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13 de febrero 2019    /   CINE/TV
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Carolina Jiménez: «Hay pocas jefas de efectos visuales en el cine, pero dadnos tiempo, estamos llegando»

13 de febrero 2019    /   CINE/TV     por          
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Solo un 1% de quienes trabajan en el sector del cine en nuestro país en departamentos tradicionalmente masculinos, como efectos visuales, son mujeres, según un informe de CIMA, la asociación de mujeres del audiovisual español. Carolina Jiménez (Madrid, 1978) conocía el percal cuando decidió meterse en la industria, pero nunca dejó que aquello la desalentase.

Ella siempre tuvo claro que quería dedicarse a algo que combinara técnica y creatividad. Se metió a estudiar arquitectura sin demasiada convicción («casi por descarte»), pero llegó un momento en que decidió abandonar los estudios y replantearse la vida.

«Siendo una enamorada del cine y la tecnología como he sido desde niña, y fuertemente inspirada por películas como Parque Jurásico, Terminator 2, Buscando a Nemo, o El señor de los anillos, decidí en ese momento que me quería dedicar al cine detrás de un ordenador», cuenta.

Se matriculó en CICE, una escuela madrileña donde estudió un máster de 3D y animación, y de la que salió con ganas de comerse el mundo. Hoy triunfa en Hollywood y lleva varios años trabajando como artista digital de efectos visuales en blockbusters como la reciente Aquaman (2018).

Jiménez comenta que encontró su primera oportunidad laboral en ese mundillo en la serie Águila Roja. «Gracias a mi formación en arquitectura, mis primeras experiencias laborales estuvieron muy relacionadas con la infoarquitectura», explica la artista.

«Trabajé en diferentes estudios de interiorismo, diseño y marketing mientras no dejaba de hacer trabajos freelance en casa, tan enfocados al cine como me era posible. Entre muchos trabajillos menores y colaboraciones que surgieron, me escribió este pequeño estudio al que le habían encargado la creación de los entornos virtuales de las escenas sobre los tejados para la serie de TVE».

«Esto suponía diseñar, modelar y texturizar edificios de época para rellenar los fondos de estas secuencias rodadas en set. Este estudio se vio un poco desbordado por el volumen de trabajo que tenían y me propusieron encargarme de esa tarea».

Aquello brindó a Jiménez un aprendizaje práctico y le dio un empujón a su carrera profesional, pues hizo que Ilion Animation Studios se fijase en ella durante el final de la producción de la película animada Planet 51, permitiéndole al fin meter la cabeza en el mundo del cine que tanto admiraba.

Poco después, la contrataron en Australia para trabajar en la película Happy Feet 2, donde le tocó generar todas las huellas que los pingüinos iban dejando en la nieve. Del director de ese filme –George Miller– cuenta que es «un gran cineasta y un tipo genial» y recuerda especialmente, a modo de anécdota, el día en que le conoció, cuando ambos salían del cuarto de baño.

«Lo hicimos al mismo tiempo, apresurados y chocando en el medio aparatosamente. Fue embarazoso y muy gracioso. Ambos reímos nerviosos, sobre todo yo, cuando me di cuenta de quién era. Nos disculpamos y nos saludamos amablemente».

-Habrá mucha gente que no tenga ni idea de cómo funciona la producción de VFX (los efectos visuales)…

«En producción de VFX, técnicamente la posproducción de una película, muchos planos consisten en imagen real, rodada en set o en localización con escenarios y personajes al menos parcialmente reales, combinadas posteriormente con recreaciones digitales de todo lo que falta. Pueden ser fondos, escenarios, elementos concretos y personajes enteros. Todo lo que vemos en los making-of que va en croma verde es después sustituido por algo».

Foto: Kerp Photography

Ella forma parte del departamento de Layout, un paso intermedio en el proceso de producción en un estudio de VFX. La parte más cinematográfica de ese proceso:

«A grandes rasgos, consiste en componer la escena tomando todos los elementos necesarios, proporcionados por los departamentos que van antes, colocarlos en su lugar y posicionar y mover la cámara cuando es necesario, cuadrando el aspecto final de la toma […] Después de nosotros vienen los departamentos de animación, que refinan y detallan el movimiento de las partes móviles, iluminado, texturizado, efectos, composición, etcétera».

