26 de octubre 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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El Bunbury más maduro y cabreado supera las ‘Expectativas’

26 de octubre 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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«Parece que si hay que elegir dejar en las manos responsabilidad, pudiendo escoger entre dos o tres, preferimos al más subnormal. Nada ocurre por casualidad, no puede un retrasado mental estar al frente de todo». Todo esto, así de seguido, se oye en Expectativas, el nuevo disco del recién proclamado hijo predilecto de Zaragoza. Viene calentito, parece.

Enrique Bunbury es un divo. Una estrella de rock internacional que luego puede gustar o todo lo contrario, pero el estatus se lo ha ganado a pulso. Basta verlo defender cualquier canción encima de un escenario para corroborarlo. Tras el MTV Unplugged, regresa al estudio para parir otro puñado de temas, algunos de los mejores que ha sacado recientemente. Compone, produce, hace los coros. Y vuelve a contar con su banda, Los Santos Inocentes. No obstante, hay una novedad importante, un giro musical: es la primera vez que graba con un saxo. Y lo explota de principio a fin.

bunbury1

Después de tres décadas de éxito, Bunbury se empeña en ser considerado actual. No moderno, actual. Y le interesa el panorama; no es el típico que está de vuelta y mira a sus contemporáneos desde una atalaya. Se ha ganado el respeto de casi todos, y él corresponde. Sin embargo, en el segundo tema del disco reparte sin miramientos. «Tienes la actitud correcta, pero te falta ese no sé qué, que es lo único que importa», canta.

Hasta pone en bandeja que lo critiquen a él, porque los que no comulgan con su figura se verán reflejados cuando oigan que «no es cuestión de credibilidad ni tampoco de autenticidad. Es el resultado final el que me parece insuficiente».

El nuevo disco, por cierto, lo ha subido a Youtube. Entero, canción a canción. Los vídeos consisten en una imagen del cantante y el audio. A pelo; ni las letras siquiera. Pues entre los once temas acumulan un millón de visitas en apenas unos días. Y los videoclips de los dos adelantos, un par de millones más.

Expectativas está partido en dos. La primera parte, social, enfadada. La segunda, personal, reflexiva. Mitad mirar hacia fuera y mitad hacia dentro. Una dualidad que está presente también en el lenguaje, que va desde lo explícito, el no morderse la lengua, a versos con mayor carga lírica. Solo con el arranque, el disco anuncia por dónde va a ir musicalmente. Veinte segundos de sintetizadores y saxo que inauguran La ceremonia de la confusión. Luego, mucha posproducción, que se note que el disco es de 2017.

«No conseguirán engañarnos a todos aunque, a veces, parecemos tontos». Este estribillo pegadizo pertenece a uno de los mejores temas del álbum. Curiosamente, es el que menos cohesión presenta con el resto gracias al aire soul que lo impregna, con unos coros que entran a la mitad y se repiten al final. Es sosegado, suave. Se paladea. Quizás porque la fase más oscura del disco va terminando, remata con un ligero poso de esperanza: «no conseguirán engañarnos a todos, a todos no».

bunbury2

En Lugares comunes, frases hechas, Bunbury usa un envoltorio rítmico movido para describir a la masa furibunda, al individuo que se une al rebaño para criticar al otro. «Lapidamos porque molamos», en definitiva. En ningún momento se nombran, pero toda la canción parece dedicada a ciertos comportamientos en redes sociales. «Y señalar con el dedo a quien no diga lo mismo que yo», buscar la confrontación, constante y contra quien sea.

La opción contraria se plantea en el tema que lleva en el título a Bartleby, protagonista del célebre relato de Herman Melville. El oficinista que a todo respondía «preferiría no hacerlo», frase incluida en la letra. Reivindica la posibilidad de la contemplación, de quitarse de en medio, de haber cumplido y renunciar a seguir. A partir de aquí, en Expectativas desaparece el tono funesto, a ratos hasta apocalíptico. Mi libertad es una anomalía en su trayectoria, una canción con un ritmo extraño y desnudo, con una batería que termina viniéndose arriba.

No resulta complicado imaginar que La constante permanezca como himno en el repertorio de los conciertos de Bunbury dentro de algunos años, en esos momentos en los que baja de revoluciones y se iluminan los móviles. La melodía es hermosa. Compone una canción de amor, nada más y nada menos, de belleza rotunda. «Hoy te elijo a ti para estar en mi vida, te elijo cada día, consciente y libremente». Cuando parece que termina, lo retoma y le da otro momento de brillo al saxo, al que echa a pelear con las guitarras y los pedales hasta el final.

bunbury3

La literatura, la contemplación, el amor y, por supuesto, la duda. En esos pilares se sustenta la mitad introspectiva. El zaragozano acaba de cumplir cincuenta años y hace gala de la madurez que otorga (o que debería otorgar) el calendario. Después de todo lo dicho, que no es poco, utiliza un ritmo solemne para relativizar su propia opinión. El disco concluye así: «el mundo se encarga de asesinar tus sueños. Yo nada sé de cierto, todo lo sé de supongo».

En diciembre, Enrique Bunbury inicia una gira por seis de las principales ciudades españolas. A continuación, turno de recorrer el continente americano casi de punta a punta. Y en primavera regresará a España, donde le esperan más conciertos y algunos festivales. Interpretará sus nuevos temas, claro, pero también los clásicos pasados por el tamiz de la nueva apuesta estilística.  Este hombre, ya se sabe, no puede estarse quieto.

