y la auto-publicación asociada. «Somos tres amigos que compartíamos la preocupación de que nuestros libros no iban a ser publicados de la forma que nos gustaría. Entonces fundamos una editorial y decidimos que solo íbamos a publicar nuestros libros», cuenta Aleix Plademunt. En dos años, han sacado siete títulos.
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Diente de chucho (Juan Diego Valera) Ca L’isidret Edicions

«Ya tenemos una nueva generación de fotógrafos y de editores. No estaría mal si apareciese una nueva generación de comisarios y de distribuidores. El fotógrafo ya tiene bastante trabajo con pensar el proyecto, llevarlo a cabo, hace el libro, hasta ir a las ferias para venderlo… No puede hacer todo solo. Al final, no nos va a quedar más tiempo para hacer fotos, que es la primera intención del autor», afirma Aleix Plademunt.
Michael Mack se muestra preocupado con otro fenómeno ligado al mundo del fotolibro: los movimientos especulativos.
«Hay mucha gente que está haciendo dinero con el boom del fotolibro, y sin embargo, muchos artistas no están ganando nada», comenta. «Muchos editores supuestamente creíbles piden al autor que pague para hacer su publicación. Al final es una auto-edición que en realidad no lo es. Nosotros intentamos ofrecer un contrato al autor que incluye el pago de royalties, una vez que se han cubierto los costes», agrega.

«Michael Mack se muestra indignado con los editores que exigen dinero a los autores para publicar sus libros»


Michael Mack, considerado uno de los editores de fotolibros más reconocidos del mundo, cree que solo hay que publicar un libro si la obra lo requiere. En otras palabras, no toda fotografía es susceptible de acabar enmarcada en una pared o impresa en forma de fotolibro.
«No es necesario hacer un libro y el criterio a seguir debe ser si la obra es apropiada para este formato. Un trabajo tiene que llevar algo más congruente para convertirse en un objeto», afirma Mack en una conversación por Skype desde Londres. Por otra parte, reconoce que hoy existen muy buenas editoriales, cada vez más, que están trabajando my bien y con altos estándares de calidad.
«Se hacen libros demasiado rápido y muchas veces solo para las listas de fotolibros del año. Nosotros somos más clásicos, preferimos hacer libros con más tiempo», señala André Príncipe, de Pierre von Kleist. Este joven portugués representa una nueva generación de editores que están mucho más interesados en el autor y en su visión del mundo, que en publicar para copar listas.
Como dice André entre risas, «nuestra aspiración es hacer grandes libros , libros do caralho». Y añade, más serio: «Yo quiero hacer aquellos libros que no se hicieron en los años 70 y 80, cuando había muchos fotógrafos increíbles. En aquella época no había editores que supiesen entender el trabajo de estos fotógrafos. En Japón, en cambio, los editores siempre estuvieron a la altura: Moriyama ha hecho 200 libros, Araki 300».

Nacida en 2009, la editorial tiene en su catálogo 19 títulos publicados en cinco años. «Hace cinco años casi nadie en el sur de Europa hacía fotolibros. Ni siquiera había ferias de fotolibros», recuerda José Pedro Cortes, co-fundador de Pierre von Kleist.
«Fuimos los primeros editores de la Europa del Sur en ir a Offprint», resalta André Príncipe, en referencia a la feria de fotolibros paralela a Paris Photo, cuya primera edición se remonta a 2010. Este año son los únicos ‘extranjeros’ en Fiebre, aunque ellos reivindican el papel de vecinos e ibéricos.
«Hay tanta competencia en este momento, que si haces un libro mediocre o simplemente bueno no es suficiente. Tiene que ser muy bueno, si no, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir en el mercado. El público cada vez sabe más y es más exigente», añade Reverté.
Para él, a largo plazo se va a publicar menos, pero con más calidad. En este sentido, la auto-publicación entraña el riesgo de convertirse, a veces, en un bálsamo para el ego más que en una herramienta para tener el control de la producción de un fotolibro.
«No creo que podamos decir que un libro haya sido publicado si el autor se limita a ponerlo en Blurb y a pedir a sus amigos que lo compren. El año pasado Blurb publicó 1,2 millones de libros. Pero esto es hacer copias gracias a una plataforma online, no es publicar. Publicar para mí tiene que ver con encontrar un público y que el trabajo sea visto de forma exhaustiva», señala Mack.
Un caso aparte representa Ca L’Isidret, un modelo a medio camino entre una editorial y la auto-publicación asociada. «Somos tres amigos que compartíamos la preocupación de que nuestros libros no iban a ser publicados de la forma que nos gustaría. Entonces fundamos una editorial y decidimos que solo íbamos a publicar nuestros libros», cuenta Aleix Plademunt. En dos años, han sacado siete títulos.
1diente
Diente de chucho (Juan Diego Valera) Ca L’isidret Edicions