Currar en la trilogía de El Hobbit

Después de hacer sus pinitos como artista de efectos visuales, Weta Digital –la empresa de efectos visuales de Peter Jackson– decidió ficharla. Algo casi profético, teniendo en cuenta que la española optó por dedicarse a su profesión después de comprarse el DVD de la versión extendida de El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001) y ver el documental con el making of de la película que contenía el pack.

Por eso, Jiménez alucinó cuando le tocó viajar hasta Oceanía, donde el cineasta rodaba El Hobbit: Un viaje inesperado (2012). «Vivir en Nueva Zelanda tres años y trabajar en la trilogía completa de El Hobbit fue cerrar un círculo con un broche inimaginable», recuerda. «Fue arduo e intenso, pero mereció muchísimo la pena, de esas experiencias que te cambian para siempre. Nueva Zelanda es un país increíble, y los kiwis son gente muy especial».

-¿Por qué dice que su secuencia favorita (y la más complicada a la que se ha enfrentado hasta ahora) es la del bosque de Mirkwood?

«La secuencia de las telarañas del bosque de Mirkwood [que aparece en tres minutos de la película] fue especialmente dura y significativa porque nos tocó a otros dos compañeros y a mí generar todas las telarañas que veis en la pantalla una a una, usando un simulador que desarrollamos de cero junto con el departamento de programación. Creedme que hay cientos de telarañas, y nos llevó mucho tiempo de trabajo lograr que la herramienta funcionara adecuadamente. Tardamos casi tres meses en completar la tarea. Éramos auténticas arañas digitales tejiendo sin parar».

Jiménez no tiene reparos en admitir que disfruta más cuando trabaja en películas menos taquilleras, ya que «los proyectos de gran calado y presupuesto cuentan con mucho más control creativo por parte de la productora, lo que nos deja menos libertad artística». Lo tiene claro: «Los grandes blockbusters (taquillazos) son retos geniales, pero donde mejor lo pasamos es en los proyectos menores, en los que tenemos más ocasión de improvisar, aportar y proponer nuestras ideas. Es mucho más divertido».

La evolución de un sector vedado para las mujeres

Pero no todo el monte (ni el universo digital) es orégano. Hasta hace unos años, el trabajo en efectos visuales y la precariedad iban (con demasiada frecuencia) de la mano.

Antes era habitual que se contratase a este tipo de artistas por proyecto, es decir, por película («lo que significaba que al acabar la película se acababa nuestro contrato y tocaba volver a buscar nuevas oportunidades laborales»), pero (afortunadamente) parece que «muchos estudios se han ido dando cuenta de que renovar plantilla con cada nuevo proyecto no es del todo rentable, ya que toda nueva incorporación al equipo requiere un periodo de adaptación, y los artistas con quienes trabajaste una vez pueden no estar ya disponibles cuando quieras volver a contar con ellos».

Ahora, la mayoría de estudios grandes llevan más de una película a la vez, «cada una en un estadio diferente de producción. En ocasiones, hasta cuatro y cinco, por lo que a nosotros se nos acaban solapando».

No es raro, según explica Jiménez, estar trabajando en más de una a la vez, cuando el volumen de trabajo lo requiere.

«Yo he llegado a trabajar para Marvel por la mañana y para DC por la tarde. Cuando toca apretar, se dan rarezas frikis maravillosas como esa. Y esto nos permite también tener más seguridad laboral, consiguiendo contratos más largos, y con suerte y tesón, incluso un contrato fijo. Sigue sin ser fácil, pero no es imposible», dice.

En su caso, ¿qué dirías que ha sido lo más difícil de todos estos años de aventura profesional?

