16 de diciembre 2014    /   CINE/TV
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Borgen: una escena, una lección de suspense

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Hitchcock explicó el concepto de suspense con dos jugadores de ajedrez y una bomba: «[El público] quiere decir a los personajes: “No habléis de tonterías: hay una bomba debajo de la mesa”». Con este ejemplo pensaremos que el suspense consiste en resaltar un peligro inminente. Sin embargo, Hitchcock advierte que el suspense es una técnica —que puede emplearse en cualquier género y contexto— antes que un género dramático.
En el primer capítulo de la serie Borgen hay un ejemplo perfecto del uso del suspense, sencillo, sin alusión al peligro de muerte.
(Contiene spoilers)
Realmente, la bomba a punto de estallar es una metáfora. Una información sensible también puede «estallar». Es lo que ocurre en Borgen con consecuencias no previstas.
La escena de suspense tiene un elaborado antecedente. Comienza con la mujer del primer ministro de Dinamarca, bebida, irritada y empeñada en comprar un bolso de 12.000 euros. Hesselboe, el primer ministro, no quiere un escándalo y, sin la billetera a mano, compra el bolso con una tarjeta con cargo a fondos públicos.
Antes de continuar, destacar que el primer ministro es del partido liberal (la derecha), sin embargo no está dibujado como un tipo prepotente: está preocupado por el error: no es una caricatura del político ladrón.
El consejero del primer ministro no tiene tiempo de arreglar el lío: esa noche muere tras hacer el amor con una periodista. La joven, llorosa y nerviosa, telefonea a quien cree un amigo: a Kasper, consejero de Birgitte Nyborg, rival político del primer ministro.
«Toma un taxi, yo me ocupo de todo», tranquiliza Kasper a la periodista. Y recogiendo las cosas de la joven encuentra la factura del bolso. Parece un deus ex machina de tomo y lomo: el consejero muere, la amante llama a un rival político, la factura cae de una carpeta. Y es posible que lo sea, pero consideramos deus ex machina el truco barato que resuelve una historia, no el truco que hace avanzar la narración. Lo importante es que Kasper pretende chantajear al primer ministro a cambio de unos ministerios o provocar su dimisión pasando la información a la prensa. (Al parecer, en Dinamarca, según Borgen, dimiten los políticos por cosas así).
Birgitte Nyborg, jefa de Kasper, líder del partido moderado, no quiere usar la factura: «No me perdonaré si llego al poder de esa forma». Tiene principios; horas antes rompe con el partido laborista (la izquierda) porque el líder pretende expulsar a los refugiados.
Kasper no tiene principios y entrega la información a Laugesen, el líder laborista. El dibujo de Laugesen sí parece caer en la parodia del político de izquierdas institucionalizado: «Los de izquierdas también sabemos impresionar», dice a los invitados a su fastuosa fiesta para recabar fondos. Escenas más adelante, el guion lo perfila como arribista: «Es ingenua la idea de que una nación es gobernada por su pueblo: el pueblo no gobierna nada», dice Laugesen. «Un pequeño círculo privilegiado de personas gobierna Dinamarca», remata.
LA ESCENA DE SUSPENSE
Laugesen dice a Kasper que soltará la información de la factura en el debate final de campaña entre los líderes de las diferentes fuerzas. (Al parecer, en Dinamarca, según Borgen, todos los candidatos a primer ministro se reúnen para debatir en la tele). El debate entre los candidatos es resuelto de forma rápida y llega el momento de los discursos finales. El espectador escucha todos los discursos igual que escucharía a los ajedrecistas con la bomba: espera el BOOM. El espectador sabe que las consecuencias no serán más dramáticas que una explosión, pero no soporta la espera. Finalmente, Laugesen habla…

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En el primer capítulo de la serie Borgen hay un ejemplo perfecto del uso del suspense, sencillo, sin alusión al peligro de muerte.
(Contiene spoilers)
Realmente, la bomba a punto de estallar es una metáfora. Una información sensible también puede «estallar». Es lo que ocurre en Borgen con consecuencias no previstas.
La escena de suspense tiene un elaborado antecedente. Comienza con la mujer del primer ministro de Dinamarca, bebida, irritada y empeñada en comprar un bolso de 12.000 euros. Hesselboe, el primer ministro, no quiere un escándalo y, sin la billetera a mano, compra el bolso con una tarjeta con cargo a fondos públicos.
Antes de continuar, destacar que el primer ministro es del partido liberal (la derecha), sin embargo no está dibujado como un tipo prepotente: está preocupado por el error: no es una caricatura del político ladrón.
El consejero del primer ministro no tiene tiempo de arreglar el lío: esa noche muere tras hacer el amor con una periodista. La joven, llorosa y nerviosa, telefonea a quien cree un amigo: a Kasper, consejero de Birgitte Nyborg, rival político del primer ministro.
«Toma un taxi, yo me ocupo de todo», tranquiliza Kasper a la periodista. Y recogiendo las cosas de la joven encuentra la factura del bolso. Parece un deus ex machina de tomo y lomo: el consejero muere, la amante llama a un rival político, la factura cae de una carpeta. Y es posible que lo sea, pero consideramos deus ex machina el truco barato que resuelve una historia, no el truco que hace avanzar la narración. Lo importante es que Kasper pretende chantajear al primer ministro a cambio de unos ministerios o provocar su dimisión pasando la información a la prensa. (Al parecer, en Dinamarca, según Borgen, dimiten los políticos por cosas así).
Birgitte Nyborg, jefa de Kasper, líder del partido moderado, no quiere usar la factura: «No me perdonaré si llego al poder de esa forma». Tiene principios; horas antes rompe con el partido laborista (la izquierda) porque el líder pretende expulsar a los refugiados.
Kasper no tiene principios y entrega la información a Laugesen, el líder laborista. El dibujo de Laugesen sí parece caer en la parodia del político de izquierdas institucionalizado: «Los de izquierdas también sabemos impresionar», dice a los invitados a su fastuosa fiesta para recabar fondos. Escenas más adelante, el guion lo perfila como arribista: «Es ingenua la idea de que una nación es gobernada por su pueblo: el pueblo no gobierna nada», dice Laugesen. «Un pequeño círculo privilegiado de personas gobierna Dinamarca», remata.
LA ESCENA DE SUSPENSE
Laugesen dice a Kasper que soltará la información de la factura en el debate final de campaña entre los líderes de las diferentes fuerzas. (Al parecer, en Dinamarca, según Borgen, todos los candidatos a primer ministro se reúnen para debatir en la tele). El debate entre los candidatos es resuelto de forma rápida y llega el momento de los discursos finales. El espectador escucha todos los discursos igual que escucharía a los ajedrecistas con la bomba: espera el BOOM. El espectador sabe que las consecuencias no serán más dramáticas que una explosión, pero no soporta la espera. Finalmente, Laugesen habla…

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Opiniones 2
  • También he visto Borgen, estoy con la segunda temporada. Es una gran serie, mucho mejor para mi que la sobrevalorada «House of cards». En House of cards la primera temporada comienza fnomenal y Kevin Spacey y Robin Wright son dos grandes pesos pesados que bordan su papel de malos calculadores pero el retrato de la política se les va de las manos completamente.
    Borgen acojona porque si en Dinamarca hay esos tejemanejes políticos (que son calderilla) no quiero ni pensar cómo será aquí.

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