13 de febrero 2017    /   CREATIVIDAD
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Carla Berrocal, la narradora gráfica que ha retratado la crónica negra de Madrid

13 de febrero 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Las ciudades están llenas de historias, tantas como habitantes. Tendemos a buscar las positivas, las que nos hacen sentir orgullosos del lugar en que nacimos o donde vivimos. Pero, a veces, ocurre que quien cuenta la historia opta por narrar el lado más oscuro y sanguinario de la ciudad, dejando para otros la visión más idílica de la urbe. Al fin y al cabo, la crónica negra también dice mucho del carácter de los grandes núcleos urbanos.

Así lo ha hecho la ilustradora y dibujante de cómics madrileña Carla Berrocal, que ha realizado cuatro murales para la exposición La ciudad en viñetas, que se puede ver en CentroCentro Cibeles de Madrid hasta el 12 de abril. Berrocal ha mostrado en ellos la historia de cuatro crímenes ocurridos en la capital.

«Me gustaba la idea de contar la parte más oscura de Madrid», aclara la ilustradora a Yorokobu. «Sitios por donde habitualmente vas con normalidad, sin saber toda la historia que hay detrás de eso. Historias salvajes y misteriosas. Me gusta pensar en la ciudad como un ente vivo, que cuenta de forma silenciosa».

 

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Berrocal está presente en esta exposición invitada por la también ilustradora Ana Galvañ, que actúa como comisaria para esta edición y la del próximo año. No hubo ningún tipo de directriz que orientara la línea estilística de los trabajos. «La única condición es que tuviera Madrid como eje temático, pero he disfrutado de una total libertad creativa», asegura Berrocal.

Las cuatro historias elegidas por la dibujante de cómics han sido la maldición de la casa de la calle Antonio Grilo, la leyenda de la calle de la Cabeza, la casa de las siete chimeneas y la estación de Tirso de Molina. «Empecé documentándome sobre historias de crónica negra, como el crimen de la calle Fuencarral o el Palacio de Linares, pero acabé por centrarme en algunas menos conocidas, por aquello de salir de lo que ya se conoce».

 

 

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A pesar de jugar sólo con tres colores, blanco, negro y naranja, los murales de la madrileña inquietan al espectador, le sumergen en la sordidez de la macabra historia que cuentan sin caer, a pesar de ello, en el morbo de la sangre. «La idea era traer reminiscencias clásicas. El uso tipográfico es de inspiración modernista, me encantan los años 30 y el uso del color es básicamente hacer un homenaje a las publicaciones de esa época, que solían jugar con bitonos», explica la autora.

Lo cierto es que aquellos historietistas clásicos de los años 30 y 40 del siglo pasado son algunos de los referentes artísticos de la ilustradora. Gente como Milton Caniff, Roy Crane o Charles Forbell. Pero también españoles como Goñi, Penagos o Manolo Prieto. «También siento debilidad por Alberto Breccia y su hijo Enrique. Los cartelistas soviéticos, las portadas pulp de ciencia ficción, el cine de los años 30…».

Carla Berrocal se considera caótica en su forma de trabajar, aunque el resultado no lo deje ver. «Empiezo con bocetos muy pequeños, en donde establezco la composición de página y los elementos principales. Después lo paso a un A3, me gusta mucho trabajar en formato grande. Aboceto y entinto. Por último pongo los textos, de los que normalmente tengo una idea, pero hasta que no me siento a ponerlos no sé qué voy a escribir exactamente».

Carla Berrocal

Usa pincel, tinta y Photoshop, un detalle más de su gusto por lo clásico. «Bueno, en realidad mi proceso mezcla mi filosofía creativa: el amor por lo tradicional, el contacto con el papel y el pincel; y el Photoshop, que al final para mí no deja de ser una herramienta que uso de forma muy superficial (cuatro herramientas) para mi objetivo, que es la ilustración final».

El trabajo no le falta y sus jornadas laborales son muy intensas, dice riendo, pero se siente muy afortunada. «Poder vivir de lo que te gusta es una sensación muy bonita, me hace sentir muy realizada. Además, intento escoger los trabajos que más me llenan, que me aportan algo o que tienen cierto impacto con temáticas que me resultan interesantes o comprometidas.

»También hay días difíciles o estériles, pero no lo cambiaría por nada del mundo. Hasta de esos días se aprende algo».

Berrocal lleva dibujando desde 2004 y combina la ilustración y el dibujo con la actividad docente. Como ilustradora ha trabajado para agencias de publicidad y anunciantes como Coca-Cola, Estrella Galicia o el Festival de Cine Fantástico de Sitges, así como para otros medios internacionales. Su primera novela gráfica fue El Brujo (De Ponent), de 2011, y la última hasta el momento ha sido Epigrafías (Libros de Autoengaño), de 2016.

Carla Berrocal

Para la madrileña, es difícil decir con cuál de las dos facetas, ilustradora o dibujante de cómics, se identifica más. «¡Es muy difícil! Casi como elegir entre papá o mamá. Creo que son dos facetas con cosas en común y a la vez totalmente opuestas… Creo que no elegiría, me quedaría con el término de «narradora gráfica», que a su manera, creo que abarca las dos».

Los trazos de esta narradora gráfica son algo rectilíneos pero hermosos y expresivos. Poco tiene que ver con lo que ella considera una peligrosa tendencia actual al dibujo feo. «Bueno, creo que hay varios factores. Por un lado creo que estamos en una época en la que lo más importante es vender y se deja de lado el contenido. Si algo esta bien vendido y es «bonito», la gente se lo traga, no cuestiona lo que se vende. Es una cuestión marketiniana».

»Por otro lado hay una «falsa» tendencia que valora lo «subversivo». Siguiendo la pesada estela de la historia del arte en la que lo tradicional viene representado por lo figurativo-realista, existe la tendencia de que la ruptura representa una evolución del arte. Sin embargo, lo habitual es encontrarse con que esta postura no suele estar madurada ni argumentada. La mayoría de las veces se queda en algo superficial, más desde la «pose». No existe una argumentación intelectual y normalmente es una respuesta a una limitación técnica del artista. Es decir, su «mal dibujo» no surge desde una postura reflexiva y con conocimiento de la técnica, si no desde la limitación y la pose», afirma Berrocal.

«Creo que también ha hecho mucho daño la «democratización del arte», en donde se sugiere que «cualquiera puede ser artista». Desde mi punto de vista, esta afirmación es falsa. Todo el mundo puede dibujar, pero hacer cómics o ilustrar es otra cosa. Se necesitan unos conocimientos y unas habilidades técnicas profesionalizadas. ¿Todo el mundo puede dibujar? Sí, pero no todo el mundo puede ser ilustrador. De la misma forma que escribir no te convierte en escritor ni yo, por hacer un curso de nutrición, soy nutricionista. Nuestra profesión también es una ciencia».

La ilustración y el cómic españoles e internacionales, en general, parecen estar viviendo una época dorada. Cada vez es más frecuente ver en las estanterías de las librerías un mayor número de novelas gráficas y la ilustración ocupa cada vez más espacios donde antes sólo había cabida para la fotografía. «Autoralmente, [el panorama del cómic y la ilustración] es más rico y complejo que nunca», opina Berrocal. «Hay gente buenísima en todo el mundo y las redes nos acercan muchísimo. Me encanta la sensación de que el mundo se vuelva pequeño de repente».

Carla Berrocal destaca en un entorno profesional copado por hombres. Pero, en su opinión, no son pocas las mujeres que se dedican a esto. «La mayoría de estudiantes de Bellas Artes, por ejemplo, somos mujeres en un porcentaje bárbaro, pero la visibilización llega sólo a los hombres. ¿Por qué sucede esto? No se nos ha educado para ser visibles. Desde que somos pequeñas tenemos que controlarnos y ser educadas, siempre debemos estar calladas. La mujer que sobresale o que tiene carácter es una revolucionaria. No está bien visto. Si a eso le sumas que a ellos los han educado para ignorarnos y competir, tienes el cóctel perfecto para la invisibilización», afirma.

Carla Berrocal

Carla Berrocal

«Es un problema complejo y que afecta a la estructura social, que es machista en cualquier ámbito, no solo en la ilustración», añade. «El hombre siempre tiene mayor presencia y visibilidad que las mujeres. La idea de que la cultura es más equitativa es totalmente falsa. No hay más que ver el número de autoras o cineastas o músicas publicadas o promocionadas en nuestro país».

Dispuesta a romper clichés, Berrocal no quiere ni oír hablar de estilos diferentes a la hora de trabajar entre hombres y mujeres. «Nuestras manos son las mismas, tenemos los mismos dedos y capacidad técnica que nuestros compañeros. Abarcamos un espectro muy amplio de estilos. No hay más que ver el virtuoso pincel de Emma Ríos o el humor de Clara Soriano», expresaba en una de las entradas de su blog cuando hablaba de las típicas preguntas que los periodistas solemos hacer redundando en esos estereotipos.

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«Lo que quiero resaltar en esta respuesta es que hay tantas autoras y estilos como los de nuestros compañeros. Si nadie se cuestiona el hecho de preguntarle a un autor (varón) sobre el «estilo masculino», ¿qué sentido tienen que nos hagan esta pregunta a nosotras?».

