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22 de abril 2014    /   BUSINESS
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La invasión de los (hijoputas) «buenistas»

22 de abril 2014    /   BUSINESS     por          
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Damas y caballeros, hay algo que me preocupa profundamente. Se trata del auge que está experimentando el «Buenismo», de la invasión de los (hijoputas) «Buenistas». De hecho, no solo me preocupa. También me jode. Y mucho. Por «Buenismo» entenderíamos lo que sucede cuando los típicos malnacidos de toda la vida, esos seres humanos con principios morales a la altura del betún (o menos), cínicamente y pese a su esencia hijoputera, optan por proyectar hacia el mundo exterior una imagen de buena onda, simpatía y «cambiemoselmundismo» con fines principalmente comerciales. Y encima, va y les funciona. Manda huevos.
Mientras tanto, sotto voce, en sus círculos más íntimos, siguen actuando con sus empleados (o socios o amigos) rigiéndose por los mismos parámetros inmorales que siempre han profesado, con la impunidad y pachorra existencial que probablemente les ha acompañado (¡maldita sea!) toda la vida. Solo que ellos (o ellas) ahora van y parecen buenos.
Los visualizas, ¿verdad? Igual incluso mientras me lees tienes a alguno cerca. Ya sabes, son la típica mala gente que le baila las aguas a lo que toque. Cuando se llevó ser un «yuppie agresivo» y pisar al más pintado con tal de salirse con la suya, lo hicieron. Y ahora, viendo que lo que se lleva es la transparencia, el «twittersocialismo» bucólico y la «teoría del karma concéntrico positivo», se han dado a la caza y captura de humanos despistados que no tienen la menor idea de que el ser humano sonriente que le cuenta en un iPad ultrafino los principios (fantasiosos) por los que se rige su empresa, en realidad es un ser maquiavélico que le pisó la idea a un excuñado parlanchín y volvería a hacerlo si se le pone a tiro otro inocentón despistado.
Así son los «Buenistas»: expertos en dar conferencias sobre el valor de ser buenas personas que luego, si te despistas, mientras te firman su libro, te roban empresa, novia y cartera. Ilusionistas de la moral, capaces de moldear su persona en segundos, ahora versión Madre Teresa (de Calcuta), ahora versión Mario (Conde), para deleite de quienes les conocen de hace poco… y tragedia segura de quienes llevan años a su lado.
Sé de lo que hablo. Mi primera jefa era una de las mayores «Buenistas» que he conocido nunca. La misma persona capaz de sumir en ansiedades agudas a empleados «requetefrustrados» podía plantarse luego delante de un auditorio abarrotado y contar mil maravillas tecnológicas que iban a re-diseñar el mundo, seduciéndolos a todos. El problema era que nadie que la conociera de cerca se atrevía a delatarla y nadie que no la conociera de cerca, a sospechar su fondo cabroncísimo.
Ese es el gran drama (y la gran fuerza) del «Buenismo»: el miedo y la incredulidad le dan alas. He visto a gentes que tras hacerle mobbing a la secretaria (porque se quedó embarazada) firman un acuerdo con una ONG a favor de conciliar vida familiar y curro, pasan por casa a besar a su esposa, pillan el BMW (porque hay marrón en la agencia) y se largan de fiesta (o peor) como si no hubiera un mañana. Que sí, que marrón había. Solo que se lo fuma el de siempre. Y a él, nuestro «Buenista», cava y alegría, sin miserias, que para eso está la VISA de empresa.
¿Qué dice la ciencia al respecto? Recientes estadísticas muestran que aproximadamente un 20% de la gente es mala. Mala de «muy mala», de «malomalísimos». Después hay un 40% de buena gente, muy buena gente. El restante 40% se deja llevar por lo que haga la mayoría (ya les vale). Obviando a los malísimos (por favor: si eres un hijoputa, deja de leer este artículo inmediatamente), me dirijo al restante 60% de la humanidad. Este es un mensaje universal: amigas, amigos, no podemos permitir que se salgan con la suya. Tenemos que hacer piña entre nosotros. ¡Los buenos tenemos que ganar la batalla!
Pero leyendo el párrafo anterior, en el cual me autodefino como «bueno», es probable que hayas soltado un «¡Ay!» mayúsculo, dándote cuenta de que yo mismo podría ser otro «Buenista». Solo que uno un poco más retorcido, que lanzase un órdago a la banca escribiendo un artículo en contra del mismo «Buenismo» que él (¿yo?) abraza. Y lo más «requetejodido» de todo es que responderé a tus dudas con otro «¡Ay!» melancólico, admitiendo que tu argumento es intachable y que soy incapaz de demostrar una cosa o la contraria, dando por fracasado este artículo.
¿No hay esperanza, entonces, para el mundo? ¿Acabará el «Buenismo» logrando que incluso los buenos se confundan y se peleen entre ellos? Ni idea. Todo dependerá del acierto que tengamos diferenciando a los unos de los otros. Y de lo dispuestos que estemos a dejar que nos tomen el pelo. Porque ese es el precio que hay que pagar para detectar buenas personas y mantenerlas a tu lado: darles la oportunidad de que te jodan bien jodido, confiando profundamente en ellas. Sin asumir ese riesgo, no hay premio gordo y ganan ellos. Los «Buenistas». Los malos.
Ignasi Giró es inventor y creativo

