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9 de febrero 2017    /   DIGITAL
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Redes sociales: por qué los debates acaban en bronca

9 de febrero 2017    /   DIGITAL     por        ilustracion  Desgastado
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Basta con que te asomes ahora mismo a Twitter o a las cadenas de comentarios de las principales noticias del día. Ahí los tienes. La conversación arranca con una afirmación sin desprecios ni insultos —a veces hasta inteligente y original— y se ve sucedida por una lluvia de acusaciones, humillaciones, gritos mayusculares y peticiones de censura.

Los tres motivos por los que la mayoría de las personas no perciben lo mismo en Facebook no son tranquilizadores. Primero, Zuckerberg elimina o amenaza con eliminar cualquier expresión, contenido y usuario que perturbe la paz (da igual si es legítimo). Segundo, casi nadie admite como amigo a quien cuestiona sus puntos de vista sobre cuestiones fundamentales. Y tercero, los titulares de la cuenta siguen sólo las publicaciones o los perfiles de sus amistades que o les dan la razón o, al menos, no se la quitan.

La pregunta sobre la bronca de las redes sociales es crucial porque, con la creciente digitalización de la comunicación y las relaciones humanas, es muy posible que lo que sucede en Twitter no se quede en Twitter. Dicho de otra forma: el tono violento de las disputas reverbera sobre la realidad física e influye en nuestra manera de dirigirnos a los demás. Esto transforma tanto al autor de los desprecios como a la víctima y los testigos, hoy convertidos en el público de un espectáculo dantesco.

redes sociales

Conocemos ejemplos de personas pacíficas que se convierten en troles en las redes. Es obvio que no viven dos vidas: sus acciones virtuales alteran y extreman también sus comportamientos y opiniones en el mundo físico. Al mismo tiempo, sus desprecios fuerzan a sus víctimas a pagarles con la misma moneda —ha comenzado una espiral de violencia— mientras la audiencia, transmutada en turba, no sólo devora sus palomitas, sino que empieza a admirar y aplaudir los comportamientos agresivos como un medio legítimo de garantizar sumisión. El objetivo de cualquier debate online que arrase no es ni la verdad, ni el aprendizaje mutuo ni la persuasión. El objetivo es someter, silenciar y postrar al otro.

Se tolera lo intolerable porque se entiende que no hay una persona herida detrás del perfil de Twitter. Pero la hay. Muchas de las palabras que nos parecen oportunas en un comentario de noticias las consideraríamos violencia doméstica —un delito odioso— si se produjeran en el seno del hogar de una pareja. La adicción a las amenazas, las vejaciones y los intercambios de insultos de algunos matrimonios no es tan distinta a la adicción a las actualizaciones sobre las amenazas, las vejaciones y los intercambios de insultos de una noticia. Si quieres darte una vuelta por ese submundo, te recomiendo Reading the Comments: Likers, Haters, and Manipulators at the Bottom of the Web.

redes sociales

¿Pero por qué acaban muchas de las discusiones interesantes entre personas inteligentes en una bronca incendiaria y estúpida entre gallos de pelea? Para empezar, porque vivimos tiempos de cambios rápidos y profundos, y los cambios rápidos y profundos provocan ansiedad, fanatismo y miedo al otro. No es extraño en un contexto marcado por las heridas de la crisis económica, la desestabilización de las instituciones y los valores tradicionales (llámalo ‘modernidad líquida’), la omnipresencia de la disrupción tecnológica y unas formas de comunicación que dan la sensación de que las transformaciones se han acelerado hasta el frenesí.

La ansiedad (‘necesito responder y que me respondan inmediatamente a ese mensaje’), el fanatismo (‘tengo que imponer mi razón para creer que la tengo’) y el miedo al otro (da igual si te sientes amenazado por el rico, el pobre, el gobernante, el inmigrante, el tecnólogo o el ludita) son una receta fantástica para convertir un diálogo constructivo en una experiencia violenta.

Lo desconocido

Otro motivo por el que los debates acaban en bronca en las redes sociales es que todavía no sabemos discutir con desconocidos, que es justamente lo que invitan a hacer los tiempos convulsos y las tecnologías de la comunicación.

