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7 de agosto 2017    /   CIENCIA
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Trump dona su sueldo a un campamento de verano. ¿Llevarías a tus hijos?

7 de agosto 2017    /   CIENCIA     por          
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A mediados de julio se hizo público que Donald Trump había donado 100.000 dólares a un departamento que organiza campamentos de veranos científicos.

El dinero procedía de su sueldo como presidente de los Estados Unidos de América. Sin embargo, la iniciativa contrastaba con la posición que ha mantenido Trump sobre la ciencia desde que inició su campaña a la presidencia del país.

Además de negar el cambio climático, cuestionar la eficacia de las vacunas, impedir la investigación con células madres y tener colaboradores de confianza que niegan el evolucionismo, desde que asumió el cargo, las políticas de la administración Trump se han caracterizado por los recortes presupuestarios en cuestiones científicas.

Como respuesta, los científicos han puesto en marcha diferentes iniciativas. Por ejemplo, un videojuego que recrea los tuits con afirmaciones falaces sobre temas científicos escritos por Trump. El juego consiste en combatir ese material lanzando libros y material escolar hasta que desaparezcan.


También se han organizado manifestaciones y protestas. En abril de 2017, miles de científicos salieron a la calle para quejarse por las políticas de Trump en su campo profesional. Pero no solo por las que se refieren a las materias científicas expresamente, sino también a aquellas que lo hacen de forma colateral. Por ejemplo, las dificultades para obtener permisos de entrada y residencia al país. Un hecho aparentemente menor, pero que provoca que muchos científicos no puedan visitar a sus colegas y colaborar en proyectos conjuntos.

Por todo ello, resulta sorprendente que ahora Trump, a título personal, haya donado esa cantidad de su sueldo para un campamento científico de verano.

La iniciativa podría responder a una estrategia para mejorar la imagen del presidente. La secretaria de Educación Betsy DeVos, como representante del programa de campamentos STEM (siglas de Science Technology Engineering & Math), recogió la donación en un acto institucional solemne celebrado en la Casa Blanca. A continuación, como era de esperar, hubo una rueda de prensa donde se alabó el acto de Trump.

Esa idea del montaje propagandístico cobra más credibilidad cuando se intenta saber cómo se va a invertir el dinero en el programa de campamentos. A día de hoy, nadie lo sabe. Ni siquiera sus responsables.

La filosofía de los campamentos STEM es divulgar la ciencia entre los más jóvenes a través de actividades que también resulten lúdicas y cercanas a los alumnos. Por ejemplo, aprender a desarrollar una aplicación informática, manejar impresoras de 3D o iniciarse en la robótica.

Esta tarea se desarrolla, además de con criterios científicos y educativos, con métodos ponderativos que podrían chocar con el ideario de Trump. Entre ellos se encuentran que haya una destacada presencia de niños negros, que haya campamentos solo para chicas o que los participantes procedan de una determinada zona del país con menores recursos.

Sea como fuere, los responsables de los campamentos STEM no están demasiado emocionados por la donación. Según su experiencia, organizar un campamento con alojamiento y comida para los alumnos no es barato. En Michigan, los costes de esas actividades para 100 alumnos rondan los 60.000 dólares. En Kentucky el presupuesto es similar aunque los alumnos a los que se puede atender se multiplican por tres. La conclusión es que poco se va a poder hacer con 100.000 dólares.

«Si lo que quieres es influir de verdad en los campamentos STEM», explicaba Margaret Schroeder, codirectora de uno de los campamentos organizados por la Universidad de Kentucky a Science Magazine, «no creo que donar 100.000 dólares sea la solución».

Para Schroeder, resultaría más eficaz utilizar ese dinero para desarrollar una investigación sobre el funcionamiento e impacto de los campamentos destinada a optimizar su funcionamiento en el futuro. Eso y aumentar el presupuesto gubernamental para educación y ciencia, claro.

A mediados de julio se hizo público que Donald Trump había donado 100.000 dólares a un departamento que organiza campamentos de veranos científicos.