«Sin duda, salir de tu entorno y zona de confort para lanzarte a perseguirlo conlleva muchos buenos y malos ratos. Hacer las maletas para cambiar de trabajo, de país, de idioma y de hemisferio, todo a la vez, varias veces seguidas, puede dar mucho miedo y te obliga a enfrentarte a situaciones complicadas y a ponerte a prueba a ti misma. Una vez superados esos retos, te enfrentas a la inestabilidad laboral y geográfica, a los inconvenientes burocráticos y limitaciones legales de ser inmigrante allá donde estés, a tener a la familia y los amigos lejos… Todo eso mientras debes dar la talla para seguir mejorando y avanzando en tu profesión».

Pero, a pesar de ciertas renuncias, tiene claro que ha valido la pena…

«Sencillo no es, pero sin duda merece la pena por las muchas cosas buenas que recibes a cambio: ver mundo, conocer gentes maravillosas de diferentes culturas, trabajar con los mejores, la satisfacción del reto superado… Y yo tengo la suerte de tener el apoyo de mi familia y de que mi chico, que es fotógrafo, no ha dudado nunca un minuto en lanzarse a la aventura conmigo y disfrutarla al máximo. ¿A qué fotógrafo no le gusta ver mundo? Haberlo vivido todo con él ha ayudado también mucho. Reconozco que esta vida quizá no sea para todo el mundo, pero yo no lo cambiaría por nada», admite sin titubeos.

A pesar del panorama tan poco halagüeño de un sector dominado aún por los hombres, Jiménez se muestra optimista: «Cuando entré en la escuela de 3D, éramos solo dos chicas en mi clase. La descompensación era evidente. Diez años después de acabar mis estudios, volví a mi escuela a impartir una masterclass y el cambio era palpable: había muchas mujeres de todas las edades. Las cosas han cambiado poco a poco desde entonces y, aunque aún no hay paridad, sí que somos muchas más».

Desde hace dos años, Jiménez trabaja en Scanline, una empresa de efectos visuales con sede en Vancouver (Canadá).

«Ahora mismo, en mi departamento (el de Layout) somos diez artistas, de los cuales cinco somos mujeres. Si contamos a nuestras dos coordinadoras de producción, mujeres ambas, somos un departamento de doce personas, de ellas seis mujeres».

«Cierto es que esto es algo excepcional aún. No todos los departamentos son así todavía, ni mucho menos, pero el cambio se está produciendo claramente. Hay pocas supervisoras o jefas de departamento aún, pero dadnos tiempo, que estamos llegando. No tengáis duda», apostilla orgullosa.

Mujer de retos, comenta que aspira a terminar algún día alguno de los guiones de cortometrajes que empezó a escribir «y hacerlos realidad como directora».

Como amante de la docencia, la madrileña se ha convertido también en una divulgadora sobre el arte de los efectos visuales –tiene su propio canal de Youtube y cuenta con una legión de fans en todo el mundo–.

«Siempre digo que el principal objetivo de los cineastas en general, y de los artistas de efectos especiales y visuales en concreto, es engañar al espectador», cuenta. «Pero os engañamos con vuestro permiso y porque os queremos. Porque, engañándoos, os contamos historias fascinantes y os trasladamos a mundos increíbles».

Solo un 1% de quienes trabajan en el sector del cine en nuestro país en departamentos tradicionalmente masculinos, como efectos visuales, son mujeres, según un informe de CIMA, la asociación de mujeres del audiovisual español. Carolina Jiménez (Madrid, 1978) conocía el percal cuando decidió meterse en la industria, pero nunca dejó que aquello la desalentase.

Ella siempre tuvo claro que quería dedicarse a algo que combinara técnica y creatividad. Se metió a estudiar arquitectura sin demasiada convicción («casi por descarte»), pero llegó un momento en que decidió abandonar los estudios y replantearse la vida.

«Siendo una enamorada del cine y la tecnología como he sido desde niña, y fuertemente inspirada por películas como Parque Jurásico, Terminator 2, Buscando a Nemo, o El señor de los anillos, decidí en ese momento que me quería dedicar al cine detrás de un ordenador», cuenta.

Se matriculó en CICE, una escuela madrileña donde estudió un máster de 3D y animación, y de la que salió con ganas de comerse el mundo. Hoy triunfa en Hollywood y lleva varios años trabajando como artista digital de efectos visuales en blockbusters como la reciente Aquaman (2018).

Jiménez comenta que encontró su primera oportunidad laboral en ese mundillo en la serie Águila Roja. «Gracias a mi formación en arquitectura, mis primeras experiencias laborales estuvieron muy relacionadas con la infoarquitectura», explica la artista.

«Trabajé en diferentes estudios de interiorismo, diseño y marketing mientras no dejaba de hacer trabajos freelance en casa, tan enfocados al cine como me era posible. Entre muchos trabajillos menores y colaboraciones que surgieron, me escribió este pequeño estudio al que le habían encargado la creación de los entornos virtuales de las escenas sobre los tejados para la serie de TVE».

«Esto suponía diseñar, modelar y texturizar edificios de época para rellenar los fondos de estas secuencias rodadas en set. Este estudio se vio un poco desbordado por el volumen de trabajo que tenían y me propusieron encargarme de esa tarea».

Aquello brindó a Jiménez un aprendizaje práctico y le dio un empujón a su carrera profesional, pues hizo que Ilion Animation Studios se fijase en ella durante el final de la producción de la película animada Planet 51, permitiéndole al fin meter la cabeza en el mundo del cine que tanto admiraba.

Poco después, la contrataron en Australia para trabajar en la película Happy Feet 2, donde le tocó generar todas las huellas que los pingüinos iban dejando en la nieve. Del director de ese filme –George Miller– cuenta que es «un gran cineasta y un tipo genial» y recuerda especialmente, a modo de anécdota, el día en que le conoció, cuando ambos salían del cuarto de baño.

«Lo hicimos al mismo tiempo, apresurados y chocando en el medio aparatosamente. Fue embarazoso y muy gracioso. Ambos reímos nerviosos, sobre todo yo, cuando me di cuenta de quién era. Nos disculpamos y nos saludamos amablemente».

-Habrá mucha gente que no tenga ni idea de cómo funciona la producción de VFX (los efectos visuales)…

«En producción de VFX, técnicamente la posproducción de una película, muchos planos consisten en imagen real, rodada en set o en localización con escenarios y personajes al menos parcialmente reales, combinadas posteriormente con recreaciones digitales de todo lo que falta. Pueden ser fondos, escenarios, elementos concretos y personajes enteros. Todo lo que vemos en los making-of que va en croma verde es después sustituido por algo».

Foto: Kerp Photography

Ella forma parte del departamento de Layout, un paso intermedio en el proceso de producción en un estudio de VFX. La parte más cinematográfica de ese proceso:

«A grandes rasgos, consiste en componer la escena tomando todos los elementos necesarios, proporcionados por los departamentos que van antes, colocarlos en su lugar y posicionar y mover la cámara cuando es necesario, cuadrando el aspecto final de la toma […] Después de nosotros vienen los departamentos de animación, que refinan y detallan el movimiento de las partes móviles, iluminado, texturizado, efectos, composición, etcétera».

Currar en la trilogía de El Hobbit

Después de hacer sus pinitos como artista de efectos visuales, Weta Digital –la empresa de efectos visuales de Peter Jackson– decidió ficharla. Algo casi profético, teniendo en cuenta que la española optó por dedicarse a su profesión después de comprarse el DVD de la versión extendida de El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001) y ver el documental con el making of de la película que contenía el pack.

Por eso, Jiménez alucinó cuando le tocó viajar hasta Oceanía, donde el cineasta rodaba El Hobbit: Un viaje inesperado (2012). «Vivir en Nueva Zelanda tres años y trabajar en la trilogía completa de El Hobbit fue cerrar un círculo con un broche inimaginable», recuerda. «Fue arduo e intenso, pero mereció muchísimo la pena, de esas experiencias que te cambian para siempre. Nueva Zelanda es un país increíble, y los kiwis son gente muy especial».

-¿Por qué dice que su secuencia favorita (y la más complicada a la que se ha enfrentado hasta ahora) es la del bosque de Mirkwood?

«La secuencia de las telarañas del bosque de Mirkwood [que aparece en tres minutos de la película] fue especialmente dura y significativa porque nos tocó a otros dos compañeros y a mí generar todas las telarañas que veis en la pantalla una a una, usando un simulador que desarrollamos de cero junto con el departamento de programación. Creedme que hay cientos de telarañas, y nos llevó mucho tiempo de trabajo lograr que la herramienta funcionara adecuadamente. Tardamos casi tres meses en completar la tarea. Éramos auténticas arañas digitales tejiendo sin parar».

Jiménez no tiene reparos en admitir que disfruta más cuando trabaja en películas menos taquilleras, ya que «los proyectos de gran calado y presupuesto cuentan con mucho más control creativo por parte de la productora, lo que nos deja menos libertad artística». Lo tiene claro: «Los grandes blockbusters (taquillazos) son retos geniales, pero donde mejor lo pasamos es en los proyectos menores, en los que tenemos más ocasión de improvisar, aportar y proponer nuestras ideas. Es mucho más divertido».

La evolución de un sector vedado para las mujeres

Pero no todo el monte (ni el universo digital) es orégano. Hasta hace unos años, el trabajo en efectos visuales y la precariedad iban (con demasiada frecuencia) de la mano.

Antes era habitual que se contratase a este tipo de artistas por proyecto, es decir, por película («lo que significaba que al acabar la película se acababa nuestro contrato y tocaba volver a buscar nuevas oportunidades laborales»), pero (afortunadamente) parece que «muchos estudios se han ido dando cuenta de que renovar plantilla con cada nuevo proyecto no es del todo rentable, ya que toda nueva incorporación al equipo requiere un periodo de adaptación, y los artistas con quienes trabajaste una vez pueden no estar ya disponibles cuando quieras volver a contar con ellos».

Ahora, la mayoría de estudios grandes llevan más de una película a la vez, «cada una en un estadio diferente de producción. En ocasiones, hasta cuatro y cinco, por lo que a nosotros se nos acaban solapando».

No es raro, según explica Jiménez, estar trabajando en más de una a la vez, cuando el volumen de trabajo lo requiere.

«Yo he llegado a trabajar para Marvel por la mañana y para DC por la tarde. Cuando toca apretar, se dan rarezas frikis maravillosas como esa. Y esto nos permite también tener más seguridad laboral, consiguiendo contratos más largos, y con suerte y tesón, incluso un contrato fijo. Sigue sin ser fácil, pero no es imposible», dice.

En su caso, ¿qué dirías que ha sido lo más difícil de todos estos años de aventura profesional?

«Sin duda, salir de tu entorno y zona de confort para lanzarte a perseguirlo conlleva muchos buenos y malos ratos. Hacer las maletas para cambiar de trabajo, de país, de idioma y de hemisferio, todo a la vez, varias veces seguidas, puede dar mucho miedo y te obliga a enfrentarte a situaciones complicadas y a ponerte a prueba a ti misma. Una vez superados esos retos, te enfrentas a la inestabilidad laboral y geográfica, a los inconvenientes burocráticos y limitaciones legales de ser inmigrante allá donde estés, a tener a la familia y los amigos lejos… Todo eso mientras debes dar la talla para seguir mejorando y avanzando en tu profesión».

Pero, a pesar de ciertas renuncias, tiene claro que ha valido la pena…

«Sencillo no es, pero sin duda merece la pena por las muchas cosas buenas que recibes a cambio: ver mundo, conocer gentes maravillosas de diferentes culturas, trabajar con los mejores, la satisfacción del reto superado… Y yo tengo la suerte de tener el apoyo de mi familia y de que mi chico, que es fotógrafo, no ha dudado nunca un minuto en lanzarse a la aventura conmigo y disfrutarla al máximo. ¿A qué fotógrafo no le gusta ver mundo? Haberlo vivido todo con él ha ayudado también mucho. Reconozco que esta vida quizá no sea para todo el mundo, pero yo no lo cambiaría por nada», admite sin titubeos.

A pesar del panorama tan poco halagüeño de un sector dominado aún por los hombres, Jiménez se muestra optimista: «Cuando entré en la escuela de 3D, éramos solo dos chicas en mi clase. La descompensación era evidente. Diez años después de acabar mis estudios, volví a mi escuela a impartir una masterclass y el cambio era palpable: había muchas mujeres de todas las edades. Las cosas han cambiado poco a poco desde entonces y, aunque aún no hay paridad, sí que somos muchas más».

Desde hace dos años, Jiménez trabaja en Scanline, una empresa de efectos visuales con sede en Vancouver (Canadá).

«Ahora mismo, en mi departamento (el de Layout) somos diez artistas, de los cuales cinco somos mujeres. Si contamos a nuestras dos coordinadoras de producción, mujeres ambas, somos un departamento de doce personas, de ellas seis mujeres».

«Cierto es que esto es algo excepcional aún. No todos los departamentos son así todavía, ni mucho menos, pero el cambio se está produciendo claramente. Hay pocas supervisoras o jefas de departamento aún, pero dadnos tiempo, que estamos llegando. No tengáis duda», apostilla orgullosa.

Mujer de retos, comenta que aspira a terminar algún día alguno de los guiones de cortometrajes que empezó a escribir «y hacerlos realidad como directora».

Como amante de la docencia, la madrileña se ha convertido también en una divulgadora sobre el arte de los efectos visuales –tiene su propio canal de Youtube y cuenta con una legión de fans en todo el mundo–.

«Siempre digo que el principal objetivo de los cineastas en general, y de los artistas de efectos especiales y visuales en concreto, es engañar al espectador», cuenta. «Pero os engañamos con vuestro permiso y porque os queremos. Porque, engañándoos, os contamos historias fascinantes y os trasladamos a mundos increíbles».

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Opiniones 2
  • Que hay pocas mujeres en los vfx??? So mentirosa!!??????. Yo llevo doce años 12 en la industria y he trabajado en quince películas de HOLLYWOOD. Primero, de todo, podría nombrar decenas de mujeres que han sido jefas, leads y supervisoras, desde las mujeres de Ilm a MPC a Dneg y decenas de sitios. Si no me creen métanse en las páginas de los principales estudios y denle al botón staff o quiénes somos…. Desde Trixter a Pixomomdo
    a MPC…. Segundo… Yo he sido triste testigo de cómo las mujeres en estas empresas, sí sí, las mujeres… Y si no me creen que les den porque es verdad… Son las que han intentado tirarse a algunos jefes para conseguir puestos altos…. Con un descaro y poca vergüenza que no daba crédito. Dejen ya de meter mierda mentirosa de verdad que es que es indignant…. Segundo, si buscas a esta mujer en Internet lo primero que sale no es su portfolio, y eso a los que hemos tenido que dormir en el suelo y sudar sangre, casi quedarnos ciegos por conseguirlo y nos han tratado racista mente en las fronteras y hemos aguantado mierda hasta reventar nos jode… Y Vemos que lo primero que sale de ella son fotos de ella En BRAGAS. Tercero… La relación entre un layout artist y el runner que trae los cafés suele ser bastante directa en cuanto a conocimiento. Esta es una persona, con su valor, pero ha tirado de imágen Que Da Gusto… Y hay cientos de españoles que valen un huevo y a los que por ser hombres no les han dado un puesto comodísimo por llenar cupos de género de mierda para que entre foto en bragas y foto en bragas nos trate con esa chulería y engreimiento, mirando como la Reina de los Mares…. De verdad que sociedad de borregos manipulables y sin personalidad basados en mentiras horribles están ustedes intentando crear. Ni puta idea de lo que están hablando

  • Hasta las pelotas de esta tía. Está hasta en la sopa todo el día poniendo posturas moñas y morritos. Labia desde luego tiene que tener un huevo.

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