Hasta la llegada de los foros de internet, los debates —por ejemplo, ideológicos— entre desconocidos eran, normalmente, minoritarios (participaban pocas personas), la mentalidad de los que intervenían era más homogénea (compartían, por lo general, unas cuantas verdades básicas, unos intereses comunes y un nivel educativo equivalente) y la identidad de los intervinientes estaba clara desde el principio (si se producían amenazas o insultos, se sabía si debían tomarse en serio, quiénes eran los responsables y, muchas veces, dónde encontrarlos). Los primeros foros de discusión de internet sí heredaron una práctica de sus predecesores: favorecían la reflexión y la atención (muchos se tomaban horas y días para contestar) y existían reglas básicas de comportamiento y un moderador capaz de imponerlas.

redes sociales

En las redes sociales, y muy especialmente en Twitter, navegamos unos debates masivos prácticamente sin moderación ni reglas de comportamiento, donde intervienen miles de perfiles anónimos en los que se ocultan personas con niveles educativos, valores e intereses totalmente distintos.

A pesar de esta confusión acrecentada, sólo la respuesta brevísima y ultrarrápida es bienvenida (la extensa y pausada o no ‘entra’ o nadie la lee), meditar se considera guardar silencio y el silencio otorga, la mayoría de los trending topics se encienden y apagan en menos de una hora. Durante los grandes debates que se celebraron en la lucha por la igualdad de los negros en Estados Unidos en los años sesenta, Marshall Rosenberg, un psicólogo que estudió la comunicación no violenta, propuso una serie de reglas. No hace falta decir que, en los grandes temas de discusión, ni las redes sociales las favorecen ni sus usuarios las practican.

Ya basta. Ha llegado el momento no sólo de digitalizar la realidad, sino también de imponer las normas de la realidad sobre el mundo digital. Estamos perdiendo la atención, empatía y respeto que exige cualquier intercambio y estamos mostrándole a una generación entera que utiliza las redes sociales para comunicarse, formarse e informarse que la única manera de debatir algo importante es ser ofensivo o guardar silencio, ser breve y superficial o guardar silencio, no tener en cuenta las consecuencias de lo que se afirmamos sobre nosotros mismos y sobre los demás o guardar silencio. Las agresiones digitales siguen siendo agresiones. ¿Negaremos que detrás de cada argumento hay una persona que necesita caminar y expresarse en un espacio público sin exponerse al desprecio o al ridículo? Pues ya basta.

 

Basta con que te asomes ahora mismo a Twitter o a las cadenas de comentarios de las principales noticias del día. Ahí los tienes. La conversación arranca con una afirmación sin desprecios ni insultos —a veces hasta inteligente y original— y se ve sucedida por una lluvia de acusaciones, humillaciones, gritos mayusculares y peticiones de censura.

Los tres motivos por los que la mayoría de las personas no perciben lo mismo en Facebook no son tranquilizadores. Primero, Zuckerberg elimina o amenaza con eliminar cualquier expresión, contenido y usuario que perturbe la paz (da igual si es legítimo). Segundo, casi nadie admite como amigo a quien cuestiona sus puntos de vista sobre cuestiones fundamentales. Y tercero, los titulares de la cuenta siguen sólo las publicaciones o los perfiles de sus amistades que o les dan la razón o, al menos, no se la quitan.

La pregunta sobre la bronca de las redes sociales es crucial porque, con la creciente digitalización de la comunicación y las relaciones humanas, es muy posible que lo que sucede en Twitter no se quede en Twitter. Dicho de otra forma: el tono violento de las disputas reverbera sobre la realidad física e influye en nuestra manera de dirigirnos a los demás. Esto transforma tanto al autor de los desprecios como a la víctima y los testigos, hoy convertidos en el público de un espectáculo dantesco.

redes sociales

Conocemos ejemplos de personas pacíficas que se convierten en troles en las redes. Es obvio que no viven dos vidas: sus acciones virtuales alteran y extreman también sus comportamientos y opiniones en el mundo físico. Al mismo tiempo, sus desprecios fuerzan a sus víctimas a pagarles con la misma moneda —ha comenzado una espiral de violencia— mientras la audiencia, transmutada en turba, no sólo devora sus palomitas, sino que empieza a admirar y aplaudir los comportamientos agresivos como un medio legítimo de garantizar sumisión. El objetivo de cualquier debate online que arrase no es ni la verdad, ni el aprendizaje mutuo ni la persuasión. El objetivo es someter, silenciar y postrar al otro.

