fbpx
24 de julio 2019    /   CIENCIA
por
Ilustración  DAQ Studio

El experto en biomecánica Borja Sainz desarticula los mitos de que el deporte y el yoga son buenos porque sí

Lo beneficioso, dice, es moverse. Y moverse bien: en yoga, haciendo deporte y caminando por la calle

24 de julio 2019    /   CIENCIA     por        Ilustración  DAQ Studio
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Poner una tuerca, poner otra tuerca…
pegado a la cadena de montaje, clavado al sitio…
A toda velocidad, sin despegar un pie del suelo.

Charles Chaplin anunció en Tiempos modernos el pelotazo sedentario que, con las fábricas, se venía encima. Después llegó el ordenador y… «¡Olvídate! Nuestra vida consiste en estar tumbados mientras dormimos. Nos levantamos y lo primero que hacemos es sentarnos para cagar o mear [ja, ja, ja]. Nos sentamos después en el coche o el transporte público, nos sentamos en el trabajo, nos sentamos en nuestra casa y tatatatatá».

Borja Sainz está descalzo en su estudio Lighthouse Yoga de Madrid. Hasta el despacho lo han traído unos pasos que parecían, más que hundirse, sobrevolar el parqué. Frente a las chepas que pueblan las calles, él anda estirado como una espiga. Frente a las miradas barresuelos de los que transitan las avenidas, él mira al horizonte. Estos dos gestos le bastan para no ir aplastado por la gravedad y lo muestra recorriendo, como un cisne, de aquí allá, todos los suelos del estudio de yoga.

«Lo único que hay que hacer es poner la cabeza en su sitio. La sensación que tienes en el rostro y en la parte frontal de tu cerebro cambia. Te percibes de forma distinta. Te alegras un poco. Te hace ser más feliz», ríe.

Sainz es experto en biomecánica o «movimiento funcional» del cuerpo. Dice que es «un enfoque relativamente moderno, que arrancó con el descubrimiento del tejido conectivo: la fascia, que ahora tan de moda está. Tú puedes coger un músculo y desligarlo del resto del cuerpo para estudiarlo, pero no puedes separar el tejido conectivo, porque está enmarañado por dentro y por fuera del músculo».

La biomecánica desmiente esa visión clásica de que lo que sostiene a una persona en pie son los huesos y los músculos. «¡Mentira!», prorrompe. «Te sostiene tu tejido conectivo. El músculo, si no se mueve, se atrofia. Pero el tejido conectivo se está regenerando todo el rato. Tú puedes estar tumbada en el sofá y el tejido conectivo se está reorganizando. Funciona como las placas tectónicas».

Es curioso que, aunque nos llevamos encima, vivimos de espaldas a nuestro cuerpo. A los movimientos ¡ni te cuento! Este profesor y fundador del canal Yogabasement en YouTube dice que de esta mínima consciencia corporal surgen mitos como: ‘El yoga es muy bueno’, ‘el deporte es muy bueno’. «No. Es que te estás moviendo y moverse es muy bueno. Moverte es lo que hace que te sientas mejor, porque reorganizas tu tejido conectivo y mejora la circulación sanguínea».

Es curioso que no nos alarme vivir sentados en una silla. Esto que parece tan civilizado, tan normal, es funesto. Sainz se estruja la muñeca y explica: «Esto es un ejemplo muy a lo bestia, pero estar sentado todo el día también corta la circulación. La sangre sigue fluyendo pero los capilares más pequeños están comprimidos. Y si el tejido conectivo genera más adherencia, ya no fluye sangre por los microcapilares que llevan el alimento a las células y que recogen los desechos».

¿A cuántas personas conoces que tengan conciencia de sus movimientos?

A nadie. Los más interesados somos los que estudiamos la parte más contemporánea del yoga. Más que en las posturas, nos enfocados en la biomecánica: en el impacto que generan las fuerzas sobre un organismo. Esto afecta incluso a la genética. ¿Por qué crees que la gente en Perú es bajita y tiene unos pulmones que flipas? Los humanos nos vamos adaptando al lugar donde vivimos. Un individuo del norte de Europa puede ser muy racista y puede que no le gusten los africanos. Pero es una cuestión mental. Solo tienes que mandarlo al Serengueti [un parque natural en Tanzania] a ver cuánto dura. Es la mejor lección contra el racismo: moverte también ayuda a combatirlo [ja, ja, ja].