«Ya tenemos una nueva generación de fotógrafos y de editores. No estaría mal si apareciese una nueva generación de comisarios y de distribuidores. El fotógrafo ya tiene bastante trabajo con pensar el proyecto, llevarlo a cabo, hace el libro, hasta ir a las ferias para venderlo… No puede hacer todo solo. Al final, no nos va a quedar más tiempo para hacer fotos, que es la primera intención del autor», afirma Aleix Plademunt.
Michael Mack se muestra preocupado con otro fenómeno ligado al mundo del fotolibro: los movimientos especulativos.
«Hay mucha gente que está haciendo dinero con el boom del fotolibro, y sin embargo, muchos artistas no están ganando nada», comenta. «Muchos editores supuestamente creíbles piden al autor que pague para hacer su publicación. Al final es una auto-edición que en realidad no lo es. Nosotros intentamos ofrecer un contrato al autor que incluye el pago de royalties, una vez que se han cubierto los costes», agrega.

«Michael Mack se muestra indignado con los editores que exigen dinero a los autores para publicar sus libros»


Para Mack, se ha cruzado una delgada línea roja en el mundo editorial y se muestra indignado con aquellos empresarios que exigen dinero a los autores a cambio de visibilidad. «Ésta es la versión más extrema de no recibir dinero con tu obra. Y esa es la razón de que hay tantos libros en el mercado en este momento. Hay muchos autores y editores dispuestos a jugar este juego. Yo creo que como editores, es nuestra obligación trabajar con los autores y ser una plataforma para crear una audiencia para sus nuevas ideas y su obra. Y es lo que ofrece una editorial como la nuestra», señala Mack.
Cabe destacar que el fotolibro todavía es, al menos por el momento, un fenómeno prevalentemente europeo, norteamericano y japonés. Con la excepción del trabajo de RM en México y de un par de editoriales pequeñas en países como Perú, no hay un gran movimiento en torno al fotolibro aunque se podría considerar a São Paulo como el baluarte de este medio en la región. Aquí Estúdio Madalena ha creado una librería especializada y una editorial con el fin de impulsar el fotolibro en Brasil. Distribuyen libros de Mack, Aperture, auto-ediciones y muchos libros europeos.
Fundada en 2012, la Editora Madalena es fruto de la asociación del catalán Claudi Carreras y del comisario brasileño Iatã Cannabrava. «Es una editorial que surge de la necesidad. Siempre hemos creído en el mundo editorial como una forma para visibilizar los trabajos y generar discursos propios. Por el camino apareció Claudia Jaguaribe, una artista de Rio de Janeiro que vive en São Paulo. Estaba preparando el libro Sobre São Paulo, que de hecho es el primer libro que publicamos. Nos encantó el proyecto, entramos con la editora y funcionamos tan bien juntos que nos hicimos socios», cuenta Claudi Carreras. En dos años han publicado siete libros.
«El problema en América Latina es que hay talento para la fotografía, pero todavía no existe una educación visual para el fotolibro. Los diseñadores gráficos latinoamericanos no han entendido ese concepto. Por eso las propuestas que se hacen como libro son muy flojas», explica Ramón Reverté.
«Esto también se explica porque son mercados muy cerrados. En Venezuela no entra nada de fuera, en Argentina pasa lo mismo. Los libros que vienen de fuera son carísimos y tampoco se ha desarrollado el mundo de los PhotoBook Clubs. Conclusión: la gente no ha tenido acceso a los nuevos fotolibros que se están haciendo. Están 20 años atrás», añade.
Claudi Carreras está convencido de que los autores latinoamericanos poco a poco se irán entregando a este formato. De hecho, algunos ya han empezado. «Es un proceso todavía embrionario, que va a ser muy interesante en los próximos años», aventura.
Para afianzarse a nivel internacional, la Editora Madalena se ha presentado por primera vez en la última edición de Paris Photo. La acogida ha sido muy buena. «Hay una lista de espera muy grande, pero nos aceptaron porque no hay librerías de América Latina. Decidimos llevar no sólo nuestros libros, sino una selección de libros latinoamericanos. Y la verdad que nos ha ido muy bien. En París se ha valorado nuestra mirada fresca y diferente. Hay mucho interés para ver qué se está haciendo en Brasil», cuenta Claudi. Eso sí, les retuvieron los libros en la aduana y casi se quedaron sin feria. «Casi nos dio un infarto. A nivel logístico es complicadísimo traer libros de América del Sur», añade.
Volviendo a la ‘fiebre española’, a esta altura del campeonato ya nadie duda de que la fotografía española esté viviendo su momento de gloria, y no solo porque lo dice The British Journal of Photography. Un año después de publicar ‘Casa de Campo’, de Antonio, Xoubanova, Michael Mack acaba de lanzar el último libro de Ricardo Cases, ‘El porqué de las naranjas’, y revela que para el año que viene está trabajando con otro autor español, Txema Salvans. Y para más orgullo patrio, Mack asegura que en España, junto con Japón, se hacen las mejores y más cuidadas maquetas de fotolibros.
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Casa de Campo (Antonio Xoubanova)