Se tolera lo intolerable porque se entiende que no hay una persona herida detrás del perfil de Twitter. Pero la hay. Muchas de las palabras que nos parecen oportunas en un comentario de noticias las consideraríamos violencia doméstica —un delito odioso— si se produjeran en el seno del hogar de una pareja. La adicción a las amenazas, las vejaciones y los intercambios de insultos de algunos matrimonios no es tan distinta a la adicción a las actualizaciones sobre las amenazas, las vejaciones y los intercambios de insultos de una noticia. Si quieres darte una vuelta por ese submundo, te recomiendo Reading the Comments: Likers, Haters, and Manipulators at the Bottom of the Web.

redes sociales

¿Pero por qué acaban muchas de las discusiones interesantes entre personas inteligentes en una bronca incendiaria y estúpida entre gallos de pelea? Para empezar, porque vivimos tiempos de cambios rápidos y profundos, y los cambios rápidos y profundos provocan ansiedad, fanatismo y miedo al otro. No es extraño en un contexto marcado por las heridas de la crisis económica, la desestabilización de las instituciones y los valores tradicionales (llámalo ‘modernidad líquida’), la omnipresencia de la disrupción tecnológica y unas formas de comunicación que dan la sensación de que las transformaciones se han acelerado hasta el frenesí.

La ansiedad (‘necesito responder y que me respondan inmediatamente a ese mensaje’), el fanatismo (‘tengo que imponer mi razón para creer que la tengo’) y el miedo al otro (da igual si te sientes amenazado por el rico, el pobre, el gobernante, el inmigrante, el tecnólogo o el ludita) son una receta fantástica para convertir un diálogo constructivo en una experiencia violenta.

Lo desconocido

Otro motivo por el que los debates acaban en bronca en las redes sociales es que todavía no sabemos discutir con desconocidos, que es justamente lo que invitan a hacer los tiempos convulsos y las tecnologías de la comunicación.

Hasta la llegada de los foros de internet, los debates —por ejemplo, ideológicos— entre desconocidos eran, normalmente, minoritarios (participaban pocas personas), la mentalidad de los que intervenían era más homogénea (compartían, por lo general, unas cuantas verdades básicas, unos intereses comunes y un nivel educativo equivalente) y la identidad de los intervinientes estaba clara desde el principio (si se producían amenazas o insultos, se sabía si debían tomarse en serio, quiénes eran los responsables y, muchas veces, dónde encontrarlos). Los primeros foros de discusión de internet sí heredaron una práctica de sus predecesores: favorecían la reflexión y la atención (muchos se tomaban horas y días para contestar) y existían reglas básicas de comportamiento y un moderador capaz de imponerlas.

redes sociales

En las redes sociales, y muy especialmente en Twitter, navegamos unos debates masivos prácticamente sin moderación ni reglas de comportamiento, donde intervienen miles de perfiles anónimos en los que se ocultan personas con niveles educativos, valores e intereses totalmente distintos.

A pesar de esta confusión acrecentada, sólo la respuesta brevísima y ultrarrápida es bienvenida (la extensa y pausada o no ‘entra’ o nadie la lee), meditar se considera guardar silencio y el silencio otorga, la mayoría de los trending topics se encienden y apagan en menos de una hora. Durante los grandes debates que se celebraron en la lucha por la igualdad de los negros en Estados Unidos en los años sesenta, Marshall Rosenberg, un psicólogo que estudió la comunicación no violenta, propuso una serie de reglas. No hace falta decir que, en los grandes temas de discusión, ni las redes sociales las favorecen ni sus usuarios las practican.

Ya basta. Ha llegado el momento no sólo de digitalizar la realidad, sino también de imponer las normas de la realidad sobre el mundo digital. Estamos perdiendo la atención, empatía y respeto que exige cualquier intercambio y estamos mostrándole a una generación entera que utiliza las redes sociales para comunicarse, formarse e informarse que la única manera de debatir algo importante es ser ofensivo o guardar silencio, ser breve y superficial o guardar silencio, no tener en cuenta las consecuencias de lo que se afirmamos sobre nosotros mismos y sobre los demás o guardar silencio. Las agresiones digitales siguen siendo agresiones. ¿Negaremos que detrás de cada argumento hay una persona que necesita caminar y expresarse en un espacio público sin exponerse al desprecio o al ridículo? Pues ya basta.

 

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Opiniones 7
  • No cabe duda que con la llegada de las redes sociales existente y con el devenir del tiempo, muchas de las personas tienen la creencia que son expertos en todas las materias del conocimiento, lo que les da la facultad de opinar sobre cualquier tema. Dicho esto cuando se intercambian distintas opiniones y todos quieren tener la razón, todo esto sumado a una gran incapacidad de tolerancia, pienso que es ahí cuando se genera esta violencia, que cada vez se torna mas contraproducente, fomentando un clima nocivo y poco enriquecedor.