«Parece que si hay que elegir dejar en las manos responsabilidad, pudiendo escoger entre dos o tres, preferimos al más subnormal. Nada ocurre por casualidad, no puede un retrasado mental estar al frente de todo». Todo esto, así de seguido, se oye en Expectativas, el nuevo disco del recién proclamado hijo predilecto de Zaragoza. Viene calentito, parece.

Enrique Bunbury es un divo. Una estrella de rock internacional que luego puede gustar o todo lo contrario, pero el estatus se lo ha ganado a pulso. Basta verlo defender cualquier canción encima de un escenario para corroborarlo. Tras el MTV Unplugged, regresa al estudio para parir otro puñado de temas, algunos de los mejores que ha sacado recientemente. Compone, produce, hace los coros. Y vuelve a contar con su banda, Los Santos Inocentes. No obstante, hay una novedad importante, un giro musical: es la primera vez que graba con un saxo. Y lo explota de principio a fin.

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Después de tres décadas de éxito, Bunbury se empeña en ser considerado actual. No moderno, actual. Y le interesa el panorama; no es el típico que está de vuelta y mira a sus contemporáneos desde una atalaya. Se ha ganado el respeto de casi todos, y él corresponde. Sin embargo, en el segundo tema del disco reparte sin miramientos. «Tienes la actitud correcta, pero te falta ese no sé qué, que es lo único que importa», canta.

Hasta pone en bandeja que lo critiquen a él, porque los que no comulgan con su figura se verán reflejados cuando oigan que «no es cuestión de credibilidad ni tampoco de autenticidad. Es el resultado final el que me parece insuficiente».

El nuevo disco, por cierto, lo ha subido a Youtube. Entero, canción a canción. Los vídeos consisten en una imagen del cantante y el audio. A pelo; ni las letras siquiera. Pues entre los once temas acumulan un millón de visitas en apenas unos días. Y los videoclips de los dos adelantos, un par de millones más.

Expectativas está partido en dos. La primera parte, social, enfadada. La segunda, personal, reflexiva. Mitad mirar hacia fuera y mitad hacia dentro. Una dualidad que está presente también en el lenguaje, que va desde lo explícito, el no morderse la lengua, a versos con mayor carga lírica. Solo con el arranque, el disco anuncia por dónde va a ir musicalmente. Veinte segundos de sintetizadores y saxo que inauguran La ceremonia de la confusión. Luego, mucha posproducción, que se note que el disco es de 2017.

«No conseguirán engañarnos a todos aunque, a veces, parecemos tontos». Este estribillo pegadizo pertenece a uno de los mejores temas del álbum. Curiosamente, es el que menos cohesión presenta con el resto gracias al aire soul que lo impregna, con unos coros que entran a la mitad y se repiten al final. Es sosegado, suave. Se paladea. Quizás porque la fase más oscura del disco va terminando, remata con un ligero poso de esperanza: «no conseguirán engañarnos a todos, a todos no».

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En Lugares comunes, frases hechas, Bunbury usa un envoltorio rítmico movido para describir a la masa furibunda, al individuo que se une al rebaño para criticar al otro. «Lapidamos porque molamos», en definitiva. En ningún momento se nombran, pero toda la canción parece dedicada a ciertos comportamientos en redes sociales. «Y señalar con el dedo a quien no diga lo mismo que yo», buscar la confrontación, constante y contra quien sea.

La opción contraria se plantea en el tema que lleva en el título a Bartleby, protagonista del célebre relato de Herman Melville. El oficinista que a todo respondía «preferiría no hacerlo», frase incluida en la letra. Reivindica la posibilidad de la contemplación, de quitarse de en medio, de haber cumplido y renunciar a seguir. A partir de aquí, en Expectativas desaparece el tono funesto, a ratos hasta apocalíptico. Mi libertad es una anomalía en su trayectoria, una canción con un ritmo extraño y desnudo, con una batería que termina viniéndose arriba.

No resulta complicado imaginar que La constante permanezca como himno en el repertorio de los conciertos de Bunbury dentro de algunos años, en esos momentos en los que baja de revoluciones y se iluminan los móviles. La melodía es hermosa. Compone una canción de amor, nada más y nada menos, de belleza rotunda. «Hoy te elijo a ti para estar en mi vida, te elijo cada día, consciente y libremente». Cuando parece que termina, lo retoma y le da otro momento de brillo al saxo, al que echa a pelear con las guitarras y los pedales hasta el final.

bunbury3

La literatura, la contemplación, el amor y, por supuesto, la duda. En esos pilares se sustenta la mitad introspectiva. El zaragozano acaba de cumplir cincuenta años y hace gala de la madurez que otorga (o que debería otorgar) el calendario. Después de todo lo dicho, que no es poco, utiliza un ritmo solemne para relativizar su propia opinión. El disco concluye así: «el mundo se encarga de asesinar tus sueños. Yo nada sé de cierto, todo lo sé de supongo».

En diciembre, Enrique Bunbury inicia una gira por seis de las principales ciudades españolas. A continuación, turno de recorrer el continente americano casi de punta a punta. Y en primavera regresará a España, donde le esperan más conciertos y algunos festivales. Interpretará sus nuevos temas, claro, pero también los clásicos pasados por el tamiz de la nueva apuesta estilística.  Este hombre, ya se sabe, no puede estarse quieto.

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Opiniones 4
  • Nuevo disco, nueva etapa.
    EXPECTATIVAS
    Un disco claramente limpio de errores, con una enorme experiencia dada la trayectoria
    Pariendo un disco brillante.

  • Nuevo disco, nueva etapa
    EXPECTATIVAS
    Un disco limpio de errores
    Dada la trayectoria
    Una enorme experiencia
    un disco brillante.

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