5 de mayo 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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Y tú más: ¡Bujarrón!

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Si hacemos un ejercicio creativo –de baja intensidad, no os vengáis arriba-, solo recurriendo al sonido de la palabra y no a su significado, bujarrón bien podría ser un jarrón chino de la dinastía Ming con forma fálica y de gran tamaño, usado en las ceremonias orgiásticas del emperador, que solía causar espanto entre las concubinas. Pero no, lo siento, no van por ahí los tiros. El tema es algo más religioso. Aunque sí tiene relación con el sexo y la sodomía. Bujarrón, según el DRAE, procede «del italiano buggerone, y este del lat. tardío bŭgerum», que significa búlgaro. Y nos explica además sobre este adjetivo español (de España): «Dicho de un varón: Que sodomiza a otro» y que puede ser usado también como sustantivo masculino. O sea, que podría ser un sinónimo de maricón, solo que en el papel activo y no pasivo de la sodomía.
Pancracio Celdrán afirma, sin embargo, que procede del catalán bujarró, especificando que se refiere «a quien hace a pelo y a pluma», y añadiendo que «es voz de uso extendido en la gaditana Jerez de la Frontera y su partido, y uso generalizado en España». En femenino, continúa, «buharra, bujarra es voz referida a la ramera que se deja sodomizar».
El caso es que por muy moderna que nos parezca la palabreja, bujarrón ya está documentada en escritos de la Edad Media.
Entre los siglos IX y XIII hubo una gran persecución contra los herejes por parte del Imperio Bizantino. Gran parte de ellos huyeron a Bulgaria, que hacía frontera con él, concentrándose en ese país gran parte –si no todas- las corrientes consideradas heréticas en la época: cátaros, maniqueos, albigenses…
Para desprestigiar este tipo de desviaciones de la ortodoxia cristiana, una de las aberraciones que los cristianos de bien atribuían a los herejes era la práctica de la sodomía y del sexo por puro placer y no con fines reproductivos. Lo del sexo por el sexo podía pasar, que humanos somos y tendentes a caer en tentaciones. Pero la homosexualidad… eso ya era harina de otro costal.
Como la mayor parte de infieles procedía de Bulgaria, pronto empezó a asociarse el término hereje con el de búlgaro, dando diversos derivados en función del idioma: buggerone en italiano, bugger en inglés o bujarrón en español. Y era lo peor de lo peor que te podían llamar. Por otro lado, por si a alguno no le parecía suficientemente fuerte el término o la práctica que implicaba, tanto la herejía como la sodomía estaban penadas con la hoguera. Y no de pasiones, precisamente.
Hay quien dice que lo de identificar a los búlgaros con los sodomitas tenía que ver con la ferocidad y crueldad que se atribuía a los soldados de este país, que sometían a sus prisioneros a todo tipo de torturas, sodomización incluida.
Está claro que hoy en día se ha perdido todo significado alusivo al gentilicio de Bulgaria y se mantiene el de practicante de sexo anal. De cerámica clásica no se menciona nada. Es una lástima. Con lo bien que me había quedado la teoría del jarrón chino…

Si hacemos un ejercicio creativo –de baja intensidad, no os vengáis arriba-, solo recurriendo al sonido de la palabra y no a su significado, bujarrón bien podría ser un jarrón chino de la dinastía Ming con forma fálica y de gran tamaño, usado en las ceremonias orgiásticas del emperador, que solía causar espanto entre las concubinas. Pero no, lo siento, no van por ahí los tiros. El tema es algo más religioso. Aunque sí tiene relación con el sexo y la sodomía. Bujarrón, según el DRAE, procede «del italiano buggerone, y este del lat. tardío bŭgerum», que significa búlgaro. Y nos explica además sobre este adjetivo español (de España): «Dicho de un varón: Que sodomiza a otro» y que puede ser usado también como sustantivo masculino. O sea, que podría ser un sinónimo de maricón, solo que en el papel activo y no pasivo de la sodomía.
Pancracio Celdrán afirma, sin embargo, que procede del catalán bujarró, especificando que se refiere «a quien hace a pelo y a pluma», y añadiendo que «es voz de uso extendido en la gaditana Jerez de la Frontera y su partido, y uso generalizado en España». En femenino, continúa, «buharra, bujarra es voz referida a la ramera que se deja sodomizar».
El caso es que por muy moderna que nos parezca la palabreja, bujarrón ya está documentada en escritos de la Edad Media.
Entre los siglos IX y XIII hubo una gran persecución contra los herejes por parte del Imperio Bizantino. Gran parte de ellos huyeron a Bulgaria, que hacía frontera con él, concentrándose en ese país gran parte –si no todas- las corrientes consideradas heréticas en la época: cátaros, maniqueos, albigenses…
Para desprestigiar este tipo de desviaciones de la ortodoxia cristiana, una de las aberraciones que los cristianos de bien atribuían a los herejes era la práctica de la sodomía y del sexo por puro placer y no con fines reproductivos. Lo del sexo por el sexo podía pasar, que humanos somos y tendentes a caer en tentaciones. Pero la homosexualidad… eso ya era harina de otro costal.
Como la mayor parte de infieles procedía de Bulgaria, pronto empezó a asociarse el término hereje con el de búlgaro, dando diversos derivados en función del idioma: buggerone en italiano, bugger en inglés o bujarrón en español. Y era lo peor de lo peor que te podían llamar. Por otro lado, por si a alguno no le parecía suficientemente fuerte el término o la práctica que implicaba, tanto la herejía como la sodomía estaban penadas con la hoguera. Y no de pasiones, precisamente.
Hay quien dice que lo de identificar a los búlgaros con los sodomitas tenía que ver con la ferocidad y crueldad que se atribuía a los soldados de este país, que sometían a sus prisioneros a todo tipo de torturas, sodomización incluida.
Está claro que hoy en día se ha perdido todo significado alusivo al gentilicio de Bulgaria y se mantiene el de practicante de sexo anal. De cerámica clásica no se menciona nada. Es una lástima. Con lo bien que me había quedado la teoría del jarrón chino…

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