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8 de enero 2018    /   CREATIVIDAD
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¿De dónde salen las buenas ideas?

8 de enero 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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La innovación es un elemento consustancial al género humano. La necesidad de mejorar las condiciones de vida o actualizar elementos cotidianos como la ropa, el ocio o las herramientas de trabajo hace que las personas estén siempre ideando soluciones a esas demandas.

Pero ¿de dónde vienen esas ideas, especialmente las buenas? El libro The Runaway Species: How Human Creativity Remakes the World, de Anthony Brandt y David Eagleman, analiza la evolución de la creatividad humana.

Una innovación parte siempre de una anterior, aseguran estos autores. Cuando Henry Ford transformó la industria del automóvil por la producción en serie, no estaba inventando nada nuevo.

Su brillante idea se basaba en otra anterior, en una de Eli Whitney, fabricante de rifles de principios de XIX que diseñó modelos basados en piezas intercambiables. De esta manera, el deterioro de uno de los componentes no suponía tener que deshacerse del rifle sino nada más que sustituir la pieza defectuosa.

Sin embargo, en ocasiones hay avances que suponen una transformación que no parece basada en nada anterior. Nuevas formas de hacer que colocan a la disciplina en cuestión a años de distancia de todo lo hecho antes.

Así es como definen Brandt y Eagleman lo sucedido con Las señoritas de Aviñón de Picasso. Un lienzo completamente diferente que rompía con la tradición clásica, pero en la que no dejan de resonar ecos de Cezanne, de El Greco, de Paul Gauguin y del arte ibero o africano.

Según Brand y Eagleman, todas esas referencias estaban al alcance de los contemporáneos del pintor malagueño. Sin embargo, solo Picasso reparó en ellos y los utilizó para su arte de una forma totalmente inusual. Como afirmaba Montaigne, «las abejas saquean las flores aquí y allá, pero después hacen de ellas miel, que es toda suya aún así con cosas prestadas por otros». De la misma manera trabaja la creatividad, incluso la de los genios, a la hora de crear cosas nuevas.

El siguiente paso en el razonamiento de Brandt y Eagleman es afirmar que la creatividad y la innovación se basan en la memoria. Para afianzar esto, recurren a la experiencia de Lonni Sue Johnson, una ilustradora a la que una infección provocó una amnesia casi total. A partir de entonces, no fue capaz de dibujar. No se le ocurría nada. Carecía de todo referente o material a partir del cual generar nuevos trabajos.

Además de con la memoria, la creatividad está estrechamente relacionada con la necesidad. Según contaba William S. Burroughs en sus clases de escritura y lectura creativa, a mediados de los años 70, la literatura llevaba 50 años de retraso respecto a las artes plásticas. La razón que el escritor beat daba a esa situación era el hecho de que la literatura no se había sentido amenazada, como le había sucedido a la pintura.

Hasta el siglo XIX, los pintores se limitaron a reproducir la realidad con un grado de perfección asombroso. Sin embargo, la aparición de la fotografía hizo que su trabajo se tornase inútil. Era necesario renovarse para poder sobrevivir y, en esa nueva búsqueda creativa, surgieron movimientos que se separaban de la perfección fotográfica.

El impresionismo, el puntillismo, el expresionismo, el cubismo y la abstracción son fruto de ese momento crítico para el arte. Una crisis que la literatura no experimentó hasta mucho después con, por ejemplo, la aparición del cine y la televisión.

Por último, otro de los elementos que influyen en la creatividad y las buenas ideas es que el desarrollo tecnológico sea suficiente para llevarlas a cabo. Los griegos, por ejemplo, ya sabían de la capacidad del vapor para mover objetos, pero fue James Watt el que, siglos después, fue capaz de transformar ese conocimiento en una máquina de vapor.

La innovación es un elemento consustancial al género humano. La necesidad de mejorar las condiciones de vida o actualizar elementos cotidianos como la ropa, el ocio o las herramientas de trabajo hace que las personas estén siempre ideando soluciones a esas demandas.

Pero ¿de dónde vienen esas ideas, especialmente las buenas? El libro The Runaway Species: How Human Creativity Remakes the World, de Anthony Brandt y David Eagleman, analiza la evolución de la creatividad humana.

Una innovación parte siempre de una anterior, aseguran estos autores. Cuando Henry Ford transformó la industria del automóvil por la producción en serie, no estaba inventando nada nuevo.

Su brillante idea se basaba en otra anterior, en una de Eli Whitney, fabricante de rifles de principios de XIX que diseñó modelos basados en piezas intercambiables. De esta manera, el deterioro de uno de los componentes no suponía tener que deshacerse del rifle sino nada más que sustituir la pieza defectuosa.

Sin embargo, en ocasiones hay avances que suponen una transformación que no parece basada en nada anterior. Nuevas formas de hacer que colocan a la disciplina en cuestión a años de distancia de todo lo hecho antes.

Así es como definen Brandt y Eagleman lo sucedido con Las señoritas de Aviñón de Picasso. Un lienzo completamente diferente que rompía con la tradición clásica, pero en la que no dejan de resonar ecos de Cezanne, de El Greco, de Paul Gauguin y del arte ibero o africano.

Según Brand y Eagleman, todas esas referencias estaban al alcance de los contemporáneos del pintor malagueño. Sin embargo, solo Picasso reparó en ellos y los utilizó para su arte de una forma totalmente inusual. Como afirmaba Montaigne, «las abejas saquean las flores aquí y allá, pero después hacen de ellas miel, que es toda suya aún así con cosas prestadas por otros». De la misma manera trabaja la creatividad, incluso la de los genios, a la hora de crear cosas nuevas.

El siguiente paso en el razonamiento de Brandt y Eagleman es afirmar que la creatividad y la innovación se basan en la memoria. Para afianzar esto, recurren a la experiencia de Lonni Sue Johnson, una ilustradora a la que una infección provocó una amnesia casi total. A partir de entonces, no fue capaz de dibujar. No se le ocurría nada. Carecía de todo referente o material a partir del cual generar nuevos trabajos.

Además de con la memoria, la creatividad está estrechamente relacionada con la necesidad. Según contaba William S. Burroughs en sus clases de escritura y lectura creativa, a mediados de los años 70, la literatura llevaba 50 años de retraso respecto a las artes plásticas. La razón que el escritor beat daba a esa situación era el hecho de que la literatura no se había sentido amenazada, como le había sucedido a la pintura.

Hasta el siglo XIX, los pintores se limitaron a reproducir la realidad con un grado de perfección asombroso. Sin embargo, la aparición de la fotografía hizo que su trabajo se tornase inútil. Era necesario renovarse para poder sobrevivir y, en esa nueva búsqueda creativa, surgieron movimientos que se separaban de la perfección fotográfica.

El impresionismo, el puntillismo, el expresionismo, el cubismo y la abstracción son fruto de ese momento crítico para el arte. Una crisis que la literatura no experimentó hasta mucho después con, por ejemplo, la aparición del cine y la televisión.

Por último, otro de los elementos que influyen en la creatividad y las buenas ideas es que el desarrollo tecnológico sea suficiente para llevarlas a cabo. Los griegos, por ejemplo, ya sabían de la capacidad del vapor para mover objetos, pero fue James Watt el que, siglos después, fue capaz de transformar ese conocimiento en una máquina de vapor.

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