6 de febrero 2018    /   BUSINESS
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¿Habrá veganos carnívoros? El incierto futuro de la carne ‘artificial’

6 de febrero 2018    /   BUSINESS     por          
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El consumo mundial de carne aumenta al galope y mete presión a los recursos que tenemos para producirla. Por eso, inversores estelares como Bill Gates o Richard Branson y gigantes empresariales como Cargill, Tyson o Nestlé han comenzado a financiar la generación de carne en el laboratorio. Paul Shapiro, activista y exvicepresidente de la protectora de animales Humane Society, anuncia una revolución inminente.      

La cifras no dejan lugar a muchas dudas. Según Naciones Unidas, el consumo per cápita de carne  se incrementará en casi un 20% entre 1997 y 2030, la población mundial superará los 8.500 millones de personas y un tercio del suelo cultivable se encuentra, ahora mismo, severamente degradado. Paul Shapiro afirma, con contundencia, en Yorokobu que hacen falta «vías más eficientes, sostenibles y humanas de alimentarnos».  

¿Pero cuáles son esas vías? Shapiro, que ha publicado un libro reciente sobre el tema titulado Clean Meat, pone sobre la mesa la producción de carne en el laboratorio. No hablamos de un escenario de ciencia ficción, advierte, porque «producir carne sin animales ya es una realidad, pero nadie lo está haciendo a costes competitivos todavía». Se están acercando, añade, aunque «se necesita mucho más dinero en investigación y desarrollo».  

Justamente, en los últimos doce meses los gigantes estadounidenses de la carne Cargill y Tyson Foods han invertido en Memphis Meats, una start-up que promete producir pollo y ternera mediante agricultura celular. No están mal acompañados: Richard Branson o Bill Gates también han participado en sus rondas de financiación. Impossible Foods, la rival de Memphis Meats, ha captado ya 250 millones de dólares. Kellogg’s domina dos empresas, Beyond Meat y MorningStar Farm, que generan carne a partir de células vegetales. Nestlé adquirió en septiembre Sweet Earth, que produce y comercializa productos cárnicos a base de plantas, un mercado que esperan que facture 5.000 millones de dólares en 2020 en Estados Unidos.   

Albóndiga de laboratorio creada por Memphis Meats
Albóndiga de laboratorio creada por Memphis Meats

Según Shapiro, «las empresas cárnicas inteligentes» saben que el futuro «no pasa necesariamente por los animales vivos». Y lanza una advertencia: «Del mismo modo que Canon abandonó la película de gelatina para fabricar cámaras digitales, las grandes empresas cárnicas pueden cambiar la matanza de animales por las células animales». No menciona a Kodak, la competidora de Canon, que se hundió por no apostar por el mundo digital, pero se intuye.

Grandes desafíos

De todos modos, las empresas del sector están apostando con cuidado por esta revolución porque existen todavía cuatro grandes desafíos. Para empezar, como admite el propio Shapiro, a corto plazo quizás serán muchos, pero desde luego «no todo el mundo» se animará a consumir la nueva carne. Es posible que eso dé un vuelco a largo plazo, pero hoy los aficionados al chuletón no parecen mirar con pasión ni las hamburguesas vegetales ni la carne diseñada a partir de células. Por eso y porque se espera que consuma muchos menos recursos naturales, Shapiro prefiere el término carne limpia al de carne de laboratorio.

También hay que recordar que no sabemos, exactamente, cuántos recursos habrá que consumir para generar artificialmente una carne que sea accesible para la mayoría en los países desarrollados y en los emergentes. En estos momentos, la diferencia de precio entre un pollo o una ternera de laboratorio y sus homólogos tradicionales son miles de dólares, aunque es cierto que se está estrechando dramáticamente. Shapiro reconoce que, por el momento, son «piezas de carne muy caras» y que hay que «inyectar mucho dinero en investigación y desarrollo en esta nueva industria para que encuentre el modo de bajar los precios y comercializar el producto».

Foto: Beyond Meat
Foto: Beyond Meat

El tercer desafío es más cultural. Vivimos en una era marcada por la superioridad de lo natural y la enorme diversidad de la oferta. La carne limpia, que será más cara que la tradicional a medio plazo, supone que, a diferencia de lo que sucede con los productos orgánicos o ecológicos, los consumidores estarán dispuestos a pagar más por un producto menos natural. Además, aunque Shapiro admite que ha comido y disfrutado ternera, pato, pescado, foie gras o chorizo producidos a partir de células animales, lo más probable es que, durante años, los productos de este tipo a la venta no solo sean más caros, sino también más limitados.

Y, por fin, el cuarto desafío son las propias inversiones, estructura e intereses de unas empresas que siguen dependiendo de la producción y distribución de carne tradicional. Es verdad que aquí no solo deberíamos hablar de multinacionales fáciles de demonizar, sino también de millones de carniceros, ganaderos y de miles de empresas medianas que dan empleo y sostienen a cientos de comunidades que evitan la despoblación definitiva gracias a las explotaciones agrarias.  

A pesar de estos grandes desafíos, Shapiro cree que hay que apoyar esta revolución en un mundo donde el cambio climático no espera a nadie, donde los recursos naturales se erosionan a gran velocidad y donde la prosperidad de la población mundial exige una dieta cada vez más diversa que incluya proteínas animales.

Al fin y al cabo, apunta, «el ahorro» en «tierra, agua, petróleo o fertilizantes» sería «inmenso» si «pudiéramos generar las partes de los animales que queremos en vez de criar animales enteros». Además, añade, esta nueva carne «no tiene el mismo tipo de bacterias intestinales que la carne convencional». Si es mejor para la salud, consume menos recursos naturales y reduce «la crueldad contra los animales»,  Shapiro lo tiene claro: hay que intentarlo.

Imagen de portada: Impossible Foods

El consumo mundial de carne aumenta al galope y mete presión a los recursos que tenemos para producirla. Por eso, inversores estelares como Bill Gates o Richard Branson y gigantes empresariales como Cargill, Tyson o Nestlé han comenzado a financiar la generación de carne en el laboratorio. Paul Shapiro, activista y exvicepresidente de la protectora de animales Humane Society, anuncia una revolución inminente.      

La cifras no dejan lugar a muchas dudas. Según Naciones Unidas, el consumo per cápita de carne  se incrementará en casi un 20% entre 1997 y 2030, la población mundial superará los 8.500 millones de personas y un tercio del suelo cultivable se encuentra, ahora mismo, severamente degradado. Paul Shapiro afirma, con contundencia, en Yorokobu que hacen falta «vías más eficientes, sostenibles y humanas de alimentarnos».  

¿Pero cuáles son esas vías? Shapiro, que ha publicado un libro reciente sobre el tema titulado Clean Meat, pone sobre la mesa la producción de carne en el laboratorio. No hablamos de un escenario de ciencia ficción, advierte, porque «producir carne sin animales ya es una realidad, pero nadie lo está haciendo a costes competitivos todavía». Se están acercando, añade, aunque «se necesita mucho más dinero en investigación y desarrollo».  

Justamente, en los últimos doce meses los gigantes estadounidenses de la carne Cargill y Tyson Foods han invertido en Memphis Meats, una start-up que promete producir pollo y ternera mediante agricultura celular. No están mal acompañados: Richard Branson o Bill Gates también han participado en sus rondas de financiación. Impossible Foods, la rival de Memphis Meats, ha captado ya 250 millones de dólares. Kellogg’s domina dos empresas, Beyond Meat y MorningStar Farm, que generan carne a partir de células vegetales. Nestlé adquirió en septiembre Sweet Earth, que produce y comercializa productos cárnicos a base de plantas, un mercado que esperan que facture 5.000 millones de dólares en 2020 en Estados Unidos.   

Albóndiga de laboratorio creada por Memphis Meats
Albóndiga de laboratorio creada por Memphis Meats

Según Shapiro, «las empresas cárnicas inteligentes» saben que el futuro «no pasa necesariamente por los animales vivos». Y lanza una advertencia: «Del mismo modo que Canon abandonó la película de gelatina para fabricar cámaras digitales, las grandes empresas cárnicas pueden cambiar la matanza de animales por las células animales». No menciona a Kodak, la competidora de Canon, que se hundió por no apostar por el mundo digital, pero se intuye.

Grandes desafíos

De todos modos, las empresas del sector están apostando con cuidado por esta revolución porque existen todavía cuatro grandes desafíos. Para empezar, como admite el propio Shapiro, a corto plazo quizás serán muchos, pero desde luego «no todo el mundo» se animará a consumir la nueva carne. Es posible que eso dé un vuelco a largo plazo, pero hoy los aficionados al chuletón no parecen mirar con pasión ni las hamburguesas vegetales ni la carne diseñada a partir de células. Por eso y porque se espera que consuma muchos menos recursos naturales, Shapiro prefiere el término carne limpia al de carne de laboratorio.

También hay que recordar que no sabemos, exactamente, cuántos recursos habrá que consumir para generar artificialmente una carne que sea accesible para la mayoría en los países desarrollados y en los emergentes. En estos momentos, la diferencia de precio entre un pollo o una ternera de laboratorio y sus homólogos tradicionales son miles de dólares, aunque es cierto que se está estrechando dramáticamente. Shapiro reconoce que, por el momento, son «piezas de carne muy caras» y que hay que «inyectar mucho dinero en investigación y desarrollo en esta nueva industria para que encuentre el modo de bajar los precios y comercializar el producto».

Foto: Beyond Meat
Foto: Beyond Meat

El tercer desafío es más cultural. Vivimos en una era marcada por la superioridad de lo natural y la enorme diversidad de la oferta. La carne limpia, que será más cara que la tradicional a medio plazo, supone que, a diferencia de lo que sucede con los productos orgánicos o ecológicos, los consumidores estarán dispuestos a pagar más por un producto menos natural. Además, aunque Shapiro admite que ha comido y disfrutado ternera, pato, pescado, foie gras o chorizo producidos a partir de células animales, lo más probable es que, durante años, los productos de este tipo a la venta no solo sean más caros, sino también más limitados.

Y, por fin, el cuarto desafío son las propias inversiones, estructura e intereses de unas empresas que siguen dependiendo de la producción y distribución de carne tradicional. Es verdad que aquí no solo deberíamos hablar de multinacionales fáciles de demonizar, sino también de millones de carniceros, ganaderos y de miles de empresas medianas que dan empleo y sostienen a cientos de comunidades que evitan la despoblación definitiva gracias a las explotaciones agrarias.  

A pesar de estos grandes desafíos, Shapiro cree que hay que apoyar esta revolución en un mundo donde el cambio climático no espera a nadie, donde los recursos naturales se erosionan a gran velocidad y donde la prosperidad de la población mundial exige una dieta cada vez más diversa que incluya proteínas animales.

Al fin y al cabo, apunta, «el ahorro» en «tierra, agua, petróleo o fertilizantes» sería «inmenso» si «pudiéramos generar las partes de los animales que queremos en vez de criar animales enteros». Además, añade, esta nueva carne «no tiene el mismo tipo de bacterias intestinales que la carne convencional». Si es mejor para la salud, consume menos recursos naturales y reduce «la crueldad contra los animales»,  Shapiro lo tiene claro: hay que intentarlo.

Imagen de portada: Impossible Foods

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Opiniones 2
  • Como vegana no necesito la carne para vivir ni tener buena salud, pero me encanta cualquier idea que permita reducir el maltrato y asesinato de seres inocentes.

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