El dinero procedía de su sueldo como presidente de los Estados Unidos de América. Sin embargo, la iniciativa contrastaba con la posición que ha mantenido Trump sobre la ciencia desde que inició su campaña a la presidencia del país.

Además de negar el cambio climático, cuestionar la eficacia de las vacunas, impedir la investigación con células madres y tener colaboradores de confianza que niegan el evolucionismo, desde que asumió el cargo, las políticas de la administración Trump se han caracterizado por los recortes presupuestarios en cuestiones científicas.

Como respuesta, los científicos han puesto en marcha diferentes iniciativas. Por ejemplo, un videojuego que recrea los tuits con afirmaciones falaces sobre temas científicos escritos por Trump. El juego consiste en combatir ese material lanzando libros y material escolar hasta que desaparezcan.


También se han organizado manifestaciones y protestas. En abril de 2017, miles de científicos salieron a la calle para quejarse por las políticas de Trump en su campo profesional. Pero no solo por las que se refieren a las materias científicas expresamente, sino también a aquellas que lo hacen de forma colateral. Por ejemplo, las dificultades para obtener permisos de entrada y residencia al país. Un hecho aparentemente menor, pero que provoca que muchos científicos no puedan visitar a sus colegas y colaborar en proyectos conjuntos.

Por todo ello, resulta sorprendente que ahora Trump, a título personal, haya donado esa cantidad de su sueldo para un campamento científico de verano.

La iniciativa podría responder a una estrategia para mejorar la imagen del presidente. La secretaria de Educación Betsy DeVos, como representante del programa de campamentos STEM (siglas de Science Technology Engineering & Math), recogió la donación en un acto institucional solemne celebrado en la Casa Blanca. A continuación, como era de esperar, hubo una rueda de prensa donde se alabó el acto de Trump.

Esa idea del montaje propagandístico cobra más credibilidad cuando se intenta saber cómo se va a invertir el dinero en el programa de campamentos. A día de hoy, nadie lo sabe. Ni siquiera sus responsables.

La filosofía de los campamentos STEM es divulgar la ciencia entre los más jóvenes a través de actividades que también resulten lúdicas y cercanas a los alumnos. Por ejemplo, aprender a desarrollar una aplicación informática, manejar impresoras de 3D o iniciarse en la robótica.

Esta tarea se desarrolla, además de con criterios científicos y educativos, con métodos ponderativos que podrían chocar con el ideario de Trump. Entre ellos se encuentran que haya una destacada presencia de niños negros, que haya campamentos solo para chicas o que los participantes procedan de una determinada zona del país con menores recursos.

Sea como fuere, los responsables de los campamentos STEM no están demasiado emocionados por la donación. Según su experiencia, organizar un campamento con alojamiento y comida para los alumnos no es barato. En Michigan, los costes de esas actividades para 100 alumnos rondan los 60.000 dólares. En Kentucky el presupuesto es similar aunque los alumnos a los que se puede atender se multiplican por tres. La conclusión es que poco se va a poder hacer con 100.000 dólares.

«Si lo que quieres es influir de verdad en los campamentos STEM», explicaba Margaret Schroeder, codirectora de uno de los campamentos organizados por la Universidad de Kentucky a Science Magazine, «no creo que donar 100.000 dólares sea la solución».

Para Schroeder, resultaría más eficaz utilizar ese dinero para desarrollar una investigación sobre el funcionamiento e impacto de los campamentos destinada a optimizar su funcionamiento en el futuro. Eso y aumentar el presupuesto gubernamental para educación y ciencia, claro.

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Opiniones 3
  • yA ERA HORA , DE que alguien importante ( y respaldado por muchos científicos, algunos de los cuales han sido fervientes evolucionistas), combatan el mayor fraude científico de la historia: el evolucionismo.
    también el cambio climático y otros asuntos parecen seguir ese patrón.

  • Sigan haciendo de bobos, como papagayos repitiendo lo que nada tiene relevancia. Los chicos y chicas chinos y los indios y vietnamitas de alli se aprovecharan de toda oportunidad que se les presente para avanzar su educacion en tecnologia venga de quien venga.

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