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12 de junio 2013    /   DIGITAL
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Camaradas del Metal

12 de junio 2013    /   DIGITAL     por          
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Despertad, estamos en guerra.
Más allá de la crisis económica y social que estamos padeciendo, se está produciendo una auténtica revolución silenciosa que amenaza con transformar nuestro futuro para siempre. Es la Revolución del Software. Y, por si alguien se lo pregunta, nuestro país está en el bando que va perdiendo.
El software ha abandonado definitivamente su encierro para expandirse y conquistarlo todo, pero nuestra sociedad aún no es consciente de hasta qué punto se ha infiltrado en nuestro día a día más cercano.
El ciudadano medio sabe que el software controla la trayectoria y posición de aviones y misiles, pero pocas personas saben que cualquier coche moderno contiene en sus ordenadores de abordo más líneas de código que Twitter y Facebook juntos. El software nos rodea. Ya está en todas partes.
Y no lo ha conseguido solo, sino con un ‘ejército’ compuesto de técnicos que han conseguido democratizarlo y hacerlo accesible. Hoy en día es más fácil que nunca aprender y crear software. Más fácil, pero no sencillo.
En realidad, ese es el problema que ha iniciado el conflicto. Desarrollar software es complicado. Desarrollar BUEN software es MUY complicado. Se necesitan años de experiencia y formación continua para convertirse en un buen programador. Demasiados, para la constante necesidad de refuerzos que el frente de esta guerra tecnológica demanda.
Por eso, en otros países, existe una auténtica carrera armamentística para hacerse con el mejor talento. El que posea los mejores técnicos –empresas o gobiernos- ganará esta guerra. Y, al final, solo habrá vencedores y vencidos. Programa o serás programado.
Mientras tanto, nuestro país parece sumido en un largo letargo tecnológico del que, un día, despertaremos derrotados.
Nuestra industria informática no crea productos sino servicios. Un modelo de negocio perverso en el que todo se reduce al coste hora-hombre y donde no se tiene en cuenta la calidad o la innovación, solo el precio.
Las empresas de este país siguen viendo el software como un gasto, no como una inversión. Y, a los programadores, mano de obra poco cualificada. Piezas reemplazables.
Aseguradoras, constructoras, bancos… todas las grandes empresas de este país tienen a miles de profesionales subcontratados, pagando un sobrecoste innecesario a consultoras ‘cárnicas’ que venden el ‘kilo de programador’ lo más barato posible, sin aportar ningún valor.
¿Y qué hace nuestro gobierno? Darle los grandes contratos públicos a esas mismas consultoras -las únicas con estructura suficiente para poder soportar pagos a 180 o 360 días-, en vez de a las pequeñas PYMES de la industria informática que intentan hacer las cosas diferentes.
Sin embargo, el peor enemigo de los informáticos no es el sector privado ni el gobierno, sino nosotros mismos. Un gran número de programadores aún creen que su trabajo es… programar; pero a lo que realmente nos dedicamos es a solucionar problemas. Programar es solo uno de los medios que utilizamos para conseguirlo.
Por eso, muchos no nos identificamos con ninguno de los títulos con los que tradicionalmente nos catalogan: programador, desarrollador, informático… Simplemente somos gente que utiliza la tecnología para crear cosas que la gente use. Ya sea un videojuego, una web o un navegador GPS. Un colectivo de ‘camaradas del metal’ de más de 300.000 personas –diseñadores, expertos en bases de datos o electrónica, programadores y administradores de sistemas- solo en España.
Y la mayoría ha decidido quedarse y luchar. Conseguir que en este país sea posible crear tecnología y vivir de ella, no solo consumir la de fuera.
Si quieres ayudarnos, puedes empezar por conocernos; más allá de pedirnos que te arreglemos la impresora. Sin la ayuda y concienciación del resto de la sociedad, la nuestra es una batalla perdida. Por eso, algunos hemos empezado a abrirnos e intentar explicarnos fuera de nuestros guetos tecnológicos. Por ejemplo, con un humilde artículo en Yorokobu. ¿Y tú? ¿Lucharás a nuestro lado?

David Bonilla es dictador de bolsillo en varias empresas de Internet

Despertad, estamos en guerra.
Más allá de la crisis económica y social que estamos padeciendo, se está produciendo una auténtica revolución silenciosa que amenaza con transformar nuestro futuro para siempre. Es la Revolución del Software. Y, por si alguien se lo pregunta, nuestro país está en el bando que va perdiendo.
El software ha abandonado definitivamente su encierro para expandirse y conquistarlo todo, pero nuestra sociedad aún no es consciente de hasta qué punto se ha infiltrado en nuestro día a día más cercano.
El ciudadano medio sabe que el software controla la trayectoria y posición de aviones y misiles, pero pocas personas saben que cualquier coche moderno contiene en sus ordenadores de abordo más líneas de código que Twitter y Facebook juntos. El software nos rodea. Ya está en todas partes.
Y no lo ha conseguido solo, sino con un ‘ejército’ compuesto de técnicos que han conseguido democratizarlo y hacerlo accesible. Hoy en día es más fácil que nunca aprender y crear software. Más fácil, pero no sencillo.
En realidad, ese es el problema que ha iniciado el conflicto. Desarrollar software es complicado. Desarrollar BUEN software es MUY complicado. Se necesitan años de experiencia y formación continua para convertirse en un buen programador. Demasiados, para la constante necesidad de refuerzos que el frente de esta guerra tecnológica demanda.
Por eso, en otros países, existe una auténtica carrera armamentística para hacerse con el mejor talento. El que posea los mejores técnicos –empresas o gobiernos- ganará esta guerra. Y, al final, solo habrá vencedores y vencidos. Programa o serás programado.
Mientras tanto, nuestro país parece sumido en un largo letargo tecnológico del que, un día, despertaremos derrotados.
Nuestra industria informática no crea productos sino servicios. Un modelo de negocio perverso en el que todo se reduce al coste hora-hombre y donde no se tiene en cuenta la calidad o la innovación, solo el precio.
Las empresas de este país siguen viendo el software como un gasto, no como una inversión. Y, a los programadores, mano de obra poco cualificada. Piezas reemplazables.
Aseguradoras, constructoras, bancos… todas las grandes empresas de este país tienen a miles de profesionales subcontratados, pagando un sobrecoste innecesario a consultoras ‘cárnicas’ que venden el ‘kilo de programador’ lo más barato posible, sin aportar ningún valor.
¿Y qué hace nuestro gobierno? Darle los grandes contratos públicos a esas mismas consultoras -las únicas con estructura suficiente para poder soportar pagos a 180 o 360 días-, en vez de a las pequeñas PYMES de la industria informática que intentan hacer las cosas diferentes.
Sin embargo, el peor enemigo de los informáticos no es el sector privado ni el gobierno, sino nosotros mismos. Un gran número de programadores aún creen que su trabajo es… programar; pero a lo que realmente nos dedicamos es a solucionar problemas. Programar es solo uno de los medios que utilizamos para conseguirlo.
Por eso, muchos no nos identificamos con ninguno de los títulos con los que tradicionalmente nos catalogan: programador, desarrollador, informático… Simplemente somos gente que utiliza la tecnología para crear cosas que la gente use. Ya sea un videojuego, una web o un navegador GPS. Un colectivo de ‘camaradas del metal’ de más de 300.000 personas –diseñadores, expertos en bases de datos o electrónica, programadores y administradores de sistemas- solo en España.
Y la mayoría ha decidido quedarse y luchar. Conseguir que en este país sea posible crear tecnología y vivir de ella, no solo consumir la de fuera.
Si quieres ayudarnos, puedes empezar por conocernos; más allá de pedirnos que te arreglemos la impresora. Sin la ayuda y concienciación del resto de la sociedad, la nuestra es una batalla perdida. Por eso, algunos hemos empezado a abrirnos e intentar explicarnos fuera de nuestros guetos tecnológicos. Por ejemplo, con un humilde artículo en Yorokobu. ¿Y tú? ¿Lucharás a nuestro lado?

David Bonilla es dictador de bolsillo en varias empresas de Internet

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Opiniones 7
  • Mira que me encanta Bonilla, pero me parece que aún no se ha dado cuenta de que la globalización vino para quedarse y que su trabajo, que a él le parece muy dificil, lo hace un indio con con la minga. #estoesasi
    Lo siento señores, pero igual que al del comercio le hemos jodido el negocio local, a los programadores nos van a joder igual. Un saludo de un programador que hace mucho tiempo desertó del teclado.

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