¿Cuánto hay de física, química, cultura y educación en nuestra forma de movernos?

Desde la revolución industrial hemos ido haciéndonos más sedentarios. Ahora hay muchos adultos aterrados porque los niños no salen a la calle: esto ocurre porque pueden tener una experiencia más intensa mirando una pantalla. La realidad que percibían nuestros abuelos estaba enfrascada en el entorno en el que vivían: tenían que salir y moverse. Ahora lo tenemos todo en el móvil. No me voy a mover para sentirme libre porque en el móvil ya tengo experiencias que me generan libertad.

También depende del país en el que vivas. En las zonas más pobres, la gente se mueve más en el día a día. No hay muchos medios de transporte y en casa no tienen tantas distracciones. Tienen que salir para socializar y hacer cosas. En cambio, en el primer mundo, la gente apenas se mueve. No solo porque utilizamos más el coche. Es qué ¿dónde pueden jugar los niños al fútbol? Ya no pueden jugar en la calle.

En el movimiento hay también un aspecto cultural. En Japón emplean una comunicación no verbal muy medida: en la forma de colocar las cosas, en la forma de comer, en la forma de entregar las tarjetas de visita… Pasear por Tokio me relaja. Todo está tan ordenado, no hay ruido… En España metes a cuatro personas en un bar y hay más ruido que en una avenida de Japón.

No sé cuál sería el movimiento español. Mmm… Hacemos mucho aspaviento… En otros países gesticulan menos. Lo curioso es que hemos vinculado la idea de hacer deporte y salud, y no tiene por qué ser así. Nos fascina lo que hacen los atletas de élite pero no es saludable. Tenemos el mejor ejemplo con Rafa Nadal. Ha ganado 12 veces el Roland Garrós pero está reventao.

¿Qué contamos con nuestra forma de caminar, de coger objetos, de subir escaleras, de tender la mano…?

Esto es lo que hace el body reading. La lectura corporal revela la historia de una persona. Es un mapa que muestra cómo tu cuerpo pisa la tierra, cómo la gravedad ejerce una fuerza sobre tu cuerpo, cómo estás viviendo tu vida. Cuando ves a una persona de 30 años que tiene los hombros redondeados y empiezas a hacerle preguntas, suele decir que trabaja sentado. Y es habitual que en su tiempo libre también lo esté.

Pero no todos los cuerpos reaccionan igual. El componente genético es importante. Hay personas que, aunque pasen menos tiempo sentadas, sufren más tensión muscular que alguien que pasa muchas más horas en una silla.

Mi maestro dice que nos hemos empeñado en pensar que la salud se adquiere cuidando el cuerpo. No es verdad. Hay una parte importante de la salud que es un estado mental. Hay gente que no tiene una buena condición física y goza de enorme salud. Pero vivimos en una sociedad que nos dice: «Si te esfuerzas, lo conseguirás», pensamos que si hacemos deporte y desayunamos batidos de apio y espinacas (que luego te hace pucheros el ojete a la media hora y estás ahí en el váter: ¡Que me muero!), vas a estar más saludable. No, no funciona así. Si tener salud fuese tan sencillo, nadie estaría mal.

Y ahí volvemos al movimiento: moverse genera un impacto a nivel neuronal. En mis cursos de biomecánica y de yoga enseño a que el alumno entienda qué está pasando en su cuerpo. Los que nos dedicamos a esto no nos interesa tanto arreglar a los demás como arreglarnos a nosotros mismos. Es así [ja, ja, ja]. Esa es la esencia para poder ayudar a otra persona: cuando has aprendido a estar bien porque estás conociendo tu cuerpo, es más fácil ver cómo funciona otro cuerpo humano.

Las posturas también producen un efecto neurológico. Hay mucha gente que, al correr, mira al suelo. Nuestra cabeza evolucionó para mirar al horizonte, pero ¿qué pasa hoy? Que miramos el móvil. De forma inconsciente, nuestro patrón es mirar al suelo. Es deprimente. Yo sé que tienes miedo a pisar una mierda de perro, pero es deprimente porque no ves el mundo.

