7 de agosto 2014    /   DIGITAL
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Ellas también quieren ser 'googlers'

7 de agosto 2014    /   DIGITAL     por          
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Los datos son dramáticos: la presencia de mujeres en el mundo de la tecnología es casi anecdótica. Haberlas, haylas, pero son pocas y tienen que lidiar con una brecha de género que avergüenza – o debería avergonzar – a las grandes compañías de internet.
Solo hay mirar las cifras. Esas compañías que se han metido en nuestras vidas en forma de buscadores o redes sociales tienen un problema y, al menos, lo reconocen. No es solo que los consejeros delegados sean hombres – salvo Marissa Mayer, mandamás de Yahoo -, sino que además la distribución de sus empleados por género son para echarse las manos a la cabeza.
Para no aburrir con porcentajes, un solo dato antes del gráfico de la vergüenza: ninguna de las grandes compañías de internet (a excepción de eBay) tiene entre sus empleados a más de un 40% de mujeres.

Distribución por género de los empleados de las grandes compañías tecnológicas


Estos datos, que ya son preocupantes de por sí, todavía van a peor si nos fijamos solamente en los puestos técnicos, los que ocupan ingenieros e ingenieras. Distribución por género de los empleados que ocupan un puesto técnico en las grandes compañías tecnológicas  

Razones se pueden buscar las que se quieran, y en el caso de la tecnología es sencillo. El principal argumento que esgrimen las grandes compañías es la falta de mujeres interesadas en la ingeniería y el mundillo geek.
Es, hasta cierto punto, cierto. Sin ir más lejos, en España, solo el 15% de los estudiantes matriculados en ingeniería informática son mujeres. Así que, sí, una de las razones por las que hay muchos más hombres que mujeres en empresas como Facebook o Google es porque a la mayoría no les interesa mucho el mundo de la programación.
Por suerte, hay un buen puñado de iniciativas que pretenden aumentar la presencia de mujeres en el masculino mundo de los desarrolladores, tratando de acercar el código al sector femenino, sobre todo a las niñas y a las chicas jóvenes. Se trata de organizaciones sin ánimo de lucro que, a través de muy diversas actividades, pretenden dar visibilidad a las mujeres que ya se dedican a esto de la programación y, además, asegurar un futuro informático en femenino.

No son pocas estas iniciativas aunque, mayoritariamente, se concentran en Estados Unidos. Con proyectos como Girls Who Code, Girl Develope It, Ladies Learning Code o Women Who Code, las mujeres norteamericanas ponen en práctica aquello de que el movimiento se demuestra andando: conferencias en las que se comparten experiencias personales, cursos, premios, proyectos para llevar el código a los institutos… Cualquier idea es buena para poner en órbita el sector femenino dentro del universo informático.
Lo curioso es que algunas de estas iniciativas están financiadas por las mismas compañías que contratan a más hombres que a mujeres. Parece que quieren acabar a toda costa con una brecha de género que les avergüenza o, al menos, dar la imagen de que hacen todo lo que pueden.
Por ejemplo, gigantes como Microsoft, HP, Intel o Google colaboran con el Centro Nacional para las Mujeres y la Tecnología de la Información, una de las grandes instituciones que luchan por la igualdad entre hombres y mujeres en este sector. Pero es que, además, los de Mountain View cuentan también con un proyecto propio para acercar el código a las más pequeñas: Made With Code, una iniciativa no exenta de polémica porque eso de enseñar código entre tintes rosas y unicornios es, además de remilgado, poco igualitario. Vamos, que Google parece empeñada en encasillar al sector femenino en «cosas de mujeres». Mal punto de partida.

Otras iniciativas mucho más específicas, encaminadas también a romper barreras y acercar a las mujeres al desarrollo, son Girls Make Games y Black Girls Code. Luchan por objetivos mucho más concretos, contra problemas mucho mayores y, por lo tanto, por soluciones que están mucho más lejos.
Por una parte, Girls Make Games organiza unos campamentos de verano que se llevan a cabo en varios puntos de Estados Unidos, Europa (Reino Unido, Polonia y Dinamarca) y hasta en lugares como Dubai o Melbourne, y en los que las chicas se introducen en el diseño y la programación de videojuegos.

Quizás suene raro eso de adolescentes invirtiendo sus veranos en aprender el arte de crear videojuegos, pero si hay machismo entre los jugadores, ¿no va a haberlo entre los desarrolladores? Obviamente sí. Según los datos que ofrecen desde Girls Make Games, si bien el 47% de los jugadores son mujeres, tan solo hay un 12% de mujeres dentro de la industria de los videojuegos.
Por otra parte, la lucha que llevan a cabo desde Black Girls Code es propia de mujeres ninja. Todo un combo mortal eso de mezclar código, brecha de género y racismo. Como se intuye por el nombre, el proyecto pretende «demostrarle al mundo que las chicas negras pueden programar y hacer mucho más», tal y como se puede leer en su web.
Si luchar por un hueco para las mujeres en el mundo de la programación es más que necesario, solo hace falta conocer un par de datos más para ver la necesidad de luchar por un hueco para las mujeres – y en general todas las personas – que no son blancas.
En Twitter, los empleados negros representan solo el 2%, en Google tan solo el 1%… Por supuesto, en ambas compañías la mayoría blanca es aplastante: en la red social hay un 59% de empleados blancos, en el buscador un 60% y en Facebook un 57%. En otras palabras: ser mujer y querer dedicarse a la programación sin ser blanca es más complicado que cazar un dragón en lo alto del Everest.
Pero ahí están ellas, detrás de todas esas iniciativas, remando para derrumbar la barrera de género que existe en el sector. Si alguien puede hacerlo no serán las grandes compañías, y tampoco las startups; serán las propias mujeres, que habrán luchado por algo que debería estar garantizado: tener las mismas oportunidades que los hombres.
———————————————————–
Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de itupictures Erik (HASH) Hersman.

Los datos son dramáticos: la presencia de mujeres en el mundo de la tecnología es casi anecdótica. Haberlas, haylas, pero son pocas y tienen que lidiar con una brecha de género que avergüenza – o debería avergonzar – a las grandes compañías de internet.
Solo hay mirar las cifras. Esas compañías que se han metido en nuestras vidas en forma de buscadores o redes sociales tienen un problema y, al menos, lo reconocen. No es solo que los consejeros delegados sean hombres – salvo Marissa Mayer, mandamás de Yahoo -, sino que además la distribución de sus empleados por género son para echarse las manos a la cabeza.
Para no aburrir con porcentajes, un solo dato antes del gráfico de la vergüenza: ninguna de las grandes compañías de internet (a excepción de eBay) tiene entre sus empleados a más de un 40% de mujeres.

Distribución por género de los empleados de las grandes compañías tecnológicas


Estos datos, que ya son preocupantes de por sí, todavía van a peor si nos fijamos solamente en los puestos técnicos, los que ocupan ingenieros e ingenieras. Distribución por género de los empleados que ocupan un puesto técnico en las grandes compañías tecnológicas  

Razones se pueden buscar las que se quieran, y en el caso de la tecnología es sencillo. El principal argumento que esgrimen las grandes compañías es la falta de mujeres interesadas en la ingeniería y el mundillo geek.
Es, hasta cierto punto, cierto. Sin ir más lejos, en España, solo el 15% de los estudiantes matriculados en ingeniería informática son mujeres. Así que, sí, una de las razones por las que hay muchos más hombres que mujeres en empresas como Facebook o Google es porque a la mayoría no les interesa mucho el mundo de la programación.
Por suerte, hay un buen puñado de iniciativas que pretenden aumentar la presencia de mujeres en el masculino mundo de los desarrolladores, tratando de acercar el código al sector femenino, sobre todo a las niñas y a las chicas jóvenes. Se trata de organizaciones sin ánimo de lucro que, a través de muy diversas actividades, pretenden dar visibilidad a las mujeres que ya se dedican a esto de la programación y, además, asegurar un futuro informático en femenino.

