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2 de marzo 2017    /   CINE/TV
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fotografia  Cabecera: Kamillok / Shutterstock

El bueno, el feo, el malo… y el guarro

2 de marzo 2017    /   CINE/TV     por        fotografia  Cabecera: Kamillok / Shutterstock
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El bueno, el feo y el malo dejó para la historia del cine una de las frases más memorables del western: «El mundo se divide en dos categorías, los que tienen revólver cargado y los que cavan». La sentencia la pronunciaba el personaje sin nombre encarnado por Clint Eastwood.

Casi medio siglo después, en el desierto de Tabernas, uno de los escenarios de la Trilogía del Dólar, las cosas se siguen dividiendo en categorías: están los que inundan de basura el espacio natural protegido y los que no. Están los que se dedican a recoger toda esa basura de modo altruista y los que no.

Hace dos años, el británico Julian Phillips, de 46 años, dio con sus huesos en las áridas tierras almerienses. Después de dar tumbos fuera de su país durante otros trece como diseñador gráfico, masajista y profesor de salsa, pensó que enseñar inglés en una pequeña academia y gestionar un pequeño olivar eran buenas maneras de ver el tiempo pasar.

Lo que encontró en Tabernas y en su desierto fue mucho de lo que Sergio Leone dejó para la posteridad, pero no sólo eso. Julian Phillips encontró también niveles intolerables de basura y suciedad en los polvorientos terrenos por los que Eastwood pasó hace décadas. «En los últimos tiempos ha habido un gran aumento de basura ocasional y de vertidos de escombros. Tanto la gente del pueblo como las autoridades han mirado para otro lado. Cuando contacté con ellos no hacían más que decir lo importante que es el desierto para ellos, pero sin tomar ningún partido para evitar los vertidos», explica Phillips. «Vivir en la puerta misma de este vasto paraje salvaje es una experiencia alucinante, pero ahora toda esa belleza está quedando oculta bajo una capa de suciedad. Restos de viviendas o desechos industriales, aparatos eléctricos o incluso animales muertos metidos en bolsas».

Fotos del Facebook de Julian Phillips
Fotos del Facebook de Julian Phillips

El británico no se quedó sólo en la queja. Ha implementado una iniciativa para hacer el trabajo que deberían llevar a cabo diferentes entes públicos: recoger la porquería y dejar en el desierto sólo arena, la poca vegetación endémica, lagartos, conejos y demás fauna.

Cada mes, Phillips y los voluntarios que quieran prestarse a la misión se lanzan a sacar de colinas y ramblas todos los desechos posibles. El profesor ha creado una página en Facebook para aglutinar esfuerzos, captar a valientes y hacer llegar el mensaje más allá de los confines del desierto de Tabernas.

El inglés lamenta, sin embargo, que «los habitantes locales rara vez ponen un pie en las polvorientas ramblas». Sólo un puñado de ellos se ha atrevido a involucrarse y a dejar la tierra todo lo árida de desechos que debe estar. De hecho, afirma que, a pesar de que sigue necesitando voluntarios para realizar el trabajo, «muchos de los habitantes de Tabernas están contra mí porque sólo soy un extranjero que mete las narices en sus asuntos».

El Séptimo de Caballería

A Phillips le acaban de llegar los refuerzos. El realizador Dave Regos ha decidido contar en un documental la situación del emblemático paisaje y el proyecto que acaba de iniciar el profesor británico. «No hay presupuesto y todos ofrecemos nuestros servicios gratuitamente por el momento. Sin embargo, estamos buscando financiación. Yo estoy pagando todos los costes que implica la limpieza y también la manutención y alojamiento del equipo de rodaje del documental», cuenta.

Ahora mismo, Phillips tiene la intención de comenzar una campaña de crowdfunding para comprar equipamiento como una furgoneta con un remolque «para que no necesite usar mi 4×4. También necesito fondos para editar material divulgativo para comenzar a concienciar a la gente del problema».

Por su parte, Regos, el realizador del documental, dice que terminó Tabernas por su amor a los Spaghetti Westerns rodados en la provincia. «Acababa de terminar la producción de otro documental medioambiental que tenía que ver con los desechos y el activismo, Divide in Concord, y estaba interesado en producir otro documental acerca de la naturaleza. Me gustan las historias positivas sobre activistas y las películas que pueden motivar a la gente a pasar a la acción a favor del planeta en términos prácticos. Cuando leí que los viejos escenarios de las películas del oeste estaban allí y de que se estaban ensuciando los alrededores, se me ocurrió incorporar el estilo cinemático del western en un documental medioambiental».

 

Foto de Julian Phillips
Foto de Julian Phillips

¿Alguien puede ir a llamar al enterrador?

El quid de todo este jaleo está en quién se ocupa del muerto. Julian Phillips y los voluntarios que le acompañan están llevando a cabo la labor que tendrían que llevar a cabo las autoridades con competencia en el tema. El británico afirma que lo ha intentado. «He tenido una reunión con el alcalde en la que se dijo poco y se hizo menos. También he enviado una carta a la Junta de Andalucía hablándoles del asunto. El alcalde me pidió una copia de la misma para poder enviarla a la entidad adecuada. Hasta ahora no ha ocurrido nada. También he enviado correos electrónicos a cada departamento de la Junta que está relacionado con el medio ambiente. Una vez más, nada ha ocurrido», explica.

José Díaz, el alcalde de Tabernas, ofrece una versión diferente. Díaz afirma que tuvo constancia del proyecto de Phillips a través de Facebook, donde el británico lamentaba la poca colaboración de ayuntamiento. «En ese momento nadie se había puesto en contacto con nosotros», indica Díaz. «En ese mismo post le dije que no tenía inconveniente en recibirlo cuando quisiese».

La cita se produjo y según la versión de José Díaz, el ayuntamiento puso a disposición de los voluntarios algún material así como facilidades para trasladar los desechos recogidos a sus puntos de reciclaje respectivos, siempre dentro de las posibilidades y recursos de un municipio como Tabernas. «Tabernas es un pueblo con pocos habitantes (alrededor de 3.000) y una extensión inmensa. Los recursos son limitados y, además, las ramblas no son competencia municipal. Al igual que ocurre con el cauce de los ríos, se trata de espacios públicos, como los ríos, sólo que no llevan agua casi nunca», dice.

Díaz asegura también que no tienen conocimiento de que la carta enviada a la Junta de Andalucía por Julian Phillips haya pasado por el registro del ayuntamiento y reitera que los vecinos cuentan con el apoyo del gobierno local de manera acorde a los recursos disponibles por el municipio.

El objetivo es común: que los montes y ramblas del desierto de Tabernas no dejen de parecerse a los que Leone mostró al mundo entero.

Foto de Julian Phillips
Foto de Julian Phillips
Foto de Julian Phillips
Foto de Julian Phillips
Foto de Julian Phillips
Foto de Julian Phillips

 

El bueno, el feo y el malo dejó para la historia del cine una de las frases más memorables del western: «El mundo se divide en dos categorías, los que tienen revólver cargado y los que cavan». La sentencia la pronunciaba el personaje sin nombre encarnado por Clint Eastwood.

Casi medio siglo después, en el desierto de Tabernas, uno de los escenarios de la Trilogía del Dólar, las cosas se siguen dividiendo en categorías: están los que inundan de basura el espacio natural protegido y los que no. Están los que se dedican a recoger toda esa basura de modo altruista y los que no.

Hace dos años, el británico Julian Phillips, de 46 años, dio con sus huesos en las áridas tierras almerienses. Después de dar tumbos fuera de su país durante otros trece como diseñador gráfico, masajista y profesor de salsa, pensó que enseñar inglés en una pequeña academia y gestionar un pequeño olivar eran buenas maneras de ver el tiempo pasar.

Lo que encontró en Tabernas y en su desierto fue mucho de lo que Sergio Leone dejó para la posteridad, pero no sólo eso. Julian Phillips encontró también niveles intolerables de basura y suciedad en los polvorientos terrenos por los que Eastwood pasó hace décadas. «En los últimos tiempos ha habido un gran aumento de basura ocasional y de vertidos de escombros. Tanto la gente del pueblo como las autoridades han mirado para otro lado. Cuando contacté con ellos no hacían más que decir lo importante que es el desierto para ellos, pero sin tomar ningún partido para evitar los vertidos», explica Phillips. «Vivir en la puerta misma de este vasto paraje salvaje es una experiencia alucinante, pero ahora toda esa belleza está quedando oculta bajo una capa de suciedad. Restos de viviendas o desechos industriales, aparatos eléctricos o incluso animales muertos metidos en bolsas».

Fotos del Facebook de Julian Phillips
Fotos del Facebook de Julian Phillips

El británico no se quedó sólo en la queja. Ha implementado una iniciativa para hacer el trabajo que deberían llevar a cabo diferentes entes públicos: recoger la porquería y dejar en el desierto sólo arena, la poca vegetación endémica, lagartos, conejos y demás fauna.

Cada mes, Phillips y los voluntarios que quieran prestarse a la misión se lanzan a sacar de colinas y ramblas todos los desechos posibles. El profesor ha creado una página en Facebook para aglutinar esfuerzos, captar a valientes y hacer llegar el mensaje más allá de los confines del desierto de Tabernas.

El inglés lamenta, sin embargo, que «los habitantes locales rara vez ponen un pie en las polvorientas ramblas». Sólo un puñado de ellos se ha atrevido a involucrarse y a dejar la tierra todo lo árida de desechos que debe estar. De hecho, afirma que, a pesar de que sigue necesitando voluntarios para realizar el trabajo, «muchos de los habitantes de Tabernas están contra mí porque sólo soy un extranjero que mete las narices en sus asuntos».

El Séptimo de Caballería

A Phillips le acaban de llegar los refuerzos. El realizador Dave Regos ha decidido contar en un documental la situación del emblemático paisaje y el proyecto que acaba de iniciar el profesor británico. «No hay presupuesto y todos ofrecemos nuestros servicios gratuitamente por el momento. Sin embargo, estamos buscando financiación. Yo estoy pagando todos los costes que implica la limpieza y también la manutención y alojamiento del equipo de rodaje del documental», cuenta.

Ahora mismo, Phillips tiene la intención de comenzar una campaña de crowdfunding para comprar equipamiento como una furgoneta con un remolque «para que no necesite usar mi 4×4. También necesito fondos para editar material divulgativo para comenzar a concienciar a la gente del problema».

Por su parte, Regos, el realizador del documental, dice que terminó Tabernas por su amor a los Spaghetti Westerns rodados en la provincia. «Acababa de terminar la producción de otro documental medioambiental que tenía que ver con los desechos y el activismo, Divide in Concord, y estaba interesado en producir otro documental acerca de la naturaleza. Me gustan las historias positivas sobre activistas y las películas que pueden motivar a la gente a pasar a la acción a favor del planeta en términos prácticos. Cuando leí que los viejos escenarios de las películas del oeste estaban allí y de que se estaban ensuciando los alrededores, se me ocurrió incorporar el estilo cinemático del western en un documental medioambiental».

 

Foto de Julian Phillips
Foto de Julian Phillips

¿Alguien puede ir a llamar al enterrador?

El quid de todo este jaleo está en quién se ocupa del muerto. Julian Phillips y los voluntarios que le acompañan están llevando a cabo la labor que tendrían que llevar a cabo las autoridades con competencia en el tema. El británico afirma que lo ha intentado. «He tenido una reunión con el alcalde en la que se dijo poco y se hizo menos. También he enviado una carta a la Junta de Andalucía hablándoles del asunto. El alcalde me pidió una copia de la misma para poder enviarla a la entidad adecuada. Hasta ahora no ha ocurrido nada. También he enviado correos electrónicos a cada departamento de la Junta que está relacionado con el medio ambiente. Una vez más, nada ha ocurrido», explica.

José Díaz, el alcalde de Tabernas, ofrece una versión diferente. Díaz afirma que tuvo constancia del proyecto de Phillips a través de Facebook, donde el británico lamentaba la poca colaboración de ayuntamiento. «En ese momento nadie se había puesto en contacto con nosotros», indica Díaz. «En ese mismo post le dije que no tenía inconveniente en recibirlo cuando quisiese».

La cita se produjo y según la versión de José Díaz, el ayuntamiento puso a disposición de los voluntarios algún material así como facilidades para trasladar los desechos recogidos a sus puntos de reciclaje respectivos, siempre dentro de las posibilidades y recursos de un municipio como Tabernas. «Tabernas es un pueblo con pocos habitantes (alrededor de 3.000) y una extensión inmensa. Los recursos son limitados y, además, las ramblas no son competencia municipal. Al igual que ocurre con el cauce de los ríos, se trata de espacios públicos, como los ríos, sólo que no llevan agua casi nunca», dice.

Díaz asegura también que no tienen conocimiento de que la carta enviada a la Junta de Andalucía por Julian Phillips haya pasado por el registro del ayuntamiento y reitera que los vecinos cuentan con el apoyo del gobierno local de manera acorde a los recursos disponibles por el municipio.

El objetivo es común: que los montes y ramblas del desierto de Tabernas no dejen de parecerse a los que Leone mostró al mundo entero.

Foto de Julian Phillips
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Opiniones 5
  • Hola! muy interesante artículo… pero una puntualización. El video que incluyes en la parte inicial y aquello de «el mundo se divide en dos clases de personas…» corresponde a la parte final de «El bueno, el feo y el malo», que se rodó en Burgos y no en Almería.
    El valle del Arlanza acumula más de una hora de rodaje de la película

    https://www.yorokobu.es/clint-isgood/

    Saludos!

    • Hola Sergio, es cierto y tienes razón, por eso he sido especialmente cuidadoso en señalar a Tabernas como uno de los escenarios. «Casi medio siglo después, en el desierto de Tabernas, uno de los escenarios de la Trilogía del Dólar…».

      Gracias por la info!

      Saludos.

  • Hace muchos años me dirigí a un Guardia Civil del pueblo de Castell de Ferro, distante unos cien kms. de esta zona, y le comenté que quería denunciar los vertidos de los plásticos de los invernaderos en las ramblas, caminos, campo…, en todos lados, aduciendo que se trataba de un delito medioambiental. El G.C. masticaba un palillo entre los dientes y me miraba con desprecio mientras musitaba: «¿Uhmmm….., delito medioambiental…?», repitió con guasa, sarcasmo,desprecio, sorna y asco. Entonces recordé el tristemente famoso «Caso Almería» y me «escurrí» como pude. No me amenazó; tampoco hizo falta.

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