¿Qué movimientos te gustan: los de las artes marciales, el ballet, el yoga…?

Los del yoga, no. Hoy hay una visión del yoga en líneas rectas, pero ¿por qué quieren representar líneas rectas, simetrías, cuando no hay ni una sola línea recta en tu cuerpo? La postura es muy bonita: el triángulo perfecto… Pero cuando te fijas en lo que pasa en las articulaciones, no me parece elegante.

El bailarín y el gimnasta tienen una cierta conciencia de lo que están haciendo. Saben que están llevando su cuerpo al extremo y el tipo de lesiones a las que se enfrentan. Pero, claro, detrás de eso hay un ansia de superación de la leche. En el yoga no hay afán de superación (bueno, hoy existen campeonatos de yoga, que me parecen la cosa más… ¿qué término utilizo? …Simple…). En el yoga no hay un conocimiento profundo de lo que alguien está haciendo; simplemente sigue instrucciones: el pie así, esto y lo otro… y se destrozan el cuerpo. Te lesiones más cuanto más lo practicas sin saber qué estás haciendo. Para mí, el yoga no es un movimiento elegante. Es un movimiento funcional; lo que quiere es estabilizar y reestructurar.

Lo que más me gustan son las artes marciales. No las que más movimiento tienen. Siempre me ha gustado mucho el karate, el wing chun… Es un estilo que practiqué en su día. Hay un movimiento muy desarrollado para encontrar tu base, integrarte con la tierra y proyectar mucha energía mediante un golpe o esquivar un golpe trasladando la energía. Detrás hay una técnica brutal para entender qué está pasando en tu cuerpo. Me resulta elegante lo que lleva detrás una conciencia.

¿Qué movimientos dañinos solemos hacer en nuestro día a día?

La forma en la que usamos los dispositivos móviles. El estrés que se genera en el esternocleidomastoideo por tener la cabeza agachada es brutal. Puede producir dolor de cabeza y… es un peligro: te comes una farola, tropiezas…

También la forma de sentarnos. Los asientos del transporte público están diseñados para personas que ya tienen la espalda destrozada. Esa forma de cuenco… Tú te sientas, te escurres y te redondea la espalda.

Tenemos muy malos hábitos y las hernias discales son la mejor muestra de ello. Estar todo el día mal sentado acaba desgastando los discos. Tampoco nos levantamos de la forma más correcta, ni solemos pisar bien.

¿Algunos consejos básicos para caminar bien?

Las chanclas es de lo peor que puedes utilizar. Los zapatos deben sujetar el tobillo. El flip flop está todo el rato tensando los flexores de los dedos. Intenta correr detrás del bus con las chanclas. Vas clas, clas, clas… Tensas la fascia del pie para que la chancla no te salga volando.

Los zapatos ideales no tienen cámara de aire y dejan suficiente espacio para que se puedan mover los dedos. Es mejor caminar sin amortiguación porque las cámaras de aire hacen que no actives ciertos músculos. Eso lo trabajamos en las clases de biomecánica. Vemos los movimientos disfuncionales, los patrones en los que has acumulado estrés, los acortamientos musculares… Lo que hacemos es eliminar la tensión superficial, reorganizar el cuerpo, liberar el tejido conectivo…

¿Necesitamos más elegancia andando por las calles?

Necesitamos que la gente sea feliz [ja, ja, ja]. Va a haber gente que no se mueva con elegancia pero va a pensar con elegancia. Va a ver gente que se mueva con elegancia y va a pensar de forma egocéntrica. A lo que yo me dedico es a liberarnos de lo que nos han impuesto. Siempre lo digo: «Te lo han impuesto». Ya está.

La elegancia es un acto de ser consciente. Es un reflejo de ser libre para ser quien eres. Yo, por ejemplo, digo tacos en las clases de yoga (no conozco a otro profesor que lo haga). No me parece elegante una voz que diga: [baja el tono, saca los graves e imita la pretendida trascendencia de los vídeos de relajación de YouTube] «Ahora vamos a integrar nuestra respiración». ¡Aaah… Yo no soy así! Si pego un chiste de cacas, pego un chiste de cacas. Y ya está.

