12 de abril 2018    /   ENTRETENIMIENTO
por
 Rocío Cañero

Brogrammer: así llaman al programador «machote»

12 de abril 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          Rocío Cañero
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En el lenguaje del futuro se oyen ecos de teclados. Y algún bip. En muchas de las palabras venideras estará escrita la historia de Silicon Valley y de las hordas de informáticos e ingenieros que están diseñando hoy los aparatos y el modo de vida del siglo XXI.

Pero no hay que esperar ni un día más para ver en las palabras el reflejo de lo que ocurre en la industria de la programación. Hace casi una década apareció un término, brogrammer, que describía a algunos de los jóvenes que estaban ocupando las oficinas de Facebook, Google y otras compañías de cables, satélites y algoritmos.

El palabro aludía primero a las hermandades (bro) y especificaba después que esto ocurre entre programadores (grammers). Apareció con cierta mofa pero, a la vez que han ido cambiando las ideas y la conciencia de la sociedad, mutaban las connotaciones que el término tiene a su alrededor. Ya no es un chiste y ahora lo arrojan a la cara de muchos programadores.

brogrammer

«Yo, sin querer, construí una cultura brogrammer. Ahora la estoy deshaciendo», entona en un mea culpa el CEO de una plataforma de vídeo en la revista Fast Company. No es nada raro encontrar esta palabra en titulares de medios tan prestigiosos como Wired, The Guardian o The New York Times.

Hoy el término lleva implícito el reproche. Acusan a los brogrammers de estar más interesados en formar un «club de amigos» (que se dicen entre ellos «Hey, bro!») que de buscar el mejor talento. Y los critican porque, agrupados como una piña, mantienen el poder en las manos de siempre: hombres, blancos y heterosexuales.

Muchos de ellos son los que están escribiendo el código y los algoritmos de hoy y de mañana. Y eso hace que haya mucha testosterona en las órdenes que hacen funcionar los aparatos. O como explica Media Trendala: «El futuro tendrá barba». En los principales lenguajes de programación, la aportación de las mujeres apenas representa un 10%, y ante el dato, los autores del Trendala, Prodigioso Volcán y Philumen, se preguntan: «¿Escalarán las mujeres a la cima de la nueva economía o la inteligencia artificial dominada por hombres (Artificial Mantelligence) nos llevará por otros derroteros?».

En el lenguaje del futuro se oyen ecos de teclados. Y algún bip. En muchas de las palabras venideras estará escrita la historia de Silicon Valley y de las hordas de informáticos e ingenieros que están diseñando hoy los aparatos y el modo de vida del siglo XXI.

Pero no hay que esperar ni un día más para ver en las palabras el reflejo de lo que ocurre en la industria de la programación. Hace casi una década apareció un término, brogrammer, que describía a algunos de los jóvenes que estaban ocupando las oficinas de Facebook, Google y otras compañías de cables, satélites y algoritmos.

El palabro aludía primero a las hermandades (bro) y especificaba después que esto ocurre entre programadores (grammers). Apareció con cierta mofa pero, a la vez que han ido cambiando las ideas y la conciencia de la sociedad, mutaban las connotaciones que el término tiene a su alrededor. Ya no es un chiste y ahora lo arrojan a la cara de muchos programadores.

brogrammer

«Yo, sin querer, construí una cultura brogrammer. Ahora la estoy deshaciendo», entona en un mea culpa el CEO de una plataforma de vídeo en la revista Fast Company. No es nada raro encontrar esta palabra en titulares de medios tan prestigiosos como Wired, The Guardian o The New York Times.

Hoy el término lleva implícito el reproche. Acusan a los brogrammers de estar más interesados en formar un «club de amigos» (que se dicen entre ellos «Hey, bro!») que de buscar el mejor talento. Y los critican porque, agrupados como una piña, mantienen el poder en las manos de siempre: hombres, blancos y heterosexuales.

Muchos de ellos son los que están escribiendo el código y los algoritmos de hoy y de mañana. Y eso hace que haya mucha testosterona en las órdenes que hacen funcionar los aparatos. O como explica Media Trendala: «El futuro tendrá barba». En los principales lenguajes de programación, la aportación de las mujeres apenas representa un 10%, y ante el dato, los autores del Trendala, Prodigioso Volcán y Philumen, se preguntan: «¿Escalarán las mujeres a la cima de la nueva economía o la inteligencia artificial dominada por hombres (Artificial Mantelligence) nos llevará por otros derroteros?».

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