  • Muy de acuerdo con tu último párrafo, pues a mi juicio una de las razones principales de las broncas en redes sociales es el que la palabra escrita aguanta mucho y la cobardía (aleonada por la intolerancia en que cae mucha gente) aflora, llevando a muchos/as a la agresión verbal cuando, lo más seguro, no serían tan gallitos, agresores, ofensores y descalificadores si la conversación se produjera cara a cara. Por lo visto, el anonimato (pues sigue siéndolo aunque uno/a ponga su verdadero nombre, ya que en las redes sociales la mayoría de los participantes no se conoce en persona) saca lo peor de demasiadas personas. Volvamos a las buenas formas, a la educación con que nos criaron, a la tolerancia y la empatía, que tanta falta nos hace.

  • Las discusiones en twitter no tienen nada que ver con las discusiones en un foro… aunque haya gente que pretenda usar ambas herramientas de la misma forma.
    .
    Twitter no permite debatir de verdad, y ese es el error. En 140 caracteres sólo puedes expresar una idea esquemática, pero no puedes argumentar ni rebatir argumentos. No se puede profundizar y eso simplifica enormemente el contenido del «debate»
    .
    Está pensado para el eslogan en una frase.
    Yo, que he crecido en los BBS, listas de distribución y foros, estoy acostumbrado al debate sosegado, con mensajes mucho más largos. Y twitter se me hace imposible para debatir.
    .
    140 caracteres se prestan a malas interpretaciones. Y además twitter NO se ideó para el debate. En ese sentido hemos ido para atrás.

  • Las discusiones en twitter no tienen nada que ver con las discusiones en un foro… aunque haya gente que pretenda usar ambas herramientas de la misma forma.
    Twitter no permite debatir de verdad, y ese es el error. En 140 caracteres sólo puedes expresar una idea esquemática, pero no puedes argumentar ni rebatir argumentos. No se puede profundizar y eso simplifica enormemente el contenido del «debate»
    Está pensado para el eslogan en una frase.
    Yo, que he crecido en los BBS, listas de distribución y foros, estoy acostumbrado al debate sosegado, con mensajes mucho más largos. Y twitter se me hace imposible para debatir.

  • Ya, pero el mismo concepto de «agresión» es muy volátil. Hay gente que cree que toda postura contraria a la suya es una agresión, hay quien participa con una checklist donde una sola respuesta no acorde te califica como agresor, hay quien no soporta que ataquen sus debilidades argumentales…Participo en algunos foros y los únicos que se llevan bien son los de personas que comparten bases «morales» comunes y son capaces de evitar temas calientes que no vienen al caso. La prensa ya es otra historia, ahí se ve el fanatismo y el maniqueísmo en su salsa y donde se deberían evitar esas posiciones largamente (mal) argumentadas y defendidas. 140 caracteres son pocos, 140 líneas, demasiadas, que no todos son unos Cicerones atacando a Catilina…

  • REDES SOCIALES
    Las redes sociales en los adolescentes causan cierta distracción y a la vez un motor de aprendizaje ya que estas a lo largo de los años se han convertido en una herramienta que permite conocer, analizar, transmitir y contraer información que ayuda a la realización de tareas, trabajos etc. Es importante mencionar que a través de estas grandes redes de comunicación como lo son las redes sociales los jóvenes de ahora pueden utilizarlas para el ámbito académico para elevar su promedio de aprovechamiento.
    Claramente que con el buen uso que hagan de estas redes sociales se puede llegar a más, es decir, trasformar información y saberla manejar así como facilitaría la creatividad de los adolescentes, con su buen uso.
    Estos sistemas de información a los que estamos inmersos todos los días cada día innovan y cambian, es por eso que se debes ejecutar como es debidamente.
    Es importante estimular en niños y adolescente el valor que tiene la comunicación directa por encima de la comunicación mediada por objetos tecnológicos. Esto ayudará a que a temprana edad sepan usar las redes sociales y otras redes de comunicación.
    Se ha mostrado que Internet estimula un mayor número de regiones cerebrales, aumenta la memoria de trabajo, produce una mayor capacidad de aprendizaje perceptual y permite hacer frente a varios estímulos de manera simultánea.

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