Poner una tuerca, poner otra tuerca…
pegado a la cadena de montaje, clavado al sitio…
A toda velocidad, sin despegar un pie del suelo.

Charles Chaplin anunció en Tiempos modernos el pelotazo sedentario que, con las fábricas, se venía encima. Después llegó el ordenador y… «¡Olvídate! Nuestra vida consiste en estar tumbados mientras dormimos. Nos levantamos y lo primero que hacemos es sentarnos para cagar o mear [ja, ja, ja]. Nos sentamos después en el coche o el transporte público, nos sentamos en el trabajo, nos sentamos en nuestra casa y tatatatatá».

Borja Sainz está descalzo en su estudio Lighthouse Yoga de Madrid. Hasta el despacho lo han traído unos pasos que parecían, más que hundirse, sobrevolar el parqué. Frente a las chepas que pueblan las calles, él anda estirado como una espiga. Frente a las miradas barresuelos de los que transitan las avenidas, él mira al horizonte. Estos dos gestos le bastan para no ir aplastado por la gravedad y lo muestra recorriendo, como un cisne, de aquí allá, todos los suelos del estudio de yoga.

«Lo único que hay que hacer es poner la cabeza en su sitio. La sensación que tienes en el rostro y en la parte frontal de tu cerebro cambia. Te percibes de forma distinta. Te alegras un poco. Te hace ser más feliz», ríe.

Sainz es experto en biomecánica o «movimiento funcional» del cuerpo. Dice que es «un enfoque relativamente moderno, que arrancó con el descubrimiento del tejido conectivo: la fascia, que ahora tan de moda está. Tú puedes coger un músculo y desligarlo del resto del cuerpo para estudiarlo, pero no puedes separar el tejido conectivo, porque está enmarañado por dentro y por fuera del músculo».

La biomecánica desmiente esa visión clásica de que lo que sostiene a una persona en pie son los huesos y los músculos. «¡Mentira!», prorrompe. «Te sostiene tu tejido conectivo. El músculo, si no se mueve, se atrofia. Pero el tejido conectivo se está regenerando todo el rato. Tú puedes estar tumbada en el sofá y el tejido conectivo se está reorganizando. Funciona como las placas tectónicas».

Es curioso que, aunque nos llevamos encima, vivimos de espaldas a nuestro cuerpo. A los movimientos ¡ni te cuento! Este profesor y fundador del canal Yogabasement en YouTube dice que de esta mínima consciencia corporal surgen mitos como: ‘El yoga es muy bueno’, ‘el deporte es muy bueno’. «No. Es que te estás moviendo y moverse es muy bueno. Moverte es lo que hace que te sientas mejor, porque reorganizas tu tejido conectivo y mejora la circulación sanguínea».

Es curioso que no nos alarme vivir sentados en una silla. Esto que parece tan civilizado, tan normal, es funesto. Sainz se estruja la muñeca y explica: «Esto es un ejemplo muy a lo bestia, pero estar sentado todo el día también corta la circulación. La sangre sigue fluyendo pero los capilares más pequeños están comprimidos. Y si el tejido conectivo genera más adherencia, ya no fluye sangre por los microcapilares que llevan el alimento a las células y que recogen los desechos».

¿A cuántas personas conoces que tengan conciencia de sus movimientos?

A nadie. Los más interesados somos los que estudiamos la parte más contemporánea del yoga. Más que en las posturas, nos enfocados en la biomecánica: en el impacto que generan las fuerzas sobre un organismo. Esto afecta incluso a la genética. ¿Por qué crees que la gente en Perú es bajita y tiene unos pulmones que flipas? Los humanos nos vamos adaptando al lugar donde vivimos. Un individuo del norte de Europa puede ser muy racista y puede que no le gusten los africanos. Pero es una cuestión mental. Solo tienes que mandarlo al Serengueti [un parque natural en Tanzania] a ver cuánto dura. Es la mejor lección contra el racismo: moverte también ayuda a combatirlo [ja, ja, ja].

¿Cuánto hay de física, química, cultura y educación en nuestra forma de movernos?

