9 de septiembre 2013    /   IDEAS
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Bricolaje y onanismo: la mujer por fascículos

9 de septiembre 2013    /   IDEAS     por          
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Con el inicio de curso, junto a esas avalanchas de publicaciones por entregas que inundan los kioscos con las aficiones más peregrinas, quizá triunfaría una mujer ensamblable, de tamaño real y con todas las prestaciones que uno puede esperar. ¿Imaginan la impaciencia y el deseo, creciendo semana a semana, esperando el siguiente fascículo acompañado de las correspondientes piezas?

El látex es un material fabuloso, uno de los inventos angulares de los tiempos modernos. Con una iluminación tenue (ya saben, “de noche todos los gatos son pardos”) y una temperatura ambiente agradable, podemos afirmar que el látex es el mejor amigo del viernes. Permite trocear las anatomías para el disfrute selectivo de determinadas áreas corporales. Veamos.

Pezones. En un sex shop de San Francisco me topé con una insólita oferta: una caja de pezones. Con precios que oscilaban entre los cinco y los treinta dólares, podían hallarse de todos los tipos imaginables. La base era de látex, ideal para fijar en el escritorio de trabajo, y poder tontear con los dedos mientras pensamos. Los colores iban desde el más suave y rosado al más oscuro y rugoso. El stand de pezones estaba situado junto a la caja registradora, de igual manera que en un supermercado encontramos pilas, maquinillas de afeitar y chicles junto a la salida.

Pechos. Hace poco he adquirido dos juegos de pechos de látex en una tienda china del centro de la ciudad. En este caso nos encontramos ante la idea contraria, porque no tienen pezones, sin embargo, la textura y la calidez de la piel son extraordinarias. Las mamas se adhieren a la piel con asombrosa facilidad, y cualquier camiseta ajustada puede garantizar su permanencia. Quien esto escribe se ha divertido mucho este verano paseando por las calles, presumiendo de delantera y sembrando la confusión. Sin escote.

Manos. Cualquier pajillero medianamente profesional habrá experimentado alguna vez las ventajas de un guante de látex (o de fregar) lleno de aire, cuyos dedos proporcionan caricias tan torpes como entrañables. Hoy se comercializan unas manos femeninas bastante creíbles, dotadas de largas uñas pintadas de rojo, tensión muscular, y un vibrador incorporado que permite la ilusión onanista de que la mano que nos toca es la de otra persona.

Bocas. Es preciso admitir que la visión de una boca sintética, en su embalaje, con sus instrucciones en el reverso del estuche de plástico… produce cierta perplejidad. Es un juguete que es solo una boca. Con labios carnosos, gel lubricante, un lecho interior confortable y profundo… y el vibrador de siempre.

Vaginas. Estos juguetes son muy realistas, terminan en el nacimiento de los muslos, y no llegan al ombligo. El vello púbico está muy logrado (en algunos casos aseguran que es natural, lo que alimenta las fantasías de cualquier necrófilo). En el kit se suministran dos frasquitos. Uno contiene un líquido para la higiene de la vagina. Y el otro sirve para humedecer todo el área de ‘diversión’, aportando al vello y a los labios la humedad, viscosidad ¡y olor! necesarios para que la experiencia sea satisfactoria.

Culo. Este ejemplar lo he visto en una famosa tienda madrileña de artículos eróticos regentada por chicas y con una sensibilidad diferente. Por eso me chocó el artefacto. Un auténtico culo que pesa más de 10 kg, macizo y azotable. No diré más.

¿Por qué nadie comercializa un muslo, o los codos, o el páncreas, o una oreja…? Volviendo al kiosko, el usuario podría enamorarse de la mujer por entregas. Y solo cuando haya ensamblado con cuidado y cariño cada parte de su anatomía, podrá poseerla. La pieza que se entregaría con el último fascículo sería, por supuesto… un traje de novia.

Nota del Autor

Antes de que se me mosqueen las fundamentalistas del ya extinto Observatorio de la Igualdad de Género (y equivalentes) la palabra “Mujer” se puede reemplazar por la palabra “Hombre” en todo el artículo.

Imagen: Kheel Center, reproducida bajo licencia CC.

 

Con el inicio de curso, junto a esas avalanchas de publicaciones por entregas que inundan los kioscos con las aficiones más peregrinas, quizá triunfaría una mujer ensamblable, de tamaño real y con todas las prestaciones que uno puede esperar. ¿Imaginan la impaciencia y el deseo, creciendo semana a semana, esperando el siguiente fascículo acompañado de las correspondientes piezas?

El látex es un material fabuloso, uno de los inventos angulares de los tiempos modernos. Con una iluminación tenue (ya saben, “de noche todos los gatos son pardos”) y una temperatura ambiente agradable, podemos afirmar que el látex es el mejor amigo del viernes. Permite trocear las anatomías para el disfrute selectivo de determinadas áreas corporales. Veamos.

Pezones. En un sex shop de San Francisco me topé con una insólita oferta: una caja de pezones. Con precios que oscilaban entre los cinco y los treinta dólares, podían hallarse de todos los tipos imaginables. La base era de látex, ideal para fijar en el escritorio de trabajo, y poder tontear con los dedos mientras pensamos. Los colores iban desde el más suave y rosado al más oscuro y rugoso. El stand de pezones estaba situado junto a la caja registradora, de igual manera que en un supermercado encontramos pilas, maquinillas de afeitar y chicles junto a la salida.

Pechos. Hace poco he adquirido dos juegos de pechos de látex en una tienda china del centro de la ciudad. En este caso nos encontramos ante la idea contraria, porque no tienen pezones, sin embargo, la textura y la calidez de la piel son extraordinarias. Las mamas se adhieren a la piel con asombrosa facilidad, y cualquier camiseta ajustada puede garantizar su permanencia. Quien esto escribe se ha divertido mucho este verano paseando por las calles, presumiendo de delantera y sembrando la confusión. Sin escote.

Manos. Cualquier pajillero medianamente profesional habrá experimentado alguna vez las ventajas de un guante de látex (o de fregar) lleno de aire, cuyos dedos proporcionan caricias tan torpes como entrañables. Hoy se comercializan unas manos femeninas bastante creíbles, dotadas de largas uñas pintadas de rojo, tensión muscular, y un vibrador incorporado que permite la ilusión onanista de que la mano que nos toca es la de otra persona.

Bocas. Es preciso admitir que la visión de una boca sintética, en su embalaje, con sus instrucciones en el reverso del estuche de plástico… produce cierta perplejidad. Es un juguete que es solo una boca. Con labios carnosos, gel lubricante, un lecho interior confortable y profundo… y el vibrador de siempre.

Vaginas. Estos juguetes son muy realistas, terminan en el nacimiento de los muslos, y no llegan al ombligo. El vello púbico está muy logrado (en algunos casos aseguran que es natural, lo que alimenta las fantasías de cualquier necrófilo). En el kit se suministran dos frasquitos. Uno contiene un líquido para la higiene de la vagina. Y el otro sirve para humedecer todo el área de ‘diversión’, aportando al vello y a los labios la humedad, viscosidad ¡y olor! necesarios para que la experiencia sea satisfactoria.

Culo. Este ejemplar lo he visto en una famosa tienda madrileña de artículos eróticos regentada por chicas y con una sensibilidad diferente. Por eso me chocó el artefacto. Un auténtico culo que pesa más de 10 kg, macizo y azotable. No diré más.

¿Por qué nadie comercializa un muslo, o los codos, o el páncreas, o una oreja…? Volviendo al kiosko, el usuario podría enamorarse de la mujer por entregas. Y solo cuando haya ensamblado con cuidado y cariño cada parte de su anatomía, podrá poseerla. La pieza que se entregaría con el último fascículo sería, por supuesto… un traje de novia.

Nota del Autor

Antes de que se me mosqueen las fundamentalistas del ya extinto Observatorio de la Igualdad de Género (y equivalentes) la palabra “Mujer” se puede reemplazar por la palabra “Hombre” en todo el artículo.

Imagen: Kheel Center, reproducida bajo licencia CC.

 

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