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9 de mayo 2018    /   IDEAS
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¿Darías «carta blanca» en el sexo a tu pareja?

9 de mayo 2018    /   IDEAS     por          
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Tener sexo con otras personas, sin que cuente como infidelidad, durante un tiempo limitado. Esa podría ser la definición de «dar carta blanca», una posibilidad que se plantean algunas parejas, y que a algunos les emociona más que un cheque en blanco al portador. Pero, aunque en la teoría suene muy bien, ¿realmente funciona en la práctica?

No se trata de pactar tener una pareja abierta como tal, sino de plantear una posibilidad de forma excepcional. Como aporta la sexóloga Ana Lombardía de Sexo en la piel, «cuando hablamos de dar carta blanca a nuestra pareja solemos referirnos a que, dentro de una relación de pareja monógama, permitamos, de forma excepcional u ocasional, que nuestra pareja mantenga relaciones sexuales con terceras personas».

Cabe tener en cuenta que lo habitual es que «la carta blanca» esté ligada a una serie de circunstancias concretas. La sexóloga apunta que la más habitual es «cuando la pareja va a pasar un tiempo en ciudades distintas, ya sea por trabajo o por unas largas vacaciones», pero también se plantean otras situaciones, como por ejemplo que ambos miembros decidan darse carta blanca durante la despedida de solteros.

O incluso que hagan una lista de personas con las que está permitido tener sexo, algo así como una lista de famosos, al estilo de Ross Geller en Friends. «Incluso hay parejas que lo plantean de modo que su pareja pueda acostarse con otra persona, por ejemplo, una vez al año».

¿Cómo plantearlo?

Hay quién ve la carta blanca como una herramienta para salir de la rutina en la que la pareja se ha estancado y otros, como una forma de continuar la relación sentimental con esa persona, si se tiene por delante un largo periodo en el que, por la razón que sea, no se va a tener sexo con ella. No solo un viaje, puede ser incluso una enfermedad o una decisión de abstinencia voluntaria por parte de uno de los dos.

En ese tipo de casos, la carta blanca puede ser una opción perfecta. Aunque plantearlo no siempre puede ser fácil. «Este tema hay que plantearlo con cuidado, mimo y siempre mucho respeto. Si queremos pedir carta blanca o se la queremos dar a nuestra pareja, hay que hacerlo escogiendo bien el momento y explicando con cuidado nuestros motivos», indica Lombardía.

Lo primero es dejar claro que se trata de una situación puntual y que responde a un motivo concreto. Y que, al fin y al cabo, el objetivo de la misma es conseguir continuar con la relación de pareja. En este sentido, la experta apunta que «es fundamental dejar claro que se hará de forma que no afecte a la relación de pareja y que el hecho de dar o pedir carta blanca no significa necesariamente que no queramos a nuestra pareja o que ya no la encontremos atractiva».

Asimismo, antes de plantear el tema, no solo hay que pensar cómo lo puede interpretar la pareja, sino cuáles pueden ser los propios límites que tenga uno mismo. Porque para que la carta blanca funcione, deben tenerla por igual ambos miembros de la pareja.

«Los sentimientos no suelen ser tan razonables y podemos sentir y experimentar emociones muy negativas, como celos, inseguridad o miedo, cuando nuestra pareja se acueste con otra persona». Por lo tanto, antes de plantear esta opción a la ligera, «hay que medir bien nuestros límites, conocernos a nosotros mismos y ser honestos con lo que podemos o no podemos aceptar, tanto a nivel emocional, como racional».

¿Y si la cosa no funciona?

Aunque la decisión haya sido meditada, la conversación haya sido pausada y ambos hayan establecido unas normas concretas, lo cierto es que plantear carta blanca no siempre sale bien.

Ana Lombardía explica que este tipo de casos es muy común en su consulta de Sexología. El motivo por el que la pareja acude es que «en ocasiones estos pactos que han acordado se rompen, lo cual genera mucho malestar dentro de la relación: desconfianza, inseguridades, temor…».

La otra cuestión es que se den situaciones inesperadas y que supongan un antes y un después en la vida de esas personas. «He visto casos en los que uno se ha enamorado de la persona con la que tenía carta blanca únicamente para mantener relaciones sexuales; casos en los que se descuida la pareja por disfrutar de esa carta blanca; casos en los que se aprovecha dicha carta para acostarse con una persona que estaba explícitamente prohibida».

Hay que tener en cuenta que en cuestión de relaciones todo es posible, por lo que debe ser un riesgo que se esté dispuesto a asumir. Sin embargo, lo ideal es partir de una buena base para, al menos, evitar las situaciones más difíciles en lo posible. «Para que el pacto funcione, suele ayudar mucho tener una serie de reglas que deben respetarse».

En concreto, Ana Lombardía recomienda que estas reglas «se pongan en base a los límites emocionales y racionales de los dos miembros de la pareja. Hay parejas que acuerdan no repetir con la nueva persona (o verla solo 2 o 3 veces); no acostarse con personas conocidas en común; no acostarse con nadie de la cuidad; limitar la relación a solo algo sexual pero nada ‘personal’ (como ir al cine o a cenar); hacerlo sin que se entere la pareja y no lo llegue a saber nunca de manera explícita, etc.».

Si aun así la cosa no funciona, «es importante evaluar qué ha pasado o por qué se han traspasado los límites. Saber y entender esas causas nos ayudará a saber si es posible reconstruir la relación con una base sólida de confianza y respeto mutuo».

La sexóloga apunta que respecto a cómo se trata estos casos en consulta, lo esencial es que «si han surgido celos e inseguridades no esperados, se trabaja, por un lado, para superarlos y, por otro, para hacer toma de conciencia de si este tipo de pacto es lo que deseamos o no».

Tener sexo con otras personas, sin que cuente como infidelidad, durante un tiempo limitado. Esa podría ser la definición de «dar carta blanca», una posibilidad que se plantean algunas parejas, y que a algunos les emociona más que un cheque en blanco al portador. Pero, aunque en la teoría suene muy bien, ¿realmente funciona en la práctica?

No se trata de pactar tener una pareja abierta como tal, sino de plantear una posibilidad de forma excepcional. Como aporta la sexóloga Ana Lombardía de Sexo en la piel, «cuando hablamos de dar carta blanca a nuestra pareja solemos referirnos a que, dentro de una relación de pareja monógama, permitamos, de forma excepcional u ocasional, que nuestra pareja mantenga relaciones sexuales con terceras personas».

Cabe tener en cuenta que lo habitual es que «la carta blanca» esté ligada a una serie de circunstancias concretas. La sexóloga apunta que la más habitual es «cuando la pareja va a pasar un tiempo en ciudades distintas, ya sea por trabajo o por unas largas vacaciones», pero también se plantean otras situaciones, como por ejemplo que ambos miembros decidan darse carta blanca durante la despedida de solteros.

O incluso que hagan una lista de personas con las que está permitido tener sexo, algo así como una lista de famosos, al estilo de Ross Geller en Friends. «Incluso hay parejas que lo plantean de modo que su pareja pueda acostarse con otra persona, por ejemplo, una vez al año».

¿Cómo plantearlo?

Hay quién ve la carta blanca como una herramienta para salir de la rutina en la que la pareja se ha estancado y otros, como una forma de continuar la relación sentimental con esa persona, si se tiene por delante un largo periodo en el que, por la razón que sea, no se va a tener sexo con ella. No solo un viaje, puede ser incluso una enfermedad o una decisión de abstinencia voluntaria por parte de uno de los dos.

En ese tipo de casos, la carta blanca puede ser una opción perfecta. Aunque plantearlo no siempre puede ser fácil. «Este tema hay que plantearlo con cuidado, mimo y siempre mucho respeto. Si queremos pedir carta blanca o se la queremos dar a nuestra pareja, hay que hacerlo escogiendo bien el momento y explicando con cuidado nuestros motivos», indica Lombardía.

Lo primero es dejar claro que se trata de una situación puntual y que responde a un motivo concreto. Y que, al fin y al cabo, el objetivo de la misma es conseguir continuar con la relación de pareja. En este sentido, la experta apunta que «es fundamental dejar claro que se hará de forma que no afecte a la relación de pareja y que el hecho de dar o pedir carta blanca no significa necesariamente que no queramos a nuestra pareja o que ya no la encontremos atractiva».

Asimismo, antes de plantear el tema, no solo hay que pensar cómo lo puede interpretar la pareja, sino cuáles pueden ser los propios límites que tenga uno mismo. Porque para que la carta blanca funcione, deben tenerla por igual ambos miembros de la pareja.

«Los sentimientos no suelen ser tan razonables y podemos sentir y experimentar emociones muy negativas, como celos, inseguridad o miedo, cuando nuestra pareja se acueste con otra persona». Por lo tanto, antes de plantear esta opción a la ligera, «hay que medir bien nuestros límites, conocernos a nosotros mismos y ser honestos con lo que podemos o no podemos aceptar, tanto a nivel emocional, como racional».

¿Y si la cosa no funciona?

Aunque la decisión haya sido meditada, la conversación haya sido pausada y ambos hayan establecido unas normas concretas, lo cierto es que plantear carta blanca no siempre sale bien.

Ana Lombardía explica que este tipo de casos es muy común en su consulta de Sexología. El motivo por el que la pareja acude es que «en ocasiones estos pactos que han acordado se rompen, lo cual genera mucho malestar dentro de la relación: desconfianza, inseguridades, temor…».

La otra cuestión es que se den situaciones inesperadas y que supongan un antes y un después en la vida de esas personas. «He visto casos en los que uno se ha enamorado de la persona con la que tenía carta blanca únicamente para mantener relaciones sexuales; casos en los que se descuida la pareja por disfrutar de esa carta blanca; casos en los que se aprovecha dicha carta para acostarse con una persona que estaba explícitamente prohibida».

Hay que tener en cuenta que en cuestión de relaciones todo es posible, por lo que debe ser un riesgo que se esté dispuesto a asumir. Sin embargo, lo ideal es partir de una buena base para, al menos, evitar las situaciones más difíciles en lo posible. «Para que el pacto funcione, suele ayudar mucho tener una serie de reglas que deben respetarse».

En concreto, Ana Lombardía recomienda que estas reglas «se pongan en base a los límites emocionales y racionales de los dos miembros de la pareja. Hay parejas que acuerdan no repetir con la nueva persona (o verla solo 2 o 3 veces); no acostarse con personas conocidas en común; no acostarse con nadie de la cuidad; limitar la relación a solo algo sexual pero nada ‘personal’ (como ir al cine o a cenar); hacerlo sin que se entere la pareja y no lo llegue a saber nunca de manera explícita, etc.».

Si aun así la cosa no funciona, «es importante evaluar qué ha pasado o por qué se han traspasado los límites. Saber y entender esas causas nos ayudará a saber si es posible reconstruir la relación con una base sólida de confianza y respeto mutuo».

La sexóloga apunta que respecto a cómo se trata estos casos en consulta, lo esencial es que «si han surgido celos e inseguridades no esperados, se trabaja, por un lado, para superarlos y, por otro, para hacer toma de conciencia de si este tipo de pacto es lo que deseamos o no».

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