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Casa de Campo (Antonio Xoubanova)

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El porqué de las naranjas (Ricardo Cases)

«Los autores españoles se interesan por el diseño, el tipo de papel y de costura…. Esto es fruto del trabajo en común de varios colectivos que trabajan juntos, editan juntos y se apoyan mutuamente», cuenta el británico. Para él, la situación económica actual ha contribuido a que los fotógrafos españoles se sumerjan en una introspección, que ha resultado ser muy provechosa.
Marckus Schaden, que también atribuye parte de ese éxito a la crisis económica, tampoco se ha salvado del hechizo español. «Nosotros hemos tenido a tres españoles en el museo este año: Carlos Spottorno, Cristina de Middel y Ricardo Cases. Eso lo dice todo sobre la buena salud de la fotografía española», asegura.
Y hay más: el año que viene se está planteando trasladar su PhotobookMuseum al Festival de Gexto. Todo esto a pesar de que le llueven las invitaciones desde países como China, donde dice que están locos por hacer fotolibros, Indonesia o la India.
En cuanto al fotolibro, ya quedan lejos las dudas que hace tan sólo un par de años se centraban en un dilema muy manido entorno a si es una moda pasajera o no. Hoy los términos del debate han cambiado diametralmente. La pregunta del millón es: ¿cuánto tardará el público de cinéfilos, de amantes de la literatura y de la cultura en general en darse cuenta de que el fotolibro existe?
«Diez años», afirma convencido Schaden. “El boom del fotolibro tiene 10 años y está impactando a los nuevos fotógrafos. Pero poco a poco va calando más en los que están interesados en el lenguaje visual, en el arte y la fotografía. Lo que falta ahora es que el libro de fotografía entre en los museos, algo que ya está comenzando a pasar. Para que llegásemos hasta aquí, el fotolibro ha tenido que convertirse en un objeto de arte», reflexiona Ramón Reverté.
«Si una banda de rock independiente produce 5.000 álbumes o si un filme independiente consigue 10.000 espectadores, ¿por qué un fotolibro no puede tener una tirada de 4.000-5.000 ejemplares?», se pregunta André Príncipe.
«Tenemos que luchar para que el público se sienta interesado por las historias contadas a través de fotografía», añade Claudi Carreras.
«Si algo es realmente bueno, al final encontrará su camino», asegura Mack. «Si un libro es inteligente, está bien hecho, es convincente, tiene excelentes fotografías y un diseño excelente… Si todos estos elementos confluyen, no es una coincidencia que el libro se convierta en un éxito», concluye Mack.
Un éxito que en breve podría pasar a ser sinónimo de mucho público, y no solo de premios y menciones de honor.
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Pain (Toni Amengual)

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Pain (Toni Amengual)

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Pain (Toni Amengual)

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El porqué de las naranjas (Ricardo Cases) Mack

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Ser Sangre (Iñaki Domingo) RM

1bloody
Ser Sangre (Iñaki Domingo) RM

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