Damas y caballeros, hay algo que me preocupa profundamente. Se trata del auge que está experimentando el «Buenismo», de la invasión de los (hijoputas) «Buenistas». De hecho, no solo me preocupa. También me jode. Y mucho. Por «Buenismo» entenderíamos lo que sucede cuando los típicos malnacidos de toda la vida, esos seres humanos con principios morales a la altura del betún (o menos), cínicamente y pese a su esencia hijoputera, optan por proyectar hacia el mundo exterior una imagen de buena onda, simpatía y «cambiemoselmundismo» con fines principalmente comerciales. Y encima, va y les funciona. Manda huevos.
Mientras tanto, sotto voce, en sus círculos más íntimos, siguen actuando con sus empleados (o socios o amigos) rigiéndose por los mismos parámetros inmorales que siempre han profesado, con la impunidad y pachorra existencial que probablemente les ha acompañado (¡maldita sea!) toda la vida. Solo que ellos (o ellas) ahora van y parecen buenos.
Los visualizas, ¿verdad? Igual incluso mientras me lees tienes a alguno cerca. Ya sabes, son la típica mala gente que le baila las aguas a lo que toque. Cuando se llevó ser un «yuppie agresivo» y pisar al más pintado con tal de salirse con la suya, lo hicieron. Y ahora, viendo que lo que se lleva es la transparencia, el «twittersocialismo» bucólico y la «teoría del karma concéntrico positivo», se han dado a la caza y captura de humanos despistados que no tienen la menor idea de que el ser humano sonriente que le cuenta en un iPad ultrafino los principios (fantasiosos) por los que se rige su empresa, en realidad es un ser maquiavélico que le pisó la idea a un excuñado parlanchín y volvería a hacerlo si se le pone a tiro otro inocentón despistado.
Así son los «Buenistas»: expertos en dar conferencias sobre el valor de ser buenas personas que luego, si te despistas, mientras te firman su libro, te roban empresa, novia y cartera. Ilusionistas de la moral, capaces de moldear su persona en segundos, ahora versión Madre Teresa (de Calcuta), ahora versión Mario (Conde), para deleite de quienes les conocen de hace poco… y tragedia segura de quienes llevan años a su lado.
Sé de lo que hablo. Mi primera jefa era una de las mayores «Buenistas» que he conocido nunca. La misma persona capaz de sumir en ansiedades agudas a empleados «requetefrustrados» podía plantarse luego delante de un auditorio abarrotado y contar mil maravillas tecnológicas que iban a re-diseñar el mundo, seduciéndolos a todos. El problema era que nadie que la conociera de cerca se atrevía a delatarla y nadie que no la conociera de cerca, a sospechar su fondo cabroncísimo.
Ese es el gran drama (y la gran fuerza) del «Buenismo»: el miedo y la incredulidad le dan alas. He visto a gentes que tras hacerle mobbing a la secretaria (porque se quedó embarazada) firman un acuerdo con una ONG a favor de conciliar vida familiar y curro, pasan por casa a besar a su esposa, pillan el BMW (porque hay marrón en la agencia) y se largan de fiesta (o peor) como si no hubiera un mañana. Que sí, que marrón había. Solo que se lo fuma el de siempre. Y a él, nuestro «Buenista», cava y alegría, sin miserias, que para eso está la VISA de empresa.
¿Qué dice la ciencia al respecto? Recientes estadísticas muestran que aproximadamente un 20% de la gente es mala. Mala de «muy mala», de «malomalísimos». Después hay un 40% de buena gente, muy buena gente. El restante 40% se deja llevar por lo que haga la mayoría (ya les vale). Obviando a los malísimos (por favor: si eres un hijoputa, deja de leer este artículo inmediatamente), me dirijo al restante 60% de la humanidad. Este es un mensaje universal: amigas, amigos, no podemos permitir que se salgan con la suya. Tenemos que hacer piña entre nosotros. ¡Los buenos tenemos que ganar la batalla!
Pero leyendo el párrafo anterior, en el cual me autodefino como «bueno», es probable que hayas soltado un «¡Ay!» mayúsculo, dándote cuenta de que yo mismo podría ser otro «Buenista». Solo que uno un poco más retorcido, que lanzase un órdago a la banca escribiendo un artículo en contra del mismo «Buenismo» que él (¿yo?) abraza. Y lo más «requetejodido» de todo es que responderé a tus dudas con otro «¡Ay!» melancólico, admitiendo que tu argumento es intachable y que soy incapaz de demostrar una cosa o la contraria, dando por fracasado este artículo.
¿No hay esperanza, entonces, para el mundo? ¿Acabará el «Buenismo» logrando que incluso los buenos se confundan y se peleen entre ellos? Ni idea. Todo dependerá del acierto que tengamos diferenciando a los unos de los otros. Y de lo dispuestos que estemos a dejar que nos tomen el pelo. Porque ese es el precio que hay que pagar para detectar buenas personas y mantenerlas a tu lado: darles la oportunidad de que te jodan bien jodido, confiando profundamente en ellas. Sin asumir ese riesgo, no hay premio gordo y ganan ellos. Los «Buenistas». Los malos.
Ignasi Giró es inventor y creativo

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Opiniones 63
  • Que sí! Que hay una forma de pillarles! Son los que ante un comentario hiperreailista te dicen: que tienes una visión muy negativa de las cosas (y tu piensas, claro, si me faltara humor aquí iba a estar yo aguantándote) y también te dicen que eres muy acid@. Vamos, que un buenista es el que te dice que el ratit@ eres tú.

  • Se podría decir lo mismo de los que van de optimistas/posibilistas y realmente no se creen nada de lo que cuentan, solo quieren vender la moto: gurus, coach, voceros social media y demás smokesellers.

  • Me siento muy identificado con el artículo. Cuando empezaba a emprender, me reuní con una prima mía, para crear un blog, empezar a dar charlas y darnos a conocer. Le conté todo el proyecto, le di hasta el nombre y me di cuenta, que con el paso del tiempo, no me llamaba … Me extrañó, pero seguí con mi vida. Hasta el momento que vi su blog ¡¡llevaba ese nombre!! Estaba justo haciendo lo que mi proyecto decía, y formándose en lo que le dije. Al final, ella encontró trabajo, vive del wenrolling 2.0 y se piensa incluso, que es buena persona.
    Al final, uno solo no puede hacer nada contra estos buenistas, porque tienen una legión de personas alrededor de ellos sin saber el daño que acaban haciendo. Así que lo dejé pasar, porque solo conseguía que afectara a mi reputación. Ellos siguen estafando a personas con su formación, prometiendo que encontrarán trabajo cuando están creando una burbuja, y bebiendo cava.
    Creía que el tiempo ponía a cada uno en su lugar, pero creo que en este tiempo que nos está tocando vivir, los buenistas llegan más lejos que una buena persona.
    Pero como me gusta decir «la venganza se sirve en plato frío». ¡¡Me ha encantado el artículo!! Gracias por tener la valentía de desenmascarar a esta panda. Lo voy a compartir en mis redes, y cuando pueda escribiré un post en mi blog sobre el tema. ¡Un abrazo!

  • «Recientes estadísticas muestran que .. » De donde as sacado esos datos?
    Esto es muy importante :
    «Porque ese es el precio que hay que pagar para detectar buenas personas y mantenerlas a tu lado: darles la oportunidad de que te jodan bien jodido, confiando profundamente en ellas. Sin asumir ese riesgo, no hay premio»

  • Jajajajajajajajajajajajajaja, que bueno el título, vamos,lo que antes veía a ser » un lobo con piel de cordero»

  • ¿Generalizar, y meter a todo tipo de gente en el mismo saco es de hijoputa?.
    Prefiero la autocrítica es mas divertida y con menos «moralina».

  • «El precio que hay que pagar para detectar buenas personas y mantenerlas a tu lado: darles la oportunidad de que te jodan bien jodido, confiando profundamente en ellas. Sin asumir ese riesgo, no hay premio gordo y ganan ellos. Los «Buenistas». Los malos.»
    Excelente e inspiradora tu conclusión. Me la quedo en mi acervo particular de reflexiones a soltar con el vermú en la mano…

  • Los que llama «·buenistas» (hijos de puta), ha habido siempre pero llamados de otros nombres.
    Es una … su existencia porque son los más ególatras y egoistas del mundo.
    No es sencillo pillarlos, hay que fijarse en muchos detalles.
    Eso si una vez pillados, recomiendo tomar todas medidas posibles y atar todos los cabos con el fin de irse alejando de ellos con precaución y garantía.
    Las personas que nos resulten «tóxicas» cuanto más lejos mejor.

  • Genial artículo! Conozco un caso reciente. Mi novia trabajaba como cocinera en un local vegano en Palma. La jefa era de este tipo de buenrollista. Todo eco, todo sano, todo risas y buena onda. Tras un año de no contratar legalmente (a pesar de las insistencias de mi novia), le dijo que la haría fija. El mes 12: despido al canto. Mucho capitalista suelto que no se arredra en chafar al trabajador. Ahora la cosa está en rumbo judicial. El buen rollo falso en este caso ocultaba un acto premeditado y rastrero. Si os interesa NO IR, el local está en Palma de Mallorca, Santa Catalina y se llama Ziva. Como dice el dicho: facta non verba. ¡Abajo los buenrollistas fariseos y carroñeros! Por cierto: un artículo brillante. Gracias

  • Hay personas que también se preocupan por el “climax” que aduce en el artículo.
    Es cierto, hay gente muy aprovechada.
    Pero como todos y todas sabemos, el tiempo pone las cosas en su sitio.

  • Ignasi, es cierto, es un tema preocupante (entiendo que te preocupe profundamente), una gama tan amplia de grados de ferocidad que te toman el pelo y la cartera. Digo yo, ¿no sería bueno contar esta historia con una canción de las tuyas? Ya sabemos que la música aplaca las fieras… y sólo aquí ya he leído a unas cuantas. 🙂

  • A todos…. os recomiendo ir a ver la obra de teatro Misantropo de Moliere que ahora está en el Español…. Cualquiera de los diálogos revela las claves del «buenismo» al que nos referimos. http://www.rtve.es/alacarta/videos/atencion-obras/miguel-del-arco-actualiza-moliere-propio-misantropo/2103809/ Sobre todo me llamó la atención cómo la novia de Alcestes se «escurre» culpando al otro al ser exigida de dar explicaciones ante dos de sus amantes que la habían pillado… Pero eso es lo que quiero matizar. Si, malos hubo toda la vida y de ello da fe un clásico como el que refiero pero hoy y ahora, los buenos están más confundidos por la multiplicidad de valores que «protegen» a los «Buenistas».

  • Hola, me he reído mucho leyendo sobre la especie de «buenistas». Es una verdad irrefutable, los «buenistas» salen por todas partes. No se si es peor un «buenista» o un «lameculos buenista». Gracias por el artículo.

  • Fan total tuya desde YA!!!! Sobre todo, porque me dedico a ese mundo «buenrollista» y «buenista» plagado de malas acciones encubiertas, que finalmente salen a la luz más temprano que tarde. Me ha encantado y por lo que veo a quien me siguen también (19 veces compartido y más de 60 reacciones). Un abrazo enorme.

  • De buenismos esta lleno el mundo, pero este finde descubri uno q me negaba a aceptar… Pero se acabo, esos tan buenos se delataron el y ella solitos. Hasta luego

  • Cuando a la gente buena se la etiqueta como «tonta» por ser demasiado buena con la gente mala y llevarse muchos chascos, es que algo va mal. Cuando te aconsejan pensar en ti mismo porque nadie lo va a hacer por ti, o que chafes cabezas si no quieres que te la chafen a ti, es que algo va retorcidamente mal. Y así, miles de ejemplos de cómo la sociedad presiona a la gente buena a ser mala si no quiere ser la responsable de sus propios fracasos ante la injusticia de los capullos. Me arde todo por dentro arrrrggrrg.

  • Los buenos lo somos porque nuestros campos resonantes vibran sin conexiones visa-empresaria. Y de eso se trata, si somos un 4o que no nos bajemos. La batalla para los quieran un hígado destrozao por poca cosa.. Vale tu re – flexión, en cuanto a hacer la «diferencia».

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