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17 de agosto 2017    /   CINE/TV
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Por qué he visto 30 episodios de ‘Bosch’ en dos semanas

17 de agosto 2017    /   CINE/TV     por          
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Mi mujer y yo vimos los 30 primeros episodios de Bosch (Amazon Prime) en dos semanas. Solo por las tardes. (Rara vez coincidimos en los gustos por las series). Queremos más. ¿Qué tiene esta serie?

1. Bosch, un tipo corriente

La televisión se ha llenado de detectives extravagantes, histriónicos, en muchos casos insoportables, con una inteligencia insolente, memoria eidética y chino mandarín. Resuelven crímenes retorcidos en un día y dos noches.

En televisión hay pocos policías como Hieronymus Harry Bosch. Un tipo de la vieja escuela. Este Bosch está apegado a las novelas de Michael Connelly, que bebe de las novelas baratas de detectives de los 50.

Los de la vieja escuela patean las calles. Hacen preguntas. Hacen papeleo. Capean a los políticos oportunistas y a los periodistas buitres. Sacan la pistola cuando no hay más remedio. Y saben usarla. Bosch es un tipo inteligente, pero no resuelve los casos con la ecuación de Fibonacci.

Los de la vieja escuela se tragan sus dramas. Bosch es un tipo grandote y vulnerable, pero no ahoga las penas ni las frustraciones en alcohol. Toma un par de cervezas, como mucho, mientras mira Los Ángeles desde su casa de la colina. No quiere que su hija adolescente cargue con sus dramas ni que tus compañeros soporten sus cruces. Cada uno va a la cama con su dosis de frustración de la vida.

Cada día es duro y parecido al anterior y todo parece cuesta arriba. El trabajo. La familia. Nos reconocemos en Bosch.

2. Jerry, un compañero normal

Los compañeros clásicos de un detective son el idiota o el ignorante o uno con el que choca. El idiota o el ignorante sirven al novelista o al guionista para que el héroe verbalice sus hallazgos sobre el caso. La pareja que choca se utiliza con frecuencia para forzar la comedia (el sucio contra el limpio, el informal contra el formal, el loco contra el cuerdo…)

El compañero de Harry Bosch es Jerry Edgar. Harry y Jerry. Connelly se desentiende del consejo de no usar nombres cacofónicos, pero la vida es cacofónica.

Jerry no es el chistoso ni el tipo que se asombra de las habilidades y la inteligencia de su compañero. Tampoco es un personaje contrapuesto a Bosch. La comedia en Bosch surge de las situaciones, no del choque de caracteres.

Jerry es un tipo tan inteligente como Bosch. Con menos experiencia. Menos entregado a su trabajo, pero igualmente eficaz. Un Harry que no está quemado.

3. El espectador lo sabe todo

Muchas series sobre crímenes tienen trampas. Ahogan las pistas con un montaje acelerado. Intentan convencer al público de que todas las cartas están boca arriba. Mentira. Si todo estuviera a la vista, ¿cómo luciría el detective?

En Bosch sabemos quiénes son los criminales y sus motivos vulgares. El dinero. El sexo. Una locura que conduce al crimen, pero que el asesino no encubre con diálogos profundos sobre el bien y el mal. No hay trampas. No se ocultan pistas. Seguimos el curso de las investigaciones. Esto es un gran esfuerzo de guion. Lo fácil es retener información y dar pistas falsas al final de cada capítulo.

4. El desarrollo de los personajes

Cuando las cartas están boca arriba no caben los trucos de guion. Los guionistas se ven obligados a esforzarse por desarrollar a los personajes. Esto no significa que no pasen cosas. Hay un constante movimiento en la serie Bosch. Es el resultado de mezclar en cada capítulo los casos de tres novelas de Connelly. Pero no seguimos la acción porque sí, queremos que Bosch atrape a los malos, sí, pero por encima de eso, queremos saber más de Bosch y de quienes le rodean.

 

Mi mujer y yo vimos los 30 primeros episodios de Bosch (Amazon Prime) en dos semanas. Solo por las tardes. (Rara vez coincidimos en los gustos por las series). Queremos más. ¿Qué tiene esta serie?

1. Bosch, un tipo corriente

La televisión se ha llenado de detectives extravagantes, histriónicos, en muchos casos insoportables, con una inteligencia insolente, memoria eidética y chino mandarín. Resuelven crímenes retorcidos en un día y dos noches.

En televisión hay pocos policías como Hieronymus Harry Bosch. Un tipo de la vieja escuela. Este Bosch está apegado a las novelas de Michael Connelly, que bebe de las novelas baratas de detectives de los 50.

Los de la vieja escuela patean las calles. Hacen preguntas. Hacen papeleo. Capean a los políticos oportunistas y a los periodistas buitres. Sacan la pistola cuando no hay más remedio. Y saben usarla. Bosch es un tipo inteligente, pero no resuelve los casos con la ecuación de Fibonacci.

Los de la vieja escuela se tragan sus dramas. Bosch es un tipo grandote y vulnerable, pero no ahoga las penas ni las frustraciones en alcohol. Toma un par de cervezas, como mucho, mientras mira Los Ángeles desde su casa de la colina. No quiere que su hija adolescente cargue con sus dramas ni que tus compañeros soporten sus cruces. Cada uno va a la cama con su dosis de frustración de la vida.

Cada día es duro y parecido al anterior y todo parece cuesta arriba. El trabajo. La familia. Nos reconocemos en Bosch.

2. Jerry, un compañero normal

Los compañeros clásicos de un detective son el idiota o el ignorante o uno con el que choca. El idiota o el ignorante sirven al novelista o al guionista para que el héroe verbalice sus hallazgos sobre el caso. La pareja que choca se utiliza con frecuencia para forzar la comedia (el sucio contra el limpio, el informal contra el formal, el loco contra el cuerdo…)

El compañero de Harry Bosch es Jerry Edgar. Harry y Jerry. Connelly se desentiende del consejo de no usar nombres cacofónicos, pero la vida es cacofónica.

Jerry no es el chistoso ni el tipo que se asombra de las habilidades y la inteligencia de su compañero. Tampoco es un personaje contrapuesto a Bosch. La comedia en Bosch surge de las situaciones, no del choque de caracteres.

Jerry es un tipo tan inteligente como Bosch. Con menos experiencia. Menos entregado a su trabajo, pero igualmente eficaz. Un Harry que no está quemado.

3. El espectador lo sabe todo

Muchas series sobre crímenes tienen trampas. Ahogan las pistas con un montaje acelerado. Intentan convencer al público de que todas las cartas están boca arriba. Mentira. Si todo estuviera a la vista, ¿cómo luciría el detective?

En Bosch sabemos quiénes son los criminales y sus motivos vulgares. El dinero. El sexo. Una locura que conduce al crimen, pero que el asesino no encubre con diálogos profundos sobre el bien y el mal. No hay trampas. No se ocultan pistas. Seguimos el curso de las investigaciones. Esto es un gran esfuerzo de guion. Lo fácil es retener información y dar pistas falsas al final de cada capítulo.

4. El desarrollo de los personajes

Cuando las cartas están boca arriba no caben los trucos de guion. Los guionistas se ven obligados a esforzarse por desarrollar a los personajes. Esto no significa que no pasen cosas. Hay un constante movimiento en la serie Bosch. Es el resultado de mezclar en cada capítulo los casos de tres novelas de Connelly. Pero no seguimos la acción porque sí, queremos que Bosch atrape a los malos, sí, pero por encima de eso, queremos saber más de Bosch y de quienes le rodean.

 

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Opiniones 9
  • Os cuento algo bonito. Yo también he visto Bosch en dos (tres) semanas. Lo he disfrutado por las mismas razones que se explican en el artículo. Añadiría además que agradezco el ritmo de la serie, no puedo ya soportar los giros constantes de 24 horas (hemos madurado) y esta serie tiene su razón justa de tensión e intriga. No más.
    La serie me ha dado pie e empezar a leer los libro (voy por el 5º) y es un ejercicio recomendable. Bien escritos, con ritmo. Si conoces la serie es como revisitarla pero con bastantes cambios (incluso de los culpables) así que los puedes disfrutar igualmente. De los libros destacar además que el punto de vista del narrador se mantiene constante. En la novela nórdica se abusa de los dos puntos (el asesino, perturbado y el detective) o de la historia del pasado que brota en el presente. Aquí no y también se agradece.
    Bueno, Javier, me has leído la mente con este artículo.

  • Yo descubrí a Bosch de la mano de Connelly. Ni siquiera recordé el nombre del detective, cuando descubrí la serie. La serie me atrapó y su interprete también. Después descubrí de quién se trataba….y me deje sumergir otra vez en el mundo de Connelly. Gracias a los creadores de la serie. Han elaborado un producto adictivo con una gran calidad de genero negro…..y no he podido evitar «enamorarme» del personaje, más aun.

  • sinceramente sino llega a ser por este articulo no hubiera nunca visto la serie Bosch. Ya habia leído bastantes libros de la saga y sinceramente me parecieron buenísimos, porque a mi me encanta la novela negra, pero mi prototipo es Philip Marlowe, cinico, real, con la respuesta justa para cada ocasión y Harry Bosch era una evolución de dicho prototipo. Por eso no quería ver la serie porque me parecía que no iban a conseguir transmitir todo eso, pero me has animado a que use mi suscripción de Amazon Prime para ver la serie e intentar enganchar a mi mujer también.. Muchas gracias por el articulo.

  • Leyendo este artículo me he sentido realmente ofendida. «Tarados», «mal de la cabeza». Genial. Como persona neurodivergente deberías informarte más sobre las pedazos de series que se están haciendo últimamente, en las que, te garantizo, los crimenes no se resuelven en dos días, si no en una o dos temporadas como mínimo. Tener protagonistas con asperger, con depresión, con trastornos de ansiedad, normaliza y visibiliza esas enfermedades mentales que millones de personas sufrimos y que no tenemos representación alguna en los medios audiovisuales. Te recomiendo series como Bron | Broen, Happy Valley (aquí no hay ningún tarado, no te preocupes), The Fall (¡oh, Dios mío, una mujer inteligente! ¡Deténganla!). Esto sólo por ponerte unos ejemplos. Series como las que has descrito son las que se llevan haciendo toda la vida, ponte a ver Colombo o Canción Triste de Hill Street, si tanta morriña tienes.
    Pero, por favor, y sin favor, haz el esfuerzo mínimo de no insultar a millones de personas.
    Ver una serie donde la protagonista tiene asperger ayuda a la gente a entender ese trastorno, sirve para algo, no es sólo entretenimiento. Que la protagonista de una serie sea una mujer de 40 y muchos, estéticamente e inteligentemente normal, una policía cualquiera que no es superdotada y que comete errores y la caga, ESO me interesa, eso es interesante.
    Lo dicho, un artículo realmente ofensivo para las personas neurodivergentes. Vergüenza da que un articulista escriba de esta forma. Sólo te ha faltado decir: y la protagonista no es mujer. Y ya la clavabas del todo.
    Soy adicta a las novelas, películas y series policíacas, pero precisamente por este artículo no pienso ver ésta.
    Un saludo de una tarada.

    • Lola, siento mucho que «tarados» te haya molestado profundamente. En ningún momento ha sido mi intención insultar a personas «neurodivergentes». Me encanta Monk. Me gusta Will Graham. Me parecen realistas, no teatrales. Es el motivo por el que no me convencen otros detectives sacados a rebufo. Simplemente.

      No sé de dónde sacas que estoy contra las mujeres. Es más, si lees otros artículos míos verás mi interés por los personajes femeninos complejos. No me gustan los clichés. Ni la unidimensionalidad. Amo Happy Valley. Amo de The Fall. Amo Forbrydelsen.

      De Bosch te diré que es un tipo con problemas. Pasó por la guerra. Eso deja huella. En sus ojos siempre está la tristeza.

      De nuevo, te pido perdón por usar un término desacertado, dicho sin malicia, y te ruego que leas algunas cosas más de mi antes de emitir un juicio sobre mi persona.

      • Me basta con haberte dicho lo mal que has usado esos términos. Y que pidas disculpas te honra. Te lo agradezco mucho. Me siento en el deber de decirlo, porque es hiriente para muchas personas, y ya tenemos suficiente con nuestro día a día. El cambio empieza por el lenguaje. Del resto del artículo no tengo nada que decir. Gracias por la recomendación.
        Ahora sí veré la serie.

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