fbpx
4 de enero 2018    /   CREATIVIDAD
por
 

Aprende a leer y escribir con los consejos de William S. Burroughs

4 de enero 2018    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

En 1974 William S. Burroughs impartió un curso de escritura creativa en el City College de Nueva York durante seis meses.

La experiencia fue catalogada por el escritor como una de las peores de su vida. Teniendo en cuenta que en 1951 había matado a su esposa Joan Vollmer mientras jugaban a Guillermo Tell con un revólver, la cosa tuvo que ser realmente dura.

Al autor de El almuerzo desnudo, el trabajo de profesor le desagradaba sobremanera y el trato con los alumnos, a los que consideraba poco menos que analfabetos, más aún. Tal fue su trauma con la docencia que, cuando poco después le propusieron impartir clases en la Universidad de Búfalo, lo rechazó sin dudar. Ni siquiera los quince mil dólares de salario por semestre le hicieron cambiar de opinión.


Después de semejantes antecedentes, lo que ni siquiera sus biógrafos se explican es qué llevó a Burroughs a aceptar, cinco años más tarde, impartir unas clases de escritura y lectura creativa en la Universidad de Naropa. Tal vez respondiera a que el contrato no le obligaba a desarrollar tareas administrativas o a cumplir un horario demasiado estricto. Tal vez tuviera que ver, sencillamente, con que el escritor había vuelto a consumir heroína después de unos años apartado de esa droga.

Sea como fuere, esas charlas son un magnífico material para conocer mejor la obra y el pensamiento de Burroughs. En ellas, el autor de Yonqui despliega un vasto conocimiento sobre magia, drogas, violencia, extraterrestres, cienciología, holocaustos nucleares y, por supuesto, literatura.

En este último aspecto, Burroughs se muestra brillante, inteligente y muy generoso con la tarea de sus colegas. «Un libro que tenga cinco páginas buenas es un libro a tener en cuenta», afirma, al tiempo que reivindica autores del canon anglosajón que nadie discutiría, como Conrad, Fitzgerald o Henry James, pero también Stephen King, Carson McCullers, Jane Bowles y su Dos damas muy serias, Hemingway («su mejor novela es Las nieves del Kilimanjaro») o Peter Benchley, autor de Tiburón.

De hecho, aunque el curso es de escritura y lectura creativa, Burroughs hace especial hincapié en la segunda, a la que define como aquella forma de leer que hace que el lector mire a otros lugares aparentemente no mostrados por el autor, igual que cuando se camina «no siempre hay que mirar al suelo, sino que se puede mirar al cielo o a través de las ventanas de los edificios que uno encuentra por la calle».

En definitiva, un interesante material sobre el arte de escribir, disponible online y del que se pueden sacar consejos como estos:

No seas original. No es necesario.
Según Burroughs, el concepto de originalidad está obsoleto. En la actualidad, un autor puede repetir temas e incluso utilizar los personajes de otros autores, que será siempre juzgado por sus propios méritos. Ejemplo de ello es Ulises de Joyce o Tiburón 2, la segunda parte del libro de Benchley en que él ni siquiera participó.

Para escribir hay que leer.
No solo leer, sino hacerlo en grupo. Para Burroughs son más útiles los talleres de lectura que los de escritura porque lo importante es compartir diferentes visiones de un mismo texto. Incluso releer un mismo libro en diferentes momentos de la vida arroja saldos diferentes para el lector.

Escribir es crear imágenes.
La escritura, en opinión de Burroughs, es un proceso muy similar al del cine, que consiste en crear una sucesión de imágenes utilizando las palabras. Aunque pueda resultar chocante, en el fondo es como imitar los jeroglíficos egipcios, pero con palabras.

El estilo.
Siguiendo con el razonamiento anterior, el estilo es la capacidad de cada uno para elegir qué palabra, entre las muchas que pueden tener matices semejantes, debe ser la que vaya a continuación de otra en esa sucesión de imágenes.

Ten paciencia ante la incomprensión.
Cuando un artista o un escritor desarrolla una nueva forma de arte, sea en un lienzo, en una película o en un libro, la mayor parte de la gente no será capaz de percibirla. De hecho, lo normal es que se enfade, se sienta estafada e incluso que reacciones violentamente. Solo con el paso del tiempo serán capaces de apreciarlo.

Sin problemas, no hay historia.
Tan sencillo como eso. Para ilustrar su afirmación, Burroughs recurre al personaje de Razunov, el protagonista de Bajo la mirada de occidente, de Conrad. Un estudiante que hubiera podido tener una brillante carrera de no haberse metido en líos aunque, si no se hubiera metido en problemas, lo que no habría habido sería novela.

Los best sellers no son necesariamente malos.
El autor de Nova express tiene palabras muy halagadoras para, por ejemplo, Stephen King y su libro El resplandor. En otras palabras, cuando leas, deja a un lado tus prejuicios.

No te fíes de los consejos de otros escritores.
Lo que vale para un escritor no necesariamente vale para otro. Según Burroughs, mientras que el primer borrador de Kerouac era casi el definitivo, él necesitaba corregir un manuscrito tres y cuatro veces. «Las descripciones son lo más difícil para mí», reconocía.

En 1974 William S. Burroughs impartió un curso de escritura creativa en el City College de Nueva York durante seis meses.

La experiencia fue catalogada por el escritor como una de las peores de su vida. Teniendo en cuenta que en 1951 había matado a su esposa Joan Vollmer mientras jugaban a Guillermo Tell con un revólver, la cosa tuvo que ser realmente dura.

Al autor de El almuerzo desnudo, el trabajo de profesor le desagradaba sobremanera y el trato con los alumnos, a los que consideraba poco menos que analfabetos, más aún. Tal fue su trauma con la docencia que, cuando poco después le propusieron impartir clases en la Universidad de Búfalo, lo rechazó sin dudar. Ni siquiera los quince mil dólares de salario por semestre le hicieron cambiar de opinión.


Después de semejantes antecedentes, lo que ni siquiera sus biógrafos se explican es qué llevó a Burroughs a aceptar, cinco años más tarde, impartir unas clases de escritura y lectura creativa en la Universidad de Naropa. Tal vez respondiera a que el contrato no le obligaba a desarrollar tareas administrativas o a cumplir un horario demasiado estricto. Tal vez tuviera que ver, sencillamente, con que el escritor había vuelto a consumir heroína después de unos años apartado de esa droga.

Sea como fuere, esas charlas son un magnífico material para conocer mejor la obra y el pensamiento de Burroughs. En ellas, el autor de Yonqui despliega un vasto conocimiento sobre magia, drogas, violencia, extraterrestres, cienciología, holocaustos nucleares y, por supuesto, literatura.

En este último aspecto, Burroughs se muestra brillante, inteligente y muy generoso con la tarea de sus colegas. «Un libro que tenga cinco páginas buenas es un libro a tener en cuenta», afirma, al tiempo que reivindica autores del canon anglosajón que nadie discutiría, como Conrad, Fitzgerald o Henry James, pero también Stephen King, Carson McCullers, Jane Bowles y su Dos damas muy serias, Hemingway («su mejor novela es Las nieves del Kilimanjaro») o Peter Benchley, autor de Tiburón.

De hecho, aunque el curso es de escritura y lectura creativa, Burroughs hace especial hincapié en la segunda, a la que define como aquella forma de leer que hace que el lector mire a otros lugares aparentemente no mostrados por el autor, igual que cuando se camina «no siempre hay que mirar al suelo, sino que se puede mirar al cielo o a través de las ventanas de los edificios que uno encuentra por la calle».

En definitiva, un interesante material sobre el arte de escribir, disponible online y del que se pueden sacar consejos como estos:

No seas original. No es necesario.
Según Burroughs, el concepto de originalidad está obsoleto. En la actualidad, un autor puede repetir temas e incluso utilizar los personajes de otros autores, que será siempre juzgado por sus propios méritos. Ejemplo de ello es Ulises de Joyce o Tiburón 2, la segunda parte del libro de Benchley en que él ni siquiera participó.

Para escribir hay que leer.
No solo leer, sino hacerlo en grupo. Para Burroughs son más útiles los talleres de lectura que los de escritura porque lo importante es compartir diferentes visiones de un mismo texto. Incluso releer un mismo libro en diferentes momentos de la vida arroja saldos diferentes para el lector.

Escribir es crear imágenes.
La escritura, en opinión de Burroughs, es un proceso muy similar al del cine, que consiste en crear una sucesión de imágenes utilizando las palabras. Aunque pueda resultar chocante, en el fondo es como imitar los jeroglíficos egipcios, pero con palabras.

El estilo.
Siguiendo con el razonamiento anterior, el estilo es la capacidad de cada uno para elegir qué palabra, entre las muchas que pueden tener matices semejantes, debe ser la que vaya a continuación de otra en esa sucesión de imágenes.

Ten paciencia ante la incomprensión.
Cuando un artista o un escritor desarrolla una nueva forma de arte, sea en un lienzo, en una película o en un libro, la mayor parte de la gente no será capaz de percibirla. De hecho, lo normal es que se enfade, se sienta estafada e incluso que reacciones violentamente. Solo con el paso del tiempo serán capaces de apreciarlo.

Sin problemas, no hay historia.
Tan sencillo como eso. Para ilustrar su afirmación, Burroughs recurre al personaje de Razunov, el protagonista de Bajo la mirada de occidente, de Conrad. Un estudiante que hubiera podido tener una brillante carrera de no haberse metido en líos aunque, si no se hubiera metido en problemas, lo que no habría habido sería novela.

Los best sellers no son necesariamente malos.
El autor de Nova express tiene palabras muy halagadoras para, por ejemplo, Stephen King y su libro El resplandor. En otras palabras, cuando leas, deja a un lado tus prejuicios.

No te fíes de los consejos de otros escritores.
Lo que vale para un escritor no necesariamente vale para otro. Según Burroughs, mientras que el primer borrador de Kerouac era casi el definitivo, él necesitaba corregir un manuscrito tres y cuatro veces. «Las descripciones son lo más difícil para mí», reconocía.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Detalles para resentidos
La ilustradora que dejó a los “Cariocas” en paro
Arte depilado: el vello femenino en las representaciones artísticas de la historia
Las nubes de interior de Berndnaut Smilde
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 3
  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *