31 de julio 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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CanelaParty: la madre de todas las fiestas

31 de julio 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Los festivales, como la vida, se basan en una cuestión de prioridades. Gracias a los festivales mastodónticos, los melómanos pueden disfrutar de una experiencia multitudinaria junto a decenas de bandas. Los promotores manejan cifras amplias, los asistentes se convierten en maratonianos del pop y el rock y todo funciona a base de grandes remesas.Este tipo de festivales son necesarios. Sin embargo, no son los únicos que abarrotan el calendario festivalero.
[OJO: ¿Quieres ir a CanelaParty por la cara? Déjanos un comentario. Cuéntanos cuál es tu disfraz ideal para ir al festival. El disfraz más chalado se lleva una entrada doble para el despiporre del sábado 8 de agosto. Tienes hasta el martes a las 23.59h]
Otros nacieron con otra vocación: la típica fiesta de colegas que se te va de las manos… y así durante nueve años. La edición de 2015 se celebra los próximos 6, 7 y 8 de agosto en Málaga. Hablamos de CanelaParty, un festival de comunión —de la primera y de la siguientes—, la madre de todos los festivales de verano y un sitio que puede llegar a resultar desagradable si apareces por él sin disfraz. Exacto. No vayas a Canela Party sin disfraz. Ni sin confeti.
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Todo comenzó hace alrededor de una década con los conciertos de The Skirmish Society, el grupo de Álvaro, uno de los organizadores de CanelaParty. «Sus conciertos se llenaban. La banda siempre tocaba disfrazada, lanzaba confeti sin parar y hacían de los conciertos una especie de ritual, de fiesta, de ceremonia. Ese fue el germen de CanelaCore, que posteriormente sería CanelaParty».
El que explica la liturgia es Beto, otro de los responsables de todo este tinglado. Explica cómo llegó a tomar unas cañas una noche de 2007 con sus amigos totalmente desganado. «Estaba quemado. Juraba que nunca más montaría nada». Por suerte, parece que la palabra de Beto era endeble por aquel entonces. «Antes de terminar de cenar habíamos montado el primer CanelaCore con nueve bandas».
La idea, por más que no tenga nada que ver con la del resto de festivales, no era complicada. Tocarían grupos muy cercanos a su círculo y tanto el público como las bandas tenían que ir disfrazados. «Todo fue muy punk, yo no fui a la sala hasta el mismo día del festival… Eso, ahora, es impensable, con todos los meses que llevamos preparándolo», señala Beto.
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Muerte al postureo

En CanelaParty se toman el festival tan en serio que decidieron que había que tomárselo todo a broma. Probablemente, la vecina Marbella sea la localidad con más photocalls en verano por metro cuadrado. Ninguno se acerca en clase y estilo al de Canela. «Lo del disfraz y el photocall siempre me ha gustado verlo como una ‘crítica’ a esa moda de ir a los festivales como si fuese una pasarela. Así que le dimos una vuelta y ¡voilá! Nos gusta decir que el CanelaParty es el único festival al que las bandas vienen a ver el público».
El cartel, además, se confecciona con el criterio más saludable que existe, el de los grupos que salen de las tripas. Se hacen sin ninguna intención comercial porque, qué diablos, el parné todo lo corrompe. Con todo y con eso, Culoactivo —que así se llama el colectivo organizador de CanelaParty— llevaba años intentando una gesta que, por fin, tendrá lugar este año en la ciudad de la Costa del Sol.
Han conseguido reunir a Aina, un legendario grupo del rock underground, y los han acompañado con una colección de bandas de las que hacen que, al final del concierto quieras derribar la taquilla para volver a pagar la entrada otra vez.
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Con esas premisas, 1.500 personas pasaron por CanelaParty en 2014. Fue también el año en el que la fiesta salió a la calle de día para que niños y niñas disfrutaran también con el Mini Canela. «Además de la fiesta de disfraces para niños y perros, añadimos a las actividades a un montón de niños de la Escuela de Baile de Mónica Morales bailando canciones de Airbag, Beach Boys y Joan Colomo. Es el futuro del CanelaParty. Este año repetimos formato en un nuevo sitio, el Artsenal», cuenta Beto.

La épica de montar un festival para outsiders

Nadie dijo que la vida fuera fácil. Culoactivo asegura que viven en el alambre cada año. «Pese a lo que mucha gente cree, el Canela nunca nos ha dado un euro. Todo lo que se saca se reinvierte el año siguiente. Nuestro presupuesto es inexistente. Es decir, cada año nos arriesgamos a darnos una hostia económica». Sin embargo, Beto asegura que siguen adelante porque «confiamos en el poder del pitote».
Sus herramientas de crecimiento y promoción son las habituales,pero CanelaParty ha llegado a donde ha llegado gracias al bocaoreja. «La propia gente que viene cada año viene con más gente al año siguiente. No paran de contar anécdotas, de lo bien que lo pasaron y eso, sin duda, es la mejor promoción que te pueden hacer. La gente se pasa meses ideando disfraces», declara el organizador del jolgorio.
Sin embargo, Beto y sus compadres echan de menos el apoyo institucional para una fiesta que integra a grandes y pequeños, a vecinos y visitantes. «Nunca hemos podido convencer al ayuntamiento por la simple razón de que nunca nos han querido recibir para que les presentemos nuestro proyecto. Como nunca es tarde, para el año que viene, que celebramos nuestra décima edición, no estaría mal un poco de ayuda institucional. ¡’Arcarde’, dame una ‘caza’! ¡Perdón, un escenario al aire libre!».
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Con o sin ayuda institucional, el CanelaParty siempre será el festival en el que puedes ver a una pareja disfrazada de “peruano y llama” (con dispositivo de escupitajos integrado). «Quizás más de uno descubra ahora qué era eso que refrescaba su cuello durante los conciertos. Una genialidad», aclara Beto.
O el festival en el que Kyle, uno de los integrantes de The Growlers le dispara un tubo de confeti al ojo de un compañero y casi cancela el concierto. O el festival en el que Unicornibot trae una garrafa de licor café para todo el festival.

Si te faltan motivos, Beto tiene más. «Te vas a reír, te vas a hacer fotos con cientos de desconocidos que se convertirán en amigos al instante, veréis a grupazos que, si no conocéis, os haréis fans al instante. Igual hasta conocéis al amor de vuestra vida. El Canela es como la magdalena de Proust, en el momento que entréis por la puerta volveréis a disfrutar como niños. Todo os dará igual. A la mañana siguiente os despertaréis, con suerte, en una cama rebozados en confeti y deseando que llegue ya la próxima edición del CanelaParty».
Ah, no es necesario agobiarse con el tema del disfraz. Aunque los organizadores digan que «si vienes sin disfraz estarás más perdido que Rajoy en una reunión del Eurogrupo», lo cierto es que es un error que solo se comete el primer año. «Es cierto que la gente que viene el primer año puede no creerse esto de los disfraces pero cuando están allí se dan cuenta de que se tenían que haber disfrazado y al año siguiente ya no fallan».
In pitote we trust.

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Los festivales, como la vida, se basan en una cuestión de prioridades. Gracias a los festivales mastodónticos, los melómanos pueden disfrutar de una experiencia multitudinaria junto a decenas de bandas. Los promotores manejan cifras amplias, los asistentes se convierten en maratonianos del pop y el rock y todo funciona a base de grandes remesas.Este tipo de festivales son necesarios. Sin embargo, no son los únicos que abarrotan el calendario festivalero.
[OJO: ¿Quieres ir a CanelaParty por la cara? Déjanos un comentario. Cuéntanos cuál es tu disfraz ideal para ir al festival. El disfraz más chalado se lleva una entrada doble para el despiporre del sábado 8 de agosto. Tienes hasta el martes a las 23.59h]
Otros nacieron con otra vocación: la típica fiesta de colegas que se te va de las manos… y así durante nueve años. La edición de 2015 se celebra los próximos 6, 7 y 8 de agosto en Málaga. Hablamos de CanelaParty, un festival de comunión —de la primera y de la siguientes—, la madre de todos los festivales de verano y un sitio que puede llegar a resultar desagradable si apareces por él sin disfraz. Exacto. No vayas a Canela Party sin disfraz. Ni sin confeti.
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Todo comenzó hace alrededor de una década con los conciertos de The Skirmish Society, el grupo de Álvaro, uno de los organizadores de CanelaParty. «Sus conciertos se llenaban. La banda siempre tocaba disfrazada, lanzaba confeti sin parar y hacían de los conciertos una especie de ritual, de fiesta, de ceremonia. Ese fue el germen de CanelaCore, que posteriormente sería CanelaParty».
El que explica la liturgia es Beto, otro de los responsables de todo este tinglado. Explica cómo llegó a tomar unas cañas una noche de 2007 con sus amigos totalmente desganado. «Estaba quemado. Juraba que nunca más montaría nada». Por suerte, parece que la palabra de Beto era endeble por aquel entonces. «Antes de terminar de cenar habíamos montado el primer CanelaCore con nueve bandas».
La idea, por más que no tenga nada que ver con la del resto de festivales, no era complicada. Tocarían grupos muy cercanos a su círculo y tanto el público como las bandas tenían que ir disfrazados. «Todo fue muy punk, yo no fui a la sala hasta el mismo día del festival… Eso, ahora, es impensable, con todos los meses que llevamos preparándolo», señala Beto.
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Muerte al postureo

En CanelaParty se toman el festival tan en serio que decidieron que había que tomárselo todo a broma. Probablemente, la vecina Marbella sea la localidad con más photocalls en verano por metro cuadrado. Ninguno se acerca en clase y estilo al de Canela. «Lo del disfraz y el photocall siempre me ha gustado verlo como una ‘crítica’ a esa moda de ir a los festivales como si fuese una pasarela. Así que le dimos una vuelta y ¡voilá! Nos gusta decir que el CanelaParty es el único festival al que las bandas vienen a ver el público».
El cartel, además, se confecciona con el criterio más saludable que existe, el de los grupos que salen de las tripas. Se hacen sin ninguna intención comercial porque, qué diablos, el parné todo lo corrompe. Con todo y con eso, Culoactivo —que así se llama el colectivo organizador de CanelaParty— llevaba años intentando una gesta que, por fin, tendrá lugar este año en la ciudad de la Costa del Sol.
Han conseguido reunir a Aina, un legendario grupo del rock underground, y los han acompañado con una colección de bandas de las que hacen que, al final del concierto quieras derribar la taquilla para volver a pagar la entrada otra vez.
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Con esas premisas, 1.500 personas pasaron por CanelaParty en 2014. Fue también el año en el que la fiesta salió a la calle de día para que niños y niñas disfrutaran también con el Mini Canela. «Además de la fiesta de disfraces para niños y perros, añadimos a las actividades a un montón de niños de la Escuela de Baile de Mónica Morales bailando canciones de Airbag, Beach Boys y Joan Colomo. Es el futuro del CanelaParty. Este año repetimos formato en un nuevo sitio, el Artsenal», cuenta Beto.

La épica de montar un festival para outsiders

Nadie dijo que la vida fuera fácil. Culoactivo asegura que viven en el alambre cada año. «Pese a lo que mucha gente cree, el Canela nunca nos ha dado un euro. Todo lo que se saca se reinvierte el año siguiente. Nuestro presupuesto es inexistente. Es decir, cada año nos arriesgamos a darnos una hostia económica». Sin embargo, Beto asegura que siguen adelante porque «confiamos en el poder del pitote».
Sus herramientas de crecimiento y promoción son las habituales,pero CanelaParty ha llegado a donde ha llegado gracias al bocaoreja. «La propia gente que viene cada año viene con más gente al año siguiente. No paran de contar anécdotas, de lo bien que lo pasaron y eso, sin duda, es la mejor promoción que te pueden hacer. La gente se pasa meses ideando disfraces», declara el organizador del jolgorio.
Sin embargo, Beto y sus compadres echan de menos el apoyo institucional para una fiesta que integra a grandes y pequeños, a vecinos y visitantes. «Nunca hemos podido convencer al ayuntamiento por la simple razón de que nunca nos han querido recibir para que les presentemos nuestro proyecto. Como nunca es tarde, para el año que viene, que celebramos nuestra décima edición, no estaría mal un poco de ayuda institucional. ¡’Arcarde’, dame una ‘caza’! ¡Perdón, un escenario al aire libre!».
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Con o sin ayuda institucional, el CanelaParty siempre será el festival en el que puedes ver a una pareja disfrazada de “peruano y llama” (con dispositivo de escupitajos integrado). «Quizás más de uno descubra ahora qué era eso que refrescaba su cuello durante los conciertos. Una genialidad», aclara Beto.
O el festival en el que Kyle, uno de los integrantes de The Growlers le dispara un tubo de confeti al ojo de un compañero y casi cancela el concierto. O el festival en el que Unicornibot trae una garrafa de licor café para todo el festival.

Si te faltan motivos, Beto tiene más. «Te vas a reír, te vas a hacer fotos con cientos de desconocidos que se convertirán en amigos al instante, veréis a grupazos que, si no conocéis, os haréis fans al instante. Igual hasta conocéis al amor de vuestra vida. El Canela es como la magdalena de Proust, en el momento que entréis por la puerta volveréis a disfrutar como niños. Todo os dará igual. A la mañana siguiente os despertaréis, con suerte, en una cama rebozados en confeti y deseando que llegue ya la próxima edición del CanelaParty».
Ah, no es necesario agobiarse con el tema del disfraz. Aunque los organizadores digan que «si vienes sin disfraz estarás más perdido que Rajoy en una reunión del Eurogrupo», lo cierto es que es un error que solo se comete el primer año. «Es cierto que la gente que viene el primer año puede no creerse esto de los disfraces pero cuando están allí se dan cuenta de que se tenían que haber disfrazado y al año siguiente ya no fallan».
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