Desde la revolución industrial hemos ido haciéndonos más sedentarios. Ahora hay muchos adultos aterrados porque los niños no salen a la calle: esto ocurre porque pueden tener una experiencia más intensa mirando una pantalla. La realidad que percibían nuestros abuelos estaba enfrascada en el entorno en el que vivían: tenían que salir y moverse. Ahora lo tenemos todo en el móvil. No me voy a mover para sentirme libre porque en el móvil ya tengo experiencias que me generan libertad.

También depende del país en el que vivas. En las zonas más pobres, la gente se mueve más en el día a día. No hay muchos medios de transporte y en casa no tienen tantas distracciones. Tienen que salir para socializar y hacer cosas. En cambio, en el primer mundo, la gente apenas se mueve. No solo porque utilizamos más el coche. Es qué ¿dónde pueden jugar los niños al fútbol? Ya no pueden jugar en la calle.

En el movimiento hay también un aspecto cultural. En Japón emplean una comunicación no verbal muy medida: en la forma de colocar las cosas, en la forma de comer, en la forma de entregar las tarjetas de visita… Pasear por Tokio me relaja. Todo está tan ordenado, no hay ruido… En España metes a cuatro personas en un bar y hay más ruido que en una avenida de Japón.

No sé cuál sería el movimiento español. Mmm… Hacemos mucho aspaviento… En otros países gesticulan menos. Lo curioso es que hemos vinculado la idea de hacer deporte y salud, y no tiene por qué ser así. Nos fascina lo que hacen los atletas de élite pero no es saludable. Tenemos el mejor ejemplo con Rafa Nadal. Ha ganado 12 veces el Roland Garrós pero está reventao.

¿Qué contamos con nuestra forma de caminar, de coger objetos, de subir escaleras, de tender la mano…?

Esto es lo que hace el body reading. La lectura corporal revela la historia de una persona. Es un mapa que muestra cómo tu cuerpo pisa la tierra, cómo la gravedad ejerce una fuerza sobre tu cuerpo, cómo estás viviendo tu vida. Cuando ves a una persona de 30 años que tiene los hombros redondeados y empiezas a hacerle preguntas, suele decir que trabaja sentado. Y es habitual que en su tiempo libre también lo esté.

Pero no todos los cuerpos reaccionan igual. El componente genético es importante. Hay personas que, aunque pasen menos tiempo sentadas, sufren más tensión muscular que alguien que pasa muchas más horas en una silla.

Mi maestro dice que nos hemos empeñado en pensar que la salud se adquiere cuidando el cuerpo. No es verdad. Hay una parte importante de la salud que es un estado mental. Hay gente que no tiene una buena condición física y goza de enorme salud. Pero vivimos en una sociedad que nos dice: «Si te esfuerzas, lo conseguirás», pensamos que si hacemos deporte y desayunamos batidos de apio y espinacas (que luego te hace pucheros el ojete a la media hora y estás ahí en el váter: ¡Que me muero!), vas a estar más saludable. No, no funciona así. Si tener salud fuese tan sencillo, nadie estaría mal.

Y ahí volvemos al movimiento: moverse genera un impacto a nivel neuronal. En mis cursos de biomecánica y de yoga enseño a que el alumno entienda qué está pasando en su cuerpo. Los que nos dedicamos a esto no nos interesa tanto arreglar a los demás como arreglarnos a nosotros mismos. Es así [ja, ja, ja]. Esa es la esencia para poder ayudar a otra persona: cuando has aprendido a estar bien porque estás conociendo tu cuerpo, es más fácil ver cómo funciona otro cuerpo humano.

Las posturas también producen un efecto neurológico. Hay mucha gente que, al correr, mira al suelo. Nuestra cabeza evolucionó para mirar al horizonte, pero ¿qué pasa hoy? Que miramos el móvil. De forma inconsciente, nuestro patrón es mirar al suelo. Es deprimente. Yo sé que tienes miedo a pisar una mierda de perro, pero es deprimente porque no ves el mundo.

¿Qué movimientos te gustan: los de las artes marciales, el ballet, el yoga…?

Los del yoga, no. Hoy hay una visión del yoga en líneas rectas, pero ¿por qué quieren representar líneas rectas, simetrías, cuando no hay ni una sola línea recta en tu cuerpo? La postura es muy bonita: el triángulo perfecto… Pero cuando te fijas en lo que pasa en las articulaciones, no me parece elegante.

