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5 de diciembre 2014    /   IDEAS
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¿Qué fue de la buena letra?

5 de diciembre 2014    /   IDEAS     por          
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Probad, probad a escribir una carta y veréis. Probad a redactar un folio a mano… Duelen los dedos, el bolígrafo no marca en rojo las faltas de ortografías, hay que tachar, si nos equivocamos no podemos hacer un control+z, no hay opción copiar y pegar de otro lado, ¡cansa mucho! ¡Qué desastre!
¿Y la letra que tenemos? Si en algún momento tuvimos buena letra, ¿qué fue de ella? Es difícil mantener la horizontalidad y hasta las palabras se ven raras escritas a mano… Y es que en el ordenador queda todo tan limpito, hasta podemos reflejar nuestra personalidad eligiendo una comic sans o una times new roman, mientras que a mano, qué desastre, si no me reconozco en esta letra de niño…
Es cierto que nuestra letra dice mucho de nosotros, o eso se ha dicho siempre, pero últimamente lo que puede decir es que no somos muy analógicos, que no cultivamos la caligrafía y que nos quedamos en los años escolares…
¿Sabemos cómo es la letra de nuestro mejor amigo? Porque antes era muy normal reconocerla. Siempre se ha valorado la buena letra, incluso hay quien se ha enamorado de una. ¿Y esas cartas de amor manuscritas? Seguro que algún nostálgico todavía las cultiva, deberían guardarse como reliquias.
¿Qué escribimos a mano? La lista de la compra, notas personales,… en definitiva nada importante. Lo importante lo dejamos para el teclado, sobre todo porque menudo desastre de letra nos está quedando. Y sin embargo, cuando vemos una letra bonita, cuidada, equilibrada, nos gusta y lo apreciamos.
¿Qué está pasando? Nos volvemos digitales, analógicamente vagos. Y es que seamos sinceros, ya nadie escribe, ni siquiera cartas, casi ni para felicitar las fiestas. Hace pocos años aún dedicábamos tiempo a redactar mensajes electrónicos de «feliz año nuevo», y ya ni eso; ahora es un whatsapp que reenviamos a diestro y siniestro sin a veces siquiera haberlo escrito nosotros. Remitimos algo que nos llegó y nos pareció gracioso.

La letra dice mucho de nosotros, o eso se ha dicho siempre


Con lo grande que es recibir una carta o una postal. Ese momento en el que abres el buzón, el de verdad, y hay una carta para ti, con tu nombre y tu dirección escritos a mano, ese momento, ese momento de felicidad absoluta al saber que no solo los bancos, los publicistas y Hacienda te envían misivas. Ese momento en el que sabes que alguien te ha dedicado tiempo y se ha acordado de ti. Tanta es la felicidad que solo por eso vale la pena mirar de vez en cuando qué esconde el buzón.
¿Y la ilusión del sello? Lo difícil que debe ser hoy en día coleccionar sellos. Seguro que los coleccionistas están en peligro de extinción, junto con los que escriben cartas de amor. Y es que todo son cuños y cosas impresas que valen por un sello. Qué fue de los sellos… Todavía no he tenido la oportunidad de recibir uno con los nuevos reyes, pero sí sé que no siempre es necesario rechupetear ese sabor amargo del sello: ya existen ¡en pegatina! Y la verdad, un buen avance, porque mira que saben mal los sellos… Y hasta debe ser antialgo: anti buena salud o antiecológico, o yo qué se, que ese sabor a pegamento no debe ser nada bueno.
Pues sepan ustedes que está volviendo la buena letra, que se están poniendo de moda los talleres de caligrafía. El arte de escribir con tinta empieza a ser algo en boga, aparecen clubs donde recuperan esta tradición. Así que ya lo saben, despacito y con buena letra.

Probad, probad a escribir una carta y veréis. Probad a redactar un folio a mano… Duelen los dedos, el bolígrafo no marca en rojo las faltas de ortografías, hay que tachar, si nos equivocamos no podemos hacer un control+z, no hay opción copiar y pegar de otro lado, ¡cansa mucho! ¡Qué desastre!
¿Y la letra que tenemos? Si en algún momento tuvimos buena letra, ¿qué fue de ella? Es difícil mantener la horizontalidad y hasta las palabras se ven raras escritas a mano… Y es que en el ordenador queda todo tan limpito, hasta podemos reflejar nuestra personalidad eligiendo una comic sans o una times new roman, mientras que a mano, qué desastre, si no me reconozco en esta letra de niño…
Es cierto que nuestra letra dice mucho de nosotros, o eso se ha dicho siempre, pero últimamente lo que puede decir es que no somos muy analógicos, que no cultivamos la caligrafía y que nos quedamos en los años escolares…
¿Sabemos cómo es la letra de nuestro mejor amigo? Porque antes era muy normal reconocerla. Siempre se ha valorado la buena letra, incluso hay quien se ha enamorado de una. ¿Y esas cartas de amor manuscritas? Seguro que algún nostálgico todavía las cultiva, deberían guardarse como reliquias.
¿Qué escribimos a mano? La lista de la compra, notas personales,… en definitiva nada importante. Lo importante lo dejamos para el teclado, sobre todo porque menudo desastre de letra nos está quedando. Y sin embargo, cuando vemos una letra bonita, cuidada, equilibrada, nos gusta y lo apreciamos.
¿Qué está pasando? Nos volvemos digitales, analógicamente vagos. Y es que seamos sinceros, ya nadie escribe, ni siquiera cartas, casi ni para felicitar las fiestas. Hace pocos años aún dedicábamos tiempo a redactar mensajes electrónicos de «feliz año nuevo», y ya ni eso; ahora es un whatsapp que reenviamos a diestro y siniestro sin a veces siquiera haberlo escrito nosotros. Remitimos algo que nos llegó y nos pareció gracioso.

