14 de octubre 2016    /   IDEAS
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A aprender, ¡al bosque!

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En Cerceda, en la sierra de Madrid, existe una escuela infantil en la que los niños se mojan cuando llueve. Y sus padres están encantados. No tienen problemas de goteras porque en Bosquescuela no hay aulas. Las clases se imparten en plena naturaleza.

Abrió sus puertas el curso pasado con 13 niños y en este que acaba de comenzar se han matriculado 20. «La experiencia está siendo muy positiva tanto para los padres como para los alumnos, que son los que realmente se benefician, como para el propio equipo docente», explica a Yorokobu Silvia Corchero, una de las responsables del centro.

Ella misma resume lo que propone Boquescuela: «Lo elemental aquí es acercar a los niños a la naturaleza y la naturaleza a los niños. Por eso damos una gran importancia a los momentos de libertad para los niños, con juego libre y tiempo para dedicar a sus propios intereses». Por eso en Bosquescuela no se hacen fichas, la mayor parte del tiempo de clase se pasa a la intemperie y el material escolar lo proporciona la naturaleza.

Todo ello adaptado a la legislación educativa de nuestro país. «En Alemania, donde lleva 30 años funcionando, y en otros países no contamos con los requerimientos que sí que hemos tenido que tener en cuenta para ajustarlo al sistema de Educación Infantil de Segundo Ciclo (de 3 a 6 años), en este caso, de la Comunidad de Madrid: iniciación a la lectoescritura, matemáticas… En los sistemas de otros países esta etapa se dedica exclusivamente al desarrollo de la personalidad e integridad del niño».

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Todas las mañanas se reserva un tiempo para cumplir con los requisitos establecidos por la CAM. «Se trata de un hora de clase al inicio de la mañana y luego otra para al final con el cuento. Esto también les sirve para que el paso a Primaria y posteriores niveles les sea luego más fácil».

Y lo consiguen. «En Alemania existen estudios de la Universidad de Heidelberg que demuestran que los alumnos que han contado con ese tiempo en educación infantil para formar aspectos de su persona como lo afectivo, personal, social y cognitivo, suelen tener menos problemas a la hora de concentrarse y prestar atención en clase y son más autónomos ». Algo normal, según explica Corchero, porque la propia evolución del niño hace que con 6-7 años aumente su interés por aprender otras materias y le sea más fácil estar sentado en un pupitre.

La cooperación y la comunicación son otros valores que se fomentan cuando la naturaleza es el aula. «Es lógico puesto que aquí los niños están todo el día comunicándose entre ellos. Es algo que no ocurre en un sistema convencional donde los niños sobre todo escuchan. Y si hablan, en asambleas o similares, suelen estar muy dirigidos por el adulto». El juego libre propicia las conversaciones entre ellos para acordar el tipo de juegos, los turnos, etc.

El hecho de que la mayor parte del material y los juguetes los proporcione la propia naturaleza también contribuye a la igualdad entre niños y niñas. «No hay nada que les condicione a la hora de elegir a qué jugar. En los centros que trabajar por rincones, por ejemplo, suele haber una mayor predisposición a que las niñas jueguen a determinadas cosas (cocinitas, muñecas…) y los niños a otras (construcciones, coches…). No siempre es así pero suele ser lo habitual». En Bosquescuela todos juegan a todo. «Tanto unos y otros desarrollan la psicomotricidad de manera similar porque todos juegan, saltan, corren, suben a los árboles… No se encuentran diferencias en este aspecto».

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Aunque la iniciativa supone una novedad en nuestro país (el de Cerceda es el primero en España) no lo es en otros países del norte de Europa, Estados Unidos o Asia. Philip Bruchner fue el encargado de importarlo a nuestro país desde Alemania, su país natal. Lo hizo a través de Interprende y con la colaboración de la Fundación Rodríguez de la Fuente, entidad que ha contribuido fundamentalmente, según Corchero, a la difusión y conocimiento de este tipo de educación en España.

Bosquescuela sólo es posible en un entorno natural, Silvia Corchero reconoce que en una gran ciudad resulta prácticamente inviable. «Lo ideal es un entorno rural rodeado de naturaleza. En una ciudad como Madrid, por ejemplo, se podría llevar a cabo en un lugar como la Casa de Campo pero se necesitaría tal cantidad de permisos y licencias que casi lo harían imposible». Eso no quita, según Corchero, que las escuelas urbanas recurran a los parques, pinares y zonas verdes cercanas para impartir sus clases. «Es lo que promovemos desde nuestros cursos de formación».

Y ¿qué pasa en Bosquescuela cuando nieva? ¿O cuando hace mucho calor? «Seguimos saliendo al campo. Que nieve es una noticia estupenda. Los niños vienen perfectamente equipados por lo que el frío no es problema. Sólo los días de ventisca nos quedamos en la cabaña con la estufa». De hecho en un lugar como en la sierra madrileña, el calor limita casi más que le frío. «El pasado curso tuvimos unos días en junio de mucho calor. En esos casos, cambiamos el equipo de nieve por el de agua y nos vamos al arroyo que tenemos aquí cerquita para refrescarnos».

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www.bosquescuela.com 

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En Cerceda, en la sierra de Madrid, existe una escuela infantil en la que los niños se mojan cuando llueve. Y sus padres están encantados. No tienen problemas de goteras porque en Bosquescuela no hay aulas. Las clases se imparten en plena naturaleza.

Abrió sus puertas el curso pasado con 13 niños y en este que acaba de comenzar se han matriculado 20. «La experiencia está siendo muy positiva tanto para los padres como para los alumnos, que son los que realmente se benefician, como para el propio equipo docente», explica a Yorokobu Silvia Corchero, una de las responsables del centro.

Ella misma resume lo que propone Boquescuela: «Lo elemental aquí es acercar a los niños a la naturaleza y la naturaleza a los niños. Por eso damos una gran importancia a los momentos de libertad para los niños, con juego libre y tiempo para dedicar a sus propios intereses». Por eso en Bosquescuela no se hacen fichas, la mayor parte del tiempo de clase se pasa a la intemperie y el material escolar lo proporciona la naturaleza.

Todo ello adaptado a la legislación educativa de nuestro país. «En Alemania, donde lleva 30 años funcionando, y en otros países no contamos con los requerimientos que sí que hemos tenido que tener en cuenta para ajustarlo al sistema de Educación Infantil de Segundo Ciclo (de 3 a 6 años), en este caso, de la Comunidad de Madrid: iniciación a la lectoescritura, matemáticas… En los sistemas de otros países esta etapa se dedica exclusivamente al desarrollo de la personalidad e integridad del niño».

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Todas las mañanas se reserva un tiempo para cumplir con los requisitos establecidos por la CAM. «Se trata de un hora de clase al inicio de la mañana y luego otra para al final con el cuento. Esto también les sirve para que el paso a Primaria y posteriores niveles les sea luego más fácil».

Y lo consiguen. «En Alemania existen estudios de la Universidad de Heidelberg que demuestran que los alumnos que han contado con ese tiempo en educación infantil para formar aspectos de su persona como lo afectivo, personal, social y cognitivo, suelen tener menos problemas a la hora de concentrarse y prestar atención en clase y son más autónomos ». Algo normal, según explica Corchero, porque la propia evolución del niño hace que con 6-7 años aumente su interés por aprender otras materias y le sea más fácil estar sentado en un pupitre.

La cooperación y la comunicación son otros valores que se fomentan cuando la naturaleza es el aula. «Es lógico puesto que aquí los niños están todo el día comunicándose entre ellos. Es algo que no ocurre en un sistema convencional donde los niños sobre todo escuchan. Y si hablan, en asambleas o similares, suelen estar muy dirigidos por el adulto». El juego libre propicia las conversaciones entre ellos para acordar el tipo de juegos, los turnos, etc.

El hecho de que la mayor parte del material y los juguetes los proporcione la propia naturaleza también contribuye a la igualdad entre niños y niñas. «No hay nada que les condicione a la hora de elegir a qué jugar. En los centros que trabajar por rincones, por ejemplo, suele haber una mayor predisposición a que las niñas jueguen a determinadas cosas (cocinitas, muñecas…) y los niños a otras (construcciones, coches…). No siempre es así pero suele ser lo habitual». En Bosquescuela todos juegan a todo. «Tanto unos y otros desarrollan la psicomotricidad de manera similar porque todos juegan, saltan, corren, suben a los árboles… No se encuentran diferencias en este aspecto».

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Aunque la iniciativa supone una novedad en nuestro país (el de Cerceda es el primero en España) no lo es en otros países del norte de Europa, Estados Unidos o Asia. Philip Bruchner fue el encargado de importarlo a nuestro país desde Alemania, su país natal. Lo hizo a través de Interprende y con la colaboración de la Fundación Rodríguez de la Fuente, entidad que ha contribuido fundamentalmente, según Corchero, a la difusión y conocimiento de este tipo de educación en España.

Bosquescuela sólo es posible en un entorno natural, Silvia Corchero reconoce que en una gran ciudad resulta prácticamente inviable. «Lo ideal es un entorno rural rodeado de naturaleza. En una ciudad como Madrid, por ejemplo, se podría llevar a cabo en un lugar como la Casa de Campo pero se necesitaría tal cantidad de permisos y licencias que casi lo harían imposible». Eso no quita, según Corchero, que las escuelas urbanas recurran a los parques, pinares y zonas verdes cercanas para impartir sus clases. «Es lo que promovemos desde nuestros cursos de formación».

Y ¿qué pasa en Bosquescuela cuando nieva? ¿O cuando hace mucho calor? «Seguimos saliendo al campo. Que nieve es una noticia estupenda. Los niños vienen perfectamente equipados por lo que el frío no es problema. Sólo los días de ventisca nos quedamos en la cabaña con la estufa». De hecho en un lugar como en la sierra madrileña, el calor limita casi más que le frío. «El pasado curso tuvimos unos días en junio de mucho calor. En esos casos, cambiamos el equipo de nieve por el de agua y nos vamos al arroyo que tenemos aquí cerquita para refrescarnos».

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Opiniones 3
  • «(el de Cerceda es el primero en España)»……»Philip Bruchner fue el encargado de importarlo a nuestro país»…..

    Paso en falso de la redactora con estas afirmaciónes puesto que ya hace más de 5 años surgió el primer proyecto a menos de 10 km en Collado Mediano (Grupo de Juego Saltamontes), les siguen otros en los ultimos años en Alicante (La Escuela del Bosque) y Ses Milanes en Mallorca y asi hasta contar más de una veintena a día de hoy. Muy interesante este el directorio de escuelas bosque ya en funcionamiento antes de la llegada de Philip.. (http://escuelainnatura.com/escuelas-bosque-espana/)
    Es maravilloso ver como surgen cada vez más este tipo de proyectos, cada uno con sus particularidades, como si de champiñones se trataran…

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