El bailarín y el gimnasta tienen una cierta conciencia de lo que están haciendo. Saben que están llevando su cuerpo al extremo y el tipo de lesiones a las que se enfrentan. Pero, claro, detrás de eso hay un ansia de superación de la leche. En el yoga no hay afán de superación (bueno, hoy existen campeonatos de yoga, que me parecen la cosa más… ¿qué término utilizo? …Simple…). En el yoga no hay un conocimiento profundo de lo que alguien está haciendo; simplemente sigue instrucciones: el pie así, esto y lo otro… y se destrozan el cuerpo. Te lesiones más cuanto más lo practicas sin saber qué estás haciendo. Para mí, el yoga no es un movimiento elegante. Es un movimiento funcional; lo que quiere es estabilizar y reestructurar.

Lo que más me gustan son las artes marciales. No las que más movimiento tienen. Siempre me ha gustado mucho el karate, el wing chun… Es un estilo que practiqué en su día. Hay un movimiento muy desarrollado para encontrar tu base, integrarte con la tierra y proyectar mucha energía mediante un golpe o esquivar un golpe trasladando la energía. Detrás hay una técnica brutal para entender qué está pasando en tu cuerpo. Me resulta elegante lo que lleva detrás una conciencia.

¿Qué movimientos dañinos solemos hacer en nuestro día a día?

La forma en la que usamos los dispositivos móviles. El estrés que se genera en el esternocleidomastoideo por tener la cabeza agachada es brutal. Puede producir dolor de cabeza y… es un peligro: te comes una farola, tropiezas…

También la forma de sentarnos. Los asientos del transporte público están diseñados para personas que ya tienen la espalda destrozada. Esa forma de cuenco… Tú te sientas, te escurres y te redondea la espalda.

Tenemos muy malos hábitos y las hernias discales son la mejor muestra de ello. Estar todo el día mal sentado acaba desgastando los discos. Tampoco nos levantamos de la forma más correcta, ni solemos pisar bien.

¿Algunos consejos básicos para caminar bien?

Las chanclas es de lo peor que puedes utilizar. Los zapatos deben sujetar el tobillo. El flip flop está todo el rato tensando los flexores de los dedos. Intenta correr detrás del bus con las chanclas. Vas clas, clas, clas… Tensas la fascia del pie para que la chancla no te salga volando.

Los zapatos ideales no tienen cámara de aire y dejan suficiente espacio para que se puedan mover los dedos. Es mejor caminar sin amortiguación porque las cámaras de aire hacen que no actives ciertos músculos. Eso lo trabajamos en las clases de biomecánica. Vemos los movimientos disfuncionales, los patrones en los que has acumulado estrés, los acortamientos musculares… Lo que hacemos es eliminar la tensión superficial, reorganizar el cuerpo, liberar el tejido conectivo…

¿Necesitamos más elegancia andando por las calles?

Necesitamos que la gente sea feliz [ja, ja, ja]. Va a haber gente que no se mueva con elegancia pero va a pensar con elegancia. Va a ver gente que se mueva con elegancia y va a pensar de forma egocéntrica. A lo que yo me dedico es a liberarnos de lo que nos han impuesto. Siempre lo digo: «Te lo han impuesto». Ya está.

La elegancia es un acto de ser consciente. Es un reflejo de ser libre para ser quien eres. Yo, por ejemplo, digo tacos en las clases de yoga (no conozco a otro profesor que lo haga). No me parece elegante una voz que diga: [baja el tono, saca los graves e imita la pretendida trascendencia de los vídeos de relajación de YouTube] «Ahora vamos a integrar nuestra respiración». ¡Aaah… Yo no soy así! Si pego un chiste de cacas, pego un chiste de cacas. Y ya está.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Saber más te hace más infeliz y también más feliz
Expectativas vs realidad: las cosas no son como crees
¿Si eres pobre eres tonto o vago? ¿Y si eres rico eres listo y trabajador?
Jerónimo de Ayanz: el español que inventó la máquina de vapor un siglo antes de la Revolución Industrial
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 1
  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *