fbpx
8 de febrero 2018    /   DIGITAL
por
 

Influencers que cuentan sus vergüenzas en Instagram

8 de febrero 2018    /   DIGITAL     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Quizá todos los que han decidido tener Instagram o Facebook pequen un poco de esa actitud tan humana de querer mostrar solo lo bueno y guardarse las miserias.

El problema viene cuando esos fragmentos selectos de la vida de alguien son tomados como los únicos ciertos y comparados con una vida cualquiera, real, con sus luces y sus sombras. Hay personas que, al efectuar esa comparación, se sienten inseguras, o defectuosas, o menos que otros.

Un día, medio en broma, la ilustradora Flavita Banana publicó en su perfil de Instagram un autorretrato en el que aparecía rodeada de curiosidades sobre su persona. Datos en apariencia banales pero que humanizaban su perfil. 

Había tenido una buena idea, y la explicó así: «EL BUSTO DE LAS CURIOSIDADES. No es más que recalcar aquellos aspectos banales o avergonzantes de uno, por El Bien de la Población y la Normalización de los Influenciadores (E.B.P.N.I.). Me lo acabo de inventar. Desafío a @ana.belen.rivero a hacer lo mismo, quizá logremos banalizarnos todos. Venga!»

Ana Belén Rivero cogió el guante que le lanzaba su colega y publicó su propio autorretrato rodeado de datos sobre su flequillo, sus cejas o sus tetas. Pero le resta importancia: «Que la gente sepa que me lavo solo el flequillo, que tengo pelos en la barbilla, que la gravedad está haciendo estragos sobre mi papada y que soy una inútil comprando sujetadores me da igual. Tardé 10 minutos en sumarme al reto y lo hice sin pensarlo y sin importarme cómo quedara», aclara.

Aunque admite que el postureo existe, parece quedarle bastante lejos: «Supongo que cuando se está tan expuesto a personas que te admiran y odian a partes iguales lo más sensato es pretender aparentar que tu vida es estupenda y que tu mierda no huele. Yo no, mi premisa, para bien o para mal, es que antes soy humana que una empresa o una presencia en redes. Utilizo Instagram para mostrar mi trabajo, sí, pero también me expreso a través de él. Sobre el papel soy libre (para muestra las aventuras con mi coño), aunque reconozco que llevo unos meses midiendo muy bien lo que comparto por no aguantar a la dictadura de lo políticamente correcto».

Creo que lo único que he idealizado en mi vida ha sido a Morrissey y no, por él no dejaría de comer jamón

Ella no se considera en absoluto una influencer: «Supongo que los influencers más idealizados son los de moda. Y a mí, si me provocan algo, es envidia por los viajes que se pegan, pero luego pienso en lo estresante que debe ser vivir de su imagen y se me pasa. Creo que lo único que he idealizado en mi vida ha sido a Morrissey y no, por él no dejaría de comer jamón.  Ahora mis influencers favoritos son perritos y gatitos, y sí, la verdad es que ya quisiera para mí la vida de ensueño de los gatos. Dormir, comer y que te dé igual todo».

La siguiente de la cadena fue Anastasia Bengoechea, más conocida como ‘Monstruo Espagueti’. Confesó tener pelos en la barbilla desde los 30, entre otros detalles.

 


La cadena de grandes ilustradoras y humoristas siguió y le tocó el turno a Laura Pacheco. Ella aceptó el reto con la gracia que la caracteriza: miope, astígmata y con necesidad de brackets.


Laura Pacheco admite que es lógico que la gente se reserve las cosas malas en las redes: «Si lo piensas, la gente publica lo que quiere cuando le apetece, no tiene sentido que comparta todo sin filtros. Nadie le ha preguntado, así que probablemente no va a entrar en Facebook a contar que ha tenido un día regular». Además, hace una nueva lectura: cuando cuentas algo malo, «parece que lo haces para llamar la atención». Por eso le gusta la iniciativa de Flavia: «se trata de hablar de imperfecciones sin ningún tipo de drama, sin necesidad de hacerse la víctima. Esto es así y ya está».

Considera que sería muy interesante que se sumaran «’influencers’ de verdad». «Me refiero a la gente que se dedica profesionalmente a proyectar un estilo de vida. Al fin al cabo nosotras somos humoristas gráficas y todas en mayor o menor medida ya hemos compartido este tipo de cosas a través de nuestros cómics y basamos gran parte de nuestro trabajo en reírnos de eso».

La importancia radica en que, aunque todo el mundo sepa en la teoría «que los influencers no tienen una vida perfecta y que probablemente tengan muchos días de mierda», cuando estás agobiado por tus propias miserias «se te puede olvidar y puede provocar mucha frustración». «A mí me encanta seguir cuentas de otros ilustradores y me encanta ver fotos bellas con encuadres perfectos porque me dan paz, pero también me gusta que de vez en cuando compartan sus miserias para que no se te olvide que al fin y al cabo son personas como tú. Y si lo hacen con sentido del humor, mucho mejor».

Tras su confesión ilustrada, le pasó la «patata caliente» a Moderna de pueblo, a quien parece que sus exitosos dibujos le están dejando un poco de «chepa».

Raquel Córcoles, alias Moderna de pueblo, ha aprovechado para hacer una triple nominación y, de paso, ofrecerse a ayudar a cualquier ‘influencer’ que quiera participar en la iniciativa pero no sepa dibujar. Dado el volumen de trabajo que tiene en la actualidad, esto quiere decir que el tema le ha parecido importante. «A veces, yo misma me deprimo viendo las «vidorras» de la gente en Instagram, por eso mismo nunca he sido muy fan de «presumir» en redes. Quiero que mis publicaciones hagan reír y sentirse bien a la gente, no al contrario. Además, mi fuente de inspiración son los dramas de la vida, si no me pasara nada malo no podría reconvertirlo en viñeta. Eso me ha ayudado a apreciar las miserias de la vida. Lo malo es que no puedo hacer ‘detox’ de redes porque mi trabajo depende de ellas», explica.

Para huir del postureo, le gusta seguir perfiles como el Ulrikke Flach, «una tía que hace todo lo contrario y con la que me identifico mucho más que con las estupendísimas que tienen el ángulo y el filtro tan bien pillado».

Muchas de las que se han sumado al reto propuesto por Flavita (en Senegal sin acceso a internet en la fecha de publicación de este artículo, ajena a la que está liando) son dibujantes profesionales. «En el caso del dibujante es muy fácil mejorar la realidad, ¡porque dibujar es gratis! Yo misma dibujaba a Moderna con iPhones cuando no podía permitirme ni un 3330 y hacía viñetas sobre el Primavera Sound cuando nunca había pisado ningún festival. Mis amigos se ríen de mí porque si me mudo a una casa puedo pasarme un año entero sin decorarla, y me recriminan: «con lo bonitas que decoras las casas en tus viñetas…»», reflexiona Raquel Córcoles.

Es el ying y el yang del influencer; cuanto más presumas, más palos te van a caer

Pero admite no librarse del todo de ese deseo de ocultar lo que se considera negativo: «Aunque solo sea profesional, hay cosas que escondes inconscientemente porque no te interesa o no te apetece contarlas. Cuando engordé casi 10 kilos, como cuento en Idiotizadas, no me atreví a engordar al personaje de Moderna. Sabía que hubiera sido lo justo y por eso sí lo hice en un capítulo del cómic. En papel es mucho más fácil ‘desnudarse’, en internet la gente es mucho más dura y te dice lo primero que piensa sin pararse a reflexionar si te va a doler. Es el ying y el yang del influencer; cuanto más presumas, más palos te van a caer».

A la espera de que las últimas nominadas publiquen sus respuestas, otros usuarios de Instagram menos conocidos se han decidido a destaparse un poco y mostrar que también tienen fallos, problemas o pequeños fastidios como cualquiera. Que sus vidas no siempre tienen el encuadre perfecto y el filtro más favorecedor.

influencers

Quizá todos los que han decidido tener Instagram o Facebook pequen un poco de esa actitud tan humana de querer mostrar solo lo bueno y guardarse las miserias.

El problema viene cuando esos fragmentos selectos de la vida de alguien son tomados como los únicos ciertos y comparados con una vida cualquiera, real, con sus luces y sus sombras. Hay personas que, al efectuar esa comparación, se sienten inseguras, o defectuosas, o menos que otros.

Un día, medio en broma, la ilustradora Flavita Banana publicó en su perfil de Instagram un autorretrato en el que aparecía rodeada de curiosidades sobre su persona. Datos en apariencia banales pero que humanizaban su perfil. 

A post shared by flavita banana (@flavitabanana) on

Había tenido una buena idea, y la explicó así: «EL BUSTO DE LAS CURIOSIDADES. No es más que recalcar aquellos aspectos banales o avergonzantes de uno, por El Bien de la Población y la Normalización de los Influenciadores (E.B.P.N.I.). Me lo acabo de inventar. Desafío a @ana.belen.rivero a hacer lo mismo, quizá logremos banalizarnos todos. Venga!»

Ana Belén Rivero cogió el guante que le lanzaba su colega y publicó su propio autorretrato rodeado de datos sobre su flequillo, sus cejas o sus tetas. Pero le resta importancia: «Que la gente sepa que me lavo solo el flequillo, que tengo pelos en la barbilla, que la gravedad está haciendo estragos sobre mi papada y que soy una inútil comprando sujetadores me da igual. Tardé 10 minutos en sumarme al reto y lo hice sin pensarlo y sin importarme cómo quedara», aclara.

Aunque admite que el postureo existe, parece quedarle bastante lejos: «Supongo que cuando se está tan expuesto a personas que te admiran y odian a partes iguales lo más sensato es pretender aparentar que tu vida es estupenda y que tu mierda no huele. Yo no, mi premisa, para bien o para mal, es que antes soy humana que una empresa o una presencia en redes. Utilizo Instagram para mostrar mi trabajo, sí, pero también me expreso a través de él. Sobre el papel soy libre (para muestra las aventuras con mi coño), aunque reconozco que llevo unos meses midiendo muy bien lo que comparto por no aguantar a la dictadura de lo políticamente correcto».

Creo que lo único que he idealizado en mi vida ha sido a Morrissey y no, por él no dejaría de comer jamón

Ella no se considera en absoluto una influencer: «Supongo que los influencers más idealizados son los de moda. Y a mí, si me provocan algo, es envidia por los viajes que se pegan, pero luego pienso en lo estresante que debe ser vivir de su imagen y se me pasa. Creo que lo único que he idealizado en mi vida ha sido a Morrissey y no, por él no dejaría de comer jamón.  Ahora mis influencers favoritos son perritos y gatitos, y sí, la verdad es que ya quisiera para mí la vida de ensueño de los gatos. Dormir, comer y que te dé igual todo».

La siguiente de la cadena fue Anastasia Bengoechea, más conocida como ‘Monstruo Espagueti’. Confesó tener pelos en la barbilla desde los 30, entre otros detalles.

 


La cadena de grandes ilustradoras y humoristas siguió y le tocó el turno a Laura Pacheco. Ella aceptó el reto con la gracia que la caracteriza: miope, astígmata y con necesidad de brackets.


Laura Pacheco admite que es lógico que la gente se reserve las cosas malas en las redes: «Si lo piensas, la gente publica lo que quiere cuando le apetece, no tiene sentido que comparta todo sin filtros. Nadie le ha preguntado, así que probablemente no va a entrar en Facebook a contar que ha tenido un día regular». Además, hace una nueva lectura: cuando cuentas algo malo, «parece que lo haces para llamar la atención». Por eso le gusta la iniciativa de Flavia: «se trata de hablar de imperfecciones sin ningún tipo de drama, sin necesidad de hacerse la víctima. Esto es así y ya está».

Considera que sería muy interesante que se sumaran «’influencers’ de verdad». «Me refiero a la gente que se dedica profesionalmente a proyectar un estilo de vida. Al fin al cabo nosotras somos humoristas gráficas y todas en mayor o menor medida ya hemos compartido este tipo de cosas a través de nuestros cómics y basamos gran parte de nuestro trabajo en reírnos de eso».

La importancia radica en que, aunque todo el mundo sepa en la teoría «que los influencers no tienen una vida perfecta y que probablemente tengan muchos días de mierda», cuando estás agobiado por tus propias miserias «se te puede olvidar y puede provocar mucha frustración». «A mí me encanta seguir cuentas de otros ilustradores y me encanta ver fotos bellas con encuadres perfectos porque me dan paz, pero también me gusta que de vez en cuando compartan sus miserias para que no se te olvide que al fin y al cabo son personas como tú. Y si lo hacen con sentido del humor, mucho mejor».

Tras su confesión ilustrada, le pasó la «patata caliente» a Moderna de pueblo, a quien parece que sus exitosos dibujos le están dejando un poco de «chepa».

Raquel Córcoles, alias Moderna de pueblo, ha aprovechado para hacer una triple nominación y, de paso, ofrecerse a ayudar a cualquier ‘influencer’ que quiera participar en la iniciativa pero no sepa dibujar. Dado el volumen de trabajo que tiene en la actualidad, esto quiere decir que el tema le ha parecido importante. «A veces, yo misma me deprimo viendo las «vidorras» de la gente en Instagram, por eso mismo nunca he sido muy fan de «presumir» en redes. Quiero que mis publicaciones hagan reír y sentirse bien a la gente, no al contrario. Además, mi fuente de inspiración son los dramas de la vida, si no me pasara nada malo no podría reconvertirlo en viñeta. Eso me ha ayudado a apreciar las miserias de la vida. Lo malo es que no puedo hacer ‘detox’ de redes porque mi trabajo depende de ellas», explica.

Para huir del postureo, le gusta seguir perfiles como el Ulrikke Flach, «una tía que hace todo lo contrario y con la que me identifico mucho más que con las estupendísimas que tienen el ángulo y el filtro tan bien pillado».

Muchas de las que se han sumado al reto propuesto por Flavita (en Senegal sin acceso a internet en la fecha de publicación de este artículo, ajena a la que está liando) son dibujantes profesionales. «En el caso del dibujante es muy fácil mejorar la realidad, ¡porque dibujar es gratis! Yo misma dibujaba a Moderna con iPhones cuando no podía permitirme ni un 3330 y hacía viñetas sobre el Primavera Sound cuando nunca había pisado ningún festival. Mis amigos se ríen de mí porque si me mudo a una casa puedo pasarme un año entero sin decorarla, y me recriminan: «con lo bonitas que decoras las casas en tus viñetas…»», reflexiona Raquel Córcoles.

Es el ying y el yang del influencer; cuanto más presumas, más palos te van a caer

Pero admite no librarse del todo de ese deseo de ocultar lo que se considera negativo: «Aunque solo sea profesional, hay cosas que escondes inconscientemente porque no te interesa o no te apetece contarlas. Cuando engordé casi 10 kilos, como cuento en Idiotizadas, no me atreví a engordar al personaje de Moderna. Sabía que hubiera sido lo justo y por eso sí lo hice en un capítulo del cómic. En papel es mucho más fácil ‘desnudarse’, en internet la gente es mucho más dura y te dice lo primero que piensa sin pararse a reflexionar si te va a doler. Es el ying y el yang del influencer; cuanto más presumas, más palos te van a caer».

A la espera de que las últimas nominadas publiquen sus respuestas, otros usuarios de Instagram menos conocidos se han decidido a destaparse un poco y mostrar que también tienen fallos, problemas o pequeños fastidios como cualquiera. Que sus vidas no siempre tienen el encuadre perfecto y el filtro más favorecedor.

influencers

Compártelo twitter facebook whatsapp
Apps que sí (y cuando digo sí, es sí)
Guía Garrafón: una web que denuncia bares que sirven alcohol malo
Las redes sociales y el cabreo constante
Westworld: ¿improvisamos porque somos humanos o creemos que improvisamos?
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *