30 de noviembre 2012    /   CINE/TV
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No mees encima de mí, por Brian Griffin (Padre de familia)

30 de noviembre 2012    /   CINE/TV     por          
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EL ARTE DE LA CONFERENCIA

Brian Griffin, perro, escritor y guionista de vídeos para adultos, asistió recientemente al Evento Creatividad América. Sus primeras impresiones son poco complacientes: “El arte de la conferencia está muriendo poco a poco”, dice removiendo un Martini. “Creo que hay más vendedores de coches usados que conferenciantes”, concluye.

Pido a Brian Griffin que me ilustre sobre el arte de las conferencias.

“¿Puedes hacer que me traigan otro Martini?”, dice Brian.

Me resulta imposible complacerle, pero prometo leer su novela.

“Lo que no entiendo en muchas conferencias es… Bueno. La mayoría de los asistentes son estudiantes o son profesionales que no pueden o no quieren comprar nada”, dice Brian Griffin. “Están allí para aprender, no para comprar. Se sientan entusiasmados para coger notas y el tipo que habla les mea encima”.

Pido a Brian que se explique:

“Algunos tipos no dan conferencias: marcan su territorio”, dice Brian Griffin. “Dicen lo que hacen y lo que venden, pero no cómo lo hacen. Resulta cuanto menos una tomadura de pelo. Pero ¿sabes lo que me resulta indecente?”.

Ignoro si Griffin quiere que responda. Él deja pasar unos segundos antes de continuar hablando.

“¿Escucharía una conferencia de historia de Alemania de un tipo que sólo ha leído una guía turística?”, dice Brian. “En un folleto en Berlín encontré que no había nada de la historia de Alemania entre 1939 y 1945”.

Pregunto a Brian a qué se debe esto.

“Algunos periódicos despiden a los periodistas que apenas tienen seguidores en las redes sociales”, dice Brian.

“¿Popularidad antes que rigor”, pregunto con cierta ingenuidad.

“Puede ser”, dice Brian. “Hay conferenciantes con más popularidad que otros profesionales más cualificados. Pero ¿sabes lo peor? Que algunos aburren. Se produce una paradoja: gente del mundo del marketing, de la publicidad, del entretenimiento que aburren cuando hablan. Dicen que van a enseñarte a vender historias, pero son incapaces de venderse a ellos mismos”.

Brian remueve lo que queda de los cubitos de hielo antes de continuar.

“Sé que vender puede ser difícil”, dice Brian. “En mis comienzos como guionista en Hollywood trabajé en un lavadero de coches… me documentaba para un proyecto… Intenté vender un guión a un productor que apareció por allí. No lo conseguí, lo conseguí más adelante… pero al menos le di la oportunidad de que se marchara. Pero en una sala de conferencias estás atrapado. Sí, puedes levantarte e irte, pero por educación no lo haces”.

“Si no me enseñan nada nuevo y me aburren, me quitan tiempo de vida”, dice Brian. “La vida de un perro no es demasiado larga. Hacer perder el tiempo o aburrir debería estar castigado con una descarga de 10.000 voltios”.

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EL ARTE DE LA CONFERENCIA

Brian Griffin, perro, escritor y guionista de vídeos para adultos, asistió recientemente al Evento Creatividad América. Sus primeras impresiones son poco complacientes: “El arte de la conferencia está muriendo poco a poco”, dice removiendo un Martini. “Creo que hay más vendedores de coches usados que conferenciantes”, concluye.

Pido a Brian Griffin que me ilustre sobre el arte de las conferencias.

“¿Puedes hacer que me traigan otro Martini?”, dice Brian.

Me resulta imposible complacerle, pero prometo leer su novela.

“Lo que no entiendo en muchas conferencias es… Bueno. La mayoría de los asistentes son estudiantes o son profesionales que no pueden o no quieren comprar nada”, dice Brian Griffin. “Están allí para aprender, no para comprar. Se sientan entusiasmados para coger notas y el tipo que habla les mea encima”.

Pido a Brian que se explique:

“Algunos tipos no dan conferencias: marcan su territorio”, dice Brian Griffin. “Dicen lo que hacen y lo que venden, pero no cómo lo hacen. Resulta cuanto menos una tomadura de pelo. Pero ¿sabes lo que me resulta indecente?”.

Ignoro si Griffin quiere que responda. Él deja pasar unos segundos antes de continuar hablando.

“¿Escucharía una conferencia de historia de Alemania de un tipo que sólo ha leído una guía turística?”, dice Brian. “En un folleto en Berlín encontré que no había nada de la historia de Alemania entre 1939 y 1945”.

Pregunto a Brian a qué se debe esto.

“Algunos periódicos despiden a los periodistas que apenas tienen seguidores en las redes sociales”, dice Brian.

“¿Popularidad antes que rigor”, pregunto con cierta ingenuidad.

“Puede ser”, dice Brian. “Hay conferenciantes con más popularidad que otros profesionales más cualificados. Pero ¿sabes lo peor? Que algunos aburren. Se produce una paradoja: gente del mundo del marketing, de la publicidad, del entretenimiento que aburren cuando hablan. Dicen que van a enseñarte a vender historias, pero son incapaces de venderse a ellos mismos”.

Brian remueve lo que queda de los cubitos de hielo antes de continuar.

“Sé que vender puede ser difícil”, dice Brian. “En mis comienzos como guionista en Hollywood trabajé en un lavadero de coches… me documentaba para un proyecto… Intenté vender un guión a un productor que apareció por allí. No lo conseguí, lo conseguí más adelante… pero al menos le di la oportunidad de que se marchara. Pero en una sala de conferencias estás atrapado. Sí, puedes levantarte e irte, pero por educación no lo haces”.

“Si no me enseñan nada nuevo y me aburren, me quitan tiempo de vida”, dice Brian. “La vida de un perro no es demasiado larga. Hacer perder el tiempo o aburrir debería estar castigado con una descarga de 10.000 voltios”.

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