24 de junio 2013    /   ENTRETENIMIENTO
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Las botellas que hacen música electrónica

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Lo de que la música está en todas partes no deja de ser verdad por muy manido que se encuentre el concepto. Hacer música con botellas tampoco es algo pionero. Sin embargo, no hablamos ni de villancicos  ni de una botella de anís del Mono y una cucharilla. Cuando la agencia Espadaysantacruz recibió el encargo de Brugal y Ogilvy, tuvieron claro que solo lo harían si el proyecto era innovador. Así nació The Bottle Music Machine Project.


La música tiene parte de percepción, de sentimiento captado y emitido, de arte y asimilación de influencias culturales sonoras, que sirven de inspiración en la creación. Hay mucho de interacción con otros músicos, con los instrumentos y, por supuesto, con quien escucha. El sonido entra por los oídos, pero antes ha existido un hecho creativo que implica otras etapas, otros conceptos, que van más allá de la propia acción de escuchar.
Cuando Espadaysantacruz recibió el encargo de hacer sonar unas botellas de ron Brugal, lo que tuvieron claro es que el foco del concepto se fijaría en la interacción, en la manera en que se manipula una de esas botellas con normalidad. “Para hacer el diseño interactivo de Bottle Music Machine, lo primero que hicimos fue investigar la manera natural de manipular una botella: cómo las cogemos, cómo abrimos o cerramos el tapón, la servimos o la movemos”, explica Juan Santa-Cruz, uno de los responsables del proyecto.
A partir de ahí, comenzaron a plantear cómo utilizar diferentes sensores para transformar el comportamiento y las acciones de los intérpretes en sonidos electrónicos. Bottle Music Machine se ha apoyado tecnológicamente en las placas de código abierto de Arduino. “Resulta muy versátil ya que hay una gran familia de componentes basados en esta plataforma. Además hay una gran comunidad que ya ha pasado por los problemas a los que nos nosotros nos íbamos a enfrentar”, dice Santa-Cruz.
La iniciativa ha tenido que partir de una amplia base de investigación. El estudio se enfrentaba al encargo con escasa experiencia previa en la construcción de instrumentos. En realidad, ¿cuánta gente ha hecho instrumentos de electrónica con botellas anteriormente?. Esta fase, la de documentación, es sin embargo la que más les excitaba. “Nos queríamos quedar a nivel de prototipo porque pretendíamos mostrar algo que cualquiera pudiera haber hecho en casa, simplemente con imaginación y tiempo para bucear en internet. No se trataba de hacer un instrumento con un terminado industrial sino de hacer algo divertido, fácil de entender, al alcance de la mayoría de la gente”, señala el diseñador.
TOTALMACHINE
[destacados align=”right”]”El instrumento funciona como un controlador del software musical Ableton Live, aunque podríamos haber elegido cualquier otro. Realmente es Ableton el que sintetiza los sonidos. Nuestra instalación envía datos a un patch de MAX/MSP que transforma esos datos crudos a notas midi para que Ableton las interprete.
MAX es una plataforma de programación visual muy intuitiva con la que nos sentimos muy cómodos, especialmente cuando se trabaja en grupo con diferentes perfiles. Elegimos Ableton porque, hoy por hoy, es uno de los estándares de la creación de música electrónica en tiempo real.
En esta parte del proyecto fuimos de la mano con nuestros amigos músicos Charlie e Iván de Newton Audio, así que nos dejamos llevar por sus preferencias”.[/destacados]
Comenzó la fabricación de distintos módulos que utilizasen el movimiento o el contacto de manera diferente para crear sonidos distintos. El proceso, que ha ocupado cuatro semanas de trabajo desde que Iván Franco y Pablo Zorrilla, de Bosalay, les dieron el OK al encargo, se apoya en referencias como Teenage Engineering, Daito Manabe o Atau Tanaka. “Además de estas referencias en las que predomina un acabado muy fino, como en el caso del OP-1 de los Teenage Engineering, nosotros buscábamos un punto más artesanal. Por eso recurrimos a proyectos como el del controlador Monome o el trabajo de gente como Stephen J. Anderson en el que realiza un sintetizador con material de su cocina“, declara Juan Santa-Cruz.
En el proceso de creación ha participado más de una decena de personas. El equipo estaba formado por Miguel Espada, Nerea Goikoetxea y Juan Santa-Cruz más Néstor Rubio, Dani Blanco, Federico Guardabrazo, Sergio Revilla, Mercedes Ejido, Gonzalo Bascuña y Mikel Bastida. “Nos dividimos en diferentes equipos encargados de la parte más técnica, el diseño y la realización de vídeo. Una cosa importante para nosotros fue que nos encargamos de todas las fases del proyecto, desde la electrónica hasta los bodegones de los instrumentos, pasando por la realización del vídeo. Desde esta manera conseguimos preservar ese toque único y singular de la campaña”, cuenta Santa-Cruz.
Espadaysantacruz han encontrado una curiosa manera de integrar un producto en un proceso creativo. Sin embargo, lo que más les llama la atención son todas las posibilidades que quedan sin desarrollar. Admiten que quedaron muchas ideas fuera de Bottle Music Machine. “Algo que no llegamos a desarrollar por limitaciones de tiempo era utilizar un sensor de PH para medir la acidez de los cócteles y con ello llegar a modular el sonido”, cuentan.
El camino está, en cualquier caso, señalado. Transitar por él de una u otra manera es, además de un reto interesante, un proceso tan abierto que muestra una posibilidad casi infinita de obtener diferentes e innovadores resultados.
La idea

El proceso de construcción

Sonidos

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Lo de que la música está en todas partes no deja de ser verdad por muy manido que se encuentre el concepto. Hacer música con botellas tampoco es algo pionero. Sin embargo, no hablamos ni de villancicos  ni de una botella de anís del Mono y una cucharilla. Cuando la agencia Espadaysantacruz recibió el encargo de Brugal y Ogilvy, tuvieron claro que solo lo harían si el proyecto era innovador. Así nació The Bottle Music Machine Project.


La música tiene parte de percepción, de sentimiento captado y emitido, de arte y asimilación de influencias culturales sonoras, que sirven de inspiración en la creación. Hay mucho de interacción con otros músicos, con los instrumentos y, por supuesto, con quien escucha. El sonido entra por los oídos, pero antes ha existido un hecho creativo que implica otras etapas, otros conceptos, que van más allá de la propia acción de escuchar.
Cuando Espadaysantacruz recibió el encargo de hacer sonar unas botellas de ron Brugal, lo que tuvieron claro es que el foco del concepto se fijaría en la interacción, en la manera en que se manipula una de esas botellas con normalidad. “Para hacer el diseño interactivo de Bottle Music Machine, lo primero que hicimos fue investigar la manera natural de manipular una botella: cómo las cogemos, cómo abrimos o cerramos el tapón, la servimos o la movemos”, explica Juan Santa-Cruz, uno de los responsables del proyecto.
A partir de ahí, comenzaron a plantear cómo utilizar diferentes sensores para transformar el comportamiento y las acciones de los intérpretes en sonidos electrónicos. Bottle Music Machine se ha apoyado tecnológicamente en las placas de código abierto de Arduino. “Resulta muy versátil ya que hay una gran familia de componentes basados en esta plataforma. Además hay una gran comunidad que ya ha pasado por los problemas a los que nos nosotros nos íbamos a enfrentar”, dice Santa-Cruz.
La iniciativa ha tenido que partir de una amplia base de investigación. El estudio se enfrentaba al encargo con escasa experiencia previa en la construcción de instrumentos. En realidad, ¿cuánta gente ha hecho instrumentos de electrónica con botellas anteriormente?. Esta fase, la de documentación, es sin embargo la que más les excitaba. “Nos queríamos quedar a nivel de prototipo porque pretendíamos mostrar algo que cualquiera pudiera haber hecho en casa, simplemente con imaginación y tiempo para bucear en internet. No se trataba de hacer un instrumento con un terminado industrial sino de hacer algo divertido, fácil de entender, al alcance de la mayoría de la gente”, señala el diseñador.
TOTALMACHINE
[destacados align=”right”]”El instrumento funciona como un controlador del software musical Ableton Live, aunque podríamos haber elegido cualquier otro. Realmente es Ableton el que sintetiza los sonidos. Nuestra instalación envía datos a un patch de MAX/MSP que transforma esos datos crudos a notas midi para que Ableton las interprete.
MAX es una plataforma de programación visual muy intuitiva con la que nos sentimos muy cómodos, especialmente cuando se trabaja en grupo con diferentes perfiles. Elegimos Ableton porque, hoy por hoy, es uno de los estándares de la creación de música electrónica en tiempo real.
En esta parte del proyecto fuimos de la mano con nuestros amigos músicos Charlie e Iván de Newton Audio, así que nos dejamos llevar por sus preferencias”.[/destacados]
Comenzó la fabricación de distintos módulos que utilizasen el movimiento o el contacto de manera diferente para crear sonidos distintos. El proceso, que ha ocupado cuatro semanas de trabajo desde que Iván Franco y Pablo Zorrilla, de Bosalay, les dieron el OK al encargo, se apoya en referencias como Teenage Engineering, Daito Manabe o Atau Tanaka. “Además de estas referencias en las que predomina un acabado muy fino, como en el caso del OP-1 de los Teenage Engineering, nosotros buscábamos un punto más artesanal. Por eso recurrimos a proyectos como el del controlador Monome o el trabajo de gente como Stephen J. Anderson en el que realiza un sintetizador con material de su cocina“, declara Juan Santa-Cruz.
En el proceso de creación ha participado más de una decena de personas. El equipo estaba formado por Miguel Espada, Nerea Goikoetxea y Juan Santa-Cruz más Néstor Rubio, Dani Blanco, Federico Guardabrazo, Sergio Revilla, Mercedes Ejido, Gonzalo Bascuña y Mikel Bastida. “Nos dividimos en diferentes equipos encargados de la parte más técnica, el diseño y la realización de vídeo. Una cosa importante para nosotros fue que nos encargamos de todas las fases del proyecto, desde la electrónica hasta los bodegones de los instrumentos, pasando por la realización del vídeo. Desde esta manera conseguimos preservar ese toque único y singular de la campaña”, cuenta Santa-Cruz.
Espadaysantacruz han encontrado una curiosa manera de integrar un producto en un proceso creativo. Sin embargo, lo que más les llama la atención son todas las posibilidades que quedan sin desarrollar. Admiten que quedaron muchas ideas fuera de Bottle Music Machine. “Algo que no llegamos a desarrollar por limitaciones de tiempo era utilizar un sensor de PH para medir la acidez de los cócteles y con ello llegar a modular el sonido”, cuentan.
El camino está, en cualquier caso, señalado. Transitar por él de una u otra manera es, además de un reto interesante, un proceso tan abierto que muestra una posibilidad casi infinita de obtener diferentes e innovadores resultados.
La idea

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