La letra dice mucho de nosotros, o eso se ha dicho siempre


Con lo grande que es recibir una carta o una postal. Ese momento en el que abres el buzón, el de verdad, y hay una carta para ti, con tu nombre y tu dirección escritos a mano, ese momento, ese momento de felicidad absoluta al saber que no solo los bancos, los publicistas y Hacienda te envían misivas. Ese momento en el que sabes que alguien te ha dedicado tiempo y se ha acordado de ti. Tanta es la felicidad que solo por eso vale la pena mirar de vez en cuando qué esconde el buzón.
¿Y la ilusión del sello? Lo difícil que debe ser hoy en día coleccionar sellos. Seguro que los coleccionistas están en peligro de extinción, junto con los que escriben cartas de amor. Y es que todo son cuños y cosas impresas que valen por un sello. Qué fue de los sellos… Todavía no he tenido la oportunidad de recibir uno con los nuevos reyes, pero sí sé que no siempre es necesario rechupetear ese sabor amargo del sello: ya existen ¡en pegatina! Y la verdad, un buen avance, porque mira que saben mal los sellos… Y hasta debe ser antialgo: anti buena salud o antiecológico, o yo qué se, que ese sabor a pegamento no debe ser nada bueno.
Pues sepan ustedes que está volviendo la buena letra, que se están poniendo de moda los talleres de caligrafía. El arte de escribir con tinta empieza a ser algo en boga, aparecen clubs donde recuperan esta tradición. Así que ya lo saben, despacito y con buena letra.

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Opiniones 19
  • Que buen artículo, hace tiempo que quería escribir sobre esto. Para los que tenemos dislexia es ya casi imposible escribir a mano, mi letra ya no es letra, es garabatos. Lo único que me salva para entender que escribí es apuntarlo de tal manera que recuerdo el día y donde lo escribí si no necesito media hora para decifrar que quería apuntar.

  • Aquí una que se niega a desterrar el correo tradicional! Soy fiel a mi cita con los christmas navideños y de vez en cuando, aleatoriamente, también mando algo el resto del año (penpals, postcrossing…). Soy muy fan de la alegría del que recibe algo en el buzón que no son facturas ni publicidad.
    Ahora eso sí, el coleccionista de sellos lo tiene que estar pasando mal no solo por la escasez de los mismos, sino por lo rematadamente feos que son los de ahora (al menos en España).

  • La cuestión es que tecleo más del doble de rápido que manuscribo, y con mucha menos molestia y esfuerzo en los dedos. Además el texto ya está digitalizado para editar, pues sólo los genios escriben bien a la primera.
    Podéis mediros copiando un texto cualquiera de la pantalla y contando sus carácteres pegándolo en el procesador de texto.
    La contrapartida es la que dices, a mano vas perdiendo soltura. Y otra peor es que precisamente por esa mayor rapidez y facilidad de editar tiendes a vaguear mentalmente, en vez de pensar mejor la redacción. Muchas veces me quedo con la sensación de haber perdido más tiempo editando que si lo hubiera hecho a mano parándome a pensar.

  • La cuestión es que tecleo más del doble de rápido que manuscribo, y con mucha menos molestia y esfuerzo en los dedos. Además el texto ya está digitalizado para editar, pues sólo los genios escriben bien a la primera.
    Podéis cronometraros copiando un texto digital de la pantalla con los dos métodos, y luego contando sus carácteres con copia-pega en el procesador de texto.
    La contrapartida es la que dices, a mano vas perdiendo soltura. Y otra peor es que precisamente por esa mayor rapidez y facilidad de editar tiendes a vaguear mentalmente, en vez de pensar mejor la redacción. Muchas veces me quedo con la sensación de haber perdido más tiempo editando que si lo hubiera hecho a mano parándome a pensar.

  • Sólo los malos ingenieros no escriben en papel, es algo que me enseñaron hace años y me costó aprender, es imposible pensar sin un boli en las manos y un papel en blanco.
    Serán los de letras los que no escriben porque todo ingeniero que conozco escribe mucho aunque tenga mala caligrafía.

  • A mí me preocupa que en Finlandia se estén planteando dejar de enseñar escritura a mano para sustituirla por escritura en teclado (que «en mis tiempos» se llamaba mecanografía). Entiendo también que la tecnología cambia, y que estamos en un cambio de era. Tal vez este temor mío es el mismo que tuvieron los amanuenses cuando se inventó la imprenta, y los pintores cuando se inventó la fotografía…

  • La imagen de cabecera es un buen ejemplo de lo que a continuación dice el artículo: hemos olvidado escribir, tanto que nos comemos una erre (escibir) porque ya no tenemos soltura, y hemos olvidado la cursiva, tanto que usamos la letra de molde para imitar la forma de las letras en el teclado en lugar de usar la que tenían cuando nos enseñaron a escribir. Esa a, esa s, esa r… tsk. Habrá que plantearse recuperar los cuadernillos Rubio.

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