Las ciudades están llenas de historias, tantas como habitantes. Tendemos a buscar las positivas, las que nos hacen sentir orgullosos del lugar en que nacimos o donde vivimos. Pero, a veces, ocurre que quien cuenta la historia opta por narrar el lado más oscuro y sanguinario de la ciudad, dejando para otros la visión más idílica de la urbe. Al fin y al cabo, la crónica negra también dice mucho del carácter de los grandes núcleos urbanos.

Así lo ha hecho la ilustradora y dibujante de cómics madrileña Carla Berrocal, que ha realizado cuatro murales para la exposición La ciudad en viñetas, que se puede ver en CentroCentro Cibeles de Madrid hasta el 12 de abril. Berrocal ha mostrado en ellos la historia de cuatro crímenes ocurridos en la capital.

«Me gustaba la idea de contar la parte más oscura de Madrid», aclara la ilustradora a Yorokobu. «Sitios por donde habitualmente vas con normalidad, sin saber toda la historia que hay detrás de eso. Historias salvajes y misteriosas. Me gusta pensar en la ciudad como un ente vivo, que cuenta de forma silenciosa».

 

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Berrocal está presente en esta exposición invitada por la también ilustradora Ana Galvañ, que actúa como comisaria para esta edición y la del próximo año. No hubo ningún tipo de directriz que orientara la línea estilística de los trabajos. «La única condición es que tuviera Madrid como eje temático, pero he disfrutado de una total libertad creativa», asegura Berrocal.

Las cuatro historias elegidas por la dibujante de cómics han sido la maldición de la casa de la calle Antonio Grilo, la leyenda de la calle de la Cabeza, la casa de las siete chimeneas y la estación de Tirso de Molina. «Empecé documentándome sobre historias de crónica negra, como el crimen de la calle Fuencarral o el Palacio de Linares, pero acabé por centrarme en algunas menos conocidas, por aquello de salir de lo que ya se conoce».

 

 

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A pesar de jugar sólo con tres colores, blanco, negro y naranja, los murales de la madrileña inquietan al espectador, le sumergen en la sordidez de la macabra historia que cuentan sin caer, a pesar de ello, en el morbo de la sangre. «La idea era traer reminiscencias clásicas. El uso tipográfico es de inspiración modernista, me encantan los años 30 y el uso del color es básicamente hacer un homenaje a las publicaciones de esa época, que solían jugar con bitonos», explica la autora.

Lo cierto es que aquellos historietistas clásicos de los años 30 y 40 del siglo pasado son algunos de los referentes artísticos de la ilustradora. Gente como Milton Caniff, Roy Crane o Charles Forbell. Pero también españoles como Goñi, Penagos o Manolo Prieto. «También siento debilidad por Alberto Breccia y su hijo Enrique. Los cartelistas soviéticos, las portadas pulp de ciencia ficción, el cine de los años 30…».

Carla Berrocal se considera caótica en su forma de trabajar, aunque el resultado no lo deje ver. «Empiezo con bocetos muy pequeños, en donde establezco la composición de página y los elementos principales. Después lo paso a un A3, me gusta mucho trabajar en formato grande. Aboceto y entinto. Por último pongo los textos, de los que normalmente tengo una idea, pero hasta que no me siento a ponerlos no sé qué voy a escribir exactamente».

Carla Berrocal

Usa pincel, tinta y Photoshop, un detalle más de su gusto por lo clásico. «Bueno, en realidad mi proceso mezcla mi filosofía creativa: el amor por lo tradicional, el contacto con el papel y el pincel; y el Photoshop, que al final para mí no deja de ser una herramienta que uso de forma muy superficial (cuatro herramientas) para mi objetivo, que es la ilustración final».

El trabajo no le falta y sus jornadas laborales son muy intensas, dice riendo, pero se siente muy afortunada. «Poder vivir de lo que te gusta es una sensación muy bonita, me hace sentir muy realizada. Además, intento escoger los trabajos que más me llenan, que me aportan algo o que tienen cierto impacto con temáticas que me resultan interesantes o comprometidas.

»También hay días difíciles o estériles, pero no lo cambiaría por nada del mundo. Hasta de esos días se aprende algo».

Berrocal lleva dibujando desde 2004 y combina la ilustración y el dibujo con la actividad docente. Como ilustradora ha trabajado para agencias de publicidad y anunciantes como Coca-Cola, Estrella Galicia o el Festival de Cine Fantástico de Sitges, así como para otros medios internacionales. Su primera novela gráfica fue El Brujo (De Ponent), de 2011, y la última hasta el momento ha sido Epigrafías (Libros de Autoengaño), de 2016.

Carla Berrocal

Para la madrileña, es difícil decir con cuál de las dos facetas, ilustradora o dibujante de cómics, se identifica más. «¡Es muy difícil! Casi como elegir entre papá o mamá. Creo que son dos facetas con cosas en común y a la vez totalmente opuestas… Creo que no elegiría, me quedaría con el término de «narradora gráfica», que a su manera, creo que abarca las dos».

Los trazos de esta narradora gráfica son algo rectilíneos pero hermosos y expresivos. Poco tiene que ver con lo que ella considera una peligrosa tendencia actual al dibujo feo. «Bueno, creo que hay varios factores. Por un lado creo que estamos en una época en la que lo más importante es vender y se deja de lado el contenido. Si algo esta bien vendido y es «bonito», la gente se lo traga, no cuestiona lo que se vende. Es una cuestión marketiniana».

»Por otro lado hay una «falsa» tendencia que valora lo «subversivo». Siguiendo la pesada estela de la historia del arte en la que lo tradicional viene representado por lo figurativo-realista, existe la tendencia de que la ruptura representa una evolución del arte. Sin embargo, lo habitual es encontrarse con que esta postura no suele estar madurada ni argumentada. La mayoría de las veces se queda en algo superficial, más desde la «pose». No existe una argumentación intelectual y normalmente es una respuesta a una limitación técnica del artista. Es decir, su «mal dibujo» no surge desde una postura reflexiva y con conocimiento de la técnica, si no desde la limitación y la pose», afirma Berrocal.

«Creo que también ha hecho mucho daño la «democratización del arte», en donde se sugiere que «cualquiera puede ser artista». Desde mi punto de vista, esta afirmación es falsa. Todo el mundo puede dibujar, pero hacer cómics o ilustrar es otra cosa. Se necesitan unos conocimientos y unas habilidades técnicas profesionalizadas. ¿Todo el mundo puede dibujar? Sí, pero no todo el mundo puede ser ilustrador. De la misma forma que escribir no te convierte en escritor ni yo, por hacer un curso de nutrición, soy nutricionista. Nuestra profesión también es una ciencia».

La ilustración y el cómic españoles e internacionales, en general, parecen estar viviendo una época dorada. Cada vez es más frecuente ver en las estanterías de las librerías un mayor número de novelas gráficas y la ilustración ocupa cada vez más espacios donde antes sólo había cabida para la fotografía. «Autoralmente, [el panorama del cómic y la ilustración] es más rico y complejo que nunca», opina Berrocal. «Hay gente buenísima en todo el mundo y las redes nos acercan muchísimo. Me encanta la sensación de que el mundo se vuelva pequeño de repente».

Carla Berrocal destaca en un entorno profesional copado por hombres. Pero, en su opinión, no son pocas las mujeres que se dedican a esto. «La mayoría de estudiantes de Bellas Artes, por ejemplo, somos mujeres en un porcentaje bárbaro, pero la visibilización llega sólo a los hombres. ¿Por qué sucede esto? No se nos ha educado para ser visibles. Desde que somos pequeñas tenemos que controlarnos y ser educadas, siempre debemos estar calladas. La mujer que sobresale o que tiene carácter es una revolucionaria. No está bien visto. Si a eso le sumas que a ellos los han educado para ignorarnos y competir, tienes el cóctel perfecto para la invisibilización», afirma.

Carla Berrocal

Carla Berrocal

«Es un problema complejo y que afecta a la estructura social, que es machista en cualquier ámbito, no solo en la ilustración», añade. «El hombre siempre tiene mayor presencia y visibilidad que las mujeres. La idea de que la cultura es más equitativa es totalmente falsa. No hay más que ver el número de autoras o cineastas o músicas publicadas o promocionadas en nuestro país».

Dispuesta a romper clichés, Berrocal no quiere ni oír hablar de estilos diferentes a la hora de trabajar entre hombres y mujeres. «Nuestras manos son las mismas, tenemos los mismos dedos y capacidad técnica que nuestros compañeros. Abarcamos un espectro muy amplio de estilos. No hay más que ver el virtuoso pincel de Emma Ríos o el humor de Clara Soriano», expresaba en una de las entradas de su blog cuando hablaba de las típicas preguntas que los periodistas solemos hacer redundando en esos estereotipos.

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«Lo que quiero resaltar en esta respuesta es que hay tantas autoras y estilos como los de nuestros compañeros. Si nadie se cuestiona el hecho de preguntarle a un autor (varón) sobre el «estilo masculino», ¿qué sentido tienen que nos hagan esta pregunta a nosotras?».

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