No son pocas estas iniciativas aunque, mayoritariamente, se concentran en Estados Unidos. Con proyectos como Girls Who Code, Girl Develope It, Ladies Learning Code o Women Who Code, las mujeres norteamericanas ponen en práctica aquello de que el movimiento se demuestra andando: conferencias en las que se comparten experiencias personales, cursos, premios, proyectos para llevar el código a los institutos… Cualquier idea es buena para poner en órbita el sector femenino dentro del universo informático.
Lo curioso es que algunas de estas iniciativas están financiadas por las mismas compañías que contratan a más hombres que a mujeres. Parece que quieren acabar a toda costa con una brecha de género que les avergüenza o, al menos, dar la imagen de que hacen todo lo que pueden.
Por ejemplo, gigantes como Microsoft, HP, Intel o Google colaboran con el Centro Nacional para las Mujeres y la Tecnología de la Información, una de las grandes instituciones que luchan por la igualdad entre hombres y mujeres en este sector. Pero es que, además, los de Mountain View cuentan también con un proyecto propio para acercar el código a las más pequeñas: Made With Code, una iniciativa no exenta de polémica porque eso de enseñar código entre tintes rosas y unicornios es, además de remilgado, poco igualitario. Vamos, que Google parece empeñada en encasillar al sector femenino en «cosas de mujeres». Mal punto de partida.

Otras iniciativas mucho más específicas, encaminadas también a romper barreras y acercar a las mujeres al desarrollo, son Girls Make Games y Black Girls Code. Luchan por objetivos mucho más concretos, contra problemas mucho mayores y, por lo tanto, por soluciones que están mucho más lejos.
Por una parte, Girls Make Games organiza unos campamentos de verano que se llevan a cabo en varios puntos de Estados Unidos, Europa (Reino Unido, Polonia y Dinamarca) y hasta en lugares como Dubai o Melbourne, y en los que las chicas se introducen en el diseño y la programación de videojuegos.

Quizás suene raro eso de adolescentes invirtiendo sus veranos en aprender el arte de crear videojuegos, pero si hay machismo entre los jugadores, ¿no va a haberlo entre los desarrolladores? Obviamente sí. Según los datos que ofrecen desde Girls Make Games, si bien el 47% de los jugadores son mujeres, tan solo hay un 12% de mujeres dentro de la industria de los videojuegos.
Por otra parte, la lucha que llevan a cabo desde Black Girls Code es propia de mujeres ninja. Todo un combo mortal eso de mezclar código, brecha de género y racismo. Como se intuye por el nombre, el proyecto pretende «demostrarle al mundo que las chicas negras pueden programar y hacer mucho más», tal y como se puede leer en su web.
Si luchar por un hueco para las mujeres en el mundo de la programación es más que necesario, solo hace falta conocer un par de datos más para ver la necesidad de luchar por un hueco para las mujeres – y en general todas las personas – que no son blancas.
En Twitter, los empleados negros representan solo el 2%, en Google tan solo el 1%… Por supuesto, en ambas compañías la mayoría blanca es aplastante: en la red social hay un 59% de empleados blancos, en el buscador un 60% y en Facebook un 57%. En otras palabras: ser mujer y querer dedicarse a la programación sin ser blanca es más complicado que cazar un dragón en lo alto del Everest.
Pero ahí están ellas, detrás de todas esas iniciativas, remando para derrumbar la barrera de género que existe en el sector. Si alguien puede hacerlo no serán las grandes compañías, y tampoco las startups; serán las propias mujeres, que habrán luchado por algo que debería estar garantizado: tener las mismas oportunidades que los hombres.
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Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de itupictures Erik (HASH) Hersman.

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Opiniones 3
  • En resumen: son las propias mujeres las desinteresadas por el mundo tecnológico, y deben ser las empresas las que se avergüencen de no contratar más a esas mujeres que no se interesan por el mundo tecnológico.
    Si quiere el redactor, ponemos también discriminación «positiva»: no se contrata a más hombres hasta que esas mujeres desinteresadas se interesen y sean contratadas, valgan o no valgan.

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